La Violencia del Recuerdo

gor_ham  - PLAYS, PLAYSCRIPTS - 597 words

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Cuando entré a la habitación ella ya se encontraba de espalda. Miraba fijamente su reflejo en el espejo y una tímida lágrima se deslizaba por su mejilla. ¿Qué le sucede? ¿Por qué llora? Sus hombros y su espalda se contorneaban ligeramente y sus labios apenas dejaban escapar un muy suave gemido. Me deslicé y terminé de entrar a la habitación. Apenas estaba iluminada por una lámpara a gas colocada estratégicamente en la repisa junto con una docena de muñecas de trapo antiquísimas. Lleva un delicada y casi transparente dormilona que le llegaba a los tobillos. Su pelo estaba suelto y caía a raudales sobre la semidesnuda espalda y brillaba como plata a la a luz de una luna omnipresente. El aire era espeso, pesado. Un hedor fortísimo a flores y a tierra mojada impregnaba todo. El silencio era abrumador. Caminé despacio, procurando no hacer ruido alguno. Mis pasos parecía flotar, toda la imagen era surrealista. La habitación estaba desordenada y casi destruida pero en ese caos existía una armonía impecable, imposible de describir. Finalmente, llegué a donde estaba ella. Me detuve a centímetros de su larga cabellera y me percaté de que era su cabello el que desprendía el intenso olor a flores y tierra mojada.

-¿Por qué lloras?- le pregunté en el tono más amable que me permitieron las circunstancias y los nervios.

-Porque me has olvidado- respondió ella rápidamente. Su voz era límpida y cristalina. Como una caída de agua natural sobre una roca.

-¿Te he olvidado? ¡Claro que no!- dije algo molesto. La verdad si lo había hecho. No hace mucho pero ella ya había dejado de ser el primer pensamiento que invoco en las mañanas.

-¡Claro que sí!- gritó histérica. -¡Me has olvidado por completo!-. Dio media vuelta y su rostro se torció en una mueca de dolor y rabia. Me miraba fijamente con los ojos inyectados de sangre, sus manos trémulas y todos los músculos del cuerpo tensados.

-¡No! ¡No te permitiré que digas semejante locura! ¡No te he olvidado! Y la mejor prueba es que estás aquí, en mitad de la noche como un fantasma que no conoce descanso alguno-. Recuperé la compostura luego de su ataque. Mi voz fue firme y me pareció no haberme escuchado vacilar en momento alguno.

-No vengo a quedarme. Ya no-. Su rostro se apaciguó. Miró hacia abajo y vi como una inmensa lágrima se estrellaba estrepitosamente contra las losas. -Esto es una despedida. Pienso marcharme. Marcharme y no volver más.- Caminó hacia el balcón y se apoyo en la barandilla.

No puedo mentir. No a estas alturas. Quería olvidarla, sí. Pero ¿perderle para siempre? ¿No recordarle más? ¿Sepultar definitivamente su recuerdo? Me estremecí por un momento. No puede ser. ¿Cómo va a marcharse? No puede hacerlo. Caminé rápidamente hacia el balcón y la sujeté bruscamente por el brazo derecho. Me acerqué tanto como pude, lo suficiente como respirar su aire y que ella respirara el mío.

-¡No te lo permito! ¡No así!- susurré furioso mientras la miraba a los ojos. Me sostuvo la mirada en todo momento. Intentó soltarse pero no la deje. Empezaba a hacerle daño. No me importó. -No pienso dejarte ir, lo sabes-.

Se acercó a mi mucho más y rozo mis labios. Su lengua entró en mi boca con tal ímpetu que me dio un poco de asco. Nos sumergimos en un beso violento, lleno de odio mutuo, de rabia y rencor. Distraídamente empecé a soltarla y ya no la sujetaba, acariciaba su espalda y torpemente intentaba desvestirle.

-¡Eres un maldito!- dijo entre susurros y besos ahogados.

-Lo sé-.

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