Los camellos voladores del desierto.

Purvesh San Martin  - CHILDREN'S AND EDUCATIONAL - 998 words

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Summary

Cuentos Infantiles

Cuentos Infantiles

CUENTO PARA NIÑOS:



LOS CAMELLOS VOLADORES DEL DESIERTO



Había una leyenda entre la gente del desierto: decía que en noches de luna

llena, en pleno corazón del Sahara, una caravana de camellos voladores

comandados por un sabio jeque, surcaba los cielos y ayudaba a viajeros

perdidos. Nunca nadie la había visto y se decía que solamente personas

muy puras la podían ver.

Omar Zafir vivía en un pequeño pueblo a orillas de un oasis, tenía ocho

años y como su padre, se ganaba la vida dando de beber a los camellos que

venían en las caravanas. Era un niño inteligente y sensible y trataba a

humanos y camellos de una manera tan cordial que se había ganado el

cariño de todos.

A veces en las noches, Omar se quedaba al borde del oasis mirando las

estrellas, buscando en el cielo alguna señal de los camellos voladores pero

era en vano, pensaba que tal vez era sólo una leyenda.

Con la temporada de los mercados, el oasis era visitado por muchas

caravanas que paraban a descansar y dar de beber a los camellos. Omar

tenía mucho trabajo y apenas dormía algunas horas con tanto trajín.

Poco a poco las cosas se fueron calmando y el oasis volvió a estar vacío.

Omar tenía tiempo libre y salía a jugar y explorar entre las dunas.

Una tarde, casi anocheciendo, Omar regresaba al oasis luego de una de sus

caminatas, cuando vio reflejada en el agua la figura de varios camellos que

venían desde el aire. Levantó la vista y se quedó sin palabras.

Una caravana de doce camellos venía volando desde el cielo y aterrizó

cerca de Omar. Cuando se asentaron en tierra un gran hombre se bajó de

uno de los camellos y lo saludó.

- Que Alá te bendiga, pequeño. ¿Serias tan bondadoso de dar de beber a

mis amigos, los camellos voladores ?

Era el jeque Bezaar el Halib, un viejo sabio de barba y cabellos grises que

comandaba a los camellos voladores del desierto.

- Sí, señor enseguida, es un placer para mí…digo un honor, señor. Dijo

Omar que le parecía estar viviendo un sueño.

Omar atendió con especial dedicación la tarea de dar de beber a los

camellos voladores. Eran diferentes de los otros camellos, tenían un color

dorado y eran fuertes y grandes. Sus ojos eran inteligentes y despiertos,

tenían un carácter dulce y sosegado.

Luego Omar le llevó al jeque dátiles, queso de cabra y agua fresca del

pozo y se quedaron frente al fuego conversando hasta tarde en la noche.

A la mañana siguiente habían partido. Omar se quedó muy emocionado

luego de la primera visita, pero hubo otras. Al principio eran una vez al

año, luego una vez en seis meses, cada vez más seguido el viejo jeque

visitaba a Omar y se quedaban por la noche junto al fuego compartiendo

historias y aventuras.

La amistad entre el viejo jeque y el niño creció con el tiempo, el jeque se

hacía más viejo y Omar se hacía más grande, ya era casi un hombre.

Pasó un largo tiempo en donde el jeque y los camellos voladores no

volvieron. Omar estaba preocupado pues temía por la salud del viejo

Bezaar y pasaba largas horas a orillas del oasis esperando a sus amigos.

Hasta que una noche regresaron. Omar los fue a recibir detrás de unas

dunas, que era el lugar donde se encontraban para evitar ser vistos por los

pobladores.

Omar tuvo que ayudar al viejo Bezaar a bajarse del camello líder. El viejo

jeque estaba muy enfermo y pálido. Lo acomodó con unas mantas y

encendió un fuego. Dio de beber a los camellos y trajo comida para el

jeque. Bezaar le sonrió.

- Siéntate a mi lado, debo decirte algo muy importante. Omar obedeció.

- Estoy muy enfermo, Omar, no me queda mucho tiempo. Te he elegido

a ti como el nuevo guardián de los camellos voladores. Tú continuaras

mi trabajo mejor que yo, eres una bella persona. Dijo el jeque mirando a

Omar con un brillo especial en sus ojos.

- Pero Bezaar, yo no tengo la capacidad de hacer volar a los camellos.

No sabría qué hacer. Dijo Omar en tono de protesta.

El jeque le contó que los camellos respondían a una palabra mágica, que

una vez dicha no había necesidad de repetirla.

- Entenderás todo cuando escuches la palabra mágica, ven acércate. Dijo

el moribundo anciano.

Omar acercó su oído a los labios del jeque que pronunció la palabra

mágica.

En ese momento el jeque murió, dejó de respirar y con un gesto de paz en

el rostro cerró los ojos por última vez. Omar con lágrimas en los ojos se

quedó petrificado, no sabía que hacer. Los camellos esperaban mirando a

Omar, tenía que decir la palabra mágica. Con esfuerzo Omar se levantó,

enfrentó a los camellos voladores y repitió la palabra mágica que el jeque le

había susurrado segundos antes.

En un instante Omar lo comprendió todo, su misión como guardián de los

camellos y su capacidad para comandarlos. Subió al camello líder y se

elevó en el cielo oscuro lleno de estrellas, toda la caravana lo seguía. Voló

por unos minutos como probando su nuevo poder. El vuelo era impecable.

Regresó al oasis y organizó el funeral del jeque con todos los honores.

Luego se despidió de su familia que entendían el maravilloso destino que

esperaba a su hijo y partió con los camellos voladores del desierto.

Bezaar tenía razón, no hacía falta repetir la palabra mágica, los camellos ya

la habían aprendido.








- FIN -




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Comments

Que buena historia, me encanto. Lee mi cuento Escritor de Sueños y Pesadillas.
2010-03-25 12:47:55