El lobo y su Luna en sangre
shekina - SCIENCE FICTION - 1255 words
- 200
- 0
- 0
- 1
Summary
The author hasn't published a summary of this work.
“Tiene que tener su mayor debilidad, todos tienen una, solo hay que buscarla”
***
El viento era más fuerte, pero dejo su ventana abierta, solo quería ver si esta vez vendría su lobo solitario. Estaba tan deseosa de verlo de sentirlo, aunque solo fuera unos segundos en la noche. Pasó su cepillo por su largo y oscuro cabello, imaginándose el encuentro de ellos. En su cuerpo colocó una ligera blusa larga, esa noche estaba a 29 grados la temperatura, y no quería arruinarse la noche. Levantó las colchas y se acomodó en su cama, solo para imaginarlo, verlo entrar por su ventana. Imaginar sus besos, sus caricias, su cuerpo, estaba tan enamorada de él, que no le importaba su pasado, solo su futuro junto a ella. Miraba el reloj, no podía desprender su mirada del. Siempre él, la visitaba a las 11.00 pm, pero esa noche ya eran las 11.37 pm, y no habían señales de él. Estaba muy ansiosa, no podía parar de imaginar cosas desagradables. Hasta que por fin escucho un ruido, corrió rápido hacia la ventana y allí estaba él, hermoso como siempre y con su sonrisa de oreja a oreja. Subió de un salto al tronco del árbol, al lado de su habitación, y se deslizo entre las hojas, se agacho y de un salto entró en su habitación. Con un beso de bienvenida lo recibió.
“Estaba muy preocupada por ti, John, donde estabas?”
“Ya, no te preocupes, mi bella dama de la luna, ya estoy junto a ti”
Se dieron un beso apasionado, mientras ella daba pasos para atrás hasta dejarse deslizar en sus sabanas. Era tan especial para ella estar en sus brazos, sentir su calor de sus besos apasionados y sentir el aroma de su perfume que la hipnotizaba.
“No puedo estar mucho tiempo, pueden rastrarme y dar contigo, no me perdonaría si te pasara algo.”
“No me pasara nada, mi lobo, tú me protegerás…”
Eso quería prometerle pero temía por su vida. En el clan donde él estaba, era muy peligroso, ellos no podían estar comprometidos ni tener una familia, eso los distraería fácilmente y podían fallar en las misiones. El era un lobo de verdad, ella no lo sabía. Cinthya vivía en su mundo, y él no quería arruinarle lo perfecto que era para ella. Se sentía tan avergonzado, ya no quería herir más gente, solo quería estar con ella formar una familia, gozar de las sonrisas de los niños, y verla feliz. Pero cada vez iba peor en sus sueños, la estaba poniendo en un terrible peligro que ella jamás se podría imaginar. Estaba tan feliz junto a ella, la amaba con todas sus fuerzas, era lo único que lo mantenía firme, pero sabía que estaba haciendo las cosas mal.
“Ya es hora de irme, se darán cuenta de que no estoy y podrán colgarme” soltó una sonrisa falsa pero por dentro se le estremeció el alma de tan solo pensarlo.
“No entiendo porque no puedes estar más tiempo conmigo, pero me conformo con tan solo saber que me amas, y que un día estarás a mi lado”
Quería pensar como ella, pero cada vez se hacía más difícil. Todo iba de mal en peor y todavía no podía hacerla feliz.
“Te amo, Cinthya”
“Te amo, mi lobo”
Se levanto de la cama y camino despacio queriendo mirarla por última vez, en aquella noche, y siendo así salió de su habitación, corriendo cada milla más rápida que la otra, con las lágrimas desbordadas por sus mejillas al verla allí esperando por él.
***
“Esa es la casa, estuve buscando información de ella, se llama Cinthya Lóbrega, tiene 26 años, vive sola, trabaja en el supermercado al dar la vuelta en la esquina de la ultima calle de Londres. Su número tele…”
“Ya, no necesito tanta información inútil, solo donde vive…”
“Pues esa es su casa, adelante”
“Ay lobito, te vas a quedar sin tu luna…”
Miro los alrededores de la casa, y vio que todo estaba en orden, ya eran las 3.45 am, John estaba a mil kilómetros de su casa, la noche estaba perfecta, para darse un banquete con la mujer de su más preferido lobo, aunque ya John, no quería formar parte de su clan, Lucian le había informado bien claro a John que no podía enamorarse, que se quitara la idea desenfrenada de la cabeza o si no iba a sufrir mucho, pero el muy astuto lobo no le hizo caso, y Lucian tuvo que tomar medidas drásticas, asesinar a su mayor debilidad, Cinthya.
Por fin pudo entrar a la casa, subió las escaleras, no le interesaba la más remota idea de observar la casa, lo único que quería era verla muerta. Allí estaba ella, tan delicada porcelana, blanca como la nieve, su pelo lacio y obscuro al lado de su almohada, sus curvas tan delgadas y su piel tan sedosa.
“Tiene buen gusto el lobito” pensó en sus adentros, se le acerco, saco su cuchillo, y lo deslizó por su fina piel, ella sintió un cosquilleo pero siguió durmiendo. Poco a poco la cambio de posición en la cama, alargo sus dos brazos y suavemente los amorro, sin que ella se despertara luego coloco una cinta adhesiva en sus hermosos labios, y ella poco a poco fue despertando. Al darse cuenta de lo que estaba sucediendo, quiso gritar pero no pudo.
“Shuu, calla niña, esto será más rápido si cooperas.”
Ella no entendía cual era la razón de lo que estaba sucediendo, pensó que era un sueño, pero no, todo era realidad. Las lágrimas bajaban silenciosamente, mientras que la sangre fluía. Él le penetro el cuchillo en su vientre, lo deslizo hasta formar una “L” la cual tenía un significado “LOBO” Ella desesperada sentía el dolor, solo lloraba y lloraba, su mente se encontró en el día en el cual conoció a su lobo. Sus ojos se pusieron en blancos al sentir que su corazón se partía en dos, la sangre salpicaba, y a lo lejos escuchaba una sonrisa, ya no podía mas, solo se dejo llevar por la luz blanca que la guiaba.
Satisfecho por su gran triunfo, salió de la habitación riéndose a carcajadas…
***
El día había transcurrido lo más normal, pero en su interior algo no andaba bien, estaba ansioso por ver a la única mujer por la cual vivía. La amaba con todas sus fuerzas, le tenía una sorpresa, el viaje de su vida, le iba a proponerle matrimonio y se la llevaría lejos de Londres, para un mejor mundo, una mejor vida, en E.U. Ya había comprado el anillo de compromiso, solo faltaba que ya fueran las 11.00, para ver su carita tan bella e iluminada como la luna. Ya no ajuntaba más y salió disparado para la casa de ella. Al subir, la ventana seguía igual, pero al entrar, todo estaba mal, la sangre marcada en las paredes, y las sabanas blancas ya no eran blancas sino rojas, y allí estaba su cuerpo desnudo, y el cuchillo atravesado en su corazón. Rápido corrió hacia ella, le saco el puñal, no pensó en nadie, ni en nada. Solo lloro por varias horas, saco de su bolsillo la sortija, se la coloco en su dedo. La beso por última vez, camino hacia la ventana, pero estaba vez y por primera vez, salió de espalda, no quería verla en ese estado. Miro al cielo, vio la luna resplandeciente, esa era ella, desde los cielos mirándole, le tiro un beso, y salto, dio otro vistazo por encima de su hombro, y salió corriendo.
“Que Dios se apiade de ellos, porque los destruiré uno a uno”

1





