Nacho
peregrino - FANTASY - 1434 words
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Summary
Comparte las experiencias de un Profesor que comprueba una vez más que no hay mejor aprendizaje que la enseñanza...
Nacho
Su vida no le había sonreído mucho, sin embargo él la honraba afrontando la dura rutina con valentía.
Cargaba hasta con su nombre: Narciso. Que culpa tendría él que su madre estuviera enamorada de aquel famoso actor de novelas de terror, ¡de terror era su nombre! Consideraba una suerte que sus amigos lo hubieran bautizado cariñosamente “Nacho”. Este hecho resumía un poco su vida: no tenía lo mejor pero se conformaba con lo que le había tocado.
La profesión lo dignificaba y que lo llamaran “Profe” lo reconfortaba. Era de uno de esos que todavía pueden escribirse con mayúsculas. De aquellos que contradecían las disposiciones reglamentaristas por que, sostenía, la simple constatación con la realidad le mostraban el mejor camino. Cómo negarle la salida al baño a un alumno si para él mismo era todo un desafío aguantar las dos horas seguidas de clases o tener que ir durante alguno de los dos recreos de diez minutos al único baño, muchas veces ocupado…
¡Cómo dejar libre por inasistencias a un alumno si se insistía tanto con la “inclusión” que tenía como misión la escolaridad! ¡Cómo no colocarse un poco en lugar del otro y sentir que en pleno siglo veintiuno era una tortura tener a un adolescente más de cinco horas sentado frente a personas que, con un pizarrón y una tiza como toda tecnología, tenían que competir contra las diferentes pantallas que atraían la atención del chico! Más aún, saliendo de Matemáticas para entrar en Geografía o en Historia. Todo, muchas veces en el mismo día y con solo minutos de diferencias.
Casado con la mujer que le había tocado y con una hija diferente para todos menos para él, que la amaba y comprendía mejor que nadie, ocupaba todo el tiempo en la enseñanza y había soportado estoicamente todos los cambios en la educación. El único que no llegaba a comprender era ese del que hablaban las autoridades: el de la jerarquización del docente. No entendía como lo estaban haciendo mientras se cuestionaban y revisaban constantemente sus métodos y sus ingresos no superaban el básico de un peón de limpieza de los ferrocarriles; ahora nuevamente en manos del estado, es decir, en las del mismo propietario que su empleador: la escuela pública. Y ¿a quien responsabilizar?, si la estructura estaba integrada por todos, que es lo mismo que decir por nadie.
Con su ritmo cansino, producto de largas jornadas a través de una sucesión indefinida de años, ahora disfrutaba cada vez más de las clases vespertinas a adultos. Había comenzado otro año con las mismas expectativas y motivado por ese deseo egocéntrico de que al final lo eligieran para que les entregara diploma o medalla en el acto de colación. Por eso prefería a los últimos años, sobre todo a éste de tercero de adultos. Ya los conocía y había tenido la mejor de las relaciones con un grupo de mujeres que le resultaban simpáticas y lo hacían sentirse admirado constantemente. Lástima que tendría que volver a soportar a Leandro. Pocas veces en su vida había tenido que enfrentar a alguien tan complicado, pero era su trabajo…
Este curso no estaba cumpliendo con sus expectativas. No sabía que sucedía, pero su percepción le indicaba que algo distinto estaba pasando. Fue hacia mitad de año que su sospecha empezó a confirmarse. Cumpliendo lo que era casi un rito ingresó al aula, saludo, se sentó; abrió el temario y descubrió una papelito celeste doblado. Al abrirlo leyó “Lo amo Profe…” estuvo a punto de realizar una recriminación general y preguntar quien había sido el autor de la broma. En ese mismo instante decidió que lo mejor era no darle trascendencia. Abolló el papel lo tiró al cesto y elevó su cabeza buscando aquella mirada que le permitiera descubrir a la autora. Fue en vano. Fue otro día más y darle más trascendencia no iba a aportar nada.
