Entre barnices, metales y ácidos. Un escrito sobre Magenta.

Le Chroniqueur  - ROMANCE - 642 words

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Summary

El pasado de uno de los personajes de mi novela Colores.

El pasado de uno de los personajes de mi novela Colores.

Siempre le fue difícil clasificarse, desde pequeña se supo muy distinta a sus pares y aprendió tempranamente a lidiar con ello. Forjó una coraza que la alejó de aquellos que intentaban dañarla, pero también de quienes querían conocerla, optó por el color negro para sus ropas en un estilo tras, de moda en aquellos tiempos. Ingresó a la universidad de Dambara para cumplir el sueño de estudiar Licenciatura en Artes con todo el apoyo de su padre, más no el de su madre. El hecho de ser lesbiana sentía que las había distanciado más. Le costó mucho relacionarse con otros compañeros y sin darse cuenta se vio rodeada de un buen grupo de amigos. Marfil parecía ser el nexo entre ellos y no entendía cómo, si a leguas se le notaba una inconformidad y poco aprecio por la vida. Marfil provenía de un barrio humilde como ella, pero tenía amigos que venían desde Verdeline o Astaria, como Borgoña, la típica muchacha rubia con pilchas hippies, muy extrovertida y dada a conversar con compañeros de otras generaciones como Ámbar, de un cabello anaranjado e impresionantemente rizado, Lavanda, amante de las religiones ancestrales y dada a manifestarlo con su vestuario, especialmente la platería en su cuello, Zafiro, un muchacho algo retraído hijo de arquitectos y Aguamarina, el hombre más bello que jamás vio, bello con mayúscula, bello como una obra clásica, atractivo para mujeres y hombres, también para ella.

Si necesitaba alguien con quién hablar, Magenta siempre prefería hacerlo con Lavanda. La muchacha una percepción del mundo y del amor que acomodaba mucho a Magenta, no se sentía juzgada contándole a ella sus penas de amor. En esa época no era ninguna virtud que le atrajeran personas del mismo sexo. Pero con Aguamarina ocurría algo especial, el muchacho vivía tan enajenado del qué dirán, que simplemente aquello no era tema. Tenía un arrastre que le valía cientos de bromas, podía regodearse con las muchachas más bellas del campus y con los hombres más atractivos, pero todos creían que irremediablemente él y Zafiro terminarían juntos. Nunca Magenta había sentido aquel nivel de confianza, parecía que esa coraza que alguna vez construyó ya no era necesaria, pero seguía sintiéndose inclasificable. Hasta aquel día…

Preparándose para el examen de grabado, decidió quedarse en el taller un poco más y sacar una impresión impecable. No era la única claro, había unos cinco compañeros más. Oían Like a prayer de Madonna y se lanzaban miradas de odio entre sí para atemorizar a quién se quedara mucho rato en la prensa. La muchacha se fue al sector donde todos mojaban los papeles y con molestia notó que alguien había puesto un papel Ingres sobre el suyo. Se giró rápidamente y con el entrecejo fruncido buscando al culpable y justo del otro lado una muchacha le tocó el hombro.

- Me das permiso para quitar mi papel- dijo con una dulzura que inmediatamente borró la expresión que tenía. Se movió sin decir nada, casi pidiendo disculpa con sus gestos y embobada por la extraña belleza de aquella muchacha. Pequeña, algo regordeta, de cabellos ocres, totalmente distinta a ella misma, un poco más alta, delgadísima y cabello negro y corto. Fue así como comenzó su historia, sus amigos las clasificaron como unas profundas enamoradas y a ella le agradó. Por primera vez se sentía plena y perteneciente a un algo supremo. El amor desde entonces fue su motor, su coraza se diluyó como ácido carcomiendo al metal y se salvó justo lo necesario, como lo que protege el barniz. Dejó el riguroso negro y comenzó a intercalarlo con tonos celestes, incluso rosados. Comenzó a ser más coqueta, también se dejó crecer un poquito, poquito más el pelo. Y al titularse, cuando le ofrecieron el puesto de profesora de grabado, sintió que el sueño de vivir junto a su amor se hacía muchísimo más real.

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