Resiliencia

Angus Biela  - CLASSIC FICTION - 405 words

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Summary

Un hombre en un bar reflecciona acerca de su capacidad de resiliencia y obtiene una pequeña muestra, una simple prueba que no aprueba.

Un hombre en un bar reflecciona acerca de su capacidad de resiliencia y obtiene una pequeña muestra, una simple prueba que no aprueba.

Sentado en un bar, una fría mañana de invierno, me encontré de repente absorto, mirando mi humeante tasa de café, recién servida. Me preguntaba, reflexionando acerca de los hechos ocurridos aquel año a la familia Aguirre, qué tan amarga podría ser esa bebida en ese momento, como la vida, y en qué tan exquisita podría transformarse en otro, tan solo agregando, como único ingrediente, unos pocos sobrecitos de azúcar.

Al instante recordé la nota que leí el domingo pasado en un suplemento, sobre el concepto de resiliencia: capacidad de una persona para recuperarse frente a la adversidad; y tras ello pensé... "si me hubiese pasado a mi ¿cuánto me hubiese afectado? ¿Cuál sería mi nivel de resiliencia? ¿Qué tanto me ha puesto a prueba la vida?... Si me hubiera pasado algo como eso, seguramente quizá hoy no estaría aquí".

Por un momento me creí superado, víctima de la mayor insensatez de un hombre sin mayores problemas, sentado tranquilamente frente a su tasa de café humeante, en una hermosa mañana de julio.

Desperté del transe cuando el mozo se acercó trayendo una pequeña canasta de sobres, disculpándose por su olvido. Alegremente, asentí, cayendo en la cuenta que quizá habría sido eso lo que me sumió en tales reflexiones: faltaba lo que haría más resiliable mi amargo desayuno: azúcar.

Sacudí triunfalmente cuatro grandes sobres, ya que el café me gusta bien dulce; los eché, y revolví, mientras hojeaba el periódico, con la euforia de quien se prepara a disfrutar algo al máximo; y tras leer superficialmente algunos titulares, tomé un gran sorbo de café. Sentí que algo en mi se derrumbaba. No pude reprimir un rechazo explosivo de mis tripas; de súbito, debí agacharme a un costado de la mesa para expulsar lo que había tragado, y casi más, de no ser porque aún me encontraba en ayunas. Tosí fuertemente reprimiendo algunas arcadas, que aún me hostigaban, hasta que, pasado un largo y torturante minuto, por fin, el sabor vomitivo desapareció de mi boca. Me incorporé, mirando los sobres recién cortados, cayendo en la cuenta que en vez de azúcar, lo que había usado era sal. En ese preciso instante el mozo se acercó para limpiar la mesa, preguntándome si me encontraba bien, pero, para mi sorpresa, al notar los sobres que había abierto, y verme tan graciosamente frustrado, solo atinó a decir, sonriendo:

- Señor, no es para tanto, hay cosas peores en la vida.


FIN
ANGUS!

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Comments

IMPECABLE! Me gustó muchísimo! Siguen las estrellas. Bee.-
2010-08-07 19:57:35
Jajaja, me gustó.Saludos.
2011-04-23 15:37:37