La noche manchada
shekina - THRILLER / SUSPENSE - 852 words
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Summary
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Busqué la esbelta espalda de mi esposo, pero solo se encontraban sabanas. Abrí mis ojos, solo había oscuridad, mis ojos estaban muy pesados, busqué el reloj de la mesita de noche cuando unos ojos muy airados me miraban descontroladamente. Mi cuerpo se estremeció como una palma sacudida por el viento, un temblor subió de los pies a la cabeza. Eran los ojos de Michael Carrier, mi esposo. Estaba al lado derecho de mí, sus ojos, no eran de ternura o de amor, esos ojos negros estaban vacios, pero a la vez llenos de odio, rabia, rencor. Ya no era el hombre del cual me enamoré, del cual me casé. El había sido un hombre apasionado, romántico y espontaneo. Pero hace unos cuantos meses atrás se había convertido en un hombre violento, nunca me ha alzado la mano para pegarme, pero al observar su mirada, se me estremeció el cuerpo. Observé la hora ya eran las 2.15 de la madrugada, pero cuando despejé la mirada del reloj me fijé en el hombre con él estaba amenazándome con la mirada, pero al bajarla me fijé en sus manos y en la derecha cargaba con un cuchillo.
“Mi amor, porque no te tranquilizas y bajas el cuchillo” me levanté poco a poco, su mirada seguía clavada en la mía.
“Ya estoy harto de todos, ya estoy harto de ti” su voz retumbó en las paredes y rápido concluyó “Ya no te soporto, despídete de esta vida…”
Alzó el cuchillo y lo bajo de una sacudida, yo esquivé el cuchillo y de un salto me levanté, corrí hasta la puerta, pero la sorpresa, estaba cerrada. El estaba tratando de sacar el cuchillo que penetró hasta el fondo de la cama, y a la vez maldecía una y otra vez. Salí del cuarto y corrí por toda la casa, buscando ayuda, gritaba, pero quien me iba ayudar en esos momentos, no había nadie a quien acudir, a esa hora no había nadie despierto, solo mi sicópata esposo detrás de mí. Corrí hasta la otra habitación cruzando la sala, buscando algún refugio. Las lágrimas salían descontroladas, no sabía cuando mi esposo se había vuelto tan sicópata. Cerré la puerta detrás de mí, me apoyé en ella, pero los golpes provocaron que me alejara de ella, estaba muy asustada, no podía pensar, rápido miré a mi alrededor, vi que un teléfono al fondo estaba descansando en la mesita, corrí hacia el, no podía pensar, mi vista estaba borrosa, no veía bien los números, traté de recordar el numero de hermana, lo busqué en mi memoria, pero sabía que no me quedaba mucho, Michael entraría en cualquier momento. Marqué el numero desesperada, solo sonaba y nadie lo contestaba, de pronto escucho la voz ronca al otro lado del teléfono…
“Diga…”
“Maria, Maria, buen Dios, qué bueno que contestas… Por favor ayúdame ven rápido a mi casa mi esposo me quiere matar…”
“Buen Dios, mujer pero que estás diciendo?”
“Avanza llama a los policías, pero por favor corre…”
La línea quedo muerta, Michael, cortó la línea telefónica… De pronto ya estaba allí delante de mí, de una patada había abierto la puerta, empecé a gritar pero era demasiado tarde, el cuchillo fue a parar a mi muslo izquierdo, sentí como penetraba hasta el fondo y desgarrar mi piel, la sangre salpicó, rápido me incorporé, miré mi herida, cogí el cuchillo y lo jalé con fuerzas hasta sacarlo de mi piel, sentía como el dolor corría por todo mi cuerpo, él me miró con su mirada furtiva, llena de odio, una sonrisa se curvó en sus labios, que meses atrás me decían “te amo Claudia”, ya esos días habían pasado, este hombre no era Michael, sino un demonio, más bien el mismo diablo en persona. Ya no podía mas, no podía caminar, mi pierna estaba demasiado de herida, pero al ver esa sonrisa, me dieron más fuerzas alcé el cuchillo y lo llevé hasta el brazo de él, lo saqué con unas fuerzas mayores, mi cara se llenó toda de sangre, volví alcé el cuchillo y lo penetré en su vientre, un chillido de dolor pegó el hombre salvaje, se arrodilló del dolor, mientras el hombre se recuperaba corrí afuera cuando de pronto vi unas luces a lo lejos, corrí hasta alcanzar la patrulla del policía.
“Por favor deténgase…” gritaba casi sin fuerzas…
“Señora, esta herida, necesita una ambulancia”
“No entiende que mi esposo trato de matarme, ayúdame por favor”
“Tranquila ya está a salvo, dígame donde está su casa?”
“Esta del frente, por favor cuidado”
El policía entró y después de 5 minutos salió, pero su cara decía más que mil palabras, tenía su mano apoyada en su costado, su camisa estaba manchada con sangre, mas se acercaba al carro mas sus fuerzas se debilitaban, cayó de rodillas al frente de la patrulla, miré con pavor la casa por última vez, prendí el auto, puse el pie en el acelerador, cuando aquella figura de aquel hombre se acercaba a la puerta, solo quedó humo del auto al arrancar, cuando de pronto, sentí los primeros rayos del sol, ya pasó, todo fue un mal sueño, solo una pesadilla, la cual no quería vivir jamás…

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