Contares y Tentativas Poeticas
Al Urquiza - TRANSPORT: GENERAL INTEREST - 11655 words
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Summary
Publicado en 2007 por la Sociedad Cultural Miguel Hidalgo A.C. Morelia, Michoacan. Mexico.
CONTARES
y
TENTATIVAS POETICAS
Por: Alejandro López Urquiza
I
EL JUEGO
¿NO SERÁ QUE JUGAR ES TOMAR LA VIDA EN SERIO, PERO AL REVÉS?
Don Juan Reyes, vendedor de monedas y huesos fósiles.
EL JUEGO
Delfino Flores Mascote no podía creer lo que escuchaba de la boca de Fidedigno López… tan solo habían pasado doce horas desde su último encuentro, todavía tenía el mal sabor del cigarro y de la cerveza en la boca, aún no aliviaba su cruda, seguramente él tampoco, y ya estaba traicionándole de esa manera. Estaba mandando al caño la confianza que puso en él un día antes, toda su confianza. Abiertamente le mostró todo su pensamiento, lo guió hasta que creyera, lo encaminó al salón del conocimiento y, hoy, a tan pocas horas, “ya enseñaba el cobre”. Cómo no advertirlo, se le veía inmediatamente que era un traicionero, había sido una estupidez hablarle de aquello, fue una tontería decirle precisamente a él aquellas verdades tan ocultas. Ya se lo habían dicho, ya le habían hablado de Fidedigno, todos lo conocían menos él y, precisamente él, tuvo que entregarle todo.
***
Aquel tres de mayo, aquel día que (¡Por Dios!) quería ver lejano y que hacía apenas unas horas atrás llegaba a su término, era el desgraciadísimo tiempo en que dio y perdió todo. Solo iniciaron una conversación cuando aquel se ofreció amablemente a destaparle una cerveza, entre todos los presentes fue el único en todo el día y parte de la noche que se arrimó con él a disfrutar de la fiesta.
- Qué –dijo fidedigno – le destapo una cerveza?
- No, gracias, todavía tengo algo – le respondió cortantemente Delfino, mientras daba un sorbo a la modelo que, en realidad, ya estaba amarga –.
- Échesela, un trago más y la suya va a “chupar faros”. Aquí ´sta, usté sabrá si quiere seguir tomando esa que segurito ya escalda la lengua.
- Bueno, gracias fidedigno, ya decía yo que no eras lo que la gente habla de ti. Te he visto en la obra y eres serio, creo que vas por buen camino, eres joven y si sigues así, pronto, llegarás a “maistro” de obra.
- No quiero ser “maistro di obra”, la verdá solo pienso estar aquí poco tiempo. Sabe, ya me inscribí a la primaria, dicen que echándole retiartas ganas uno llega a terminar de estudiar pa´ empezar una carrera a lo más en cinco años. Quiero llegar a inge´.
- Eso está bien fidedigno, lo vas a hacer, yo se de´so y lo vas a ser. Mira, yo no estudié pos porque mis padres no tuvieron lana pa´ darme l`estudio; no les reprocho porque yo se que si ´biera tenido ganas lo ´biera hecho. – haciendo una pausa e inhalando el polvo de la cal, Delfino, continuó – Pero p´os yo creo que no se trata de hablar de penas, menos hoy que ´tamos tan a “todas margaritas”.
- Sígale diciendo don Delfi, ya todos sabemos que usté es el mero mero pa´ eso de los consejos, déme chanza, ´toy chavo y necesito alguien como usté pa´ alivianarme. Además siempre andamos en la friega, usté cree que vamos a tener otra oportunidá como la di´ora.
- Es como todo mi fide – continuó delfino – nomás que pu´s unos ´tamos mas viejos qui´otros y eso es lo que hace que la cosa parezca que sabemos mas, pero sí, como te decía, tú, ´chándole ganas llegas a ´onde quieres.
- La neta que si don Delfi, solo espero terminar la primaria y ya verá, hasta le voy a dar trabajo porque usté me ca´i rete´bien, no es sorna, es la neta don Delfi, ya verá.
Las horas transcurrieron hasta las tantas de la mañana mientras delfino y fidedigno platicaban sin tomar en cuenta a nadie, hablaron de la vida, de los recuerdos, de la cerveza, la ingeniería, política y, por supuesto, de fútbol; tomaron una cerveza tras otra y llegaron hasta el punto de hermanarse, no como una cosa de borrachera sino como una verdadera fraternidad.
- Mira Fide, me ca´is re´bien tu también, se que eres buena persona… me ca´i… yo creo que la vas a hacer… mira… me caes re´bien… me ca´i… bueno… la cosa es que… bueno… como me caes bien… pos… mira … pus ya… la verdá es que quiero que conozcas a mi´ija Eustolia… es bien chula y la traigo cortita… me ca´i… esa muchacha es una buena muchacha y muy decente … si tu quieres es pa´ ti… bueno… porque me cais bien…
Esa mañana amanecieron juntos sobre los bultos de cemento dentro de la obra negra. “Primero el festejo al santo y luego el colado”. El interior de la finca que se levantaba estaba repleto de fichas de cerveza, pedazos de papel de estraza, las latas y envases de modelo se esparcían como parte de un “performance” sobre el suelo del inmueble. Los castillos coronados de bolsas de chicharrón de harina y las tarimas conservaban aún las pisadas pegajosas de quienes se animaron a bailar sobre ellas algún danzón. Cuando por fin despertó el “maistro” de la obra, tuvo que levantar a algunas de las muchachas del barrio que habían llegado a acompañar, fraternalmente, a los encargados de la construcción. Una botella de salsa botanera derramaba, gota agota, su contenido, mientras se tambaleaba de un lado a otro, en un poético vaivén, decorando las botas de Juan Nepomuceno, primo hermano del chalán del chalán, quien estaba aún inconciente. Una tortilla endurecida, con carne seca de barbacoa y un chile jalapeño avinagrado y repleto de sal despertó el olfato de Fidedigno que, animado por el aroma, se levantó para beberse de un solo trago el resto de su “caguama” Victoria que, si bien estaba caliente, le alivianó la sed. Comenzó a enterarse de donde se encontraba y recordó la agradable noche de bohemia que paso junto a su futuro suegro Delfino. Trataba de recordar si efectivamente había sido verdad el ofrecimiento de Eustolia, él ya la conocía, en la obra siempre se hablaba a escondidas de lo “buenísima” que estaba la hija de don Delfi. Despertó a Delfino y le dio un trago de su “caguama”.
Delfino se despidió, llegó a su casa donde se encontró con que Eustolia estaba embarazada… ¿de quien? No supo, no le dijeron… se durmió. Eran las siete de la tarde en punto cuando abrió los ojos y, afortunadamente la cruda había desparecido, claro, no del todo, el mal sabor y un cierto golpeteo en las sienes siempre queda por unos días, total, todo con tres cervezas se relaja. Mientras destapaba su victoria y daba un sorbo, ese agradable disfrute se vio interrumpido por el recuerdo matutino: ¡Eustolia estaba embarazada y no sabía de quién! Qué afrenta le representaba haber estado hablando bien de ella toda la noche, incluso habiéndole conseguido un buen partido, cómo lo pudo haber imaginado. La vergüenza que le produciría ver a la cara al fidedigno quien le había demostrado la noche anterior ser de la mejor clase de hombre. ¡No era posible! ¡Eustolia!
Mientras miraba a su alrededor buscando a alguien, mientras se pasaba el coraje con un trago de cerveza y la vergüenza se el escapaba en la exhalación del humo de sus “delicados”, prendió la tele. Pasó uno por uno los seis canales que se receptaban en su televisión hasta llegar al noticiero de deportes… había un entrevistador que rondaba la zona peatonal del centro, preguntaba a los transeúntes su opinión sobre la selección Mexicana, nadie sabía contestar correctamente – a los ojos de Delfino –, nadie de los entrevistados había hablado de la realidad del futbol Mexicano. Se alegro al ver que entrevistaban a Fidedigno, ahí precisamente estaba aquel muchacho con el que hoy, debido a las circunstancias, se sentía avergonzado, Delfino sintió una emoción que no pudo describir al ver precisamente en red nacional a la persona con quien hacía unas horas había fraternizado. Ahí estaba, dando su punto de vista sobre la selección tricolor, la sonrisa de Delfino se fue borrando a medida que avanzaba la respuesta de Fidedigno. No lo podía creer! Todo menos la traición! No era posible!
