De la creación del Universo
gor_ham - ROMANCE - 592 words
- 104
- 1
- 0
- 0
Summary
De la creación del Universo a partir del amor.
El Universo debió iniciarse con un beso. Con un beso de tal magnitud que todo lo que hoy existe se creó a partir de ese mismo instante, todo lo que vemos y tocamos proviene de eso beso originador. Un beso húmedo, fugaz, intermitente pero profundo. Un beso enredado entre caricias primerizas y torpes, dedos voraces de un cuerpo nuevo y desconocido, dedos ansiosos por una piel que deseaban en secreto desde hace tanto tiempo. Ese beso que se da primero con las miradas furtivas y las expectativas añejadas por un tiempo que cada vez se agota más deprisa, el beso que se insinúa, inocente, debajo de un saludo o un apretón de manos lejano e impersonal. Ese beso que se apropia de quien lo da y de quien lo recibe, ese beso que une algo para no separarlo jamás. Incluso, ese beso originador tiene la misma intensidad –e incluso más- de aquel beso que jamás se da y que, sin quererlo, se pierde entre las brumas del tiempo y el olvido cayendo el vacío, siempre cayendo.
Quizás haya sido así como se creó el Universo. O, tal vez, haya sido a partir de una caricia. Ese roce de pieles que, solo horas atrás, desconocían sus existencias. Ese inconsciente movimiento de manos, rozando la espalda y la curvatura suave de las nalgas, los dedos enredándose, en una pirueta mortal, entre los cabellos negros y perfumados de ella. Los labios besando la piel como lo hace el exiliado cuando, finalmente, llega a su patria. Una piel tersa, blanquecina, tan pálida que recuerda al frío mármol pero a la vez tan encendida que no se puede evocar otra cosa que no sea un incendio abrazador. El olor desprendido, el sudor derramado, los jadeos insondables que delatan un oleaje de placer inminente. Todo aquello encerrado en una sola caricia, en un solo roce entre labios y piel. Todo lo que fue, es y será, escondido y creado a partir de un roce mínimo, invisible y anónimo. Definitivamente, el Universo tuvo que haberse creado de un acto de amor. Es decir, de un acto sexual entre dos personas enamoradas. No hay nada más místico que el lazo de dos cuerpos que se mueven a un solo ritmo, ese lazo armonioso y divino que une a dos extraños en un momento específico de sus vidas en el cual se detiene el tiempo para darle espacio a las ganas y al deseo. El Universo tiene que venir de esas ansias, de esa necesidad por el cuerpo del otro, esas ganas que consumen todo a su paso y que, cuando se satisfacen, estallan dentro de uno miles y miles de pequeñas luces, esparciendo así, una tibia y conocida calidez que nos recuerda que venimos de la Tierra y que es a ella a quien retornaremos algún día. El Universo está hecho de esos espasmos de placer que retuercen la voluntad de nuestro cuerpo, de ese aliento que dejamos en cada beso y ese poco de nuestra alma que diseminamos en la boca y el rostro de esa persona. De esa intimidad antinatural que une a dos extraños, a dos desconocidos que se conocen muy bien. Nada más entrañable que ese reconocer mutuo, que esa familiaridad y complicidad que comparten dos extraños que están destinados a pasar un vida juntos, como compañeros, a razón de un designio justo y sabio de un dios salvaje que conoce mucho del amor.
Sí, estoy convencido. El Universo tiene que ser producto de un acto de amor puro, sincero y desinteresado. De nada más.

1


