MUÑEQUITOS DE ARCILLA

Hernan A. Calvo  - CLASSIC FICTION - 2492 words

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Summary

Todos nosotros somo muñequitos de la arquitectura del creador

Todos nosotros somo muñequitos de la arquitectura del creador

MUÑEQUITOS DE ARCILLA

Como adorado hijo, o muñequito de arcilla a punto de quebrarse, le agradezco al Creador la gracia que me otorgo, al haberme hecho volver a esta nueva vida.
Un nuevo nacimiento más, para intentar avanzar otro pequeño peldaño, o rayo, en el gran espiral para dar la vuelta, al eterno ciclo.
Para expresarlo o graficarlo mejor, podemos verlo representado en los mándalas.
Éstos, son esquemas que se fueron transmitiendo desde arcaicas culturas, que posteriormente tomaron el hinduismo y el budismo.
Generalmente realizados en un disco o plato de cobre o cerámica, que representan fundamentalmente la vida misma, desde nuestro orígenes como especie, según ellos, hasta el fin de todos los tiempos.
Están conformados con dibujos símbolos, figuras especiales, vectores, líneas o barras de tiempos remotos,
Muy difíciles de comprender en nuestros días, muy complejas, compuestos por animales prehistóricos, seres mitológicos, y distintos elementos incomprensibles.
Muestran las fuerzas que regulan el universo, nos sirven como ayuda, para tratar de comprender los designios, desde el remoto pasado, hasta el indescifrable futuro.
Al intentar su estudio, caemos en muchas incógnitas, acerca de los motivos que produjeron cambios importantes, las distintas eras, que fue pasando el hombre, desde sus inicios, hasta las más inimaginables dimensiones del tiempo infinito.
Nos llevan a la antigüedad mas arcaica, y porque no, hacia un camino de meditación, y de ésta, a una futura elevación espiritual.
Es el eterno y colosal ciclo, utilizado por muchas culturas, que al final termina caracoleando en el centro, ahí encontramos al sol y detrás de él, al mismísimo Dios.
Darse cuenta, que aunque no lo sepamos, somos la continuación de nosotros mismos, que venimos de una vida anterior y así sucesivamente desde hace miles de vidas hacia atrás, de las cuales venimos.
En un extremo el Dharma, es lo que vamos tejiendo con nuestra existencia, exhibiendo nuestras virtudes, nuestra entrega hacia la creación y a los demás seres, esto nos enaltece.
Y en el otro extremo el karma, en la religión Hindú, es la energía derivada de nuestros actos incorrectos.
Es lo que determina nuestra evolución, o no, hacia nuestras próximas vidas, la misión última es que alcancemos la perfección espiritual, la unión con la divinidad suprema.
Continuando con algo más trivial, emulando o imitando al creador, seria una gran idea ponernos a jugar, a que somos pequeños aprendices de Dios.
La idea es transformarnos en fabricantes de muñecos de arcilla.
Pero primero es lo primero, para hacer adecuadamente las cosas, limpiamos y ordenamos todo nuestro salón de juegos.
Preparamos cuidadosamente la mesita, con todos los elementos, arcilla, trapos, estopa, maderas, paja, pinturas, adornos.
- Bueno todo lo necesario!.
- Que no nos falte, nada de nada!.
Es importante, para no quedarnos a la mitad del camino, que es a la mitad de un muñequito.
Sí es así, podría cambiar su estructura, su esencia, en fin; y no tenemos derecho, por eso, nos aseguramos que no falte, repito, nada de nada.
Cuando estamos totalmente seguros, nos sentamos con alegría en la mesita, y por fin nos ponemos a dibujar primero, en unos papeles, todo tipo de muñecos a gusto nuestro.
Hacemos un gran esfuerzo mental, tras lo cual comenzamos la obra, colocamos toda nuestra inventiva, por supuesto los fabricamos con nuestra inteligencia, imaginación y fundamentalmente el arte de nuestras manos.
Descontado que para todos los arquetipos de muñecos que creamos, ponemos en su modelado, seguro el mismo amor, como no podría ser de otra forma.