En días posteriores comprobó que el grupo de sus “preferidas” conversaban sostenidamente y sonreían mientras, solapadamente, lo miraban. Continuó notando que se turnaban acercándose para consultarlo y que cada aproximación era más cercana produciéndose roses a los que no estaba habituado. Comenzó a inferir que podría existir algo así como una apuesta, un desafío…y que la víctima seria él. La repetición del mensaje en el mismo tipo de papel celeste lo llevó a la convicción de su teoría. Repitió lo actuado: indiferente, hizo un bollo y lo arrojo al cesto justo al lado de su escritorio. Pero en esta oportunidad espero hasta la finalización de la clase y luego, cuando sus alumnos se retiraron, levanto el papel lo desplegó y guardo en su bolsillo. Intentaría identificar la letra, a pesar que pensaba que sería muy tonto que lo haya escrito alguien del salón, seguramente lo habían hecho hacer por alguna otra persona. No obstante, lo intentaría. La búsqueda fue en vano. Chequeó cada una de las letras de las evaluaciones de las mujeres del curso y ninguna aproximaba ningún rasgo. Tal como suponía lo tendrían que estar haciendo escribir por otra persona…
Los días y las clases continuaron y los roces y aproximaciones se hicieron cada vez más frecuentes y agresivos. Este año también tenía que soportar a ese grupo de muchachos que, desde el fondo, se ocupaban de distraerlo con sus charlas o los malabares con celulares dignos de artistas circenses. Pensaba, o se consolaba, asumiendo que buscaban un reconocimiento; un lugar, el que no habían encontrado en la sociedad. Tendría que conversar con Leandro, parecía ser el promotor, el líder de ese grupo. Siempre tenía un buen motivo para interrumpir, para conversar; para hacer algo que lo hiciera destacar.
Comenzaba a sentir la contradicción de pensar que podría ser victima de una broma, o no… ¿y si no fuera así? ¿Si realmente alguien se hubieran enamorado de él? En realidad los acercamientos de sus alumnas lo incomodaban porque lo colocaban en una situación ridícula frente al resto de la clase, no porque rechazara el contacto físico…Además una de esas cuatro mujeres era especialmente atractiva…
En su monótona vida gris y compleja aparecía ahora la posibilidad de una aventura…La idea lo torturaba. El que había sido completamente fiel y respetuoso de su familia no podría pensar siquiera que su inconsciente considerara esto. Luego de mortificarse aparecía nuevamente la duda y el entusiasmo: Planeaba citas y encuentros, se dejaba llevar y la realidad lo aplastaba de narices contra la necesidad de sostener una esposa poco cuerda y una hija de ya casi catorce, con la que sólo había logrado establecer el contacto a través del afecto. Ese había sido su destino y lo había aceptado y afrontado valientemente. Haciendo todo lo que debía hacer ¿porqué negarse ahora, entonces, ésta posibilidad? ¿Solo porque era mayor? ¿Porqué jamás lo había hecho?...
Empezó a compartir los acercamientos de sus alumnas. Ya no retiraba su cuerpo, aunque esto fuera evidente para los demás. Buscaba, inconsciente o no, establecer ese vínculo que le estaban ofreciendo. Pero ahora notaba que mientras era él quien iba en busca del acercamiento, el grupo de mujeres lo esquivaba. Volvía entonces la idea de que todo había sido una broma, un juego. El incendio que le había provocado la expectativa se fue apagando y casi en brasas llegó el momento del fin de clases.
Y antes del fin, ¡otra notita! Y el mismo mensaje…
Como siempre, un importante grupo lo había elegido para la entrega de medallas. Fue haciéndolo, gratificándose con cada estrechamiento de manos o abrazos. Hasta que, sorprendido, anunciaron que Leandro lo había elegido…El alumno se acercó a paso firme, lo abrazó y susurró en su oído la frase que le confirmaría una vez más que la enseñanza continuaría siendo par él el mejor aprendizaje: “Lo amo Profe…” y así, sin más giró sobre sus talones y caminó cansinamente para confundirse entre sus compañeros…
Peregrino

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