- Que opina usted de la selección mexicana? –decía el entrevistador a Fidedigno –
- La verdá, pu´s yo creo que falta realmente una verdadera unión de los directivos y los jugadores, no deben pensar nomás en el dinero, eso es lo que lleva a la selección a la derrota siempre, deben jugar con el corazón y olvidarse de lo que les van a pagar. Siempre le rezan a la Guadalupe, pero con una mano en el bolsillo, deben jugar con fe, esto siempre se los digo a todos y nunca me hacen caso, ´ire, si me dejaran nomás un día con la selección de´veritas que hacía campeones a los muchachos… […]
Estas mismas palabras, idénticas, una a una, las había confesado Delfino a fidedigno la noche anterior, el día anterior, hace unas horas, y, hoy, “así como si nada” se las arrebataba de la boca y las ponía como suyas en la televisión… ¡En la televisión! ¡A nivel nacional! ¡A ojos de todos él era el que lo había dicho y las palabras le pertenecían! Delfino se quedó pensativo, imaginando lo que hubiera sido de la pobre Eustolia compartiendo su vida con un traicionero, le dio sentimiento haberla ofrecido como si fuera una cosa. Ahora tendría un nieto y debía ver por él, sería hombre, tendría que serlo, ¿porqué no?, lo haría futbolista y por lo que respecta a Fidedigno que se fuera al demonio.
Fidedigno no regresó a la obra, Eustolia terminó su embarazo, jamás dijo de quien era el muchacho. Sí, fue varón. El día del bautismo, Delfino (ahí junto a la pila de la iglesia, cuando el cura preguntó a la madre el nombre para el niño), gritó a Eustolia que no permitiría que su nieto llevara por nombre Fidedigno! Jamás! ¡Eso no!
POR ALEJANDRO LÓPEZ URQUIZA
II
R E C U E R D O S
Y mientras más me alejaba,
permanecía más tiempo inmóvil...
Tiene que ver con las leyes.
Don Mario Libreest: ficción del autor
Y mientras más me alejaba,
permanecía más tiempo inmóvil...
Tiene que ver con las leyes.
Don Mario Libreest: ficción del autor
RECUERDOS
Uno sabe que va a morir, es innegable, pero nunca imagina nada más allá de esa sentencia…
Comencé a trabajar a los siete, mi padre cansado de emborracharse decidió quitarse la vida. Mi madre se hizo cargo de cuatro niños que fueron muriendo uno a uno hasta que “su posibilidad le impidió dejar que yo muriera“, con estas mismas palabras lo decía mi madre cuando se sentaba con su cara dura arrodillada ante el fogón y me miraba de frente para recordarme que en algún momento sus actos demostraron lo mucho que me quería... no ella, sus actos. Recuerdo con cariño a mi madre, siempre estuvo atenta, trabajando en el día, ya en la noche, ya sin luz, con lluvia o bajo el sol, procurándome -decía-. Nos quedó la tierra, seca, afortunadamente mi padre pudo sembrar antes de que la guadaña se quedara incrustada en su carne, rodeándole por una mitad... Llegué cuando su último suspiro y vi de inmediato como se iba volando su alma (eso es lo que dijo mi madre que era lo que vi cuando llegué), tenía el mango del fierro juntito al corazón y el filo le corría por el pecho de tal forma que la punta le tocaba la espalda, como abrazándolo... En el hombre y su muerte, su forma de muerte, siempre existe una simbiosis. Mi padre imaginaba constantemente que su arma le era arrebatada y con ella misma le asesinaban, la llevaba amarrada a su muñeca izquierda en cada segundo del día, en cada minuto de la noche. En su muerte. ¿Cuanto tiempo?! Solo dios sabe!
Se acercaban las fiestas de mayo, mi padre juraba en la capilla no tomar desde la víspera y ese día estaba sobrio, algo parecido a la sobriedad más bien dicho, creo que llevaba tantos años tomando que en su cuerpo no podía existir la sobriedad. Se levantó temprano anunciando que iría a la capilla, cada año el cura del pueblo le esperaba ese día, le esperaba para echarle en cara todos los insultos recibidos a lo largo del año. Dicen que mi padre salía de la cantina trescientos cincuenta y cuatro días al año y al pasar por donde el cura le insultaba diciéndole que algún día vengaría las muertes de sus antepasados. Recuerdo bien que ya era hora de la merienda y mi madre alistaba el nistamal, esperábamos con ansías, no por la feria, sino por las gordas que mi madre sabía echar al comal en estas fechas, las rellenaba con higos, higos que cristalizaba con piloncillo y miel y que durante mucho tiempo guardados debajo del tapanco lograban hacerse realmente duros. Meses antes, Agustín de cuatro años peleo con Camila de nueve y, llorando, le arrojó la conserva tomándola en plena huída, asestándole el proyectil en las sienes, lo que significó un castigo para todos, la culpa había sido de Camila. Mi madre tiró las gordas esa noche y todos dormimos temprano. Estuvimos enojados con Camila durante meses, nadie habló con ella, ella no hablaba con nadie, fueron meses enteros en que nos reuníamos todos para escondernos en los carrizos y Camila seguía su rumbo sin decir palabra. Fue hasta ese día cuando por fin nos dijimos algo todos, con ella, para todos: ¡Ya se murió! Fue un decir de sorpresa, no de miedo, no de sentimiento ni dolor, de sorpresa, todos pensábamos que nunca sucedería, ahora lo sé. Eso era lo que pensamos. Fui el primero en darme cuenta, mi madre me mandó por la gallina colorada, estuve buscándola alrededor de la finca, ya estaba oscuro, las últimas tórtolas se aventaban al aire en conjuntos de millares y se asentaban en las ramas de los oyameles, oí el ruido de la colorada y la seguí, usando el sentido, cuando la encontré no corrió y pensé que cada vez me volvía más hábil para atraparlas, la verdad es que la gallina estaba paralizada por la muerte, por su próximo deceso y por el último resuello de mi padre –lo entiendo ahora-. La encontré picando la carne muerta del muerto, antes que nada tomé a la colorada y vi clarito como subía el aire que salía del cuerpo tieso, dijo mi mamá que llevaba mucho rato muerto pero que su alma no podía salir de él hasta que alguien lo encontrara, para descansar en paz, dijo. Me acerqué, sólo para estar seguro que era él, había algo de fascinación en mí sobre la escena y en el hecho de que el actor haya sido precisamente él… es fascinación, ahora se como se llama aquello que sentí pero en ese momento solo sentía algo bonito y feo a la vez, el no decir, el no saber nombrar las cosas, los sentimientos, es regalo de la lejanía, del apartamiento, no podía darle nombre a eso hasta ahora.
Lo moví para verificar que en verdad hubiese terminado y después fui donde mi madre. No la encontré, no quise gritarle para que mis hermanos no se enteraran, pero llegaron todos, pareciera que eso que le salio de la boca a mi papá les hubiera ido a dar vueltas frente a sus narices, como anunciándoles un: ¡ya me voy! Mi madre se puso a cavar a un ladito del granero, ahí le ayudamos a meter a mi papá, todos le echamos tierra, todos, marina de dos años se arrastraba y también intentaba movimientos dirigidos a tapar el hoyo. Tuvimos que desenterrarlo, ya más de noche, a mi mamá se le olvidó que tenía ganas de quitarle la guadaña. Entonces ya solo fuimos Camila y yo y entre todos tomamos las cubetas y lo desenterramos; ya descubierto, doña Prisciliana Gálvez le quitó la guadaña y dijo algo así como: “Con esa misma”. Nos pidió que regresáramos a dormir y así lo hicimos, ya había sido el día más largo de nuestras vidas en convivió con mi padre.
Las primeras palabras de Camila en un año, fueron también las últimas, se fue, después supo mi madre que la había arrollado el tren por allá por Tuxpan y que fueron tantos los vagones que le pasaron por encima que no pudieron juntarla, eso le dijeron, pero como la cabeza quedó intacta -le decían- no faltó quien dijera que era la hija de Estorgio. “Doña Prisciliana, la tatema está disponible en el ayuntamiento -mencionaron los agentes- por si quiere darle una cristiana sepultura”. Le pregunté a mamá si quería que fuera por la cabeza y me dijo que era muy poca cosa como para ir a recogerla, “Los del pueblo saben que hacer con esas cosas” –dijo-. Cuando Camila se fue no dijo nada, pero se le veía clarito en la forma en que tomaba la falda que quería no regresar nunca, eso lo entendió bien mi madre. Salió tras de ella y regresó muy tarde sin ella. Esa noche mi madre se veía cansada y al día siguiente preguntó si nadie había venido preguntando algo, diciendo algo, quería saber no se qué.
