El pequeño príncipe Maya

Purvesh San Martin  - CHILDREN'S AND EDUCATIONAL - 894 words

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Summary

Cuentos Infantiles

Cuentos Infantiles

CUENTO PARA NIÑOS


EL PEQUEÑO PRINCIPE MAYA



En las montañas de América Central había un reino Maya. El hijo del Rey

se llamaba Teotik, era un niño muy osado y valiente y le costaba seguir las

obligaciones de la corte. Le gustaba la aventura y salir a la selva a explorar

junto a los animales salvajes.

Todos hablaban de la leyenda de la ciudad perdida y la espada de oro y el

joven príncipe estaba resuelto a encontrarla. Salía del palacio por las

noches y se internaba en la selva buscando la ciudad perdida y volvía al

amanecer, cansado y entraba secretamente en su cuarto.

Una y otra vez el principito Maya salía a buscar su sueño de encontrar la

ciudad perdida y ser un héroe entre lo suyos para volver siempre con las

manos vacías.

Se acercaban las fechas de la fiesta Nacional del trigo y se preparaban

celebraciones en el gran templo. El pequeño Teotik, como príncipe

heredero, tenía que vestir sus mejores galas.

Llegó el día de la ceremonia principal que tendría lugar en el templo de las

pirámides que estaba a varios días de viaje del poblado. Prepararon las

carrozas y partieron. Iba a ser un viaje muy aburrido, tardarían dos días en

llegar a la zona de la fiesta y Teotik no estaba dispuesto a quedarse todo ese

tiempo, sentado en una carreta.

Se le ocurrió una idea, tomaría un atajo y llegaría a la fiesta al mismo

tiempo que las carrozas y así podría jugar en la selva con sus amigos los

animales salvajes
.
En un descuido del conductor se escapó sin ser visto. Se internó en la selva

y se encontró con los animales que siempre lo acompañaban.

- Hola amiguitos!, vamos a jugar. Dijo Teotik acariciando a una joven

pantera negra.

La caravana de carrozas seguía su marcha sin sospechar que el pequeño

Príncipe Maya se había escapado.

En la selva, el principito Maya se movía rápidamente y saltaba entre los

árboles ayudado por las lianas. Llegaron a un valle profundo que se hundía

delante de sus ojos. Teotik sintió algo, como una fuerza que lo llamaba

desde el valle. Bajaron por una escarpada peligrosa y descendieron a lo

más profundo del oscuro valle.


Encontró varias cuevas con símbolos Mayas a los costados y se internó en

una de ellas. Siguió por un estrecho sendero entre las rocas hasta que se

abría otro valle más pequeño.

Esta vez tenía la sensación de que estaba muy cerca de la ciudad perdida,

los animales estaban nerviosos. Continuaron bajando y de pronto la vieron.

La ciudad perdida de los Mayas. Teotik se quedó tan asombrado que por

unos instantes no pudo moverse. Luego empezó a recorrer las antiguas

columnas y escalinatas y se dirigió a la pirámide principal. Entró en el

templo con una valentía digna de una persona mayor.

Sobre un pequeño altar había una caja de piedra. La abrió y allí estaba la

famosa espada de oro de los Mayas. La tomó en sus manos y sintió el

poder de muchas generaciones en su puño.

- Esta es la espada sagrada perdida. Dijo Teotik a los animales.- Vamos a

devolverla al gran templo. A mi padre le va a gustar mucho.

Con la valiosa espada de oro entre las manos el pequeño principito Maya y

sus amigos los animales salvajes recorrieron el camino del atajo hacia las

grandes pirámides. En el camino se encontraron con cazadores de tesoros

que buscaban La ciudad perdida. Al ver al pequeño príncipe con la espada

de oro fueron tras él.

Teotik era muy rápido en los árboles y en cuestión de minutos dejó atrás a

los malvados hombres que no pudieron hacer nada para impedir su escape.

Ahora viajaban con más precaución, el principito Maya estaba cansado

porque la espada de oro pesaba mucho. Pararon a descansar y a comer

algunas frutas.

A la mañana siguiente continuaron viajando por la selva hasta acercarse a

las pirámides donde iban llegando las carrozas para la celebración.

Cuando Teotik llegó a la puerta del templo, todos estaban agrupados detrás

de su padre, el Rey. Al verlo llegar con la espada se sintió un murmullo de

toda la gente reunida. El Rey, con cara de asombro cogió la espada de oro

de las manos del pequeño príncipe y la levantó en alto.

- Esta es la espada sagrada de la ciudad perdida. Teotik la ha encontrado,

Vamos a celebrar!.. Dijo el Rey con una gran sonrisa en sus labios.

Levantó al pequeño príncipe en sus brazos y se dirigió a la entrada del templo.

Todos aplaudían y victoreaban al niño Maya. Se había ganado el respeto de

su gente.

Las celebraciones continuaron durante tres días y el pequeño Teotik estuvo

sentado en el lugar de honor junto a su padre, como un verdadero príncipe,

heredero del trono.

Con la ayuda de sus amigos, los animales salvajes, había encontrado a la

ciudad perdida de los Mayas.






- FIN -






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Comments

Que buena historia, me encanto. Lee mi cuento Escritor de Sueños y Pesadillas.
2010-03-25 12:47:14