El 165

naatalia  - ROMANCE - 450 words

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Todos los días de la semana, a las 7 de la mañana, el 165 frena en la estación Lanus y todos los días, las mismas personas suben a él. Se puede aprender mucho de una persona viajando con ella todos los días; es sólo cuestión de observar.
Un día, subió al colectivo una chica a la que nunca antes se había visto por ahi. Por su aspecto, debía estar yendo a la facultad. Tenía un largo pelo marrón, ojos verdes, y una cara en la que quedaban vestigios de la niña que había sido. Pidió un boleto hasta capital y avanzó por el pastillo, obsercando a los demás viajeros, hasta sentarse al lado del chico de los auriculares.
El chico de los auriculares tomaba este colectivo, todos los días, desde hacía por lo menos un año. Nunca dormía, a pesar de lo largo del viaje, pero siempre iba escuchando quien sabe que. Tenía el aspecto de quien ha tenido que madura demasiado en muy poco tiempo.
Por primera vez en más de un año, el chico de los auriculares dejo sus oidos al descubierto y, de forma vacilante, saludó a su nueva compañera de viaje. Al poco rato, ya estaban charlando como si fueran viejos amigos. Desde entonces, se convirtió en una rutina. Era tierno, tal vez hasta gracioso, ver como la cara del chica iba iluminandose a médida que el colectivo se acercaba a Lanus. Ella dejo de observar a todos los pasajeros, e iba directamente a sentarse con el. A pesar de la cantidad de gente que subia al colectivo, ese asiento siempre estaba libre para ella. Muchas veces ni siquiera hablaban: se limitaban a viajar juntos, a veces ella dormía recostada en su hombro. Se limitaban a ayudarse a pasar el tiempo más rapido en un tedioso viaje.
Un día, intercambiaron numeros de celular. Al otro comenzaron, disimuladamente, a sentarse cada vez más cerca uno del otro. Eran los únicos, en todo el colectivo, cuyas expresiones mostraban algo similar a la alegría.
Después de varios meses de la misma rutina, pareció que por primera vez el chico faltaría a la cita. Pero no, esta vez subieron juntos al colectivo, en Lanus, tomados de la mano y con un sonrisa radiante. Se sentaron en su asiento de siempre, que sorprendentemente estaba vacío, esperandolos, e hicieron el viaje abrazados. Otra vez, lo mismo se repitio unos meses. Hasta que un día, el chico volvió a subir en la estación de antes, y el colectivo partió de Lanús sin que ella subiera. De los demás, muy pocos se dieron cuenta, y esos pocos nunca supieron bien que paso entre ellos. Pero el asiento de al lado del chico llega, todos los días, vacio a Lanus.

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Comments

Buen relato. Desencuentros de la vida.
2010-01-23 22:12:50