La niña
Conde De Bracho - THRILLER / SUSPENSE - 1941 words
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Summary
El ermitaño que vivía solo en una pequeña cabaña en lo profundo de viejo bosque de hayas, había salido para recolectar hiervas y frutos del bosque. Después de haber recolectado lo suficiente para sus reservas de la semana y llevarlas a su cabaña, t
Era muy temprano por la mañana en el espeso bosque y apenas se comenzaba a escuchar el trinar de las aves que se calentaban con los débiles pero cálidos rayos del sol que se colaban de entre los altos arboles, después de la dura lluvia de la noche anterior. Y como siempre el ermitaño que vivía solo en una pequeña cabaña en lo profundo de viejo bosque de hayas, había salido para recolectar hiervas y frutos del bosque. Después de haber recolectado lo suficiente para sus reservas de la semana y llevarlas a su cabaña, tomo sus cantaros de agua para llenarlos con agua fresca del rio cercano, pero cuando iba camino a este se encontró con una pequeña niña, que se hallaba sola sentada a los pies de uno de los altos arboles, la cual se le quedo mirando y le pregunto calmadamente al sorprendido hombre;
A lo que el ermitaño solo pudo responder, aun sorprendido;
- ¿pero que haces aquí sola pequeña?, - ¿donde están tus padres?
- No tengo a nadie, todos me dejaron sola.
- Ven con migo, yo te cuidare, -mañana iremos al pueblo para ver si encontramos a tu familia, si.
A lo que la pequeña solo asintió con la cabeza y acompaño al ermitaño al rio a recoger agua, y luego regresaron juntos a la cabaña de este.
La niña era algo extraña, pues no se mostraba ni temerosa, ni preocupada, a pesar de estar en aquella situación tan difícil, sobre todo para una niña pequeña que se haya sola en un lugar desconocido y en compañía de un extraño. Siempre parecía estar feliz sin ninguna razón aparente, y en ocasiones se quedaba mirando fijamente al ermitaño mientras este hacia sus cosas y de repente le sonreía como si estuviese feliz de estar con él.
Entonces esa tarde después de que el ermitaño la sirviera algunos frutos dulces y castañas para cenar, está sujeto su mano antes de que el soltara el plato que le avía servido y le dijo; - aun no me has dicho cuál es tu nombre. Y sonrió con dulzura, esperando atenta escuchar el nombre de aquel gentil pero solitario hombre.
- Marko, mi nombre es Marko.
- ¿Quieres saber mi nombre, Marko?
- Si. Claro, dímelo.
- Mi nombre es un secreto.
- Y porque es un secreto.
Entonces soltó al ermitaño y dijo; - que rico se ve esto. Y comenzó a comer, el ermitaño se quedo mirando a la pequeña niña por un rato, pero después el también se sentó a la mesa y sin prestarle mucha importancia a lo sucedido el también comenzó a comer, después de todo los niños so así, ellos tienen sus cosas y para ellos todo es un juego.
Después de comer el ermitaño recogió la mesa y arreglo su cama la una cama para dársela a la pequeña niña para que pudiese dormir con más comodidad, entonces llamo a la pequeña para que descansara, pues debía estar agotada por el duro día, pero esta le dijo que no se sentía cansada y que solo se acostaría si este jugaba con ella un rato antes, a lo que el ermitaño pregunto;
- Y, a que quieres jugar.
- Juguemos a, dime. - ¿sabes cómo se juega verdad?
- No. pero dime como.
- Es fácil, yo comenzare. – ¿dime, cuántos años tienes?
- 36 años.
- Vez te dije que era fácil, ahora tu.
- Está bien, - ¿Cuántos años tienes?
- No dijiste dime, tonto perdiste. – pero si de verdad quieres saber, siempre tengo 7 años.
- ¿Siempre? (Exclamo extrañado).
- No, yo gane así que es mi turno.
- Dime, ¿por que vives aquí solo?
- porque todos me han abandonado.
- Igual que a mí. - Marko quieres ser mi padre.
- Pero tú ya debes tener padres.
- No. Yo no tengo a nadie, siempre he estado sola, ellos no me querían y me abandonaron, - Me dejaron sola (dijo exaltada, y en tono melancólico, mientras sus enormes ojos azules se llenaban de lágrimas).
Entonces el ermitaño tomo a la pequeña niña entre sus fuertes brazos, para tratar de consolarla, pues ella se encontraba tan sola en este mundo como él. Y la pequeña se calmo poco a poco entre los brazos del solitario pero amable hombre, que por primera vez en mucho tiempo ya no se sentía solo. En ese momento la niña levanto su dulce carita aun húmeda por las lagrimas, pero iluminada con aquella sonrisa que había mostrado desde que se había encontró con él en el bosque. Y al mirar el encantador rostro de la dulce niña el ermitaño, la cargo entre sus brazos y la llevo a la cama para que esta pudiese dormir, pues ya había caído la noche, pero la pequeña niña, quien parecía haber pasado la noche sola en el bosque, no se mostraba para nada cansada, así que después de que este la acostó en su cama y la arropo con una abrigadora manta, esta se sentó y al voltear su rostro suavemente hacia él, como si sus pensamientos se hallaran en otra parte, esta le dijo;
- hoy hace una noche hermosa, pues puedes ver a la inmensa luna, brillando en el cielo e iluminando con su blanca luz a los arboles de bosque.
- aun no tengo sueño, pero si me cantas una canción para dormir, te prometo que mis ojos se cerraran y me dormiré.
A lo que el ermitaño respondió sonriente; - está bien, te cantare la canción que mi madre solía cantarme cuando era pequeño y no podía dormir.
