EL MACHETE

Escarcha  - THRILLER / SUSPENSE - 816 words

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Terminó de anudar el bulto de leña que había preparado, cargó el machete y reanudó el camino.
El sol se teñía de rojo y comenzaba a descender, pero no tenía prisa.
Esa zona del monte la conocía como al patio de su rancho, como al cogote roto de las gallinas, como a las tripas de las ratas reventadas cada vez que las acorralaba y las desarmaba con el cuchillo.
Se pasó la mano ancha por la cara secándose la transpiración que le corría por los ojos y disfrutando al tocarse la cabeza casi rapada, fresca.
Amaba tener la frente despejada.
Caminó despacio.
Con una sonrisa amplia.
El rumor llegó a los pocos metros.
Se detuvo cauta, había chanchos hijos de puta que a veces te atacaban de improvisto. Esperó en silencio el siguiente ruido que no se hizo de rogar.
No era un animal.
Eran hombres.
Uno se reía y el otro emitía sonidos extraños... agitados.
Haciendo a un lado las ramas se dirigió a un claro del monte y los espió, acostada en la tierra, por encima de los espinales.
Uno grandote y corpulento esperaba dando vueltas en torno a la presa.
El otro, petizo y gordo, la tenía aprisionada bajo el cuerpo. Se movía sin perder el ritmo, tapándole la boca con una mano y manoseando la frágil anatomía de la niña con la otra.
La chica no luchaba, tendría unos catorce o quince años y lloraba, tratando de gritar, ahogándose en el intento.
Cándida se levantó para volver a su rutina cuando le vio los ojos aterrados, rojos. Las pupilas dilatadas, dibujando una extraña mirada. Mezcla de asco y de horror, teñida de resignación y muerte.
Conocía esa mirada, seguramente era la misma que ella tenía aquella vez que... esa vez cuando... no, no valía la pena recordar. No era momento para atormentarse con lejanías.
¿La niña la miraba? Tenía el rostro en su dirección y una clara luz de esperanza le había roto la dolorosa fisonomía. Pero no podía estar viendola, estaba en la penumbra de los matorrales, era casi imposible.
La chiquilla levantó la mano y la extendió en señal de súplica, pidiéndole auxilio, clamandole por piedad... ¡si la había visto!
El gordo se levantó y cuando le destapó la boca empezó a chillar como las ratas que ella destripaba a cuchillazos.
El grandote, presuroso, ocupó el lugar que el otro dejaba.
Cándida no lo penso, actuó por instinto, se levanto de su escondite con el machete en la mano como si este fuera una extensión de su brazo y corrió en silencio.
Los tomó de sorpresa. Era, en medio de la noche, una aparición con un filo brillante en alto como estandarte de justicia.
El grandote nunca supo que pasó, en cuanto penetró a la niña, el arma le abrió la base del cuello dejándolo practicamente decapitado. El chorro de sangre saltó mojandole el rostro, pintandole la sonrisa placentera de un rojo negruzco.
El petizo pegó un alarido y corrió con los pantalones bajos, metiendose en medio del monte sin haber siquiera intentado alguna lucha.
Se escapaba horrorizado, como una damisela estúpida, de esas que a veces ella se cruzaba en el camino, todas maquilladitas, bonitas y listas para ser abordadas.
-Putas- pensaba cada vez que las veía.
-Pareces PUTA- le gritaba al petizo que se había levantado el pantalón para correr mejor.
Igual no se le iba a escapar.
A ella nadie se le escapaba.
Ni las gallinas cuando les cortaba el cogote, ni las ratas cuando las destripaba.
-Pareces PUTA- le repetía, escupiendo cada vez que la "p" le trababa el labio.
-¡Puta!- gritó como aullido de guerra cuando levantó el machete y éste silvó en el aire antes de caer clavado en la espalda del hombre que cayó de panza, ahuyentando a los animales salvajes con los alaridos que daba.
Cándida llegó agitada y levantó el machete. Lo dio vuelta a las patadas y cuando lo tuvo de frente y pudo verle la cara mugrosa y horrorizada descargó el arma una y otra vez en el sexo sucio del tipo.
En el sexo maldito. Dejándolo reducido a un montón de carne picada.
Se volvió al claro caminando despacio. Silbando chiquito.
A la niña la encontró sentada llorando, tomándose de las rodillas, cerrando las piernas con fuerza.
La luna había subido e iluminaba a la torturada noche.
Se puso frente a ella y la miró un rato.
El pelito teñido de rubio, la carita sucia de pintura. La pollerita corta y los zapatitos de tacos altos tirados cerca de ella.
Cándida se acomodó el pantalón y se ajustó la cintura con la cuerda.
Nuevamente se pasó la mano por la cabeza rapada y escupió a un lado.
La ayudó a levantarse y cuando la niña se agacho en busca de los zapatitos, Cándida levantó el machete y lo hizo silbar de nuevo en el aire.


