Archivos secretos del estado : "Operación boinas negras"
kantauri - THRILLER / SUSPENSE - 1093 words
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Summary
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Cuando leí el titulo de la carpeta imagine el sonido que produce una maquina de escribir al presionar sus teclas, acompañando una a una las letras que componen el nombre de esta operación. Una carpeta común, color marrón con una serie numérica de 7 dígitos separados por guiones medios. Casi como un número de cuit, pero la numeración esconde niveles de acceso, importancia crítica, rutina de operación, etc. Solo números, pero con un significado diferente de acuerdo a la tipografía, distancia y ubicación. De esta manera solo quien conoce la codificación podrá comprender el protocolo de acción a llevar a cabo. También se evita que los documentos caigan en manos indebidas y salga a la luz las inescrupulosas ordenes que se suelen impartir de la dirección de inteligencia. El portador de esta carpeta se hará de una información cruda con muchos códigos verbales y tecnicismos que la hacen incomprensible, hasta para la mayoría del personal que trabaja en inteligencia, como simples burócratas y oficinistas.
Luego de estar algunos años en el circuito de inteligencia me rebajaron a realizar tareas administrativas y, si las cosas empeoran, te acomodan en algún otro mostrador de cualquier oficina publica para que completes los años necesarios para jubilarte, fiel a la doctrina del estado. No fue mi caso, ya que me rajaron directamente cuando un joven director se baso en un informe trucho de contrainteligencia, para mandarme a tirarles pan a las palomas. Al poco tiempo, lo cruce en la municipalidad de Tigre. Estaba como “Che pibe” del intendente, sacando fotocopias, y correteando por los pasillos con un café cortado en la mano. El pendejo, al principio, se hizo el que no me reconoció, luego se acerco y me introdujo en una charla superficial sobre las cosas de la vida, para terminar en un “Tenias razón, sabes que tenias razón”. Cosas de la vida nene, le conteste.
La numeración final indicaba su destino de fichero. Mi nivel de acceso me permitía pegarle una ojeada, y conocer un poco más acerca de esta operación. Como dije antes, la información es cruda y técnica, pero por lo menos pude rescatar algunos códigos internos que me llevarían al núcleo de la información. Operación “Boinas Negras” decía la carpeta, y la decoraban innumerables estadísticas que validaban la aplicación de este sistema. El proyecto prometía resultados muy alentadores en materia de seguridad, educación, alfabetización, salud, y otros factores hartos pendientes en la agenda política de la provincia de Buenos Aires, y al parecer insolucionables en el corto o mediano plazo.
Todo el mundo conoce los niveles de concentración de gente en el conurbano bonaerense y las falencias en la calidad de vida de gran parte de esa masa crítica. También las consecuencias y los costos ocultos de esta realidad. El estado no puede atender a toda esa gente porque la capacidad de carga, en infraestructura y recursos debería ser casi 10 veces mayor. No alcanzan las hospitales, las escuelas, se saturan las autopistas, el parque automotor se carga de autos antiguos, el transporte público tampoco puede atender las necesidades de los usuarios y esto es solo un resumen de todos los capítulos que se profundizaban avalados por estadísticas y estudios socio-económicos. Como contraparte, en el segundo capitulo del informe se mostraba un estudio del interior del país, pueblos fantasmas, casi abandonados, donde solo relucen las antiguas estaciones de tren abandonas y saqueadas. Grandes extensiones de tierras fiscales desaprovechadas por un lado y millones de personas hacinadas en inmundas villas y asentamientos, matándose por las migajas de los punteros políticos, por otro. Se construirían pueblos donde solo los vientos habitaban, crearían puestos de trabajo, la gente se incluiría en el sistema económico, la producción agro ganadera aumentaría notablemente, así como las exportaciones y las retenciones, el dinero invertido se multiplicaría en el corto plazo. Imaginen que de pronto, 4 millones de personas excluidas, algunos dedicados a actividades delictivas o al abandono, se ponen a producir, a transformar verdes pastizales en dorados trigales. Estos les representaría una calidad de vida óptima, comenzarían a consumir inmediatamente, y a generar brutales ganancias para el estado, a través de impuestos. Todos lo sectores de la economía se verían beneficiados solo por el consumo de esta enorme masa de gente que, por el simple hecho de vivir cotidianamente, pondría a rodar una cadena interminable de necesidades por satisfacer. Por otro lado, la capital federal se vería descongestionada, las propiedades y alquileres tendrían su valor real. Más recursos para menos gente, la ecuación era infalible. Hospitales dignos, escuelas de primer mundo con la cantidad de alumnos indicados por cada maestro, menos mendigos, más trabajo y mejor remunerados, consecuencia de la disminución de la oferta laboral.
Los capítulos se sucedían y ya quería vivir en esa fantasía completamente posible. Sin embargo, me preguntaba cual era el truco. Cual era el motivo por el cual se había cajoneado este excelente proyecto, que no tenia ninguna consecuencia más que positiva. No representaba un gasto mayor al de subsidiar esta gente por un año, y los resultados eran impecables desde donde se los mirara.
Revisando algunos análisis de inteligencia adjuntos al proyecto llegue al meollo de la cuestión, al parecer el proyecto era impecable y cumplía con todas las firmas necesarias para concretarse como el anuncio que salvaría la gestión del Presidente, que venia bastante desgastada. Pero toda esta fantasía, potencialmente real, de buenas intenciones y resultados garantidos tenía un daño colateral irreparable, el político.
Imaginen que 4 millones de personas analfabetas y dependientes de las migajas, y el clientelismo político y completamente manipulables de pronto se convierten en personas trabajadoras, educadas con la cultura del trabajo, con visión de futuro y demandantes de acciones políticas que garanticen el bienestar personal, pero tambien el de sus hijos. Los políticos de turno vieron oscilar la espada de Damocles pendiendo a milímetros de su cabeza.
Archive la carpeta como indicaban los últimos dos dígitos de la serie de siete, y enderece mis huesos hacia casa. En el camino le tire unas monedas al tío que tocaba la armónica, mientras caminaba lentamente con una extraña sensación de impotencia e ira. Nadie me manda a husmear los archivos y tampoco tenia que ser completamente real lo leído, pero mi sensación ya había hecho nido en el estomago y ahí se quedaría para siempre. Desde el Bus se veían los asentamientos, y las miradas de los niños que me observaban como sabiendo de la existencia de ese proyecto. Y recorde a Machado cuando citaba: “el ojo que ves no es ojo porque tu lo veas; es ojo porque te ve”.







