El Cristo de Madera

Mandreyna  - FICTION (See also: CX "Literature: special interest" codes which may be used in conjunction with codes from Section F) - 675 words

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Summary

Domingo fue el día en el cual Dios descanso de la ardua labor que se auto asigno, además fue el día destinado a la resurrección de Jesús. Pero para este pequeño pueblo era simplemente el día de la misa. Todos obligados por el deber moral de la religión se habían dispuesto a salir de sus hogares en aquella calurosa mañana.

En las afueras de la iglesia podía oírse a los niños jugar alrededor del carrito de helados, mientras el padre Agustín daba el respectivo sermón. Los feligreses, agobiados por el calor, difícilmente atendían a las palabras del párroco. Pocos escuchaban conscientemente el discurso religioso, algunos meditaban sobre los problemas domésticos que los aquejaban; mientras otros suspiraban inmersos en vivaces pensamientos de amor y otros tantos simplemente luchaban contra el sueño.

Finalizaba el sermón, cuando María, con la mirada inclaustrada en el pulcro cristo de madera que relucía en el fondo del templo, alucinaba con ir al río para burlar al calor. En medio de su abstracción vio al cristo cabeceando desesperado en su cruz, pero antes de que pudiese reaccionar uno de los niños desde la puerta grito: “¡Ay Dios! Se mueve… El cristo está vivo”
Entonces, los demás parroquianos notaron que la imagen de madera realmente se movía. Pronto todos se congregaron en torno al cristo, ya no lucía como una estatua de palo, había cobrado una apariencia más real, más humana. Entre todos lo descolgaron y cuidadosamente lo recostaron en el suelo, apresurados intentaban desclavarlo de la cruz (que aún era de madera).

Ninguno salía de su asombro, era increíble lo sucedido ¡Un milagro en aquel pueblo insignificante! -devoto, pero insignificante. El padre emocionado sólo pensaba que tal manifestación sustentaba todos y cada uno de los argumentos de su religión.

Los fieles de mayor edad se hincaban a orar, suplicando que aquel evento trajera prosperidad a su pueblo. Mientras los más jóvenes aprovechaban el alboroto para escabullirse al río.

Finalmente, los pueblerinos liberaron de la cruz al cristo. Nadie hablaba con él, aún cuando todos tenían cientos de preguntas para hacerle. Él tampoco soltaba palabra, se dejaba guiar de aquí para allá, como si todavía fuese un muñeco. Una chiquilla retiró la corona de espinas de la ensangrentada cabeza del cristo y con un pañuelo le limpió el rostro.

-Debe tener mucha hambre y mucha sed… tantos años que tiene usted allí colgado, desde que yo estaba pequeñita- dijo con inocencia la niña.

El cristo asintió con la cabeza mientras la observaba detenidamente; detallando cada facción del joven rostro que con tanta familiaridad le atendía. En ese momento llegó el padre Agustín en compañía del alcalde, éstos intentaron entrevistarle pero el cristo no respondía a sus preguntas.

-Supongo que estará muy cansado. Venga a mi casa, se baña, come… descansa- dijo el alcalde, tratando de simpatizarle al cristo.

-Y mañana regresa a éste, su templo - añadió velozmente el sacerdote.

El cristo continuo impávido hasta que la amable niña regresó con ropa y agua. Tomó el poncho y cubrió su cuerpo casi desnudo, bebió agua hasta saciar su sed, luego dijo algo al oído de la pequeña, y caminó a la salida de la iglesia

El sacerdote desesperado interrumpió su marcha -¿Se va? ¡No puede irse! ésta es la casa de Dios, su padre- Argumentó el clérigo.

-Yo sólo soy una escultura de madera. No soy Jesús, soy una simple marioneta- Objetó el Cristo, y sin mayores explicaciones siguió su camino.


-Qué absurdo es mi padre. Si naciendo humano me crucificaron, resurgiendo de madera, en ésta época ¡Me harían leña!- pensó para si mismo el cristo de madera.

Los feligreses del pueblo se quedaron con el sinsabor de no haber obtenido ninguna revelación por parte del cristo, pero resignados concordaron que era mejor que se marchase, a fin de cuentas, Dios sabrá.

Pasada la algarabía, el padre se aproximo a la infante -Hija mía ¿Qué te ha dicho Jesús?- preguntó con melancólica curiosidad.

A lo que la joven criatura contestó: HAZ DE ESTE MUNDO TERRENAL EL CIELO MÁS GRANDE QUE PUEDAS CON TUS MANOS LABRAR.

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