Diario de viaje: El Bolsón
Murdock0 - TRAVEL & HOLIDAY (Note: with WT codes, assign also the most specific GEOGRAPHICAL Qualifier available) - 545 words
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Summary
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El bolsón no es un lugar muy pintoresco. Al llegar uno se percata inmediatamente de que todavía existen hippies en la argentina o al menos existen personas que se transforman en hippies en verano y se van al bolsón. Mujeres con telas de colores en la cabeza, sucias, desarregladas, cada una en su mundo y fuera a su vez del mundo de histeriqueo habitual que podríamos encontrar por ejemplo en Bariloche o en San Martín de los Andes.
También nos encontramos con hombres que huelen mal en los supermercados comprando mucha cerveza o mucho vino, gritando frases incomprensibles y riendo a carcajadas. En general nadie de los demás que están en el supermercado le presta atención a este tipo de exclamaciones porque forman parte del folkore de esta ciudad.
La cerveza artesanal de el bolsón- tan promocionada en todas partes y en abundantes marcas- es simplemente un invento o una quimera absurda para alguien que toma habitualmente cerveza hecha y derecha. Su sabor es sencillamente espantoso.
Lo mejor que uno puede hacer en el bolsón es sentarse al lado de la heladería Jauja y tomar una cerveza normal, industrial, como por ejemplo la Warsteiner, mientras se ve a la gente pasar. Rostros y figuras peculiares en actitudes diferentes de las que uno suele ver en Buenos Aires o cualquier otro centro urbano, mentes colgadas de la palmera o del cannabis o vaya uno a saber de que otro tipo de alucinógenos. En fin, sentarse allí con un amigo a charlar de problemas sentimentales al atardecer es un alto punto en la visita al bolsón. Me dicen también que el helado de Jauja es imperdible. No lo tomé pero no pude dejar de observar la cantidad de colores que tienen sus gustos: violeta, rojo, amarillo, bordó y otros.
Lo peor que uno puede hacer es ir al restaurant de enfrente de Jauja a la noche y pedir una trucha al disco. Allí quizás será atendido por un mozo inexperimentado que se quedó sin dinero suficiente porque lo dilapidó rápidamente en el casino. Puede ser que te toque el mismo mozo que a mí: un rosarino chanta que te preguntará sobre tu profesión ( algo inédito al menos para mí) y provocará tu escozor y posterior bronca.
-¿Quién es este tipo y por qué me pregunta de que me ocupo y por qué se mueve como una serpiente entre mesa y mesa, y por qué habla tan rápido y por qué parece que se hubiera dado un saque antes de atendernos?
Nuestro interlocutor tan solo atinará a reírse y pedirnos que nos relajemos y disfrutemos, pero media hora más tarde, cuando su asado con papas no llegue a la mesa se pondrá furioso e intentará increpar al dueño o al mesero por la impuntualidad. Cinco minutos más tarde uno nota que el plato ya servido de el es mucho mejor que lo que uno pidió y se resigna a comer el suyo.
Luego, ya entrada la noche, la gente se junta a tocar la guitarra, algún instrumento de percusión o el saxo. Todos lo hacen mal pero cada uno de ellos se siente Jimmy Hendrix, Jimmy Kruppa y John Coltrane, respectivamente. En fin, un aire decadente que provoca nuestra nausea y nos hace decidir por partir hacia cualquier destino cuya onda sea diferente.

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