El último encuentro

Purvesh San Martin  - FICTION (See also: CX "Literature: special interest" codes which may be used in conjunction with codes from Section F) - 1008 words

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Summary

Una mujer abandona una relación que le hacía mal al hígado.

Una mujer abandona una relación que le hacía mal al hígado.

EL ULTIMO ENCUENTRO


Paula ya no se acordaba cuando se conocieron ni cuánto tiempo llevaban viéndose. Lo único que sabía es que había pasado años participando de una relación que ya no significaba nada para ella.
Lo había intuido desde hacía tiempo pero la costumbre, el hábito de verse todos los días y la cálida atmósfera que había siempre entre ellos, la arrastraba a continuar con una farsa que estaba llegando a su fin.
Era cerca del mediodía, Paula estaba sentada en un banco frente al puerto. La brisa del mar jugaba con sus rebeldes cabellos rojos y su mirada, buscaba respuestas en el horizonte brumoso, lejano e invisible.
Había dormido muy mal la noche anterior, la decisión que estaba a punto de tomar la había perturbado. Soñó que viajaba en el techo de un tren, con los brazos abiertos mirando hacia el cielo..
Paula sintió tristeza, estaba tan apegada a la relación que le parecía extraño imaginarse sola sin poder recurrir a él, tuvo miedo de no ser capaz de enfrentar el mundo sin su apoyo.
La asaltó un último momento de duda hasta que el viento se calmó, entonces tomó la decisión; tenía que dejarlo y lo haría hoy mismo.
Paula tuvo un inmediato impulso de ir a verlo, por última vez y terminar con una situación que le afectaba no sólo el cuerpo, sino también la mente. La volvía irritable, ansiosa y hasta en momentos, le producía fuertes náuseas.
Se dirigió al lugar en donde siempre se encontraban con la resolución de terminar con esa relación enferma que la esclavizaba y había llegado a un punto de estancamiento tal que se tornaba insoportable.
Con cada paso que daba se sentía más decidida a no volver atrás y experimentaba una resolución que nunca antes había conocido, Paula caminaba hacia su destino y sus tacones altos resonaban en las calles estrechas del barrio del puerto de Santa María.
Finalmente llegó al mismo bar en donde se habían encontrado tantas veces, sus ojos verdes no se perdían ningún detalle, observó todo con más atención y se sintió despierta, en estado de alerta, como un guerrero dispuesto para el combate.
El lugar tenía un peculiar olor a cerveza y whisky, mezclado con tabaco y perfume barato de mujeres que Paula conocía tan bien, se sentó en la mesa de siempre, le dijo algo a un camarero y encendió un cigarrillo. Estaba nerviosa y tensa, se tocaba los labios con la yema de los dedos para sentir alguna sensación de suavidad.
De pronto se encontraron, fue un poco súbito y por unos minutos nadie dijo una palabra. Paula movió su mano y lo tocó suavemente con los dedos, luego con más firmeza, muy lentamente acercó sus labios a él y casi con veneración, como despidiéndose, sonrió y abrió la boca para llenarse de él.


Él sabía que Paula lo iba a dejar. Más que lo presentía, lo adivinaba en sus gestos de frialdad, lo leía claramente cuando ella dejaba media taza sin tomar, enfriándose, abandonada en un rincón de la mesa sin el menor contacto físico.
Lo sabía por la manera en que ella revolvía el terrón de azúcar, con desgano y sin interés. Ya no era como al principio, cuando ella lo tomaba entre sus manos y mientras lo sostenía, olía el intenso aroma del expreso recién hecho. Ahora todo había cambiado.
No podía resistir la idea de perderla, antes preferiría matarla, hacerle daño. Ella le pertenecía y no estaba dispuesto a dejarla ir tan fácilmente.
Su venganza estuvo bien planificada. No tuvo mayores problemas en empujar con una cuchara el control del agua caliente a 120 grados ni hacer que lo llevaran a la mesa de Paula inmediatamente.
Quería darle una lección, quemar esos labios carmesíes para dejarle un recuerdo de dolor, una marca que indicara que él había pasado por su vida.
En ese preciso momento, cuando su venganza era casi una realidad, volvió a mirar la profundidad de esos ojos encantados y la inocente belleza de Paula le devolvió la compasión perdida por el odio y el rechazo.
Pasaron ante sus ojos todos los encuentros que tuvieron, las innumerables veces en que su boca sensual se acercaba a él con ternura. Recordó su cercanía, el perfume de su fino cuello, sus exquisitas manos acariciándolo. Tuvo un instante de melancolía al recordar cuando hablaban y ella le confiaba sus secretos en una intimidad tan reconfortante como él jamás hubiera soñado.
Entonces se dio cuenta de que era una locura, que no quería hacerle daño, el amor que sentía por ella se transformó en un deseo de dejarla libre, tuvo un impulso de cuidarla y protegerla, pero ya era tarde para que ambos se salvaran.
Justo en el momento en que Paula abría la boca para dar el primer sorbo de su expreso y quemarse los labios carmesíes, un camarero rozó su hombro, y en un acto heroico, con un esfuerzo magistral, la taza de café se arrojó al vacío.
Sus últimos momentos estuvieron llenos de gloria, esa forma de morir, por amor, le devolvió la dignidad que nunca tuvo y pudo trascender el limitado mundo del género que le había tocado vivir.
Paula se puso de pie, se quedó pensativa, sin poder explicarse cómo se le había caído el café.
Se dirigió hacia la puerta, miró la taza con el plato y la cuchara en el suelo por última vez y se dio cuenta de que había recibido una señal, la vida le estaba enviando un mensaje, justamente lo que había estado pensado durante todo el día; Tenía que dejar de beber café.
Paula salió a la calle y la húmeda brisa del mar le dio de lleno en el rostro, una tenue sonrisa apareció en sus labios carmesíes mientras se alejaba por las estrechas calles del barrio del puerto.-




FIN




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Comments

Que buena historia, me encanto. Lee mi cuento Escritor de Sueños y Pesadillas.
2010-03-25 12:45:23
Divino!
2010-05-10 16:45:17