La Transformación
gor_ham - THRILLER / SUSPENSE - 414 words
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Summary
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La habitación en la cual me encontraba estaba pobremente iluminada ya que la tormenta había interrumpido el flujo de energía eléctrica en algunas residencias. Un par de velas colocadas estratégicamente en una pequeña mesa central, brindaban toda la luz que utilizaba en ese momento. Unos adornos repartidos aleatoriamente, retratos con fotografías familiares y un jarro con jazmines, azucenas y dos rosas rojas, ocupaban el espacio disponible en aquella mesa. Un sofá con grandes cojines y dos sillas antiguas de madera oscurecidas por el tiempo conformaban los muebles disponibles para reposar un rato. El silencio era absoluto, mis pasos retumbaban como latidos arrítmicos de un corazón enfermo. Dejé huellas húmedas de mis botas en las alfombras, mi chaqueta chorreaba dejando un pequeño camino de gotas paralelo a mí. Caminé en silencio, en medio de la oscuridad sopesando mis razones. El peso del arma en mi mano derecha era el recordatorio de que todo mí entorno no era un espejismo involuntario. El frío empezaba a afectarme y mis músculos tensados por el sigilo y la culpa empezaban a entumecerse. Tenía que hacerlo y rápido. Caminé por un pasillo con habitaciones a los lados. Una, dos, tres, cuatro y cinco habitaciones. Llegué a la puerta que coronaba al pasillo y la empujé muy lentamente. Todo estaba muy oscuro, apenas podía divisar las siluetas de los objetos. Esperé unos minutos a que mis ojos se acostumbrarán a la penumbra y empecé a avanzar. Divisé una cama y dos personas durmiendo. A mi lado derecho, una peinadora con utensilios de cuidado personal, una TV y más retratos con fotos familiares. De pronto, me sentí mareado. Sentí náuseas, como si fuera a vomitar mis entrañas en aquél lugar. Todo mi cuerpo sintió un agudo escalofrío que me hizo contornearme de placer. Sabía lo que sucedía. Pasaba cada vez que asesinaba. Una sensación extraña recorría mi cuerpo, un espasmo involuntario, un interruptor que alguien bajaba a minutos antes de cada asesinato. A pesar de lo placentero que podía sentirse no lo disfrutaba del todo. Era como el orgasmo que tiene la mujer que es violada. Un placer repugnante, animal, básico. Mis ojos se nublaron y mi cuerpo se hizo consciente de cada músculo, de cada ligamento. Adquirí una lucidez y calma mental sobrenaturales. Ya lo peor había pasado, ya estaba listo. La transformación duraba apenas segundos pero era necesaria. Me detuve del lado izquierdo de la cama y muy suavemente coloqué el cañón del arma en el rostro del hombre.

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