Por tal motivo no fabricamos bichos raros que proporcionen miedo, tampoco brujas, ni monstruos, ni nada que asuste a los chicos, ellos se merecen todo, al menos a esta edad.
Con la arcilla trabajada, con nuestras manos, damos forma a muñequitos, que posteriormente pintamos, vestimos y adornamos.
Modelamos hombrecitos de algodón, de paja, de estopa, de arcilla, de madera, de mezcla de estos elementos.
Después de un arduo trabajo, con talento y amor, por fin, quedan bien, son inconfundibles, y nosotros muy contentos, con cada obra.
Hacemos algunos grandotes, otros peticitos, con la naricita respingada y una galera negra que le tapa su ensortijada cabellera, debajo de unos ojos grandes negros chispeantes de picardía.
Una camisita blanca, corbata negra haciendo juego con su traje también negro, el pantalón un poco corto, para que muestre un poco de sus medias blancas a rayas rojas, pero les ponemos unos zapatones grandes.
Los hacemos que caminen con las piernas abiertas, como Chaplin, el inmortal.
A otros, les creamos igual que a él, un bastón, por ultimo lo fundamental, que tengan igual que el real, el Chaplin único, total libertad y su misma humanidad.
Para cambiar un poco, fabricamos algunos de madera igual que pinocho, otros como Dorita y los personajes del Mago de Oz, el hombre de paja, el de hojalata y todos los demás.
A otros para hacerlos diferentes, los fabricamos, altos gigantes y delgados con ojos grandotes, y para que parezcan más simpáticos les hacemos una larga nariz.
Para continuar, a algunos.
- Porque no?
Los fabricamos gordos con unas panzas tremendas, a poco de reventar, como un globo en una fiesta de chicos, pero por esas cosas, nos salen todos para equilibrar, con rostros hermosos, y facciones perfectas.
Me quedo por gusto propio, con los más lindos que son unos bebes, bien chiquititos, que parecen angelitos recién llegados del cielo, como regalo del Señor.
Muchachos bien parecidos, musculosos y atléticos, jovencitas tan hermosas y perfectas que parecen muñequitas, con su rostro todo pintado y una cabellera sedosa, que le llega casi hasta la cintura.
Un militar con todo el uniforme completo, hasta las botas y un fusil, (aclaro: sin balas para no ocasionar ningún accidente) de juguete en las manos.
Una viejita, con toda la piel marchita, por tantos años vividos, con una tremenda bondad reflejada en sus ojos, tejiendo en su mecedora bufandas y gorros, para sus nietos.
Un viejo gruñón, de esos que le cortan la pelota, a los chicos que están jugando en la calle, que cuando ésta, por un tiro mal pateado, se mete en su propiedad, como sí disfrutara, la corta y la tira a la calle en dos pedazos.
Porque no, un comerciante con cara de comerciante y un perrito de la calle, blanco a pintas negras, amigo de todo el barrio, y una bandada gigante de pájaros blancos volando, tapándonos gran parte, de un espléndido cielo azul.
Como ponemos el máximo de parte nuestra, fundamentalmente mucho empeño y mucho amor, y por supuesto hasta los más mínimos elementos, para que en su elaboración, parezcan de verdad.
Aportamos un gran esfuerzo de imaginación y después de mucha paciencia y trabajo, recién ahí logamos nuestros muñequitos.
Creo que después de todo eso, tenemos todo el derecho del mundo a considerarlos nuestros hijos.
Los amamos y en todo momento los tenemos en nuestros sentimientos, como es lógico, constantemente a la vista, mirándolos a cada segundo, cada minuto, cada hora, todo el día, toda la vida...
- Pero: Porque no divertirnos, y hacer volar nuestra imaginación!
Aclaro: Únicamente la imaginación, son muy chicos todavía, aun así ilusoriamente nada mas, sentimos que les llego el momento de abrirles las puertas para que conozcan el mundo.
Un mundo totalmente desconocido para ellos, más allá de nuestra piecita de juegos, donde están esos dos muñecotes que Yo llamo, papá y mamá.
