Abandono
Purvesh San Martin - FICTION (See also: CX "Literature: special interest" codes which may be used in conjunction with codes from Section F) - 469 words
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Summary
La soledad de un bolígrafo.
EN LAS BUENAS Y EN LAS MALAS
Nos conocimos una tarde de otoño en que el sol se colaba por la vidriera de la tienda, desierta de gente. Aún puedo verlo entrar y pasearse por los escaparates, buscándome sin saberlo, hasta que finalmente, sus intensos ojos azules se detuvieron en mí. Nuestro encuentro no fue casual. Tuvimos un fugaz reconocimiento de nuestra mutua utilidad y a partir de ese momento, nunca más nos separamos.
El primer gran acontecimiento que vivimos, fue escribir juntos su primer examen en la Universidad y lo aprobamos. Más tarde nos llegó el honor de pasar su examen de graduación y durante cuarenta y cinco años compartimos los mejores momentos en la vida de un hombre y su lapicera.
Recuerdo el pulso inseguro redactando las primeras notas de amor con timidez y torpeza demostrando la integridad de un noble corazón. Las notas fueron evolucionando en cartas, luego en citas y en menos de tres meses, todo terminó en matrimonio.
Compartimos la alegría de firmar el acta de nacimiento del primer hijo y del segundo. La firma del acta del tercero fue menos emotiva ya que casi coincidió con la del divorcio.
Supimos celebrar la firma del nuevo contrato de trabajo, que nos haría ricos, divirtiéndonos a lo grande. Nos entendíamos completamente y ya nada podía detenernos.
Llegaron nuevas notas de amor, convertidas en poemas, describiendo una pasión madura que nos llevó al segundo casamiento.
Vivíamos tan intensamente, firmando la nueva hipoteca de la casa en la playa y viajes a Europa que cuando aparecieron los primeros síntomas, nos tomó a todos por sorpresa. Después de interminables análisis, le diagnosticaron una enfermedad terminal.
Siguieron meses de visitas al médico y tratamientos en el hospital que prefiero no acordarme. Hubo, sin embargo, un momento de especial intimidad. Fue cuando firmamos el testamento, nos quedamos solos en la sala de reunión del despacho de abogados, observando lo poco que nos quedaba juntos.
Los últimos días en la clínica fueron muy traumáticos. Tenía fuertes dolores y pasaba la mayoría del tiempo durmiendo bajo los efectos de los calmantes. Una noche despertó muy tarde y juntos, con manos temblorosas, escribimos sus últimas palabras de despedida a su mujer y sus hijos. Luego se quedó pensativo, apoyó el bloc de notas en su regazo y mientras me sostenía en su mano derecha, murió.
Cuando retiraron su cuerpo, nadie se acordó de mí. Mi destino era quizás, continuar en la familia, ser la lapicera de cabecera del hijo mayor, pero no, me tenían que dejar abandonado en la mesa de noche de una sala de terapia intensiva para que un joven médico interno me recogiera.
Mi vida ha cambiado tanto, ahora no hago más que escribir recetas para el catarro, aburridos apuntes de medicina que a nadie le importa y esporádicas notas de amor, llenas de falta de inspiración y ortografía.




