Giro del destino

Angus Biela  - FICTION (See also: CX "Literature: special interest" codes which may be used in conjunction with codes from Section F) - 1212 words

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Summary

Luis Bredassi, empresario exitoso y de prestigio político consumado, aún segundo en las encuestas, cierta mañana leía las crónicas de un popular periódico provincial, cuando encontró una noticia que lo conmovió, ligada a Carlos Ardich, su archi en

Luis Bredassi, empresario exitoso y de prestigio político consumado, aún segundo en las encuestas, cierta mañana leía las crónicas de un popular periódico provincial, cuando encontró una noticia que lo conmovió, ligada a Carlos Ardich, su archi en

Luis Bredassi, joven empresario y político de prestigio consumado, segundo indiscutido en las encuestas, detrás del principal candidato Carlos Ardich, leyó absorto la crónica de aquella mañana. La trágica noticia lo conmovió. Ardich había sufrido un terrible accidente de tránsito junto a su familia durante esa madrugada; él y su hija menor, Sofía, de siete años, fueron los únicos sobrevivientes.

Ardich había salido totalmente ileso, pero Sofía agonizaba en una clínica de la capital. La crónica solicitaba dadores de sangre para ella, y, por esas casualidades, quiso la providencia que su raro factor sanguíneo coincida con el suyo. Dominado por su marcada filantropía, no dudó un instante. Dejó el periódico sobre el escritorio y salió sin más hacia el hospital, ante la mirada atónita de su secretaria.

Los pasillos del Hospital Metropolitano habían adquirido aquella mañana un inusual movimiento de personal, que entraba y salía como hormigas de las distintas salas. La de terapia intensiva era de las más avanzadas del país. La niña se encontraba allí, en estado crítico y reservado. Había sufrido un severo traumatismo de cráneo que comprometía seriamente su capacidad motriz, pero, principalmente, su existencia, dependiendo su vida de una inminente operación de gran complejidad que solo podría realizarse en el exterior. En un rincón de ese pasillo, solitario y cansino, se encontraba sentado un hombre canoso y corpulento, curvado sobre sus rodillas, mirando sus manos unidas en actitud de plegaria.

Carlos Ardich, de personalidad orgullosa, típicamente proactivo y dinámico, se había transformado de golpe en un verdadero autista. Aunque contaba con la ayuda de innumerables personas, mitigaba dolorosamente no sólo con salvar a la niña y la pérdida de casi todo lo que más había amado, su familia, sino con su conciencia. Efectivamente, Ardich conducía el vehículo al momento del accidente. No encontraba consuelo en nada ni nadie, ni espacio en su alma que lo contenga. Tras Luis solicitar que su presencia en el nosocomio no significara un hecho mediático, no sólo fue dador de sangre, sino que personalmente asumió la responsabilidad de la apremiante situación de Sofía. Fue así que en dos días, una comitiva integrada por tres médicos, Ardich, él y la niña, partió hacia la ciudad extranjera donde la intervención quirúrgica sería realizada.

El amplio y pulcro pasillo del neoyorquino Lincoln Hospital, parecía la antesala misma del cielo. La operación duró siete largas horas, en que el personal médico pasaba raudo y concentrado, como si ambos políticos formaran parte de un viejo cuadro. Paradójicamente, los más opuestos protagonistas de una aguerrida contienda política, luchaban ahora por una causa común que parecía dar por tierra cualquier otra: la de salvar la vida de Sofía. Las horas pasaban lentas y la noche se deslizó con el letargo mismo del desaliento. Ardich, derrumbado, en actitud ausente, que aún no había dicho palabra alguna, incluso desde que Luis se presentara por primera vez como dador de sangre, de pronto, rompió el silencio:

- ¡Qué absurdo! – espetó con desgano, sin levantar la mirada.

Luis lo miró, sin perder su habitual endereza.

- Encontrarnos aquí –continuó-… nosotros… en esta situación… -movió la cabeza en actitud de lamentarse.

Luis exhaló todo el aire de sus pulmones.

- Resumidos a la súplica, por la vida... Es así desde que nacemos –interrumpió Luis, en complicidad, en apoyo a lo que Ardich pretendía infructuosamente decir-.

