Burocracias de eclipse
kantauri - PLAYS, PLAYSCRIPTS - 560 words
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Summary
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La cosa se ponía fea, mediaban la cinco de la madrugada y el día sin pintar. Todavía no había decidido si pintaría el sol o solo nubes cargadas de azul ennegrecido, tampoco dependía de su ánimo, era una cuestión Divina. El solo ejecutaba órdenes, nunca se había atrevido a pintar el sol azul por ejemplo, conocía sus límites. Aunque de vez en cuando aventuraba algunos atardeceres distintos, violáceos anaranjados, con pequeñas pinceladas de nubes grisáceas. Disfrutaba de confundir a los baquianos matizando madrugadas húmedas cargadas de asfixia, como un asma que se respiraba en todo el campo, digamos la punta del ovillo de una fuerte tormenta que mediada la mañana se escurriría entre las manos, como los granos de trigo.
Un viejo proyector se encendía a las 5:45 con las 96 diapositivas diarias, cuidadosamente sincronizado para que se alternen imperceptiblemente por el común ojo humano. Y así como si nada el aparato apuntaba sus cañones de colores y nubes hacia las alturas, tiñendo de cielo el alquitranado universo, que estático y aburrido, custodiaba las noches con las estrellas cosidas, al manto negro.
A veces la policía golpeaba la puerta persistente al grito de:- Abrí loco de mierda! Seguramente para llevarse las pinturas de los próximos amaneceres y enlutar los días para siempre, el sabia que no era el único, había muchos mas pintores desparramados por todo el mundo. Uno por cada ciudad o pueblo, escondidos detrás de algún linyera o loco, metido en esos cuerpos extraños, místicos, simpáticos, tristes. Pintores camuflados con piel de loco de mierda, lejos de la gente, ahí donde nadie se acerca, ahí donde las leyes nunca llegan, seres invisibles impunes. Aquellos a los que nadie se acerca, seres sin navidades, sin edad, sin religión, ideología, prejuicios, moda, gustos. Ahí donde nadie buscaría más que un insulto, pulgas y mugre, allí donde duerme la antitesis de la sociedad organizada en su esencia. Seres despojados por completo del sentido del tiempo, la vejez, los proyectos, la familia. Todas creaciones meramente culturales, impuestas, seres despiertos concientes de que la llegada y la huida de este sueño colectivo se hacen en un cohete o bicicleta, pero de un solo asiento.
Y metido ahí adentro de ese mugriento bípedo maloliente se escondía un empleado de Dios, otro burócrata del universo. Esta vez encargado de hacer que la noche omnipresente en el oscuro techo que abraza la Tierra, sea durante algunas horas un poco menos infeliz. El lugar perfecto para esconder algo tan delicado como el cielo, era el cuerpo de Serafín que finalmente se atrevió a meterle mano a la rutina de luz y sombra, de día y noche, tomo coraje, desobedeció las órdenes de Dios y nos regalo a nosotros los ingenuos espectadores, su mejor cuadro. Fue aquel día que pinto una luna rechoncha y oscura delante del sol, interrumpiendo por algunos minutos la voluntad de Dios.
La puerta lanzo su último quejido, Serafín también. Los esperaba con un palo para defender su herejía, la policía sin mediar palabra le ejecuto tres balazos. Mientras se desinflaban sus venas podía ver como destrozaban su proyector cuidadosamente construido con el armazón de un lavarropa. El calor del foco comenzó a “chamusquear” cada una de las diapositivas que darían al cielo su destino de colores y nubes. Solo quedo una diapositiva con vida, la que mostraba la luna insolente enlutando el Sol.





