No te puedo ni ver
yosoylamorocha - TRANSPORT: GENERAL INTEREST - 536 words
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Summary
Habìa una vez unas palabras raras como miopìa y astigmatismo. ¡Que las repariò!
La semana pasada estuve leyendo el nuevo blog de un amigo que vive lejos, y sus palabras me hicieron llorar. Pero no de emoción; ¡el muy desgraciado eligió un diseño de fondo negro con letras blancas! Tratar de descrifrar esas letritas entre tanta oscuridad - sumado al brillo del monitor - me dejó con dolor de cabeza, los ojos brillosos y hasta un leve mareo.
Algo así me pasó en la peluquería, con una revista con ese tétrico diseño de blanco sobre azul noche. Pero ¿qué les pasa, diseñadores gráficos? Esas combinaciones son un atentado a la salud de la córnea y el cristalino. Y al amor propio.
Otra misión imposible es la de reconocer los frascos de shampoo y crema enjuague en la ducha. Entre el vapor y las letras diminutas, es difícil diferenciarlos, a menos que una ya haya aprendido cuál es el de tapa blanca y cuál el de tapa azul. Para peor, no podemos bañarnos con lentes, y si lo intentáramos, el vapor haría que los cristales se empañaran al toque, imposibilitando todo intento de lectura. Entonces, no queda otra que tomar el frasco con desconfianza, mirando en qué parte de la etiqueta dice de qué producto se trata. Después sólo resta focalizar si la palabra es corta o larga. Así sabremos fácilmente cuál es cuál. Problema solucionado, si es que no nos confundimos, en medio de la niebla, con Industria Argentina o Contenido neto.
De chica me causaba gracia ver a mi abuela tratando de enhebrar la aguja. Le pasaba con el hilo un par de centímetros por encima o por debajo. Cuando se pudría y me pedía ayuda, yo lo hacía en dos segundos. Hoy si no tengo los anteojos a mano, estoy diez minutos jugando a ver si puedo. Y si no andan mis hijos por ahí, tal vez me quede sin coser. Traté de enseñarle a mi perro, pero me resultó medio animal con estas cosas de la costura. Por eso es que la mayoría de las veces, coso los botones con la aguja de la lana y chau. Son puntadas de diseño, di-señora que no ve un corno.
Mi otra abuela, que era re coqueta, no salía sin maquillarse. En los últimos tiempos, cuando no veía bien y el pulso le temblaba un poco, sus ojos parecían un electrocardiograma, donde el delineador subía y bajaba sobre el párpado en lugar de ser una fina línea bordeando las pestañas. Hoy la entiendo tanto...
Por suerte, se inventaron los lentes que permiten levantar uno de los cristales para maquillarse, como esos horribles corpiños para amamantar en los que sacás una tapita. Y también tenemos los espejos con doble aumento, en los cuales te ves perfecto el ojo. Y las arrugas, las líneas de expresión y los puntitos negros, magnificando las impurezas de la piel como si fuera la superficie de la luna. Son asquerosamente reveladores, aunque útiles.
Dicen que los años traen experiencia. Y es verdad: ahora aprendílo que es dioptría, colirio, astigmatismo y miopóa. Y sì, hay que resignarse a usar los lentes más de una vez. Lo que tienen de bueno, es que las cosas lindas, las vemos más grandes. Eso sí que es genial, ¿o no?

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