En junio a Marina le empezaron a dar vómitos y mi madre sudando caminó con ella, horas, hasta llegar al hospital en Tuxpan, regresó sola. No supimos nunca que pasó, nadie tampoco preguntó, quedábamos dos… los hombres. Todos los días me levantaba con el gallo cuando clareaba un poquito, me llevaba las dos vacas a pastar al cerro y regresaba al medio día para desgranar el elote, mi madre ordeñaba a las vacas y yo molía el maíz en el metate. Siempre fue inteligente mi madre y por eso rentó la parcela al señor Julián de la tienda de San Lucas; por eso también, cuando preguntaron dos policías por mi padre les dijo: “Ya lo conocen, hoy está aquí, mañana allá, solo dios sabe donde está”. Esa mañana los policías se quedaron a almorzar y nos pidió a agustín y a mí que nos fuéramos al monte, que cuando bajara el sol nos regresáramos puntuales. Jamás regreso nadie a preguntar por Don Estorgio. Agustín y yo, con un año mas encima, ayudábamos en todos los quehaceres, recogíamos el pago de la parcela, unas monedas y mucho en grano, lavábamos las vacas y matábamos codornices con la chispera de Estorgio. Mi madre vivía bien, ya con sólo dos hijos procuró llevarnos a la escuela del pueblo, “Vicente Guerrero número 1” se llamaba, Agustín aprendía rápido, me enseñó a contar, pero era muy distraído y peleonero. “¡Me llaman de nuevo a la escuela para darme la queja y te atienes a las consecuencias! -le dijo mi madre- no solaparé las cosas que haces muchacho”. Agustín guardaba su coraje y lo desquitaba desgranando maíz. Avancé rápido y pronto me cambiaron de primero a cuarto año, mi mamá dijo que debíamos hacer lo posible por salir de ahí, de irnos y hacer vida en otra parte. Se vino otro junio y don Julián dijo que ya tenía parcela, que ya no quería la tierra, nos quedamos otra vez como cuando vivía mi padre, como cuando éramos todos. Un día Agustín sufrió dolor de estomago, mi madre, triste, lo cargo y comenzó a sudar, sudando se lo llevó en brazos al hospital de Tuxpan, para entonces ya teníamos la burra. La seguí durante un tiempo, cansado, detrás de ella, se hizo noche y se paró, bajó de la burra y al verme me ordenó que regresara inmediatamente, so pena de las varas de membrillo -hay una marca en mí que todavía no se borra, fue del membrillo en vara que me untó mi madre cuando maté la gallina, fue un accidente, solo quise regresarle el huevo por donde salió, era un niño-. Me regresé a la casa y, en la última mirada atrás, vi cuando mi madre subía de nuevo al onagro, supe entonces que igual que pasó con Marina, mi madre regresaría sola. Esa noche lloré, quizá por los muertos, quizá por niño, lloré mucho, hasta quedar dormido.
Éramos mi Madre y yo. “Así ha querido que sea, solo los dos mijo” –decía- Trabajábamos duro, mi madre se las ingenió para cambiar la burra por dos mulas. Dos mulas más viejas que matusalén – decía – No se cansaba de repetirlo todos los días la vieja, pero eran esos viejos cuadrúpedos los que nos posibilitaban llevar la tierra a las casas grandes del pueblo. Nos íbamos temprano al monte, juntábamos la tierra y cuando el sol asomaba ya estábamos subiendo el primer empedrado del caserío. “El monte es bondadoso, siempre da y pocas veces quita hijo”. Al bajar con la tierra teníamos que hacer lugar en los costales, ya para los quelites, ya para los tecomates, ora para espinacas, después para los berros, hasta hubo un día que regresamos con dos iguanas de collar amarillo, mi madre hizo un caldo y me enseñó a picarles el pescuezo y chupar la sangre, muy dulce al principio, sin sabor después... “No te la tomes toda que te desmayas” -me repetía-. Después de vender la tierra, los quelites o lo que fuera, mi madre se regresaba a la casa y yo me quedaba en clase, el profesor Atanasio mandó muchas veces a mi madre las notas de agradecimiento y felicitación por mis calificaciones. Terminé la primaria… empezaron mis recuerdos.
Me preguntó muchas veces por mi parecer y yo siempre le dije que no me quería ir, llegó el día y, con el boleto de ida apretado en las manos, trepado en el camión, me despedí de mi madre.
Los internados no son buenos para nadie, hacen que uno se vuelva más uno, ¡si! Todos juntos comíamos, todos juntos dormíamos, todos callados llorábamos, todos también seguíamos en nosotros mismos, sin un decir, sin oír. Cuando nos sacaban era al parque de la ciudad, prohibido alejarse, prohibido platicar con la gente, prohibido no saludar correctamente, prohibido seguir siendo niños. En las noches, después del atole con bolillo, podíamos ir a las pilas y lavar los tenis, eso, siempre que no hubiera habido queja de uno durante el día.
La secundaria en el internado pasó rápido, para entonces ya sabía hacer roperos, soldar estructuras, cocer, coser, y pintar lienzos, los del instituto vendían las pinturas nuestras cada mes en la capital, siempre con el mismo cuento “Arte de los niños pobres del internado San Lucas, compre hoy y regale sonrisas para siempre” las cartulinas con la leyenda duraron siendo las mismas desde que llegué hasta que salí, lo recolectado no alcanzaba siquiera para comprar otras, ni los papiros egipcios descubiertos eran tan susceptibles a la luz como esos cartones. Habían anunciado meses antes que habían terminado las clases y regresaríamos a nuestras casas, se fueron todos y vinieron otros, yo no me fui… les gustaban mis dibujos.
Hice todo para poder huir, para escaparme, para dejar de estar viviendo ahí conmigo solamente; una noche, decidido, asalté la oficina del prefecto y robe mi certificado. Salí, escapé. Llegué muy noche a la capital, me dolían los talones, si Aquiles hubiera tenido los míos no estaría muerto. No se van de mi memoria aquellos días, dormí sobre el acueducto, ya me habían contado que “niño en la calle, niño al orfanato” ya sabía cuanto costaba eso. En la mañana me fui al mercado, cargué seis canastas y las llevé a los domicilios, comí lo que quise, me dieron ganas de escribirle a mi madre, quise agarrar un camión y volver, pero algo muy en el fondo me decía que yo quería un regreso permanente. Por un momento pensé lo que quería decirle en la carta, recordé que no sabía leer, pensé poner una nota al final diciéndole: “Pídele a don Julián que te la lea, el si sabe, si no busca al profesor Atanasio”, ahora me da risa; mi mamá no era tonta, recibiéndola iría corriendo con don Julián y le diría que se la leyera, le hubiera dado gusto oír “pídele a Don Julián. . .” porque sabría que seguía pensando igual que ella, que era listo, que ella lo era.
Esta en mi memoria cuando pude llegar a una casa estudiantil en donde todos vivían como en el orfanato, sólo faltaban los candados en las puertas. Ahí comencé a solicitar mi ingreso a la preparatoria, ya había perdido un año escolar gracias a los que “me regalaron” la secundaria. Después de un año lavando la ropa de los estudiantes logré mi ingreso a la media superior, ahora me lavaban a mí. En la escala de la vida siempre existe alguien muy abajo y otro más abajo todavía, la razón solo permite pensar en los superiores como una cuestión no de ideal sino de desbancada. Con el tiempo me fui a la facultad de medicina, había algo en mí que me obligaba a salvar gente… mis recuerdos. Después de grandes esfuerzo conseguí lo que quería, uno siempre lo consigue, es cosa solo de uno. Algún mal indecible me aquejaba, mis colegas y yo no sabíamos que me obligaba a tener dolorido el pecho todo el día, tuve tiempo y decidí buscar mi vida… la que se había ido, la que había olvidado. Recordaba que mi madre dijo algún día que mis hermanos murieron de lo mismo, a excepción de Camila obviamente. Decidí regresar al rancho, mi madre había muerto cuando cursaba el primero de medicina, era la segunda vez que regresaba desde mi salida, la primera fue para quemar la casa y vender la parcela, para enterrar a mi madre.
