Lo que queda
farrokha - PLAYS, PLAYSCRIPTS - 758 words
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Summary
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Los excesos son el único estilo de vida que conoce. No hay espacio en su cuerpo que no esté viciado por las drogas, el alcohol y los golpes. Nada lo sorprende, nada puede hacerle sentir más temor del que ya ha sentido. Vive solo en una casa enorme, lo único que le queda y puede tocar.
No sabe si los momentos felices que recuerda los vivió realmente o es una invención de su mente atrofiada, sea como sea los atesora, pues de ellos se vale para retener mínimas esperanzas.
A veces pasan varios días en que no come ni un trozo de pan, acalla su hambre con alcohol. La lucidez es algo prácticamente desconocido para él.
En el comedor desprovisto de muebles y decoración, permanece sentado junto a su fiel compañera, la botella a quien le ha dedicado sentidas palabras por ser la que sostiene sus llantos, y sus recuerdos. Habla a nadie sus vivencias, animado cuenta las aventuras de su juventud, lo bueno de los viejos tiempos... canta mientras bebe el licor que saborea como si fuera la primera vez que su boca sintiera el liquido anestésico de su memoria. Desafinado y con restos de pan entre sus dientes da un espectáculo a las arañas que tejen pasivas, a las cucarachas más dignas que él y a quién sabe qué otro bicharraco que habite en ese lugar. Canciones manoseadas de los burdeles que lo convirtieron en un ser repugnante, sin embargo el mejor cliente y saciador de cuerpos que de seguro conocen de hastío, pero qué más da... son putas! Según sus propias palabras... bailen, beban y griten! Mientras se dejan manosear! Disfruten sobre los cuerpos de un hombre tras otro, Son putas! Indignas mujeres! no se preocupen del qué dirán entréguense a la palabra, al fondo, al abismo pútrido que construye su nombre... basura!...
De esas noches febriles, del desapego a las costumbres de caballero, de la forma, el protocolo y otras patrañas, quedan sólo recuerdos y algunas manchas en su cuerpo por las miles de enfermedades corpóreas de sexo indigno y descuidado a las que nunca les hizo caso, en efecto, no es algo que le preocupe demasiado mientras tenga paciencia para rascarse.
Hace años que el Señor Román Valdés dejó de ser el caballero culto, prodigio, ejemplo de hombre. Si lo vieran ahora nutriendo de vino barato su cuerpo, manchando sus ropas con el vómito incontenible que reposa hace días endureciendo las telas de su camisa favorita aah! es un personaje ahora este hombre, y quizás más interesante que el que fue hace años. Los olores que cultiva en su cuerpo, los hay de mil fusiones, ha descubierto casi nueve aromas diferentes, eso le divierte. Los cabellos desteñidos que recuerdan el brillo del pasado con la misma tristeza de una joven enamorada despidiendo a su amor en la vieja estación de tren... esa tristeza... ese abandono, igual de quebrantadora enajenación, recuerda su verborrea avasalladora, esa que doblegaba mujeres inalcanzables que cedieron como mantequilla derretida a la labia de sus palabras y a su cama, por supuesto... qué recuerdos!... le traen un dulce sabor de boca que acompañado con el vino, sabe simplemente exquisito...
Cómo quisiera traer con los recuerdos aquellas enloquecidas escenas de su pasado, esas noches de lujuria y libertinaje... besar como mordiendo labios grotescos y colorados que no conocen dueño. Amaba a esas mujeres, todo podía hacer con ellas.
Ahora resta esperar a que la vida note su presencia nuevamente. Su mano se ha cansado de decir hey! Estoy aquí... no te olvides... si no me regalas el sueño eterno por lo menos dame una salida si?... a veces piensa que esa respuesta ya fue dada y él no supo identificarla.
Entonces le quedará seguir disfrutando de su entorno, de su “ vida” , mientras tanto, se pone de pie y chapoteando en su orina y restos de vino conjugados en un líquido rosado, canta y baila su canción favorita... dando gritos de dolor, de ese dolor del alma... disfrazados en la falsa embriaguez...

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