Los cuidan, cuando tengo que salir a hacer otras cosas, a recorrer otros mundos.
Los dejo a cargo de todos para que impongan respeto, orden, y cuando yo no estoy, amor...
Y ellos como padres, que es lo mejor que pueden hacer por nuestros muñequitos, lo mismo que las aves, dejar que sus pichones extiendan las alas y salgan al mundo a volar.
Eso sí: Los dejan salir, después de todas las recomendaciones posibles, todo lo que un padre puede decirle y enseñarle a un hijo.
Pero es necesario, es obligatorio que salgan para que maduren, para que aprendan, para que conozcan otros lugares, otras costumbres, para que aprendan y jueguen con otros chicos, para que se enamoren, para que crezcan, para que trabajen, para que se realicen.
Que otro lugar mejor que éste mundo, para comenzar con sus infinitas experiencias.
Es cierto que cuando se van, nos quedamos, los muñecotes y Yo, con alegría, por la partida, pero con curiosidad, ansiedad, a la vez, porque no decirlo, con mucha preocupación, temor, y muchas preguntas:
- ¿Quienes son realmente, los que teníamos encerrados como cautivos.
Serán los mismos hijos que educamos, cuando tengan que actuar por si solos en la calle?.
- ¿Cómo serán en suerte los lugares, que por destino les toque caer? - . - ¿Se cuidarán bien y seguirán al pie de la letra todas nuestras enseñanzas?.
- ¿ no caerán en ilícitos?.
- ¿ los meterán por inexpertos e inmaduros en el consumo de alcohol o de drogas?.
- ¿y si sufren por mantenerse limpios y puros y lloran extrañando nuestra presencia. - Una pena, que estemos lejos para ayudarlos...?. Perdonen, pero es todo el miedo natural, tanto el mío, como el de los padres.
Nos quedamos en la puerta con el oído atento, ante cualquier sonido que escuchemos desde el exterior, anunciándonos su vuelta, preparados para oír sus experiencias.
Yo no podía, aunque no les decía nada a los muñecotes, evitar asomar los ojos y los oídos, por todos los confines de la tierra, para confirmar que estén bien.
Pero día a día, mes a mes, año a año, sufriendo el dolor del alejamiento, nos dimos cuenta, que era necesario para todos.
Que en la sociedad no hay extraños, sino seres mágicos que se transforman en vecino, amigo, en novia o novio, marido o mujer.
Cuando nuestros hijos extrañan y necesitan un abrazo, payasos que se les aparecen en el camino cada tanto para sacarles una sonrisa, hadas y duendes para llenar toda su vida de magia....
Se encontraran con amigas y amigos para disfrutar de los mejores momentos y comprenderlos en los otros.
Los viejos maestros, que se encontraran en el camino, cuando nuestros muñequitos les comenten sus problemas, les enseñaran, los acompañarán, los pulirán e iluminaran.
- Seria fantástico, hermoso, pero basta de sueños ficticios e irreales!.
- En realidad siguen siendo únicamente muñecos de arcilla, de madera, de paño y tela vieja y algo de paja, y nada más!.
Volvamos a la realidad, a lo que nos preocupa, a nuestros adorados muñequitos, que a cada instante los queremos más y más.
Notamos, cuando vamos aguzando nuestros oídos un momento, al estar cerca de ellos, que se escucha tenuemente un tic luego otro, y después como si fueran una sinfonía de relojes, el tic tac de sus corazones.
Parece mágico, nos ponemos a prestar atención detenidamente, vemos que poco a poco, se da el milagro que van tomando vida.
Vamos notando sus primeros movimientos, en forma casi imperceptible, es asombroso pero en unos minutos, están todos como locos.
Pensar que en segundos se mezclan, uno se los confunde, da igual, aunque les grite, se me ríen en la cara, con total osadía.
Aunque trato, no los puedo contener con mis manos, para arreglarlos, ni pararlos de alguna forma para tranquilizarlos.
Muchos se caen de la mesa solos, a otros los tiran y se parten por la mitad.