Carlos, por primera vez lo miró a los ojos y sintió una ola de calor recorrer sus manos frías. Sin duda era exactamente lo que querría haber dicho. Volvió a concentrarse, y continuó, renovado.

- Un político repleto de artimañas, vanidoso, orgulloso y egoísta, que ahora más bien parece todo lo contrario. Un vagabundo arruinado, aferrado a una botella, en una noche helada de invierno… -dijo, cayendo de nuevo en la desesperanza.

Luis volvió a acudir en su apoyo, poniéndole la mano sobre su hombro.

- Una pequeña botella que quizá contenga el elixir de la vida.

Ardich lo miró, emocionado. No tenía palabras para agradecer todo lo que había hecho.

Un griterío lejano hirió la calma del pasillo. Una camilla conducida por tres enfermeros trasladaba a urgencias a un hombre ensangrentado, mientras un cirujano entre dormido los perseguía. Cuando por fin la tranquilidad regresó, el ambiente quedó algo tenso. Una hora mas tarde, cerca de las cinco de la madrugada, un vocero del equipo médico que operaba a Sofía se hizo presente, con actitud grave. En un acto reflejo, ambos se apearon de la banqueta con lentitud. Ardich temblaba como una hoja. Luis tuvo que apoyar la mano en su hombro para contenerlo. En su castellano centro americano, el médico comunicó tranquilamente las noticias de la operación, y con total sinceridad expresó la opinión de la junta médica del hospital… Las expectativas de vida de Sofía eran escasas. Todo dependía de ella, de su fortaleza, y de algo más: un milagro quizá.

Los días trascurrieron sin novedades. La niña continuó en estado vegetativo, y los médicos cada vez más escépticos. Al tercer día, tras la fuerte insistencia de Ardich, les dejaron permanecer junto a Sofía, separados por una valla, a dos metros de distancia. Su rostro inmutable y angelical revelaba cicatrices del accidente, y su pequeño cuerpo estaba prolijamente cubierto con una pulcra sábana blanca de grueso algodón. Pasaron allí los días, en que la agonía no daba tregua, y cada pequeño sonido del trajín diario de la sala, de su silencio casi eterno, hería sin misericordia los sentimientos de esos hombres, tras un reiterado pensamiento que los hostigaba: la inminente partida de Sofía.

La noche, al igual que todo ese día, se presentó cálida, en esos insipientes días de primavera tras un crudo invierno neoyorquino. Estaba por amanecer y los médicos de guardia comenzaban a hacer su rutina. Pero aquella mañana Luis noto un movimiento diferente. Miró a Sofía y sintió una derruida expectativa, como si acaso ya estuviesen trascurriendo sus últimos minutos de vida. Ardich pareció leer su mente. En un momento en que la sala quedó totalmente vacía, en un acto casi desesperado, transgredió la única regla tras la que les habían permitido permanecer allí: cruzó la valla separadora. Se acercó a la cama y, de repente, se largó a llorar como un niño, balbuceando repetidamente un par de palabras que no se podían entender. Luis se levantó de la silla, iba a ver qué sucedía, cuando dos enfermeros, seguidos de uno de los médicos, ingresaron a la sala y nos pidieron que nos retiráramos. Sofía había despertado.

El extraño giro del destino nuevamente había torcido el eje de las cosas. La niña pestañeaba tranquilamente, con sus hermosos ojos verdes abiertos como faroles. Luis la observó asombrado. Lo miraba atentamente, como si lo conociera de toda la vida, con una enorme gratitud en su rostro. Jamás olvidaría ese momento en que creyó desfallecer de alegría.

Los hechos se convirtieron en historia, una historia de vida sorprendente que fue de público conocimiento. Sofía corría rebosante de vida. Carlos creó una fundación para el sostén de familias víctimas de accidentes fatales, y abandonó la candidatura para que Luis avanzara hacia la victoria, apoyándolo incondicionalmente. La sociedad toda endiosó a Luis Bredassi, que fue gobernador.

FIN

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Comments

Está bárbaro !!! Quiero más !!!
2010-03-06 09:06:09
Estoy leyendo tus relatos y la verdad son un hallazgo muy placentero. Buenísimo! Saludos! Bee.-
2010-08-07 19:46:41
Muchas gracias! Gracias por pasar! Un abrazo!
2011-04-24 21:06:37