Todo estaba diferente. El hospital era muy grande ahora, afortunadamente un excompañero y colega atendía los menesteres administrativos del nosocomio, no le dio gusto verme… igual me atendió. Los registros médicos, expedientes de ingresos y demás documentos históricos databan de 30 años anteriores a mi nacimiento, ninguno hablaba, hasta la fecha, de la muerte de mis hermanos. Se reducían las posibilidades. En las oficinas del registro civil solo encontré el número de acta de fallecimiento por atropellamiento de Camila, el verdadero atropello era el sistema que me remitía a los archivos de la capital “con suerte allá los encuentra, es un papel muy viejo” -dijo el leguleyo detrás del escritorio-. Salí desilusionado, seguro de que ahí terminaba mi paseo… por este mundo, ¡qué forma de recrearse! –dije-. Pasé por la tienda de Don Julián, era lo único edificio del pueblo que seguía igual, la misma pintura, las mismas marcas de corazones sobre la banqueta, puestas por algún escuincle en el cemento fresco, Don Julián sentado en la misma silla roja tejida con junco, su piel un poco mas pegada al hueso, pero las mismas ropas. Me acerqué esa tarde y le dije que era yo, lo tuve que repetir seis veces hasta que, sin expresión en el rostro, me dijo que me reconocía como el hijo de Prisciliana. También hablo de la tristeza de mi madre, de las tantas noches que la vio llorando al pie del olmo junto a la mangana, con su botella de mezcal. Le dije que mi madre no tomaba, que fue mi padre quien bebió hasta no aguantar más… repitió que hablaba de mi madre, y mientras lo pronunciaba fijaba sus ojos en mi pecho, me tocó con cierta humildad que me cayó como golpe.
No hubiera venido, no hubiera necesitado… no hubiera, no hubiera, no hubiera… -era mi pensamiento-
Esa misma noche me revolví la cabeza tratando de entender lo dicho por el vejestorio, queriendo extraer algún evento olvidado, pude sacar de mis recuerdos un olor avinagrado que desprendía mi madre en las mañanas. Me vestí de inmediato y corrí descalzo, como en aquellos años, hasta el olmo en la mangana, me senté sobre una roca y recordé a mi madre sentada ahí bebiendo mezcal, sola, llorando, emborrachándose, todavía estaba la piedra en que se sentaba, busqué algo, una pista, algo en el lugar que lo haya hecho agradable para prisciliana, no encontré mas que tierra y pasto. Estuve sentado horas, pensando, fue hasta la llegada de la luz que miré desde ahí un árbol que disimulaba una cruz bajo sus ramas, corrí hacia él, desesperado sin saber por qué, con ese aliento que se va y agita el corazón, taquicardico, irracionalmente, me acerqué y quité las ramas. Sobre la corteza se observaban grabadas tres cruces y una equis, el pasto bajo el tronco no crecía igual que alrededor, era más bonito. Lloré, lloré mucho, quise a mi madre, la odié, quizá… por el miedo que nunca le tuve, quizá porque me quiso… quizá... Amanecí tirado junto al árbol, junto a las cruces y la equis, junto al pasto diferente, sobre los huesos y la carne que hicieron lo suyo como el mejor fertilizante para este pasto tan hermoso. La mañana era bonita, muy bonita diría yo, en contraste con mi espesa penumbra interior. Contraté dos peones, los llevé al lugar y les pedí que cavaran… ahí estaban una a una las cruces, Agustín, la primera, Marina la segunda, unos brazos largos y sin cabeza que supe le pertenecieron a Camila… pero faltaba la equis… mi padre yacía detrás del granero, no sería él de quien en el árbol se tachaba su ausencia… era una equis… algo no realizado… una ausencia… ¡faltaba yo!
ALEJANDRO LOPEZ URQUIZA
III
OLVIDOS
¿Por qué no morí yo en la matriz,
O expiré al salir del vientre?
Piel por piel, todo lo que el hombre tiene
dará por su vida.
Job. Cuestionario biblianico
¿Por qué no morí yo en la matriz,
O expiré al salir del vientre?
Piel por piel, todo lo que el hombre tiene
dará por su vida.
Job. Cuestionario biblianico
OLVIDOS
Será difícil, ya lo creo. Debe tenerse siempre una resistencia a sí mismo, es fundamental. Conocí a lucía cuando apenas alcanzaba los doce, para entonces ya podía hacerlo fácilmente.
En el pueblo las fiestas eran en nombre de San Agustín. Cuando la feria, salía del campo embadurnado de tierra, dicen que la tierra en el cuerpo del campesino es como un aditamento con todo y sus propiedades. Me lavaba en el río y, directo, corría hasta el pueblo para llegar temprano a la instalación de los eventos, todos me esperaban ya, sabían que ganaría. Siempre fui bueno para las canicas, en realidad no sé de dónde me vino eso, nunca tuve tiempo de practicar, por ello creo firmemente en que algunas habilidades son ya de nacimiento, no importa cuánto se niegue uno a ellas.
Ganar siempre ha sido reconfortante, siempre se gana de algún modo, es cuestión de cómo se vea… en la vida hay una facilidad inmensa, tanto más grande que en la muerte. ¿A quién le sufre la muerte de un extraño? La vida es liviana si uno se deja acoger por ella, hay que afrontarla como llega y dejarla ir igual. Existen las oportunidades, lo sé, cuando llegan hay que tomarlas sin mayor miramiento y, después, jamás debe uno arrepentirse.
Fue en mi tiempo dentro del internado, ella apareció en la visita de las damas caritativas. Las señoras de la caridad llegaban los domingos, todas olían al campo pero sin el olor de la majada, sin el tizne de la leña, sin el cuajo de la leche, al puro campo sin lo otro. Se escondía tras las faldas y, yo, en mi intento por cruzarme con su mirada, merecí ese día, por aquel inquieto acto, la peor exhibición de poderío que un hombre puede tener sobre un niño. El maltrato del vigilante fue feroz y espectacular. Después solo quise escaparme de los ojos de la niña que eran ahora los que me buscaban. Toda la tarde medité, enloquecido, en la ignominia… en la exhibición, nada justificaba el actuar de aquel hombre. Nada lo salvó de mí. La noche me iba bien, era ese acto tan anunciado de complicidad. El vigilante, de quien juro no se el nombre, dormía siempre recostado en el sillón de la entrada, su papada que temblaba al compás de su ronquido, la boca pestilentemente abierta y un sonido espantoso que salía de ella me animaron a continuar. ¡Fue muy fácil!
Guardaba en aquellos años, como mi único equipaje, mi “cuica ojo de gato”, mi canica predilecta. Muchas las veces en que, al estar a punto de perder, ella me salvó casi naturalmente, solo necesité sentirla entre los dedos de mi mano derecha y tirar para que fuera a dar justo en el blanco, apartando una a una las demás bolitas de cristal que se reventaban en esquirlas brillantes y dejaban libre el cocol para mí y para mi orgullo. Nunca me había resignado a separarme de mi “ojo de gato”, “agüita” se llamaba. La bauticé el día que gané aquellos cinco pesos apostados por don Filemón, el boticario del pueblo… no recuerdo de que lugar de mi infantil pensamiento encontré la relación para su mote, Esa noche sabía que la iba a perder pero que era por una buena causa.
Viendo su overol, espantoso, abrillantado por la mugre acumulada, con el estúpido paliacate rodeando su cuello ennegrecido, no tuve más remedio que detestarle mayormente. Tomé “la agüita” entre mis manos, por primera vez vacilé antes de lanzarla, sabía que estaba a instantes de separarme para siempre de lo único valioso que había encontrado en la vida, parado de frente ante el grasoso aquel, alcanzando a oler su aliento putrefacto a tres metros de distancia, me divertía imaginando la escena que provocarían segundos después mis habilidades, sus infructuosos intentos. Lo imaginé en sus múltiples posiciones de impotencia, quise que me viera la cara en el momento justo en que no encontrara la salida, quise arrodillarlo y escuchar de su boca un sonido de auxilio, de compasión, quise tantas cosas que no quería ya hacerlo, sabía que no podría darme más que un gusto: verlo morir de lejos, en un acto inmediato y tan efímero que me decepcionaría. No veía claramente, confié de nuevo en mi diestra y di mi último tiro, lo que casi he olvidado lo revivo en una filmación pausada, de pocos cuadros por segundo, parece que fuera yo timoneando la canica, montado en ella… claramente pude sentir la fétida caricia de su aliento sobre mi rostro, yo estaba ahí, entre las fauces de ese animal salvaje que hoy daba su último respiro, que actuó con saña por última vez, que la mañana en que se regocijaba lastimándome ya se había ido y también había sido su último día con luz. Alguna vez pensé que pude haberme adelantado para parar el tiro y darme el gusto de hacerlo de nuevo… así de lentas sucedieron las cosas. Por fin sentí en mis oídos el ruido del cristal rozando su canino superior y, de manera instantánea, escuché la sonoridad de “ojo de gato” al alojarse en la laringe, apocando el estruendo de su roncar. Cuando su cerebro reaccionó, el ocelo felino ya había hecho su trabajo y sus ojos parecían salir símiles a la manera en que se traducía su intento por expulsar mi canica. Todo acabó de la misma forma en que fue su inicio: él, sentado con la boca abierta, sin conciencia y, yo, viéndole, con la misma rabia, conciente de que ya estaba muerto. Regresé a dormir ya tranquilo, no tuve que esforzarme, me olvidé de mí en el momento de su muerte, borre esa imagen y no me puse adjetivos.