El ermitaño le canto entonces aquella vieja y dulce canción de sus recuerdos, mientras veía como la pequeña comenzaba a cerrar poco a poco sus tiernos ojos azules, y para cuando este termino de la canción, la pequeña ya dormía profundamente. Así que el ermitaño tomo una vieja colcha de una cómoda y se sentó en el sillón que estaba frente a la chimenea de piedra para calentar sus cansados huesos y tratar de dormir un poco, para poder ir al pueblo al día siguiente, resolver el misterio de pequeña niña.
Ya era pasada la media noche, cuando un ruido como de un animal salvaje que rasga el piso de madera al caminar, despertó al hombre que dormía profundamente, y que al escuchar el ruido como de garras en el piso, se levanto exaltado y salió corriendo hacia la habitación, en donde se hallaba durmiendo la pequeña, pero al entrar a esta la niña no se encontraba en ella, lo cual sorprendió y preocupo aun mas al pobre hombre, el cual se extraño aun mas al percatarse de que la cama estaba hecha, como si nadie hubiese dormido en ella y no había rastro de que hubiese entrado algún animal, es mas la ventana estaba bien cerrada y cubierta con su gruesa cortina, tal y como él la había dejado antes de salir en la mañana. En ese momento callo en cuenta de algo, y se dijo así mismo; - pero cómo es posible que supiera que la luna estaba llena y que podían verse las estrellas, si entramos a la cabaña para comer poco antes del anochecer, y además cuando lo dijo, lo hiso mientras miraba hacia la ventana, la cual se encontraba cubierta.
En ese momento sintió una oscura presencia detrás de él observándolo, y que hiso correr un tenebroso escalofrió por su espalda. Y al este darse vuelta, se encontró frente a la siniestra presencia de esa extraña criatura, con la forma de una hermosa joven, cubierta por ropas raídas y viejas que dejaban entre ver su cuerpo joven y hermoso, en contraste con las uñas de los dedos de sus manos y pies que eran afiladas como garras, y sus ojos azules y aterradores como dos abismos oscuros que al mirarlos te llenaban de un profundo sentimiento de pérdida y angustia.
Entonces la hermosa joven le dijo al asustado hombre; - no temas Marko, ya no deseo hacerte daño.
- ¿Pero como sabes mi nombre?, ¿quien eres? y ¿que quieres de mi? (pregunto en tono de sorpresa y extrañes, aun asustado por la presencia de la aterradora pero bella criatura).
- Es que acaso ya me has olvidado Marko, o es que ahora no me reconoces, porque he tomado mi verdadera forma. Respondió, en tono de picardía, mientras sonreía con sus bellos labios, rosados como los pétalos de una flor, que ocultaban sus dientes afilados como colmillos.
Entonces el ermitaño guardo silencio un momento, mientras recuperaba la calma y observaba con detenimiento a la extraña joven. Y al mirar sus decolorados cabellos dorados, noto que llevaba puesto el mismo sujetador en forma de mariposa que tenia la pequeña niña que había encontrado sola en el bosque.
- Veo por tu expresión, que ya te has dado cuenta de quién soy.
- Sí, pero es imposible, como podrías ser tú.
- ben Marko, acércate a mí, no me tengas miedo.
El ermitaño se acerco a la extraña joven y esta lo rodeo con sus brazos, estrechando a este contra su delicado cuerpo, mientras colocaba su cabeza junto a la suya, y en voz baja le dijo a este;
- nunca respondiste a mi pregunta Marko.
- pero importa ahora que mi corazón late junto al tuyo, conozco tu respuesta, ahora sé que tú me amas, al igual que yo a ti.
- Te amo Marko, y por eso ahora te diré mi nombre.
Y el ermitaño, incapaz de pronunciar palabra alguna, por encontrarse adormecido por el fragante aroma a flores de la joven, que se aferraba a él como si temiera perderlo. De pronto reacciono de su profundo trance, al escuchar el nombre de esta. Pero mientras abría sus ojos pudo ver en su interior, quien era y lo que era. Al parecer ella era el espíritu de una pequeña niña que tras ser abandonada por su familia, por estar enferma y por el temor de que esta les contagiase, la abandonaron en el bosque la noche anterior detrás del árbol en el que la encontró el ermitaño sentada, como esperando por él, y el espíritu de una antiguo demonio femenino, que seducía a los hombres para después comerse sus corazones, que se encontraba sellado en aquel árbol, fue despertado por la tristeza de la pequeña que murió a los pies de este, rompiendo el sello que lo aprisionaba con sus lagrimas, y tomando el cuerpo de la pequeña niña como propio, y mesclando su esencia con la frágil alma e la niña, para así tomar forma de nuevo en el mundo.
Después de ser abrumado por aquellas perturbadoras imágenes, que inundaron su ser con los tristes y últimos sentimientos de la pequeña niña, el ermitaño cayó postrado a los pies de la extraña joven, llorando desconsoladamente por el cruel destino de la pequeña niña. Entonces la joven levanto el rostro de hombre para que este pudiese mirarla y le dijo; - no llores Marko, no te sientas triste por mí, ahora ya no estoy sola pues el espirito que una vez estuvo atrapado en el árbol ahora es parte mía como yo lo soy suya, y gracias a ti toda mi tristeza se ha desvanecido, pues tu amor por mí, me ha devuelto la vida y tus lagrimas me han liberado las sombrías ataduras que el demonio había colocado sobre mi corazón.
- Te amo Marko, y te amare para siempre.
- Y recuerda, que te estaré esperando junta a aquel árbol en donde nos vimos por primera vez.
Sin más, de pronto la presencia de aquella joven criatura se desvaneció de la habitación, como si nunca hubiese estado en ella. Dejando al ermitaño solo en la vieja cabaña, pero con un profundo sentimiento de felicidad, pues sabía que su pequeña hija lo estaría esperando junto al viejo árbol.

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