...


A los quince minutos retornaba por el camino con su bulto de leña.
Ella en alguna otra vida también había sido una niña bonita y estúpida de esas que eran fáciles de abordar.
Las envidiaba, ¡siempre tan lindas!
Las odiaba, ¡siempre oliendo a rico!, y cuando podía... también las mataba.

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Comments

Me gustan tus escritos. Este cuento me atrapó. He leído también en tu blog; se dice así , no? Cuando la lectura me atrapa, es que algo moviliza en nuestro interior. De ahí comienzan los interrogantes: ¿Cuánto del autor incluye un cuento, una poesía o cualquier otra manifestación artística? Se nos despierta la curiosidad. Querramos o nó quizás reflejemos en nuestros personajes necesidades, traumas, sueños, etc.etc. que nos son propios. ¿Es Cándida un personaje siniestro? ¿Una mujer traumatizada con rencor hacia su vida? ¿andará la autora con el machete alzado, lista para degollarnos? Ja... ja... ja.. (es probables) O quizás todo lo contrario , una mujer tierna, afable, que por no ser capaz de algo, lo vuelca en otro. Como la representación de un actor. Maravillosa forma de vivir otras vidas, de sentir otras sensaciones, tan imaginadas que se hacen realidades, gozos y aventuras sin salir del cuaderno y del lápiz. No se si me encariño con los cuentos o me despierta intriga su autora. No entiendo nada del blog y todas esas cosas, pero me gustó la presentación de tus obras, la música, etc. TE SIGO LEYENDO. ¿C ómo es Diana More o Diana Bel? chau
2010-03-30 01:00:53
Wow, perfecto, una gran muestra del interior del país, y de Santiago del Estero. Los titulares de todas las semanas muestran un caso similar. Una mujer mas machista que los hombres mismos, y tan dura como las hay. Me ha encantado, tiene un toque "trash" que me recuerda al cine setentoso, o incluso a las películas de Tarantino o Rob Zombie. ***** Te felicito Diana, me ha encantado.
2010-05-10 08:24:09
Muy bueno Diana!!!
2010-05-14 08:57:31
¡Excelente! Revisar ortografía: petiso. Comento: Si fuese interesante averiguar cuánto tiene un personaje de su autor, ningún genio de la literatura querría escribir. Cortázar y Poe son claros ejemplos de esto. Los cuentos de terror, de asesinatos, de locura, son eso: cuentos. Una vez le mostré uno de mis cuentos a una psicóloga, y ella me preguntó: "¿Estás considerando el suicidio?" Me cayó muy mal. Nunca más le mostré nada. A nadie le importa si Dalí estaba loco cuando admira sus pinturas. El genio creativo puede salir de una mente equilibrada y sensata como la de Vargas Llosa, Jorge Amado, Mario Benedetti; o de Lovecraft, Horacio Quiroga, Ambrose Bierce o Borges. Cuando tratan de identificarme con mi obra siento que algo falta en la mente del observador.
2010-05-15 08:45:31
Me gusto mucho, lindísimo, me gusta este tipo de escrituras, te felicito, mucha suerte!!!!
2010-06-05 17:00:27