Amor y Miedo.
gor_ham - PLAYS, PLAYSCRIPTS - 449 words
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Summary
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I
Había matado a sus tres hijos. Uno por uno. En sus manos chorreaba la sangre tibia de su primogénito y a su lado reposaba el cuchillo manchado de muerte. Temblaba. Lloraba. Pero se sentía feliz. Tan feliz como se puede sentir alguien luego de hacer una buena obra. Estaba convencida de que había hecho lo correcto y nadie jamás pudo disuadirla de lo contrario. Es decir, lo hacía por amor. Una vez leyó en los libros que le prestaba su abuelo, alguien que dijo que lo que se hace por amor esta más allá del bien o del mal. Eso tiene sentido ¿no? Había matado por amor. Había asesinado a cada uno de sus hijos con sus propias manos porque no podía alimentarles. -Prefiero matarlos que verlos morir de hambre.- Se había repetido noche tras noche. Se limpió las lágrimas de las mejillas dejando a su vez un rastro de sangre. Miró al cielo y creyó ver a Dios que le sonría. -Si, hice bien-. Colocó una sábana blanca sobre los cuerpos sin vida, puso a hervir agua para un té y llamó a la policía.
II
-No sé qué me pasa, padre. Vengo con este pensamiento hace días. Sueño que lo hago y que no hay nada malo en eso. Y ¿sabe por qué? Porque lo hago por amor, padre.-
-Eso no es amor, Lucía-. Dijo el padre Damián mientras limpiaba de su frente el sudor de las primeras lluvias. -Eso es miedo. El amor preserva, conserva, cuida. Y eso que tu sientes es miedo y ese temor destruye.-
-No, padrecito. No es miedo. Es compasión. Mírelos. Apenas pueden mantenerse en pie. ¿Qué puedo hacer? Mírelos, padrecito. ¿Que haría usted?.-
-Espérame aquí. Iré por unos bocados para tus hijos. Y hablaré con la gente de la Parroquia para ver qué podemos hacer. Pero deja de pensar así, Lucía. No te alejes de Dios. Eso no es amor, es miedo.-
El padre Damián se perdió entre los bancos llenos de feligreses sin fe. Lucía se quedó de nuevo sola con sus tres hijos. Esperó en las puertas del confesionario mientras observaba las estatuas tamaño natural de santos mutilados y martirizados por actos de amor. Si, por amor y no por miedo. El padre Damián se equivocaba, él no podría saberlo, era muy joven. Lucía se puso de pie.
-Vengan, niños. Nos vamos.-
Cuando el padre Damián regreso con algo de comida en las manos se dio cuenta de que Lucía se había ido. Miró a los lados pero ni rastros de ella. En uno de los bancos cercanos al confesionario había una nota:
"No es miedo, padre. Es amor puro. Como el amor de Dios hacia sus hijos. Lucía."

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