enero 24th, 2011 -
Con angustiante tono empieza este relato que ya desde sus primeras líneas se configura como una pieza más de la literatura de lo macabro, lo que produce terror, o al menos pequeños sobresaltos. Las primeras palabras que en todo buen relato deben servir para establecer la situación y presentar a la protagonista nos muestra el peligro en el que se encuentra la joven. Lilcelli que es quien firma este cuento, no lo dice explícitamente, pero nos imaginamos una protagonista joven, guapa y desvalida.
El reto de todo relato de terror, es dar con el tono adecuado que nos sumerja en ese sueño vívido que es la experiencia lectora, usar la ilusión sobrenatural o el miedo a lo desconocido en la medida justa que permita establecer un nexo con el público. Por eso las historias bien escritas sobre zombis por ejemplo, esos “muertos vivos” que pululan en las noches de niebla encuentran su perfecta lógica cuando el lector rememora el peligro de las calles donde acechan delincuentes. Es poco probable que de buenas a primeras los muertos decidan salir a las calles a darse un banquete, pero si el escritor logra establecer un buen simil sin evidenciarlo, compartiremos la angustia del protagonista porque conocemos muy bien el sentimiento.
Pero en este relato en particular, se produce un giro muy simpático que recuerda los mejores ardides de las películas de Hitchcock, no adelantaré más porque no hay nada peor en una historia de misterio que se nos cuenten el final. Solo diré que al final del relato la configuración del personaje ha sido completa.
Obra recomendada que participó en el programa Cuentos del mediodía de la Radio Nacional Argentina y que pueden ustedes disfrutar haciendo click aquí.
enero 17th, 2011 -
Por Niña Hereje
Con los dedos entumecidos sobre el teclado le echas una última mirada triunfante al monitor. Tu obra está terminada. Ya no importa que tan tormentoso haya sido el proceso creativo, cuántas horas de desvelo hayas soportado, cuántos renglones hayas borrado y vuelto a escribir. Extasiado, relees en voz alta los párrafos que más te gustan. Evidentemente eres un genio. El trabajo no sólo es brillante, es tuyo. Y por fin está terminado. Estás a punto de de enviárselo a tus familiares, amigos, incluso a alguna editorial o concurso literario. De repente, un pensamiento oscuro revolotea tu mente como un pájaro de mal agüero: ¿y si algún malintencionado quisiera robártelo? Hasta la persona más inesperada podría intentar adueñarse del preciado fruto de tu esfuerzo y no sólo arrebatarte la gloria, si no llenarse de dinero gracias a ello. No piensas arriesgarte, de modo que decides registrar tu flamante obra. Es más, pretendes iniciar el trámite cuanto antes. Este es tu pequeño retoño y no vas a permitir que NADIE se atreva a quitártelo. Así tengas que hacer horas de cola bajo la lluvia y llegues tarde a tu cita con el dentista. No importa. Estás convencido de hacerlo a pesar de que tal vez existan cientos de historias de similares características. Lo importante es que esta es enteramente tuya y el mundo debería saberlo. ¿Serán cientos?, ¿Tal vez miles? Millones. Estás seguro de que son millones. ¿A quién podría interesarle leer, mucho menos plagiar una obra tan corriente? Además, la oficina del registro de autor te queda lejísimos y tu odontólogo te regañó la última vez que llegaste tarde. Abatido, decides dar por terminado el asunto, te preparas un sandwich y enciendes el televisor. Bienvenido: aunque tu libro no haya sido publicado todavía, ya eres escritor.
Lo primero que debes saber es que dejando la cuestión cualitativa de lado, todo autor transita los extremos que van del amor al odio en lo que refiere a su trabajo. Al mismo tiempo, todo el mundo sabe que nadie es buen juez a la hora de evaluar su propio material. Por eso sin importar lo neurótica que sea tu relación con tu trabajo, debes mantener la cabeza lo suficientemente fría como para saber que siempre debes registrar tus obras. Después de todo, al hacerlo sólo indicas que una determinada producción literaria es de tu autoría. Pero eso no significa autorizar su publicación. De manera que si lo que has escrito es el ensayo menos revelador de todos los tiempos, o la peor novela de la historia de la literatura universal, nadie tiene por qué saberlo. ¿Pero que tal si resulta que lo que tienes entre manos es el próximo Best Seller mundial? ¿Te parece imposible?, Reinaldo Arenas, J.K Rowling, y Julio Cortázar son sólo algunos de los miles de escritores consagrados a los cuales guna vez le cerraron las puertas en las narices. Pero no por eso dejaron de escribir. Y mucho menos se olvidaron del copyright.
Mantente alerta. En breve Liibook publicará una sencilla guía de pasos para que sepas cómo registrar tus obras literarias.
enero 12th, 2011 -
Por Mireya Red
“Soy un estúpido romántico”. Así comienza el poema que fue leído en el programa radial Cuentos del Mediodía de la Radio Nacional Argentina, un poema de amor que fue la excusa perfecta para iniciar un pequeño debate en la oficina sobre los estilos de seducción y conquista. Hoy en día parece un despropósito que un hombre le envíe flores a una mujer, o pague las cuentas inequívocamente. Con el modernismo quizá hemos perdido el influjo del romanticisimo: ya no somos el oscuro objeto del deseo ni asumimos el papel de dama desvalida y quizá por eso son menos los clásicos galanes. Por eso estimula el alma encontrar poemas que, como este, huelen a confesión.
Quizá muchos caerán en la crítica fácil de este texto, considerándolo demasiado simple, tal vez algo cursi. Son los riesgos que asumen los poetas cuando escriben sobre amor romántico. Incluso autores consagrados del género como Mario Benedetti fueron objeto de insolentes comparaciones, no siempre desacertadas. Porque en este subgénero es muy fácil pasar de lo sublime a lo ridículo. La diferencia entre un extremo y el otro, se da cuando el poema es condimentado con una dosis de inteligencia como sucede en el caso de Estúpido romántico.
Un buen texto es aquel que se extiende mas allá de las líneas que configuran el relato y termina proponiendo una charla, una discusión, una sencilla reflexión. Quizá el arte no terminará por cambiar al mundo pero al menos sirve para hacernos pensar.
Para disfrutar del poema, click aquí.
enero 6th, 2011 -
Queridos usuarios:
Bienvenidos a nuestro nuevo blog. Como este será un año de muchos proyectos para la página, inauguramos esta vía de comunicación para mantenerlos informados de todas las novedades.
Quienes hacemos Liibook, compartimos la pasión por la literatura y la sensación de que abrirse camino como escritor puede ser un proceso frustante. Así fue como nació este sitio: con la esperanza de convertirse en una plataforma de difusión para nuevos autores.
La convoctaria superó nuestras expectativas y queremos agradecer a los usuarios por las más de cuatro mil obras on line. Esta comunidad crece a pulmón. Y no podría hacerlo sin el trabajo de todos.
Nosotros los leemos desde siempre. Ahora les pedimos que nos lean nosotros. Tenemos cosas interesantes para contar.