FAGOSITOSIS
mann2009 - FICTION (See also: CX "Literature: special interest" codes which may be used in conjunction with codes from Section F) - 871 words
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Summary
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Para Jeremías la hora de acostarse se transformaba noche a noche en un drama increíble. Sus sueños eran verdaderas pesadillas recurrentes y él era incapaz de encontrar la solución a este drama.
La última tarde que compartí con Jeremías podía darme la clave de su posterior desaparición, tan misteriosa que ni la Federal, ni investigadores privados lograban desentrañar.
Voy a confesar lo que escuché de labios de mi amigo en aquel café, aquella calurosa tarde de verano y así quizás, alguno de ustedes pueda colaborar con pistas que nos lleven al encuentro de Jeremías.
"Esta madrugada" me dijo, "me desperté sobresaltado por la maldita pesadilla que me persigue noche tras noche, encendí el velador y me contemplé en el espejo, no me reconocí, mi imágen era la de un ser enloquecido, con los ojos desorbitados, mi frente perlada de gotas de transpiración. Traté de calmarme, cosa que logré después de encender todas las luces de la casa".
Pero, le respondí, tan monstruosos son tus sueños como para provocarte un terror semejante. Dicen que si contás los sueños, estos no se cumplen, probar no cuesta nada y además, las cosas compartidas significan aliviar las cargas.
"Cuando cierro los ojos y me dispongo a dormir, me hundo sin quererlo en un mundo de luces brillantes que lastiman mis pupilas, sigo avanzando e inmediatamente me rodea una obscuridad total y me siento suspendido en el vacío, como si cayera velozmente en un pozo sin fin. Trato de frenar mi caída y en ese momento distingo allá muy lejos, en lo que sería el fondo, unas fauces abiertas y unos colmillos poderosos que me esperan. Trato de aferrarme y mis manos no encuentran nada, mis esfuerzos no consiguen cambiar mi dirección. De pronto la caída se hace más pausada con lo que la agonía se profundiza. Los colmilos van desgarrando mis piernas y yo siento el dolor y veo desaparecer triturado a mi cuerpo. Solo falta que desaparezca mi cabeza, que sigue pensando y sufriendo los dolores más terribles que puedas imaginar. Ya falta poco, veo mi corazón desprendido de mi cuerpo que se agita en un último latido y me despierto"."Creo que si en las noches sucesivas el sueño prosiguiera, como en las series que se continúan, la pesadilla terminaría, pero el viaje, la caída, el regresar al punto de partida es lo que provoca el regreso a un dolor insufrible". "Te confieso que ya he hablado con psicólogos, especialistas en sueños y todos los facultativos y chantas que pululan en la ciudad. He probado con medicamentos, con poner sapos debajo de la cama, dormirme sentado y hasta cambiar de habitación, pero la pesadilla continúa". "Te confieso que tus palabras, que tu deseo de compartir mis sueños, me tranquilizan y además provocan que por primera vez recuerde con lujo de detalles mis sueños. Es más, hasta recuerdo sonidos que estando despierto jamás había escuchado y que sí son audibles en mis pesadillas".
Así conversábamos con Jeremías, cuando desde el mostrador se escuchó la voz del mozo: "Hay algún señor Jeremías en el salón". "Sí" contestó mi amigo. "Teléfono para Ud."
Me miró con una sonrisa distendida, estoy seguro que nuestra charla le había hecho mucho bien. Lo vi alejarse con el paso más firme y recordé al muchacho que había conocido unos meses atrás, deportista, lleno de vida y optimismo. Aquél que sabe lo que espera de su vida.
Un alarido conmocionó a los presentes que giraron sus cabezas hacia el mostrador.
El Jeremías que regresaba a la mesa era un ser deplorable, empequeñecido, tembloroso, tomándose de las sillas para no caer. Con mucho esfuerzo llegó a mi lado y se dejó caer pesadamente en su asiento.
"Tengo que ir a una cita" me dijo entrecortadamente.
"¿Una cita?, respodí ¡Pero con quién?.
"Con mi pesadilla" dijo en un susurro.
En ese instante dudé de las facultades mentales de mi amigo y al obsevarlo detenidamente lo sentí lejano, como si su presencia física estuviera disociada de su esencia, de su alma, de su espíritu, de su Yo. ¡Una bolsa vacía!.
Pasaron largos minutos, no sé cuantos... 3, 10 ó 30 hasta que pareció que comenzaba a regresar a su cuerpo.
Sus ojos fueron recobrando vida y una actitud decisiva contemplé en ellos.
"Voy a terminar con mis pesadillas" me dijo.
"No comprendo" me escuché decir. "Sé más claro por favor" agregué.
Con voz firme Jeremías habló: "Al atender el teléfono, escuché los sonidos de mis sueños, y una voz gutural que como autómata decía: Jeremías, soy tu pesadilla y quiero verte... Jeremías, soy tu pesadilla y quiero verte".
Esto parece una broma de mal gusto, pensé, pero está obsesionado, lo mejor será seguir escuchándolo.
"Y ¿Dónde es la cita? Jeremías".
No respondió, después de un instante y sin decir palabra, con una mirada de despedida, lo vi perderse lentamente a la distancia.
Estoy sentado en el mismo bar que compartí por última vez con jJeremías.
Mis manos tiemblan y mis piernas apenas me sostienen, he perdido muchos kilos en estos últimos días. Estoy esperando un llamado. Aquel sueño de Jeremías se ha apoderado de mis noches; ah... con un agregado. Además de la pesadilla y sus filosos colmillos, también Jeremías comparte el manjar de mis carnes. Estoy esperando un llamado. Estoy esperando un llamado mientras pienso: ¿Será el destino devorar o ser devorado?

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