Kill Pitbull
Tarso - FICTION (See also: CX "Literature: special interest" codes which may be used in conjunction with codes from Section F) - 536 words
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Summary
Estimado lector de Liibook:
Un día me cruce con un tipo muy sonriente que llevaba un Pit Bull que no sonreía y daba miedo mirarlo.
El señor Bienvenido vive en el 4 A y es dueño de un perro Pitbull que se llama Rosko y se alimenta de gatos.
Esto lo ha dicho la vecina del 3A, quien ha escuchado maullidos de muerte durante la noche.
Entre los vecinos se cree que puede ser una secta o los chinos del restaurante.
La vecina del 3A lo ha denunciado a la policía y se lo ha dicho a Bienvenido quien solo respondió con acento solemne: "Mi perro está vacunado".
El señor Bienvenido ha decidido como norma de seguridad, colocarle un bozal a su perro.
Algunos vecinos denuncian la desaparición de sus gatos.
En las calles hay avisos de recompensas:
"Recompensaré 500 pesos por Maita / Pinta, recompensaré con 300 pesos".
El Pitbull del señor Bienvenido está cada día más gordo y la vecina del 3A lo ha notado. Se lo comentó a otra vecina.
"Yo me encargaré de ese perro", dice en voz alta frente al espejo, la vecina del 3A.
Acto seguido se dirige al placard de su habitación y extrae una katana.
Fuera de si, golpea la puerta del departamento del señor Bienvenido quien al entreabrir la puerta se encuentra con su vecina disfrazada de mameluco amarillo. Parece que no le hace ninguna gracia ver a la señora con ese aspecto, así que le cierra la puerta en la cara. Aún así, la vecina del 3A logra trabarla con la katana y empujar para entrar. El señor Bienvenido intenta bloquear el acceso y Rosko se lanza por detrás, con la intención de morder los dedos de la vecina del 3A que asoman entre el picaporte.
La vecina del 3A escucha el ladrido del animal y la buena suerte, hace que retire la mano justo cuando el hocico del pitbull choca contra el marco donde se cierra la puerta.
"¡Abra por favor!"
La vecina del 3 A insiste, la suerte y la verdad están a su favor.
"Si no se va, tendré que soltar a mi perro", amenaza Bienvenido.
"Me da igual", contesta la vecina del 3A.
El señor Bienvenido parece dudar. ¿Sabrá que el perro está en condiciones de matar a la mujer? ¿Acaso la mujer sabe usar la katana y por eso no le tiene miedo a la amenaza del señor Bienvenido?
Todo ocurre en diez segundos.
La puerta se abre. El pitbull se lanza al ataque. La vecina del 3A tira la katana hacia adelante como si fuera una gigantesca hoz. El perro queda depositado en dos mitades.
El señor Bienvenido retrocede , incrédulo y sus dos ojos comienzan a humedecerse.
La vecina del 3A está en cuclillas, observa con detenimiento la división del perro, se incorpora, da media vuelta y baja la escalera golpeando los tacos de sus zapatos.
El señor Bienvenido no sabe que hacer.
¿Llama a la policía?¿Recoge las dos partes de su pitbull?
Son instantes de duda, de penumbra mental, de absoluto vacío. Es el shock que procede al hecho inaudito, imposible, ilógico. El señor Bienvenido y la estática manera de permanecer de pie con la mirada perdida. Los ojos no le parpadean. Sus manos tiemblan. Un aura de transpiración comienza a mancharle la camisa celeste de mangas cortas.
Y el señor Bienvenido comienza a bajar por la escalera mientras jadea igual que lo hacía Rosko cuando iniciaban el paseo nocturno.

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