***
La mañana siguiente, en el internado todo siguió su curso como cualquier día de enero, solo podían percibirse algunas miradas extrañas de los maestros y empleados, no hacía mí, hacía algo o alguien diferente. Por la tarde, después de la comida, nos reunieron a todos en el salón de los rezos; siempre me gustó ese lugar, era una sala con paredes en un tenue color salmón, que contrastaba de una manera preciosa con los muebles cuadrados, sin ornamento mayor que su presencia, discretos, parcos, sobrios… perfectos. Las sillas acojinadas en un tono olivo mínimo en intensidad, el piso alfombrado en misma tonalidad, existían diversos cuadros, muchos de ellos malas copias del arte sacro, con su marialuisa en el olivo persistente, pero, debo reconocerlo, no opacaban la sala. Había unas tres hileras de candelabros montados sobre mesas redondas, del mismo tipo de diseño, que, barnizadas a lo ligero, mostraban contentamente el material de que estaban hechas, un roble casi blanco que hacia pensar que la vista no estaba del todo bien cuando, mirándoles fijamente, comenzaba a asomar un pigmento gris perla. Se respiraba siempre bien en ese sitio, una cúpula de iglesia llena de tragaluces, y sin detalles, permitía el acceso del aire que libremente circulaba por toda la habitación para regresar a las alturas y renovarse. Que bien me sentía ahí adentro, no había nada que me hiciera sentir igual a permanecer un rato en aquella bóveda. Esta vez nuestra reunión apuntaba hacía un lugar diverso. Deleitándome en la decoración del interior, y esperando saber que ocurría, mi mirada se trasladó hasta el ara y, sobre el libro de la ley se encontraba ojo de gato, “agüita”, depositada como sello que abraza las caras de las páginas, exacta, como si hubiese sido dejada por una fina y delicada mano, meticulosamente abarcando los reglones de dos salmos y, sobre la tarjeta de lectura, en número gigantes se leía JOB 2:4 y 3:11, quien lo hizo era perverso. Nos pidieron el silencio más inmenso, todos los compañeros, aún sin saber la razón que nos mantenía en el área, entendían que algo muy malo había pasado.
Nos dijeron que el aceitoso de aliento fétido había muerto. Nos preguntaron si habíamos oído algún ruido en la noche. Nadie oyó nada. Sólo Manuel sabía de mi afición a las canicas, y de mis hazañas, yo no podía recordar si alguna vez le enseñé a la ojo de gato, no platicábamos mucho, pero dormíamos en el mismo cuarto, quizá… no vale la pena. Al finalizar la reunión dijeron que habría una misa para honrar el alma del difunto, para que descansara en paz, a mi me dio lo mismo si descansaba o no, me hice el enfermo y no salí de la habitación. Después de algunas semanas fue hasta mí el primer prefecto y me preguntó si yo gustaba de jugar canicas, le dije que sí, le platiqué de lo mucho que me hubiera gustado jugar en el internado, que lamentaba mucho las reglas al respecto y que algún día me gustaría tener una canica como la última que perdí en mi pueblo. Me dijo que era un buen muchacho, que tenía un talento nato para la pintura y que eso me podría llevar muy lejos. Le hicieron su misa, lo pusieron dentro de una caja enorme, hecha por los mismos empleados del lugar, cabía a penas; dijeron que no le iban a dar aviso a las autoridades, que era una muerte “natural”, asfixia la llamaron, el carvajo de la huerta trasera sirvió de cruz para la tumba de aquel. “Aquí pace un alma del señor” -se leía-. Fue curioso, no supe nunca como se llamaba, aún y cuando fui yo tan importante a lo largo de su muerte.
ALEJANDRO LOPEZ URQUIZA
III + I
REALPARIENCIAS
LO QUE NOS ENGAÑA ES AQUELLO QUE
NO PODEMOS CREER PERO CREEMOS
Don Mario Libreest (personaje Diccionario)
LO QUE NOS ENGAÑA ES AQUELLO QUE
NO PODEMOS CREER PERO CREEMOS
Don Mario Libreest (personaje Ficcionario)
REALPARIENCIAS
Recientemente recibí la carta de un lustrador de zapatos con el que en otros tiempos tuve oportunidad de intercambiar algunos puntos de vista respecto de situaciones triviales, supe de quien se trataba después de avanzar en la lectura, en realidad no sabía ni su nombre y, por tanto, me dispuse un tanto temeroso a leer la carta al no reconocer el remitente. Lo que a continuación transcribo es una de muchas cartas que a lo largo de dos años he recibido de la misma persona, es increíble lo que uno puede encontrar en un jardín de la ciudad. La carta se dirigía a mí y decía lo siguiente:
Nota: Le ruego no fije su atención en errores y sí en lo fundamental, deberá guiar sus ojos por las líneas de manera rápida y sin detenerse mucho, si es posible lea a la distancia.
Muy estmidao sñeor, utsed tenie la bodnad de cerer que las csoas son proque así lo dcie fluano o ztuano. Dgio la bodnad proque es un atco simepre geneorso – es dceir, para aqulleos que usetd ecuscha – y lanmetameblente seimpre neesicta uno un punto de rerefencia que le acrqeue a una estructcuraión de peansmiento más o meons coerrcta. En coúmn, supnoemos que las csoas son iemerrdiablemente ngreas o blcanas, dejadno a la didvesirad de corloes cmoo un antecocimiento nartual que se remsuen en los tnoos primreo dihcos. Es la pertesisncia de un carpicho – acetpando, praa tal diferneciación, que el peristsente no sea capirchoso – más allá de etso, praa ausmir cuaqluier poisción, es prceiso viivr. No queiro dceir con etso que me stiúo en una poisción de atlo expeimrentado preo cuadno mneos pudeo recooncer que esxiten pnutos repescto a los culaes no me peudo codnucir sin fatlar a la hoenstidad; el concoerle ha sdio una garn excperienia, ha inenctivado mi aivdez inteletcual. Me ha proovcado –driían los inteletuacles –. Escuhcarle singifica aperndizaje, rveuelo, es el atco sulbime sorbe el que se prounncian ciretos poeats, pudeen trancsurrir las hroas cunado uno, en camla, le esuccha diesrtar sbore cuetsiones que, a sipmle vsita, encjaan en la triivalidad… usetd les extare lo fnio, lo intreesante, lo dgino de apercio. Le recoonzco su garn cuultra y su exclesa (manejación) del legnuaje – uso etsa paalbra proque he aperndido de utsed a cearr tabmién nuveas fromas – quziá la persente vyaa de un haalgo a lo que paerce ser una rael inocnformidad con su mnaera de conudcirse en la esfrea del pesnamiento, sin emabrgo qureio que spea que etsa contradiiccón no eixste, es preicsamente ese el putno que pretnedo aclraar con utesd al trtaar de haecrle entndeer que no tdoas las coass son úincas y que pcoo es lo que, no sinedo contraidctrioo, resutla paraódjico. Sí, penasrá que mi diesrtación rua de un ldao a orto, de extermo a extermo, de las lidnes a los fnodos preo en relaidad etsa es la mecáinca que la porpia vdia siuge praa toods, praa ella msima, no yo. Uon prseenta seugidamente la ilsuión de tener, de psoeer, en toods lo ámibtos, y es preicsamente etsa ilsuión la que nos disaprata y nos enacjona en mdoos, en codnuctas, que, al fin y sierpme, nos deapran las peroes cofnusiones y nos imopsibilitan praa repraarnos a noostros mimsos. Esto, esoty seugro, deivene de una ceirta epsecie de aminalidad slavaje a la que etsamos perdestinados y no ecsapamos de nignuna froma –utsed sarbá mjeor que yo la infiindad de hobmres imoprtantes en la hitsoria que han sucmubido atne su prpoia natrualeza betsial – smoos srees, mas que intsintivos, intuiitvos y en el ámibto de la intuicóin nos ecnontramos pedridos al pericbir tdoo preicsamente garcias a lo que intiumos, aeljados de la rzaón que pudee ser mqauillada con los daots conoicdos y con la cutlura libersca que agtoamos y nos epmecinamos en conesrvar y acrceentar. Heoms naicdo con el concsiente