Mi amigo el niño del Mar

Purvesh San Martin  - CHILDREN'S AND EDUCATIONAL - 945 words

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Summary

CUENTOS Infantiles

CUENTOS Infantiles

CUENTOS PARA NIÑOS


MI AMIGO EL NIÑO DEL MAR




Sireno era el hijo de la sirena madre, el primer niño nacido en el océano y

estaba muy sólo, pues en el mar, no había niños.

Sireno era inquieto y desobediente pues tenía terminantemente prohibido

subir a la superficie y acercarse a los humanos y sin embargo siempre lo

hacía.

Le encantaba ir a ver a los niños en la playa. Los miraba como hacían

castillos medievales en la arena y jugaban en el agua.

El preferido de Sireno era Pedro, un niño de siete años, huérfano, que había

perdido a sus padres en un accidente y vivía con un viejo tío que no se

ocupaba de él. Por eso Pedro estaba siempre en la playa, solito, juntando

caracoles y palitos desgastados por el mar.

Un día Pedro estaba en la playa, buscando cangrejos entre las rocas cuando

le pareció ver a un niño nadando velozmente y sumergirse como un pez. Se

quedó un rato mirando en esa dirección esperando. Sireno pensó que Pedro

se había retirado y emergió entre unas rocas muy cerca de Pedro.

Los dos niños se quedaron mirándose, se estudiaban en silencio

. Poco a poco Pedro se acercó un poco y Sireno lo imitó. Cuando estaban

cerca se hablaron.
- ¿Quién eres, de donde vienes?. ¿Vives en el mar?. Dijo Pedro un poco

nervioso.

- Soy Sireno, el hijo de la sirena. Vivo en el mar como las sirenas, pero

no tengo ningún amigo. En el mar no hay niños, por eso me acerco a

verte jugar.

- Yo me llamo Pedro y también estoy muy solo porque no tengo familia,

Venga, vamos a jugar.

Los dos intrépidos niños se zambulleron en el mar y nadaron juntos,

jugaban como nunca antes lo habían hecho, con un amigo de verdad.

Al ponerse el sol, se despidieron y prometieron verse al otro día en la

playa. Sireno tenía que regresar antes del atardecer.

Pedro volvió a la rudimentaria casa de su tío que nunca estaba. Esa noche

no sintió la soledad, tenía un nuevo amigo, el hijo de las sirenas.

Al amanecer Pedro bajó a la playa y estuvo buscando a su nuevo amigo

entre las rocas hasta que sintió el característico silbido de Sireno que lo

llamaba desde el agua. Pedro se sumergió y nadó con su amigo.

Se iban a playas más retiradas para evitar ser vistos por los pescadores y

jugaban todo el día. Sireno le enseñó a Pedro a nadar con el cuerpo y a

aguantar la respiración debajo del agua por varios minutos. Pedro bajó a las

profundidades del mar de la mano de Sireno, nadaron por los maravillosos

corales de colores y Pedro vio peces que nunca antes había visto.

Así pasaban los días, jugando sin descanso, eran inseparables, se habían

transformado en hermanos.

Una tarde estaban jugando cerca de unas rocas altas y se arrojaban al mar.

A Sireno le gustaba arrojarse desde las rocas aunque Pedro lo tenía que

ayudar ya que Sireno no poseía piernas.

Mientras Sireno nadaba debajo del agua, Pedro se arrojó desde las rocas

más altas y al caer se golpeó la cabeza, haciéndose una grave herida. Estaba

inconsciente y comenzó a hundirse, la cabeza le sangraba y los brazos le

flotaban a los lados.

Sireno percibió que algo no estaba bien y volvió donde Pedro. Ya había un

tiburón que se acercaba por el olor de la sangre y Sireno aceleró y tomó a

Pedro en sus brazos. Sireno se daba cuenta de que si dejaba a Pedro en la

playa con esa herida, era muy posible de que pierda la vida. Entonces se

dirigió hasta las profundidades del océano, allá donde nunca había llevado

a Pedro.

Llegó a la tierra de las sirenas y buscó a su madre. Una hermosa sirena con

un halo verde los recibió.

- Madre, ayúdalo, es mi amigo y tuvo un accidente, está muy malo.

La sirena madre revisó con ternura el golpe de Pedro.

- Ya es muy tarde, tenemos que ir a ver a NEPTUNO, el Dios del mar.

Sireno con Pedro en sus brazos y su madre fueron todavía más profundo

hasta una gran cueva de la que salía una luz muy blanca.

Llegaron y le entregaron el cuerpo de Pedro que ya estaba casi ahogado al

gran Neptuno con su tridente y sus rizos blancos. Neptuno tocó la cabeza

de Pedro y como por arte de magia se curó las heridas en la cabeza y

además podía respirar debajo del agua como las sirenas. Neptuno le

explicó.

- Para poder salvarte, tuve que transformarte en un ser como las sirenas,

que respiran en el agua y tienen aletas en lugar de piernas.

Pedro se miró los pies y ya no estaban, ahora tenía unas hermosas aletas

verdes como Sireno.

Le agradecieron al viejo Dios Neptuno y subieron hasta donde vivían las

sirenas. La sirena madre los condujo hasta la cueva en donde vivían con

Sireno y le dio la bienvenida a Pedro como un hijo más.

Sireno estaba muy contento ya que ahora tenía a un amigo de verdad igual

que él para ir a explorar los océanos.

Pedro estaba feliz, finalmente había encontrado a su familia.

- Pedro, vamos a jugar. Dijo Sireno.

Y los dos se elevaron hasta la superficie y jugaron a correr carreras y hacer

saltos y piruetas.

Ya ninguno de los dos iba a sentirse solo otra vez



- FIN -








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Comments

Que buena historia, me encanto. Lee mi cuento Escritor de Sueños y Pesadillas.
2010-03-25 12:47:33