Los Pasillos

maurobertone  - FICTION (See also: CX "Literature: special interest" codes which may be used in conjunction with codes from Section F) - 896 words

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Summary

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Por la senda izquierda del asolado camino, continúo pie tras pie marchando sin saber a dónde ni de dónde salía; solo escapaba desconociendo, en absoluto, a que le temía. Inmensas puertas separaban las diferentes instalaciones; cada una de ellas estaba conformada por altas y gruesas planchas de madera que, a juzgar por su peso, se encontraban rellenas de un pesado metal. El intentar mover, tras cada segmento de prolongada habitación, aquellos trozos de moldeada madera, conformaban algún esfuerzo similar a la creación de las Torres de Babel, en busca del extenso cielo, por una sola persona. Aquella cantidad de puertas cerradas, una tras otra, conformaban una muralla infranqueable. Cada una estaba decorada por el mismo motivo; la totalidad de la gigantescas tablas se encontraban empapadas de un apagado verde claro, parecido a el de las bellas manzanas dulces; en cada ondulación del decorado y revestimiento, finas varillas de oro deslumbraban incrustadas, como es de imaginar, con extrema fuerza, otorgando a los rústicos portones un delgado toque de elegancia. Tras largos pasillos a cada división correspondía una de estas fortificación de puertas.
Luego de la segunda entrada el resbaladizo sudor de mi frente comenzaba a salar mis labios. Confundido, continuaba mi desconocido camino por los delgados pasajes internos; aún no lograba comprender por qué las puertas eran mucho más anchas que los mismos pasillos detrás de cada una de ellas, pero así era y así lo padecía.
Dentro del tercer eslabón que constituía la interminable cadena, ya mis fastidiados hombros rozaban las paredes. No debido al anchor de aquellos pasadizos, sino que a lo extenuado de mis piernas que aflojaban su resistencia llevándome a correr casi encorvado. En casos trastabillaba con mis propios pies y, sin caer en la totalidad, rozaba con mis manos el frío y alborotado mármol del piso. De todas maneras proseguía corriendo. Tampoco entendía por qué lo hacía; tal vez la desesperación o el agotamiento me perseguían haciendo mis pasos inconscientemente más veloces, pero era algo absolutamente ridículo.
Así fue que pasaron seis largos días totalmente encerrado en aquellos lujosos túneles. Sin saber que me enfrentaba ante el último portón, no lograba comprender cómo mis piernas aún funcionaban. Detallados destellos florecían en mi memoria rememorando lo que había sido mi transito en la cuarta sala; mis músculos en aquellas alturas ya no respondían. Ahora en la culminación de el extenso carril, había recorrido durante seis pesados días sin interrupción la absoluta extensión de los callejones.
Tras abrir la concluyente compuerta un amplio paisaje se demostraba en la amplitud de mi vista. Al costado de la salida un delgado hombre se encontraba sentado con las espaldas descansando contra la pared, en sus labios una sonrisa placentera y adormilada se despegaba de la comisura de los labios. Con la nuca contra la pared y sin apartarse de ella desplegó su cabeza para observarme. Mi agitación era inevitable y la comprensión ya del todo absurda.

- Es maravilloso, ¿verdad?- musito el hombre aún con delirios de placer en el aire que emitía su boca.

Yo no lograba entender a lo que se refería y mi rostro seguramente lo demostraba ya que el extasiado inquilino de la puerta se vio obligado a explicarse.

- Es increíble el interior de aquel lugar. Cada paisaje en su interior describe a la perfección cada estado del ser, cada sentimiento. Hay mucha gente que no conoce éste sitio y es algo que me entristece; pero luego, de forma algo egoísta, pienso que es también excesivamente reconfortante el ser uno de los pocos que lo conocen. E dejado a mi familia y mi entera rutina por vivir cada instante de mi vida en este mausoleo de la paz.

Mis ojos palpitaban abiertas sin poder evitar observar la puerta que acababa de atravesar y al hombre con el que me encontraba dialogando (o con el hombre que me encontraba monologando). Con profunda duda proseguí su conversación. - No comprendo. ¿Tu también te has perdido? – mi rostro destellaba cada segundo más la incertidumbre de las palabras que oía.

- ¿Perderme? Si, ante tanta belleza. Es increíble que un solo hombre lo halla construido ¿no es verdad?. Un solo hombre en busca de expresar su sentimientos, sus sueños, el lugar ideal que reconforte los traspasos de la vida.

Ya mi cordura no soportaba la situación. Aquel hombre se encontraba claramente enloquecido. No comprendía ni una palabra de lo que decía. Es decir, ¡nunca me detuve a ver las paredes!, ¡solo quería escapar de aquel profundo sarcófago!.

El hombre al ver que no comprendía, persistió:

- ¿Ves? Hay hombres que pasan por este sendero de la vida sin comprender lo que esto es en verdad. Siquiera lo que significa. Solo corren por los pasillos sin ver la hermosura en sus costados, sin sentir la variación de aires y sueños que viven allí dentro. Solo ven un camino que termina y corren hacia el final sin detenerse un segundo a observar, sin contemplar lo que los sueños dictan. Aquellos hombres solo escapan sin sentir más que la culminación de algo que termina, de que algo se acaba. Y siquiera piensan que todo acaba, pero como uno diga, como uno quiera. Ahora que veo tus ojos con claridad lo entiendo, parece que tu eres uno de aquellos hombres. Lo siento.

El hombre se paró e ingreso nuevamente a los extensos pasillos. Yo quedé perplejo. Luego de un instante fui tras él.

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Comments

Me pareció genial, muy atrapante, con moraleja y todo. Saludos!
2010-03-17 23:48:24