deeso de crceer, no eixste ya, actulamente, ni una sloa casua que, en conicencia, nos ipmida el deasrrollo, halbo de la cuetsión inteiorr y por tatno ovlido y djeo de lado cualuqier orta sitaución de craácter patloógico que iimpda el crceimiento, apleo a la conienccia, a la inteiorridad. Etso, nos signiifca un atco de fe, cmoo lo es la histroia mimsa, como lo es la reilgión, como lo es el porpio hehco de que yo etsé sgeuro de que usetd leerá la catra copmleta, es la espearnza que aliemntamos tdoos en el fodno de nostroos msimos y que nos ha sido rveelada cuadno lo que espearmos sucdee. Es un egnaño de la prpoia vdia, es una síntseis de los setnimientos que se acmuulan y gsetan en nsuetros adetnros una froma de dseeo que se traudce en la epseranza. Genrealmente vicnulamos etsos hehcos con una dediad, han dihco batsamente que el hobmre no sorbevive sin veenración hcaia lo extreno; reuslta cruioso que esa neecsidad de aalbanza a lo extreior deevnga preicsamente de una cusetión tan proufnda como nusetra porpia conciecnia y, praa srele honseto, es aglo sorbe lo que en futruos enceuntros tednrá que ilsutrarme. Mi actviidad ceerbral es de jonradas de 24 hroas, no tinee decsanso, imaigno – cmoo les suecde a algnuos sirenios – que mi creebro no deurme nnuca, solo se perimte letagros de seugndos veitnicuatro vcees al día, los cuaels reusltan suficeintes praa que siga traabjando y en geenral, creo, toods teenmos el artilugio en síimles condciiones. Esepro que haya sevrido esta crata para demsotrarle que son mcuhas las cosas que soprrenden a uno a lo lagro del caimno llmaado vida, recurede que siermpe somos uons inivtados en etsa teirra y que, cmoo taels, dbeemos viivr en ella con ese repseto a la diiversdad de oopinines de los ortos que, como notsoros, son iinvtados tmabién y bsucan al afitnrión para agrdaecerle o reporcharle las vitrudes o caerncias que se hyaan en su esapcio. Si lo cosnidera purdente y acrode a su sisetma de pesnamiento dlée respeusta a la miisva, sabe que no tnego driección potsal, bsatará que la entrgeue al cratero y dgia que es para Don Eustaquio el boelro de la palza de aarms, sarbá de inmdeiato que es diirgida a mí”
Morelia Michoacán a los días vividos del año que plazca.
PD. Le pido que, en la evidencia de mi mal escribir, se de cuenta de que aún y cuando existen errores ortográfico-sintácticos, siempre existe algo alejado de nuestros dominios que nos identifica como iguales: el cerebro por sí solo, distante de nuestro conciente, trata de arreglar todos nuestros errores, incluso sin necesidad de razón.
Pordá advetirrse de lo trsacrito que, aun y cunado eixste el ainmo, pcoo se dbee dceir. Deibdo a una atcitud de cognruencia, a psear de su insitsencia, no he poiddo –¿ dbeería dceir: no he qeurido? – rseponderle ni una sola de sus crtaas. Sin embrago epsero pdoer sgeuir dadnolas a conocer, a peasr de tdoo.
NTOA: Por mi patre, he auqí los acetnos que falatron a mi tracsripcion: ´´´.´´´´´. ´´´´´´´´´.
POR: ALEJANDRO LÓPEZ URQUIZA
Q U I N T O
CA R N E
… si tu ojo derecho te hace pecar, sácatelo y tíralo.
Más te vale perder una sola parte de tu cuerpo,
y no que todo él sea arrojado al infierno…
… si tu ojo derecho te hace pecar, sácatelo y tíralo.
Más te vale perder una sola parte de tu cuerpo,
y no que todo él sea arrojado al infierno…
(Mateo, díjolo, a las 5:29 de la tarde… de algún día)
CARNE
Me dijiste que solo serían tres días, ya van cinco. No se si puedo aguantar hasta que transcurran nueve, no se si él los soporte. Sinceramente te digo, tú viniste a mí como siempre, cuando necesitas de mí. No digo que a mi no me satisfaga, esto es cosa de los dos, bueno, hablo de la relación nuestra. Siempre he disfrutado estar contigo, eso no está a discusión, que te quede claro, la cosa es que ahora me siento un tanto utilizada, espero me entiendas. Me he visto obligada a dejarte esta carta y no me siento apenada, creo que para mi es más fácil decirte esto escrito, no tendría cara para decírtelo de frente, se que has hecho mucho por mí y por eso me cuesta trabajo, en cierta forma, hacerte este reclamo. Hoy salí temprano del departamento, y tomo el tiempo necesario para venir hasta donde supuse te encontrabas y dejarte la carta. Se que te estarás preguntando porque escribo de cosas que se advierte no sucedían aún cuando me encontraba escribiendo, no me culpes, eres altamente predecible, la situación lo es.
No tengo ni un solo inconveniente en ayudarte, lo sabes. Ha habido ocasiones en que de plano preferiría romper con todo y olvidarte. Me cuesta trabajo. Mucho. Últimamente, y antes de que me pidieras que hiciera esto, he sentido claramente que no somos absolutamente nada de lo que me decías que éramos… la verdad es que somos unos farsantes. Ya, ya sé lo que estarás pensando… sí, sí, sí, tómalo como un mal agradecimiento, solo te pido que termines de leer y verás que no es así. Hoy jueves hace cinco días que me lloraste pidiendo que lo cuidara, que estaba tu vida de por medio. No quiero parecer sarcástica pero desde que me dijiste eso me quedé con la duda – todavía la tengo – ¿de qué vida me hablabas? En fin, espero en otra ocasión poder decirte lo que a nuestra relación respecta y lo que pienso de ti. Nunca tienes ni has tenido tiempo de regalarme unos minutos tan solo para hablar, para hablarnos. Sí, yo también soy culpable de eso pero es que te veo tan poco que solo pienso en tu cuerpo en cuanto te tengo cerca, ya el vocabulario se me acorta entonces y su reducción llega a los adjetivos que te ensalzan y a peticiones muy humanas. “Peticiones Instintivas” -las llamaste-.
El reclamo te lo hago porque no creo que sea posible que te hayas olvidado de que Ramón, al que dices querer tanto, lleva cinco, no uno ni dos, no tres, cinco días acostado en mi cama, nuestra cama, la cama que también te pertenece y que disfrutas, en esa cama que me gusta creer prefieres. Acostado, solo durmiendo, cuando lo metiste ahí, sin mi consentimiento, a hurtadillas – sabías que jamás lo hubiera permitido de estar presente en el momento que lo llevaste – solo me pediste que te ayudara por tres días; ese Ramoncito siempre ha sido de lo peor, ni mudo me cae bien. Como quiera que sea tres días los soporto, los soporté, pero ni uno más! De verdad quiero que vayas inmediatamente por él y lo saques de mi recamara. Dijiste que no me iba a causar ningún problema que no se iba a meter conmigo para nada, que solo estaría descansando, que le darías sus vueltas, y ¿qué ha pasado? ¡nada!
El primer día estuvo bien, ni siquiera le abrí la puerta, no le pregunté ni me acerqué ni nada, tal y como tu me lo pediste. El Segundo, cuando regresé del trabajo, la verdad me sentía un poco sola y le hablé, toqué varias veces la puerta del cuarto, la puerta de mí cuarto – ¿es irónico no? Llamando a mi propia recamara, en mi propia casa, por un momento se me ocurrió que me llamaba a mi misma tratando de hacerme despertar – el muy grosero no fue bueno para decirme siquiera “no me molestes”. El tercer día supe que fuiste, la casa olía muy bien, siempre has tenido buen gusto, tu delicadeza en los detalles la utilizas hasta en tus peores momentos, siempre te he dicho que eres un artista. Dejaste los vasos y la botella media vacía sobre la mesa, no dudo que hayan tomado bastante, mi cuarto seguía sin mí y Ramoncito feliz como un león. En algunos momentos comencé a dudar de que realmente siguiera ahí e intenté entrar a la habitación, no lo hice pensando en que podría tomarlo como una insinuación y, ya sabes, me hubiera incomodado mucho.
