Round 15
Sanchez - THRILLER / SUSPENSE - 661 words
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Summary
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Ya están adentro. Los escucho. Las maderas crujen arriba de mi cabeza. En menos de cinco minutos van a llegar y me van a matar. A mí y a todos. A los cinco. Nos van a reventar por no cumplir las reglas y en algún punto está bien. Es la ley, está escrito.
Al primero que van a matar es al cura. El tipo no se quiere esconder. Cigarrillo negro en una mano, copa de vino en la otra, está sentado frente al televisor mirando un video de la pelea de Bonavena y Alí. De hecho todos lo estábamos haciendo cuando escuchamos ruidos y decidimos escondernos. No para salvarnos, sino para postergar unos minutos más lo inevitable. Pulmones libres de humo, sí, pero tosen igual. Están más cerca. El padre Horacio también los escucha pero sigue ahí imperturbable, atento al intercambio de golpes como si la transmisión fuera en vivo, como si todavía estuviéramos en 1970. Como si él hubiera vivido en 1970.
Después del cura va a caer el gallego. No va a aguantar mucho abajo del piano y menos con una Bersa en cada mano. Medio cargador vacía seguro y se va a llevar a más de uno. Como en las viejas épocas, dice. Herrera, para ser preciso, no es gallego sino andaluz, de Vera, un pueblito mediterráneo famoso por sus aguas azules y su Plaza de Toros ahora convertida en Museo Natural; según él, por la misma gente que tantas veces lo quiso matar y hoy, en apenas minutos, lo va a conseguir.
Me sudan las manos y la frente. Estoy ansioso como el día que me casé, acá en esta Iglesia, hace más de veinte años. Me acuerdo como si fuera hoy del brillo húmedo en los ojos de Elena. Tal vez porque esas mismas lágrimas brotaron el día que me dijo: me enamoré de tu hermano. Cuando se fue no se llevó el vestido. Durante un tiempo lo guardé, en la misma caja roja que ella lo había dejado. Hoy sólo conservo la carta, esa despedida llena de culpa y mala poesía escrita en el reverso de una foto de nuestro casamiento. La pareja elegante y sonriente de pie en el altar. El mismo altar bajo el cual me escondo ahora en este sótano abarrotado de recuerdos, esperando el final.
Nunca me pude recuperar de ese revés y el amor lo dejé para las películas. Lo que pasó después con Sandra fue intenso, no lo niego, pero duró lo que tenía que durar. No tiene punto de comparación. De todas maneras no puedo evitar conmoverme sabiendo que va a morir a sangre fría. Y todo por no escucharla a tiempo. Tantas veces dijo que había que tener cuidado con Cavallo y nadie le prestó atención a su sexto sentido femenino. Cuando hoy no apareció estaba claro que nos había vendido. Ella ni siquiera esbozó un reproche. Era tarde para todos. El que más culpa debe –o debería- sentir es el Nene, su hermano menor, el que le convidó el primer cigarrillo, el que la trajo. Él habló con Horacio, armó este refugio, y con su entusiasmo juvenil organizó los partidos de truco, las trasnoches de humo, tango y vino tinto. La resistencia, como le gusta decir. Insiste que afuera hay muchos más como nosotros y quiero creerle, pero acá y ahora somos seis, una escopeta y tres pistolas.
Golpean la puerta. El Nene los desafía. Entona unos versos de Le Pera que irritan aún más a los guardianes de la democracia y la libertad, como dice en su uniforme. Un golpe más fuerte, la van a tirar abajo. El cura salta de la silla exitado. Bonavena acaba de tumbar a Alí. Enciendo el último cigarrillo y agarro la Remington con las dos manos para que no se me resbale. Nuestro Gardelito alza la voz: “fantasmas del pasado, perfumes de ayer, que evocaré doliente planteando mi sien”. Ya están adentro. Mejor así, uno se cansa de esperar.