A mí que los hice, me dan mucha pena, los otros se ríen de su desgracia.
Se me escapan de la mesa, a muchos los pierdo de vista, debajo de la cama, en la piecita de trabajo, en el ropero y muchos se esconden en el arcón de los juguetes.
Rompen y tiran todo, se pelean entre ellos, algunos están alegres y saltan mientras otros lloran, trato de evitarlo, pero es tan grande el descontrol, que no puedo hacer, ya mas nada.
Que locura, que inconciencia, creyendo que era únicamente un juego, sin darme cuenta, fui formando lo que después llamamos, la venerable sociedad.
La arcilla para desgracia de nuestro juego tomo vida y se nos fue de nuestra mesita de juegos, inmediatamente en un abrir y cerrar de ojos.
Al fin se transforman en humanos, y es ahí donde empiezan los problemas de todo tipo, y peor aun, comienzan las diferencias.
Se termino el juego, me salen lágrimas de los ojos, no los puedo contener más.
No puedo retenerlos en la piecita de juegos, están debajo de la cama, el arcón, el armario, ni cuando con tremenda insolencia abren sin permiso la puerta del cuarto de juegos y se meten en todos los ambientes de la casa.
En las piezas desarman todo, en la cocina rompen vasos, platos, ensaladeras, para que seguir, no queda nada sano.
Para rematarla, descaradamente abren la ventana, saltan y se me escapan a la calle.
Parece sorprendente, sobre que pisan la vereda de la calle, se transforman inmediatamente.
Se desfiguran, les cambia la expresión de sus ojos, de sus rostros, de lo que era dulzura, ingenuidad, pasan a transformarse en seres, que a muchos, hasta da miedo mirarlos.
Si no fuera por el amor que uno puso en la elaboración de cada uno, luego al ver las barbaridades que cometen y por como se comportan, me digo a mi mismo, no los tendría que inventar más.
- Siempre me digo lo mismo?.
- Pero cuesta por todas las ilusiones que uno pone, al concebirlos!.
Se desdibujan ante nuestra vista, corren como locos, se pegan, se roban, se cortan, se rompen a pedazos.
No hacen caso para nada, se burlan de uno, a los pocos minutos no puedo distinguir, cual es cada uno.
Repito: No se parecen en nada, a los que uno fue haciendo, con tanto amor.
Para peor: Se nos viene la noche y una vieja hechicera, que no puedo ver por la oscuridad de la noche. Sí escucho, sus burlas y risotadas.
Se da algo tétrico, que se apodera de ellos, de tal manera, que en unos minutos, les mete un matete de ideas y cosas raras y les lava la cabeza.
Lo que hace que la gran mayoría tomen una expresión cruel, que para nada comparto.
Todos eran hijos y hermanos de unas mismas manos, pero ella en plena noche les hace hacer una ronda interminable, que distingo a lo lejos, en la oscuridad de la noche.
Puede que hasta les de alguna bebida o droga, que los va mareando, de tal forma que ninguno distingue quien era antes de esa danza.
Yo miro desde la ventana de la piecita, me da rabia pero no puedo hacer nada de nada.
Luego aturdidos como están, nuestra bruja se empieza a entretener y con tremenda infamia, los divide y crea las funestas clases sociales.
E inmediatamente, les hace notar sus diferencias.
Los ubica a gusto de ella, dentro de un esquema macabro, ideado por ella misma, destruyendo brutalmente la esencia, de lo que iba a ser cada uno de ellos, naturalmente en su vida.
Les destruye su carácter, su personalidad, lo que le iba a tocar ser como hermanos, lo que tenía que vivir cada uno.
Por fin, pareciera un cuento de hadas, la bruja se dio el gusto
Cómodamente, con una sonrisa sarcástica, se sienta en su vieja hamaca, - pega un grito aterrador!.
Para que sepan quien es la que manda, de acá en más.
Luego se entretiene viendo las barbaridades que hacen los muñequitos, que ahora son infelizmente humanos, que ella tristemente, para los que los adorábamos, modifico.

HERNAN A CALVO

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