Ayer fue cuando empecé a molestarme realmente, no sé ni me interesan cuales sean los hábitos de limpieza de Ramón, en general siempre lo había visto limpio y oliendo bien – claro, hay que tomar en cuenta que siempre lo vi en fiestas y además siempre ebrio – llegué al departamento como a las 8:00, había un trafico espantoso y además no paró de llover, moría de hambre y me fui directo a la cocina. Estuve ahí viendo la tele hasta las 00:30 y después me fui a la sala, lógicamente tuve que pasar por el cuarto, por mi cuarto, me detuve… ay, ese Ramón... no tiene educación, es además sucio, des aseado. Por eso vengo hoy y me decido a decirte que pase lo que pase con nosotros no quiero que esté ni un solo día más en la casa, ni siquiera le he visto la cara para poder decirle que se bañe, sólo Dios sabe que estará haciendo ahí adentro que apesta tan horrible. Ve por él y no me digas nada, es más, estoy dispuesta a que jamás me vuelvas a ver, de ese tamaño son las ganas que tengo de que Ramón salga de mi casa, no esperaras que venga de nuevo a decírtelo. Es un “ultimátum” ¡se va o se va!
P.D. Me tienes aquí al pie de tu puerta agregando notas a esta carta ¡de lo que soy capaz por ti! Si llegas y no encuentras el periódico es porque yo me lo llevo, espero que Ramón no esté metido en ningún lío, la nota del Heraldo dice que se investigan su desaparición… ¿Ese olor no es lo que pienso verdad?... Espero que n… no!... ¿Tu no me harías eso, verdad? … esper…………….
Por ALEJANDRO LÓPEZ URQUIZA
TENTATIVAS POETICAS
La tentativa es la promesa iniciada, es la amplificadora de lo real, la posibilidad de lo irreal. Un augurio. (Cosas del autor)
NOSTALGIA ESPACIAL
Como una impresión de olvidos
el hambre más molar,
el centrifugo corazón,
se me quedan las miradas.
Esas que anduvieron tristes
cuando el recuerdo hacía su hacha
talando episodios de tu cuerpo.
Igual que entonces que reías
se acumularon los espacios
hasta inundarlo todo de tu especie,
dejando la leña de tus besos
esparcida por todo el fondo
de todos mis intentos.
No sé si adjetivando el hambre
O imprimiendo lo olvidado
O si el artilugio o si las pistas
Sé que todos estuvieron tristes,
mientras tus risas continuaban
departiendo en las esquinas.
No sé si igual que siempre
O si el cúmulo espacial
O si la cuestión taxonómica
Sé que todos cargaban la apatía,
mientras tus besos se avivaban
nublando las visiones.
Por la cercanía infinitesimal
Era una tristeza enorme,
la que teníamos todos
los que formábamos parte de mi cuerpo.
DEREGRESO
Corro hacía ti de imposibilidad para evitar mis pasos
Me desnudo pues sobra la carne para enseñarte el alma
Me entrego a ti porque me tengo solamente
solo se me ha enseñado tu camino
proponiéndome de prisa, en un constante deregreso.
Porque de ti nacen los verbos. Y te deseo desde mi falta de ruedas.
por eso te actúo y pienso y por eso te pienso y actúo,
de tal forma que siempre soy tu decir y tu gesto
Estando siempre contigo en un común final
Siempre tomando de ti el último bocado
De tu boca semántica Desde que me defines como un último en primer lugar
De ti nacen esas nubes de intentos, trémulas y grises
Y tú me llueves, calándome… ¡tanto! que, después de todo,
mis palabras son acuáticas tal huellas líquidas a ti,
en franca marcación de tu camino.
La diluida pesquisa se eleva sobre mí, en un alboroto de deseos y, yo,
ya sin carne, a través de los huesos,
permito husmear al alma mi más profundo sentimiento
DOBLEDAD
Alcancemos el dos,
en tu composición subcutánea,
en tus tejidos paralelos,
amaneciendo de tus labios
la dulzura será gemela.
Anocheciendo de tu néctar
que declina en tus tobillos
tu sabor es dualidad anímica.
Huyámonos paralelamente
al huerto apátrida de la sangre
El ensueño será par, elevados,
latiremos… al cuadrado.
REGAZO NOMINAL
Qué hará el alma que, en esas horas,
gastara su calcio en estas manos,
qué parvada de dolores negros
torturarán sus huesos.
Qué imaginaria maternidad
no distingue mi nombre
entre los rostros nominales.
Entre mi yo y el ayer.
Hoy subo al sol y tiendo mis plegarias
-con todo y sus oídos en coma-
susurrándome a mí mismo…
Y, detrás de mi palabra, se queda, entonces,
una suerte de artilugio maternal
en puntos suspensivos
........................
FE DE SOMBRA
Mientras discurro,
El cristo se desengancha de la sombra,
con sus brazos cómicos llenos de venas,
que es de donde nace su penumbra,
Percibe la humedad y aspira
Soñando a diez horas por minuto
se desenvuelve la carencia y toca fondo,
Su diente se hinca en el parietal invierno
resanando las horas que van hacia la luz
hoy que se pone el vestido de fértil
le duele mi creación,
pues este día que sueña que sueña mas seguido,
ahora que, como pródigo padre,
me devuelve la esperanza
ha partido.
Pero como siempre vuelve
he de rascarle una herida,
he de borrarle las venas
Y contarle un sueño,
y apagarle los ojos
Después… cuando me devuelva lo vivido.
PERTENENCIA
Canto no de dolor
Canto no de alegría,
De furia, de furia!
Canto de gritos
Abiertos los ojos,
Para gritar más fuerte
Para oírme nomás.
Grito y canto,
canto y grito,
del descubrimiento,
de mi hallazgo antes
de las pistas.
Y de mi escena,
de la constricción
de la idea y del crimen:
A cuántos,
a dos a cien,
a cuáles,
a éste o aquel
¡¿A quienes he de haber pertenecido antes que a mí!?
PARADOJIFICANTE
Una risa de un negro melancólico
Es la que me dio la vida.
Medió mi vida.
Ha de ser ese demontre lúdico,
de lúgubres caprichos, quien ideo mi sueño.
Quelonio risueño.
Un juglar del infinito
pensó, por olvido, en darme los recuerdos.
En un lugar definitivo.
Saurio argumentativo
que transformóme en alimento,
en cardumen sediento
Por esos soy agónico,
Por eso voy y regreso
Por eso me faltan las alas
Y me vuelvo perro
Y río de noche
Y olvido despierto.
Adjetivando mi suerte
Para aliviar la vida
En vorágine muerte
En el sopor de la herida
Y luego demontre y risas,
cantos y cardúmenes,
Y luego yo y el espacio,
Verbos, verbos, y siglos imberbes
¡y un pan que implora un hambre!
SAZON ÁNIMA-L
Alma cocinera
Sazona el pan
Rebana las heridas
y ponles más sustantivo
Dame una pizca de yo
Y adjetívame la pena.
Dispón la mesa
Hoy no abra comensales.
Nosotros mismos.
Solo nosotros.
Seremos invitados.
He decidido, a penas,
Morirme un poco. Poquito.
Para festejar que estoy vivo.
GRITO
De inmensas proporciones
de ecos, taladro y broca
de una conciencia que se extreme
estremecida conciencia.
De rostro en constelación infinita.
Algebraico, paralelo, mímico
Estéticamente trigonométrico.
Estáticamente indivisible.
En remembranza del siempre.
Sujeto de la sierpe.
En nombre de instantes gruesos
Grito de antesala en sombra.
Antes ala, grito implume.
Grito con cuello largo
Multifono grito.
De clamores ancestrales.
Grito entre los gritos
De inmensas proporciones.
Gritado ENORMEMENTE.
AY CA… I
Tus piernas,
Mi genuflexión.
Dos “sí”.
Un tiempo.
Y, tus pechos, humillando al sol.
AMADA SIEMPRE
¡Tan, aún, amada mía!
Hoy clamo por tus cúbicos momentos
Tu presencia inmediata –imposible-
Inmensurable, cuántica.
Y este espacio habitacional
De mi cuerpo resulta ínfimo
¡ah, tu generosidad inmensa!
¡Amada mía, aún, tan odiada mía!
Connotémonos por contraparte,
Mi zona simpática se acurruca
Y duerme embriagada en tus delirios.
(No esperas de mí sino mi olvido)
Llórame una noche entera
¡Para que me amanezcas húmedo!
en un concierto sin finales
de flores inmarcesibles
y remembranza intacta,
de vitalidad etérea.
(No quiero de ti más que el recuerdo)
¡Amada a cientos!
