Viajar a pie
Tarso - TRAVEL & HOLIDAY (Note: with WT codes, assign also the most specific GEOGRAPHICAL Qualifier available) - 932 words
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Summary
Estimado lector de Liibook:
¿Qué significa caminar? Pude hacer el camino de santiago completo y aquí escribo lo que enseñó.
Las páginas de la guía me han explicado cada etapa del camino: setecientos cuarenta kilómetros.
He pensado que con solo consultar el mapa, estará resuelto mi problema pero intuyo que algo me dice que no, porque una guía o un mapa, no significa un certificado de caminante y en tres ocasiones terminaré perdido, desorientado por elegir sendas equivocadas.
La primera fue cuando un tractorista avanzó dando tumbos con su máquina y me ha echo señas con el dedo. "Por aquí no", me dijo. Aquella mano se movió en la negatividad absoluta y fue el primer planteo a mi capacidad de orientación.
Al salir de un pueblo, por segunda vez, detrás del vidrio de una ventana, otras manos me indicaron. "Hacia el otro lado".
Pero la desorientación más grande fue cuando aconsejado por un lugareño, opté por elegir un atajo cruzando un monte que surgió desde una loma. En ese laberinto de árboles, luego de girar en el mismo sitio, volví sobre mis pasos, al punto de partida. Otro tractorista me llevó hasta un cruce de caminos donde encontré a otros caminantes.
He descubierto que cada tramo del camino tiene un sentido en sí mismo y no hace falta mapa, guía, brújula, estrella o alguien que lo indique, cada paso ha sido un eslabón que me confirma hacia donde debo ir.
El camino me ha obligado a estar atento y debo ir descifrándolo en una metodología de señales invisibles.
El camino ha dialogado conmigo, me ha contado su historia y sus secretos, me ha obligado a detenerme para quitarme el cronómetro mental de cumplir metas establecidas cada día.
El camino ha devorado al tiempo y me ha llevado a un ritmo desconocido por el instinto. Esta convicción ha generado mas energía en mi mente y más improvisación en las decisiones por eso le he pedido explicaciones y el camino me lo ha contado en cada simplicidad que he encontrado en la misma dirección y así he entendido que senda debo realizar.
He visto otros caminantes que han memorizado sus pasos y creo que de esta manera se maravillan de sus pequeñas epopeyas cotidianas. Algunos escriben en sus diarios. Una palabra es un paso en la hoja que los lleva a otro paso palabra, hasta invadir en una línea el espacio entre los márgenes como un sendero de huellas pasos palabras en la memoria del papel.
"Necesito anotar los encuentros y desencuentros del azar", me dijo un caminante. He visto que los caminantes aceptan o rechazan el tesoro que el camino está dispuesto a darles, pero la primera pista está al alcance de todos.
Luego de varios kilómetros, por fin, he reconocido que no camino, sino que avanzo. Me ha parecido estar en una cinta transportadora y entonces el acto reflejo de ir hacia adelante no corre por cuenta de los músculos sino del cerebro. Mi mente se ha desplazado en el compás de la marcha y en un instante sorpresivo ha desaparecido el camino. En ese momento también he visto por el bosque, en los llanos o en los montes, a caminantes solitarios o acompañados por diálogos que nivelan e igualan relaciones espontáneas mientras el aire ha destrozado la monotonía, riéndose del cansancio y el aburrimiento.
He tenido que descolgarme la mochila porque un malestar en la espalda parece aumentar en cada desplazamiento. Me he obligado a revisar el contenido. Algo sobra. No me extraña porque salí muy cargado. De todas maneras he abandonado algunos elementos y la mochila está más liviana. Mi andar es más ágil y he logrado sacarme un peso de encima. Sin embargo, lo que he vaciado son mis preocupaciones diarias. Mi mente era una mochila cargada de suposiciones y asuntos que han frenado la dirección. He pensado que estos paquetes de nimiedades han fabricado una seguridad ficticia y el camino me ha indicado lo establecido como necesario.
He visto las ampollas de los caminantes. Las ampollas han destrozado talones, abriéndose en tajos en la piel que se cierran y abren imperceptibles con el movimiento de apoyar los botines en el suelo. Hay caminantes de costumbres rústicas, no se aplican crema o apósitos, su técnica consiste en colocarse las medias y salir a andar. Otros tienen los pies en muy buen estado y otros necesitarían dos pies de repuesto o seguir caminando con las manos.
"Dime como caminas y te diré a donde llegarás", me dijo el camino. No sé como decirlo pero hay caminantes que no necesitan bastón o punto de apoyo, he visto que no se cansan y son capaces de continuar el resto de día caminando pero otros llegan al borde, extenuados, insufribles, sin coraje para levantar el pie. Algunos dosifican el ritmo al avanzar contando las pisadas con un bastón en cada mano como rigurosos conservadores de un mismo paso y nada los detiene y otros son de paso lento midiendo los recuerdos o el tramo del sendero que surge cada vez que han intentado alcanzar el horizonte con la mirada.
Durante el trayecto, las situaciones y las secuencias se celebran como testamentos. Un caminante ha surgido por el camino y nadie se ha dado cuenta. De pronto una distancia parece más corta y otra se convierte en más larga de lo que parecía, como la pieza de un rompecabezas que engaña con la similitud con la correcta.
He escuchado el paisaje en el raspar de la suela contra el polvo, lo he palpado en cada gota de lluvia que me ha resbalado por la frente y he visto otro mundo en el silencio de la velocidad de las nubes por el cielo.
Me ha parecido que el destino es un acto porfiado y hoy he creído de nuevo en el camino.

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