La obsesión
Smart - FICTION (See also: CX "Literature: special interest" codes which may be used in conjunction with codes from Section F) - 668 words
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Summary
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Era un día como cualquiera; hasta la hora del té, no mereció recordarse.
La mañana tuvo matices inesperados, cambios de tiempo, sol y penumbra varias veces alternadas. Las voces de la calle llegaban sin tonos llamativos. La tarde se descolgó por los edificios aledaños como una cascada de sombras melancólicas, tal vez agravadas por la soledad.
Sucedió lo que temía. En el primer sorbo llegó Ella. La vi abrir la puerta y sentarse frente a mí para mirarme como siempre, para pedirme explicaciones como es su costumbre, para contarme su cuento mil veces. Para no dejarme comer ni dormir.
Ella trabaja en una tienda de ropa femenina. Ya no estudia, no provee de golosinas a los kioscos, no vende más libros a domicilio, ni tiene alumnos en su taller de pintura. Rara vez toma un pincel, pero lo hace sólo para manchar alguna tela colmando los pocos espacios que le quedan. Se aburre soberanamente sonriendo a cuanta mujer ve cruzar la puerta, como si la conociera de toda la vida. Esta tarde descubrió su gesto reflejado en la vidriera y sintió que la cara se desmoronaba y los pedacitos que caían dejaban ver arrugas en los ojos y en las comisuras. Dejaban ver, no años, sino nada. Pensó, como pienso yo, cuánta vida al pedo. Pero no lo asume. No sabe “qué se hace con tanto no saber”.
Me mira en silencio y no lo soporto, no me aguanto las ganas, la invito al cine, a cenar, a pintar, a caminar, a escribir, a mi cama, a dormir... y ella inevitablemente, acepta porque no tiene más remedio. Ni yo.
Tuvimos una noche entera para informar a nuestros cuerpos las urgencias sin remedio. Tuve dos minutos para contarle un sueño, se rió de mí media hora y se durmió en mis brazos sin el beso que tanto esperaba.
A la mañana siguiente despierto sola, la almohada de su lado no reservó ni siquiera el hueco que dejara su cabeza al apoyarse. Se fue como vino, pero al revés: sin hacer ruido, ni despedirse ni dar explicaciones o citas. Ella es como yo, me necesita, pero no me ama, yo, al revés.
Ella viene y va. En mis silencios se acomoda como quiere. Sus caprichos son órdenes en la punta de mis dedos y tiene la manía de dejarme hablando sola cuando se aburre. Se queja sin mirarme, sin decir una palabra. Me mata y revive con un portazo.
Mentiría si dijera que sé cómo comenzó esta historia de idas y vueltas peligrosas. Mentiría también si dijera que no lo busqué. Antes no me daba miedo, sostenía la creencia de que ella vivía sólo en mis horas necesitadas de compañía y habitaba mis espacios al simple tecleo de la computadora. Ahora me asustan sus preguntas, sus vuelos inesperados al aeropuerto más cercano con la exigencia de verme, tocarme, sentirme, gozarme y abusar de mi virtualidad en un baño cualquiera. Yo disfruto estos encuentros en el campo al descubierto de una pantalla encendida que despierta mis sentidos, pero ella me exige hacerme real y ser un cuerpo quemándose al fuego de sus requerimientos despiadados.
_Tomamos un café y vemos...- y me muero de miedo.
Me acosa exigiéndome la concreción de un paseo que para mí puede significar la muerte real, para coexistir en su mundo de letras y signos desesperados buscando la palabra compañía.
No sé qué hacer con tanto calor. Qué se hace cuando el sudor se desprende de la piel y busca los labios de quien no está. ¿Reabsorbo la sal y me intoxico de ausencia?
No sé qué hacer con esta necesidad de tenerte y de escaparte y de encontrarte y de perderte para siempre sin que dejes rastros. Pero mi corazón ya latió tu risa y es imposible remitirte al confín de una pantalla sin rostro, sin voz, sin sueños... cómo suprimirte si estas en todas mis páginas en blanco.

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