Regrésame los metros de tu desdicha
para hacerme una sábana
que cubra la muchedumbre aérea
de tus olores, de tus pasos
Amada, tu realidad se disipa
a la distancia y yo me desvanezco
amada mía, en tu mortalidad.
AY CA… II
Los años se asientan.
Vacacionan.
Ahí, en el lóbulo frontal,
solapados
por la irónica risa,
De algún ídolo.
CIENCIACIERTA
Hay ocasiones –digo, muchas –
En que se antoja solo preguntar: ¿cuánto?
Porque el dolor también es matemático.
Se puede – digo, acaso –
Saber que las muertes son a ritmos,
la muerte tiene que ver con la gramática.
Si se cuentan – es decir, alguna vez –
los ritmos y las preguntas,
desde la ciencia de estudio,
se sabe fácilmente que la vida es sustantivo
porque la muerte siempre es verbo y
uno – digo, por lo general –
Hipérbole en la oración.
DECANTOS
Uno sigue (canto al hombre),
Con la cosa vital (canto a la muerte),
Y no se sabe (canto a la existencia),
Derramar la sangre ( canto del dolor),
Y se pierde peso (canto nostálgico),
Recordando que se quiso (canto a la misericordia),
Pero alguna vez se ama (canto a la locura),
Y otras se olvida (canto hipócrita),
Pero hay algo (canto al inconciente),
Y no todo sale ( canto a lo evidente),
Porque no se sabe nada, nada (canto a la agonía),
Pero dan ganas de volver (canto de la vida).
AY CA… III
Rúa un Jesús en mi noche,
Por tanto explico:
estoy solo, mi devoción salió
a buscar amigos.
****
Replica:
Y de la risa que produce tu llanto,
Me alimento yo, el buitre, el diablo
El hombre.
TEMPORAMOR
Como una hora Como una hora
Un segundo un segundo
Los minutos los minutos
Te percibo. Te persigo.
Conjugación Como la conjugación del tiempo
de tiempo, que el momentero de mi cuerpo
reloj de cuerpo, enuncia a la huida de los días
agorero animal.
Todas las horas. Todas las horas
El primer segundo. Los segundos
Minuto inmenso. El minuto
Te percibo. Te percibo…
Todo el tiempo. ¡ T o d o e l t i e m p o !
BARCA
Oíd, amigo de uvas,
De horas muertas,
De secas hierbas
¡Escuchad!
Que son tiempos fríos,
que la vida se ha puesto sotana
confundiendo la torpe existencia
que reditúa la carne
y vende el llanto.
Porque somos rectas
- a modo paralelo -
en esta nave galáctica
ausente de timón.
Somos querubín implume
lamentación fingida
salmos de un: “sin blasón”
¡Oíd!
Que las ratas han silbado
La canción del marinero
Que las campanas se dan,
Se dan con mi martillo
Y que lo han hecho antes,
Antes, antes, de que fuéramos yo.
¡Escuchad!
V/B-ASTEDAD
Pareces blanda… paraje boscoso,
Han campeado en tu follaje mis sentidos.
Sembrada has sido – de cima a sima –
…de perfume.
Yo te miro desde mis rocas desmañadas,
Sobre tu tierra magna… grutas anegadas.
Escala de dios, semilla de universo,
Paradoja metafísica, mapa cósmico
Me acojo a ti, en silencio,
Tal eco furtivo, tal sedimento de vida
Esperanzado. ¡Esperanzado!
SOMNIFECCION
Eras aquella tarde
que se filtraba en tus ropas,
el importuno viento
remozado en tu costado
Eras esa mañana
en música de Strauss,
en camisones largos.
La serenidad de otrora
aflorando en tus senos.
Eras aquel medio día.
Impasible fuente de vida,
el golpeteo de tus sandalias
en el agua esquilrla.
También la noche eras,
el deseo moribundo,
incontenible, fantástica
esmeralda luzdeluna
Eras – tal como siempre –
Una cita en mis sueños.
A las tres de la mañana.
ALEX
Alex vive una hora que el tiempo ya no marca.
Manifestación de lo irretornable.
Alex piensa en la rosa y su secreto.
Manifestación del arsenal.
En un pensar quiméricamente Parodiado.
Cómo le sufre este hoy
en que el reloj se ha quedado
descalzo y sin maleta.
Alex ríe y luego llora, espera y se apresura.
Manifestación de vida.
Emblema de muerte…
Pero el tiempo ya no marca
Su vida en las horas.
Alex vive, velándose sintiempo.
TIPOS Y CAMBIOS
El dólar, hoy, alcanza su vida más próspera;
Reside, en México, a $ 9.50 pesos por minuto.
¡Mi melancolía también ha subido!
¡Cómo! ¡Todo se circunscribe al tipo de cambio!
¿Qué tanto se mantendrá el cambio de mi tipo?
Tipos, cambios, arquetipos.
¿En que momento alcanzaré mis 10 C e n t a v o ….S
ANIMAL
Animalmente imagino
un abrazo sin palabra,
marginado del dolor,
ajeno por sentido,
común por cobardía.
Y te pienso risa
y te lloro enemiga,
susurrando a mis rodillas,
mojando mi casimir,
idolatrando tus simplezas
derritiéndome pluma fuente,
reestructurado en tu tiza,
detestando cada minuto la suerte
que nos dio un padre horrendo:
DESTINO.
PADREVERSAL
Que nos abandone…!
Para este futuro ya estaba muerto…!
Que se aleje, en oportuna paz…!
O que siga durmiendo. Fingiendo.
En el medio de la espina dorsal
le hemos visto… muriendo.
Quiero que se vaya… aunque su huida
signifique que yo mismo sea mi padre,
mi hijo, nieto, biznieto;
depredando mi propio ser
tomándome bocado a mi mismo…
Siempre hay un pan universal…
Siempre, aun con él, he vivido sediento.
Signifique mi ausencia la primera victoria.
MEMORIAS
Emparejadas con la parsimoniosa sombra
Pareciera que penden líquidas memorias
Y que al caer, diluidas las historias,
Se diluviaran males en calma y tromba.
Parecieran muchas cosas. Pareciera que… Pocas.
Pero es la inmarcesibilidad de los instantes
La que desfigura y torna los elementos constantes
Que a veces sal o piel o tierra o rocas.
Pareciera que la mañana, cargada de todos los días,
Se escurre en altas sobredosis
Y que de gota en gota se van alegrías
y toma el alma su periodo de metamorfosis.
Pareciera que la tarde, en vestuario de noche,
Le quita tiempo al mediodía
Y en preludios de batalla llega el reproche
Del ausente tiempo que desconfía
Pareciera que llega el tiempo y no cesa, efluvia.
Interrumpida la línea escritural de la lluvia,
Pareciera que así termina: En tristeza.
Pareciera que así termina… Comienza.
Porque la lluvia siempre es una
Y las nubes siempre son más de dos.
La lluvia como sea es poco…
El cielo una inmensidad de dolor.
Por eso la lluvia es muda
Y el cielo impetuoso voceador.
Por eso la calma turba.
Pareciera que lo sé… pareciera que soy.
Cuando el círculo de luz se desvanece
Y la mueca del cielo dice adiós
Pareciera que la tierra amanece
O que se tranquiliza dios.
La noche tiene gesto de sorpresa,
Es una boca gigantesca haciendo: ¡oh!
Pareciera que sabemos… tristeza…
Que la lluvia… que nosotros… que más de dos.
Es la cosa del contacto.
Como elegantes caballeros, mis deseos montan cúmulos de viento, de dos en dos. De tres. Cabalgan hacia donde el recuerdo nace y, de uno en dos, se desfasan a lo lejos, entre choque y choque de los túmulos aéreos y, aturdidos de trotar sobre ventiscas, sucumben ante la impetuosa rabia de miles de deseos que, en misma travesía, avanzan ganándose paso. Destruyéndose. Caen de los vientos como malqueridos, siempre primogénitos, dada su condición esencial de deseo, y regresan sin aliento, desgastados a fuerza de soportar las indignes transformaciones… otrora pensamiento… sentimiento… viajeros brazos… jinetes de viento… etéreos féretros. Regresan al alma aterrizando el desencuentro, toman fuerzas y parten de nuevo, misma vía, mismo ímpetu de caballero… caen de nuevo. Yo les miro desde aquí y me divierto mientras no los tengo, ya voy, ya vengo, mas ando que vuelo, pero regresan y, lamentablemente para mí, desde hace años, en tan eterna caída, ninguno ha quedado muerto.


