Carta a Ana

gor_ham  - ROMANCE - 530 words

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Summary

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El amor es como un grito ensordecedor que nos nace desde la boca del estómago, son las ansias tatuadas en la piel de un deseo oculto, sin profundidad. Puedo respirar pero no es aire lo que entra es mis pulmones, podría hablar pero no es mi voz la que por mi boca encuentra una rápida escapatoria, es tu voz escondida desde hace siglos, perturbada por la inmovilidad del tiempo que, en algún momento ya años atrás, nos unió sin nosotros saberlo.

Nos miramos a los ojos y encontramos ese reflejo que ya nos es familiar, esa sonrisa ya dibujada por nuestras bocas, esas lágrimas que aún no hemos llorado pero que siempre nos han pertenecido. Al tocar tu piel, la reconozco. Reconozco ese olor, que brota como incienso de tu cuerpo; lo reconozco porque es el que me despierta en las madrugadas, el que se confunde entre las sábanas y baila con las sombras de los amores amargos y efímeros. Es el recuerdo de una vida pasada el que se desdibuja delante de mí como el prospecto de un futuro incierto y la cercanía de un pasado lejano pero certero agudiza el vacío de la espera. Eres tú la que fue, es y será. Tú en otras pieles, en otros cuerpos y otras voces pero, indudablemente tú. Son tus caricias y tus besos los que caen suaves, como un rocío sereno, en mis madrugadas. Esa añoranza de tu cuerpo, de tus ansias y de todo lo que te compone y forma. Es ese querer de querer todo lo que eres y de ser todo lo que quieras que sea, todo lo que soy y todo lo que pretendí ser. La vida de todo buen hombre no tiene otro propósito alguno que el de hacer feliz a una mujer.

Y como toda mujer bella, tus defectos embellecen aún mas tus representaciones por que demuestran que dentro de toda imperfección eres totalmente perfecta. El equilibrio escaso pero exacto de la verdadera belleza. Nada tienes de menos y nada te sobra, “mujer de blancas colinas”, eres acertada en todas tus formas y concebida bajo la dirección de un maestro de obras testarudo y perfeccionista. Largas piernas y senos pequeños, cintura generosa y manos esclarecidas, ojos alegres y sonrisa luminosa. Piel y cabellos perfumados con el perfume más preciado sobre la tierra: el olor natural y sencillo de la mujer que está consciente de su beldad. Gestos juguetones y risa sincera, nada finges ni nada ocultas detrás de esa límpida mirada. No necesitas accesorios por que la mejor de tus joyas es la armonía de tu cuerpo.

Me he enamorado de ti como Dios manda, como se debe: sin pedir nada a cambio y dispuesto a entregarlo todo; de pronto y desmedidamente. Sin ni siquiera mirar atrás o dudar un segundo. Porque ¿qué fuera del amor si fuera un sentimiento racional y justificado? Nada tendría de amor y todo sería típico. Nada tendría de ávido y fuera un sentimiento pasmado y abrumado por una realidad no tan segura. El amor, como fuego que es, debe consumir. Por su naturaleza inconmensurable no debe ser medido ni justificado por razones humanas. Solo deber ser y nada más.

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