Hijos de Almagesta

Le Chroniqueur  - ROMANCE - 1027 words

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Summary

Los personajes secundiarios de Colores, se desarrollan, nos revelan su pasado y justifican su futuro.

La novata y la leyenda

Los personajes secundiarios de Colores, se desarrollan, nos revelan su pasado y justifican su futuro.

Caminó errante por algunas calles hasta divisar la tenue luz roja que emanaba del oscuro local, siguió de largo y al pasar frente a el miró de reojo, su corazón se aceleró pero continuó el camino incapaz de obedecer sus propios deseos, giró en la esquina y casi choca con dos muchachas que reían a carcajadas, una pareció coquetearle, pero no le dio mayor importancia. Se detuvo y apoyó su espalda en un frío muro que ni su chaqueta de cuero café pudo evitar.

-Tienes que hacerlo- murmuró y con paso decidido, retomó el camino hasta Dione. Su corazón latía fuertemente y una sensación de mareo le invadió.

-Cédula de identidad- dijo toscamente el fornido guardia de la entrada. Palpando entre cada bolsillo de su chaqueta logró dar con el plástico y entregárselo al hombre de tez morena.

-Dieciocho recién cumplidos, pues felicidades- dijo más amablemente el hombre y haciendo una reverencia mientras le dejaba entrar.

La sutil iluminación rojiza dificultaba la visibilidad, sólo divisaba algunas siluetas, el decorado dorado en las paredes y algunas pinturas de estilo impresionista, pero nada más. Avanzó con temor, hasta llegar a un salón donde todos reían, la luz era más intensa y pudo ver a hombres besándose entre sí, a las chicas que se había encontrado en la entrada saludándole, y muchas miradas suspicaces adivinando talvez que era su primera vez en el club, aquello le incomodó tanto que pensó en retirarse, justo entonces alguien le tocó el hombro, una hermosa, radiante y pelirroja mujer.

-Mi nombre es Púrpura, ¿cómo te llamas tú?- pregunto muy segura, mientras se acercaba peligrosamente a su rostro.

- Soy Lília- respondió más temerosa que nunca e intentando por todos medios evitar el contacto con la mujer.

- Es muy osado de tu parte venir por primera vez a Dione sola, osado y sexy- comentó Púrpura mientras acariciaba el largo cabello negro de la muchacha.

-Yo… em…no- murmuró la joven sin saber que decir, desde los quince años que imaginaba como sería el día en que podría visitar el club gay más popular de la ciudad, pero ya estando allí, todo parecía demasiado complejo y acelerado.

-Descuida, soy una muy gentil maestra- manifestó Púrpura al comprender los nervios de la joven, acarició su rostro tiernamente hasta llevar su dedo índice hasta los rojos labios de la chica. Ya no había vuelta atrás, Lília no pudo evitar besar a Púrpura.

Quienes contemplaban la escena comenzaron a murmurar- otra más que cae rendida a los pies de la Reina negra- dijo la chica que minutos antes había saludado a la joven.

- Las neófitas no pueden resistir el atractivo de Púrpura- indicó una mujer que vestía masculinamente y parecía mayor que todos los presentes en él salón.

- Es cierto- suspiró su joven acompañante, como si hiciera memoria.

-Tendrá una lección de sexo de primera mano, pero aprobará también el examen de desencanto- agregó nuevamente la mujer mayor.

-Y es que en una ciudad como Almagesta, hay cosas que ya son ley, todos saben que Dione podrá ser catalogado como un club para ancianos, pero es el primer club gay que hubo y el con más tradición, que los gays jóvenes prefieren visitar Andrómeda, que si quieres codearte con famosos y trepar como enredadera para subir hasta las cúpulas sociales debes ir a Talos, que probablemente no haya lesbiana que no conozca a Púrpura con el pseudónimo de Reina negra ,que no haya probado sus conocimientos sexuales y finalmente, haya terminado sufriendo y llorando por el esquivo amor de una mujer que simplemente no tenía ningún interés en experimentar tal sentimiento- dijo una mujer madura pero sumamente femenina, mientras jugaba con su trago.

-Son cosas que se van aprendiendo y que bueno, esa novata comenzará a aprender, espero que no sufra demasiado- agregó la mayor de todas, mirando con compasión a la joven y a Púrpura.

-¿Quieres ir a mi casa?- preguntó Púrpura mientras besaba intensamente el cuello de la joven.

Lília miró los impactantes ojos esmeraldas de la mujer, podía sentir la tibia respiración y los latidos de Púrpura. Se sintió presa de un depredador experimentado y extremadamente seductor como para resistirse, respiró profundamente y cuando sintió que tenía el valor, respondió.

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