Sueño Secreto

traidordeljuego  - Religion and beliefs - 760 words

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Apenas tendría unos 6 o 7 años cuando hizo aquel viaje a la playa. Era un lugar paradisíaco para él. Los juegos en la arena, los exquisitos desayunos y la inseparable compañía de su hermano lo rebalsaban de alegría. El viaje era costeado, además, por la generosa empleadora de su madre quién para esas vacaciones no dudó en llevarlos a todos los lugares más caros de la exclusiva ciudad. Obviamente en su niñez aún no advertía las cosas extrañas del mundo, como por ejemplo, el extraño placer que da a los ricos maravillar a hijos ajenos con lo que aburre o no interesa a los propios. Pero la cortesía era limitada y expiraba aquél día.

El retorno sería en micro. Dormiría placidamente y volvería a su rutina de simple chico olvidando con el paso de los años aquel maravilloso lugar, salvo por algunas fotos y vagos recuerdos de sus juegos en la arena. Sin embargo despertó en Buenos Aires sobresaltado. Prácticamente tardó horas en reaccionar. No parecía volver de la costa sino de algún otro lejano lugar. Cuando pudo discernir que había tenido un sueño tan real y desconcertante empezó a rebobinarlo en su mente y consternado, lo reprodujo una y otra vez. Quienes eran los del sueño? Que querían? Por qué le decían eso?.

En su niñez su devoción por la fe cristiana era ciega, así que dedujo que aquellas dos presencias blancas y difuminadamente flotantes que le habían hablado en el viaje no podían ser más que almas. Quizás Dios y el alma de alguien más?. No lo sabía. El sueño lo había transportado antes que el micro a la casa familiar. Ahí estaba él, azorado escuchando a estas luces que aparecieron ante su vista al entreabrir la puerta del baño en la planta alta. El mensaje era corto, simple pero se lo dieron en un tono algo paternalista y autoritario: "cuida a tu mamá". "Pss" pensó él, "es lo que siempre haría cualquier buen hijo. Hacía falta que estos dos vinieran a remarcármelo?".

Los años pasaron y el recuerdo del sueño no pudo desvanecerse nunca, si en cambio su fe en Dios. Ya adolescente había logrado una profunda amistad con su madre, a quien un día empezó a admirar como magnífica humana que era, entonces se dijo "por qué no contarle aquel tonto sueño?". En medio de risas e íntimas discusiones filosóficas logró empezar: "Má, siempre te quise contar un sueño tonto que tuve de chico... Lo que pasa es que supuestamente no debería...". Su madre lo miró con sus profundos ojos azules y su comprensiva sonrisa sin prestarle mucha atención. Entonces pasó. Apenas hecha la introducción la cláusula implícita del sueño de "no contarlo" pesó como nunca sobre su ser. Sus palabras se ahogaron y sus ojos se llenaron de inminentes lágrimas que lo obligaron a desviar la vista y cambiar de tema. Maldito sueño! Maldito ridículo sueño!!. Hay secretos de los que uno quizás nunca logré desexorcisarse pensó.

La vida siguió transcurriendo y de toda su era de fe y fantasías solo lo acompañó ese sueño y su cláusula que algún día creyó seguro vencería. Así, una tarde más, ordenaba sus cosas en su escritorio en su habitual aburrimiento, cuando escuchó un golpe contra las paredes que parecía venir de la obra de la casa lindera. El sonido fue raro pero no lo distrajo de su rutina. Una hora más tarde subió a la planta alta de la casa a buscar algunas cosas y pasó frente a la puerta del baño. Se escuchaba el agua correr.. Mamá aún duchándose? Mama? Ma? ... Entreabrió la puerta del amarillo baño del sueño... El golpe en la pared! El maldito ruido! Su madre ya parecía haberse alejado de todo y de todos y dormir profundamente... "Un ataque" sentenciaron los médicos, "ya es tarde".

Atrás quedaron los gritos entre lágrimas pidiendo ayuda a familiares y vecinos, la imperturbable frialdad de los paramédicos y las sospechas de la policía, ya que la mujer era joven. Pero lo que no quedó atrás fue el sueño de la niñez que, reavivado, se reproducía una y otra vez en su abatida y confundida mente.

Ya apartado de todos, miraba la nada en el olvidado cementerio y evitaba ver los ojos llenos de lágrimas de los otros cientos de seres queridos que había cosechado su madre, miradas, que sin saber, parecían demandarle "por qué te olvidaste de tus sueños?".

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