El Tullido

kantauri  - FANTASY - 602 words

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El tullido jugueteaba con las vísceras desde la sombra. Enredaba y anudaba poco a poco mis intestinos. El dolor era intenso, real. También el calor, que lentamente incrementaba sofocando mis gritos. El tullido tomó un puñado de arena del piso con su mano retorcida y lo dejó caer mansamente en mi boca, casi como queriendo sentir cada uno de los granos tocando sus dedos. La sensación era desesperante, la lengua áspera, y una rispidez que bajaba por el esófago como un caracol que a su camino dejaba su estela de arpillera.
Entre risas y evitándome los ojos, me acerca una jarra de lata con lo que al primer contacto con mi labios parecía agua fresca y cristalina. El agua llego hasta las vísceras anudadas hasta que la lengua concluyo la ironía.
Toma, es agua del Mar de Azov, tiene el cuerpo de Rusia y la aspereza de Ucrania. Bebe infeliz! Dijo riendo casi directamente con los pulmones.
Los músculos de mi vientre empezaron a contraerse, y expulsaron el agua junto con una bilis amarillenta y algunos coágulos de sangre. El tullido pasó el más hábil de sus retorcidos dedos sobre el charco pastoso y hediondo, luego lo acarició con la punta de su lengua y concluyo.

Tenés miedo, cagón!
Querés hablar, preguntar. Quien soy? Donde estas? Por que?
Soy un quiste, soy tu propio infierno, soy un lugar, ahí donde tiras toda tu mierda del día. Una metástasis putrefacta, una peritonitis de tu conciencia atrofiada.
Te asquean mis llagas? Son tus culpas, una por cada una de ellas.
Soy tu letrina, soy la memoria de tus masturbaciones, tus engaños, tu soberbia. Soy el alquitrán de tus puros, mi carne es moho, mis huesos frágiles y gelatinosos…
No me mires! No te atrevas!

Me sometía una sensación de liviandad, los flagelos aumentaban, pero mi cerebro se despegaba de la situación. Solo si me concentraba y localizaba el sentimiento de dolor podía sentirlo, de otra manera solo percibía su monologo con un nudo en la lengua sin poder responder. Por simple curiosidad, me atreví a experimentar el filo del vidrio sobre mis muslos, casi indoloro, suave, el tormento de las uñas despegándose de los últimos retazos de piel, el calor abrasador del filo en mis testículos.

Soy un cerdo, tu cerdo. Alimentado a miserias y estiércol, refregando mi hocico en tu mierda. Soy una efímera osamenta que duerme en tu cabeza, hediendo tus culpas, supurando mezquindades. Soy apenas un sueño tullido y descarriado, un tumor psicológico inextirpable dispuesto a cargarme con tu vida. Y quizás allí afuera, digan que sucumbiste en paz, durante un sueño, que es la mejor forma de morir.

Nauseabundas, mi propias heces derramadas por el suelo. Nauseabunda, su respiración persistente y latosa. La impermeabilidad del tiempo me hacia dudar si habrían pasado unas horas, o quizás semanas y meses en estado de coma. Me pregunto si alguna vez he de despertar o si este será el infierno del que tanto se habla afuera. Si será la eternidad del dolor sin la bendición la muerte el purgue de mis culpas. Si será tanto sufrimiento el precio por seguir los instintos, si le habré rezado al dios equivocado o será el peor sueño que alguien puede tener.
Despojado del tiempo, sin presente, mas que el del dolor, despojado del espacio, mas que el mismo dolor. Entre vida, muerte e ilusiones, el tullido se cargo con su existencia.
Lo demás fue papeleo, los de afuera dispusieron de su cuerpo, lo vistieron en sudarios y mortajas, lo engalanaron con flores y se lo encomendaron a su dios, agradeciendo que el deceso se produjo en paz y como quisieran morir ellos, durmiendo sin sentir dolor.

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Comments

Que buena historia me encantó, es muy original. Disfruta de mi cuento ¨Escritor de Sueños y Pesadillas III¨ antes del gran final de la saga. Angel Feradez.
2010-07-05 11:59:55