Mi amigo el niño del Mar
Purvesh San Martin - CHILDREN'S AND EDUCATIONAL - 945 words
- 99
- 1
- 12
- 1
Summary
CUENTOS Infantiles
CUENTOS PARA NIÑOS
MI AMIGO EL NIÑO DEL MAR
Sireno era el hijo de la sirena madre, el primer niño nacido en el océano y
estaba muy sólo, pues en el mar, no había niños.
Sireno era inquieto y desobediente pues tenía terminantemente prohibido
subir a la superficie y acercarse a los humanos y sin embargo siempre lo
hacía.
Le encantaba ir a ver a los niños en la playa. Los miraba como hacían
castillos medievales en la arena y jugaban en el agua.
El preferido de Sireno era Pedro, un niño de siete años, huérfano, que había
perdido a sus padres en un accidente y vivía con un viejo tío que no se
ocupaba de él. Por eso Pedro estaba siempre en la playa, solito, juntando
caracoles y palitos desgastados por el mar.
Un día Pedro estaba en la playa, buscando cangrejos entre las rocas cuando
le pareció ver a un niño nadando velozmente y sumergirse como un pez. Se
quedó un rato mirando en esa dirección esperando. Sireno pensó que Pedro
se había retirado y emergió entre unas rocas muy cerca de Pedro.
Los dos niños se quedaron mirándose, se estudiaban en silencio
. Poco a poco Pedro se acercó un poco y Sireno lo imitó. Cuando estaban
cerca se hablaron.
- ¿Quién eres, de donde vienes?. ¿Vives en el mar?. Dijo Pedro un poco
nervioso.
- Soy Sireno, el hijo de la sirena. Vivo en el mar como las sirenas, pero
no tengo ningún amigo. En el mar no hay niños, por eso me acerco a
verte jugar.
- Yo me llamo Pedro y también estoy muy solo porque no tengo familia,
Venga, vamos a jugar.
Los dos intrépidos niños se zambulleron en el mar y nadaron juntos,
jugaban como nunca antes lo habían hecho, con un amigo de verdad.
Al ponerse el sol, se despidieron y prometieron verse al otro día en la
playa. Sireno tenía que regresar antes del atardecer.
Pedro volvió a la rudimentaria casa de su tío que nunca estaba. Esa noche
no sintió la soledad, tenía un nuevo amigo, el hijo de las sirenas.
Al amanecer Pedro bajó a la playa y estuvo buscando a su nuevo amigo
entre las rocas hasta que sintió el característico silbido de Sireno que lo
llamaba desde el agua. Pedro se sumergió y nadó con su amigo.
Se iban a playas más retiradas para evitar ser vistos por los pescadores y
jugaban todo el día. Sireno le enseñó a Pedro a nadar con el cuerpo y a
aguantar la respiración debajo del agua por varios minutos. Pedro bajó a las
profundidades del mar de la mano de Sireno, nadaron por los maravillosos
corales de colores y Pedro vio peces que nunca antes había visto.
Así pasaban los días, jugando sin descanso, eran inseparables, se habían
transformado en hermanos.
Una tarde estaban jugando cerca de unas rocas altas y se arrojaban al mar.
A Sireno le gustaba arrojarse desde las rocas aunque Pedro lo tenía que
ayudar ya que Sireno no poseía piernas.
Mientras Sireno nadaba debajo del agua, Pedro se arrojó desde las rocas
más altas y al caer se golpeó la cabeza, haciéndose una grave herida. Estaba
inconsciente y comenzó a hundirse, la cabeza le sangraba y los brazos le
flotaban a los lados.
Sireno percibió que algo no estaba bien y volvió donde Pedro. Ya había un
tiburón que se acercaba por el olor de la sangre y Sireno aceleró y tomó a
Pedro en sus brazos. Sireno se daba cuenta de que si dejaba a Pedro en la
playa con esa herida, era muy posible de que pierda la vida. Entonces se
dirigió hasta las profundidades del océano, allá donde nunca había llevado
a Pedro.
Llegó a la tierra de las sirenas y buscó a su madre. Una hermosa sirena con
un halo verde los recibió.
- Madre, ayúdalo, es mi amigo y tuvo un accidente, está muy malo.
La sirena madre revisó con ternura el golpe de Pedro.
- Ya es muy tarde, tenemos que ir a ver a NEPTUNO, el Dios del mar.
Sireno con Pedro en sus brazos y su madre fueron todavía más profundo
hasta una gran cueva de la que salía una luz muy blanca.
Llegaron y le entregaron el cuerpo de Pedro que ya estaba casi ahogado al
gran Neptuno con su tridente y sus rizos blancos. Neptuno tocó la cabeza
de Pedro y como por arte de magia se curó las heridas en la cabeza y
además podía respirar debajo del agua como las sirenas. Neptuno le
explicó.
- Para poder salvarte, tuve que transformarte en un ser como las sirenas,
que respiran en el agua y tienen aletas en lugar de piernas.
Pedro se miró los pies y ya no estaban, ahora tenía unas hermosas aletas
verdes como Sireno.
Le agradecieron al viejo Dios Neptuno y subieron hasta donde vivían las
sirenas. La sirena madre los condujo hasta la cueva en donde vivían con
Sireno y le dio la bienvenida a Pedro como un hijo más.
Sireno estaba muy contento ya que ahora tenía a un amigo de verdad igual
que él para ir a explorar los océanos.
Pedro estaba feliz, finalmente había encontrado a su familia.
- Pedro, vamos a jugar. Dijo Sireno.
Y los dos se elevaron hasta la superficie y jugaron a correr carreras y hacer
saltos y piruetas.
Ya ninguno de los dos iba a sentirse solo otra vez
- FIN -





