Máscaras de ensalada
yosoylamorocha - TRANSPORT: GENERAL INTEREST - 383 words
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Summary
Terminan los dìas de verano y ya hace falta empezar con los cuidados de la nueva estaciòn. Y vuelven las cremas de yoghurt, las máscaras de pepino con miel y todo tipo de porquerías que nos hacen sentir como el menù de un restaurante naturista.
En cada cambio de estación las revistas empiezan con los tratamientos shock para revitalizar la piel y prepararla para la nieve/las flores/el sol/la caída de las hojas de los árboles, según corresponda.
Vimos muchas veces fotos de una preciosa modelo, con un turbante de toalla blanquìsima y esponjosa. Sobre los párpados, dos rodajas de pepino, tomate, frutilla o rabanito. ¿Quién no se ha tentado alguna vez, pensando que con sólo llenarse la cara de vegetales iba a quedar así de linda?
Tal vez con la firme convicción “yo quiero quedar como ella”, hasta hemos preparado concienzudamente las rodajas de pepino para aplicar sobre los ojos cansados, con la ilusión de que las vitaminas y los flavonoides nos devuelvan la lozanía perdida con los años, el stress o el trajinar de la semana.
Así, nos preparamos en un cuarto en semipenumbra, con música New age, ruiditos de agua que corre, pájaros y viento. En la mano, un bowl con las rodajas frìas de tomate. En la cabeza, el turbante hecho con una toalla verde o rosa. Las blancas y esponjosas son para los hoteles, las peluquerías y los Spa. En las casas siempre son de colores pastel, a menos que una haya comprado todo net, en medio de un ataque minimalista.
Estamos entonces con los pepinos o los tomates en la punta de los dedos, tanteando a ciegas para embocarlos en los párpados cerrados. Menuda tarea: la rodaja es plana, el ojo es convexo y ofrece una pequeña superficie de apoyo. Resultado: el pepino queda bailando sobre el párpado, y no puede regalarnos sus propiedades mágicas. Con paciencia, y siempre a ciegas, vamos modelando el vegetal hasta que se amolda a las redondeces de nuestro globo ocular.
¡Horror! Con la presión el pepino empieza a largar su juguito que nos cae por el borde del ojo, las orejas, el cuello y finalmente la almohada. Es que nos olvidamos de colocar una toalla para proteger la cama, ¿quién toma tantas precauciones?
Nuevamaente hay que sacarse a tientas las rodajas, ahora babosas y tibias, meterlas en el bowl, limpiarnos el juguito, tirar todo al diablo y darnos una ducha para ir a la farmacia a comprar una buena crema hidratante y dejarnos de pavadas. Pepinos, tomates, frutillas, ¡a la ensalada, de donde nunca debían haber salido!

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