La entrevista

Zuasnabar  - ADVENTURE - 61634 words

  • 157
  • 0
  • 0
  • 0

Summary

LA ENTREVISTA. Editorial Simurg. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. 2008 (205 Págs.) ISBN: 978-987-554-105-4

Novela autobiográfica. En esta novela, Zuasnabar se permite un gesto curioso: narrar la vida de un personaje homónimo a través de l

LA ENTREVISTA. Editorial Simurg. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. 2008 (205 Págs.) ISBN: 978-987-554-105-4 Novela autobiográfica. En esta novela, Zuasnabar se permite un gesto curioso: narrar la vida de un personaje homónimo a través de l

La entrevista
novela
Horacio de Zuasnabar
a Tato
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 2
- Morir... no es nada, porque descansar es estar previamente fatigado para poder luego gozar con
la sensación de recuperarse de tal cansancio. Estando muerto supongo que uno no se entera de
nada: se dice que la muerte es el descanso eterno porque es una proyección idealista, desde un
punto de vista vivo. Quiero decir entonces que la gracia la veo en descansar, al menos de vez en
cuando, cuando se está vivo, no por muerto, ¿no le parece?... En fin, no siempre la fe mueve
montañas, pero de vez en cuando, sí. Asimismo... no siempre el descreimiento mueve montañas,
pero a veces también. ¿Qué quiero decir con esto? Quiero insistir en la vigencia de la baba
dialéctica, ¿me entiende?, ¿me escucha?... Despierte, por favor... despierte...
- ¿¡Quién es usted!?
- Tranquila, por favor, soy Horacio de Zuasnabar, ¿no me reconoce?
- No sé... ¡Dios mío, estoy desnuda!
- Sí, hermosamente desnuda, como si recién la hubiesen traído al mundo. ¿Quiere vestirse?
- ¡Por favor...!
- Tenga, es mi ropa... aunque así se la ve muy bien...
- ¡Déme!..., gracias.
- No tiene por qué. Al contrario.
- Pero... ¿dónde estoy? ¿¡Qué me ha pasado!?
- Según desde donde sea visto estimo que no le ha pasado nada, o muchísimo, todo depende. Está
en una cama.
- Eso es evidente, quiero decir en qué lugar: no me parece un hospital, más bien un cuchitril.
- No sea ofensiva ¿No reconoce este lugar? -ahá, vamos bien-: es una chacra, en efecto humilde
¿Sabe quién es usted?
- Sí, claro, soy... soy escritora.
- Usted es escritora -yo también- pero... ¿cuál es su nombre?
- Mi nombre...
- ¿No se acuerda de su nombre? Es Penélope.
- No estoy segura...
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 3
- Penélope, su nombre es Penélope.
- ¿Penélope? ¿Penélope qué?
- Su apellido, hoy por hoy, casi no importa.
- ¿Cómo que mi apellido no importa? ¿Usted quién es?
- Soy Horacio de Zuasnabar, el escritor, el autor de Vitacracia por ejemplo, eso es lo que importa.
- ¿Dónde estoy?
- Ya le he dicho que en una chacra. En una chacra abandonada por los colonos que la habitaron,
en Sanford -cerca de Casilda ¿se orienta?-, provincia de Santa Fe. República Argentina, para ser
exactos.
- ¿Y qué hago aquí?
- Está aquí para entrevistarme.
- ¿Para entrevistarlo? ¿Desnuda? ¿En una cama?
- Correcto, para entrevistarme.
- ¿Y con qué derecho me trajo?
- Yo no la traje, usted vino conmigo.
- ¿Vine con usted? ¿Cuándo? ¡No recuerdo nada!
- Entonces seguimos bien.
- ¿Por qué entonces seguimos bien?
- Porque las cosas van sucediendo como yo quería que sucedieran.
- Usted me ha secuestrado, ¿verdad? De alguna manera me ha drogado y me ha raptado, ¿no es
así?
- No deja de ser una interpretación: si lo quiere ver así, hágalo. Pero no se lo tome a la tremenda.
- Déjeme ir.
- No, en absoluto.
- Déjeme ir, por favor.
- Ya le dije que no, estoy bien con su compañía.
- Yo no con la suya.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 4
- ¿De verdad?
- De verdad, déjeme ir.
- Ya le dije que no, además le aseguro que no llegaría lejos.
- Déjeme ir, por favor.
- Por favor usted, no se ponga pesada que conmigo ya tengo bastante.
- Está loco...
- ¿Loco yo? No sé, creo que no mucho, en el sentido corriente de la palabra. ¿Por qué lo dice?
- ¡Cómo que por qué lo digo!, ¿me secuestra y me pregunta por qué lo llamo loco?
- No la he secuestrado strictu sensu. De todas maneras hay muchos secuestradores que no son
precisamente locos, ¿no cree?
- ¡Sí, sí que lo creo! Entonces, si no está loco, déjeme ir.
- No.
- Si no está loco y no me deja ir usted es un criminal, lo sospeché desde que lo vi.
- ¿Un criminal? ¿Sospechó que yo era un criminal desde el primer momento? Qué curioso. Tampoco
creo eso de mí, en el sentido estricto de la palabra... Tampoco soy un santo -gracias a Dios- pero
un criminal... es mucho decir.
- Es muy cínico.
- ¿Cínico? Ahora cínico... Sí, tal vez un poco -irónico seguro, incluso a mi pesar- , pero ¿quién no lo
es ante esta vida tan inquietante, conociendo, como mínimo, que tiene un fin?
- ¿Qué fin?
- La muerte ¿no? Como humanos tenemos el extraño privilegio de saber conscientemente que el fin
de la vida es la muerte, ¿verdad?
- ¡Déjeme ir, por favor!
- ¡No insista!
- Si no es un loco ni un criminal, ni más cínico que el común de la gente, ¿qué es para tenerme
aquí, dormida, desnuda, en esta cama -casi un catre- dentro de una chacra abandonada?
- ...a unos setenta kilómetros de Rosario ¿se acuerda usted de Rosario?
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 5
- Sí, claro... soy rosarina.
- Ah, muy bien, recuerda que es de Rosario. Va progresando. ¿Comemos algo?
-Sabe, Penélope, me gusta escribir, regocijarme con la imaginación puesta en describir quién soy,
quién me rodea: dar la impresión total, para que haya tanto unanimidad como disputa...
- Y finalmente reconocimiento... cueste lo que cueste.
- Poco más o menos. No me planteo si en vida o no, el dato es irrelevante. La fuerza radica en
escribir..., pero no sé bien cómo disfrazar el cuento de mí mismo.
- Por eso me tiene aquí.
- Va entendiendo. Al respecto, que quede claro que tanto me da producir una autobiografía, o
unas memorias del autoexilio... como un engendro imprevisto.
-Hasta incluso creyendo que las primeras son lo segundo...
-O viceversa, Penélope. Si me explico bien a mí mismo, si lo hago correctamente... la ilusión
consiste en que otros serán yo y, al fin de cuentas, no estaré solo ni muerto.
-Muerto o vivo no estará solo...yo me quiero ir.
-Claro, de eso se trata el dilema existencial, ¿verdad? En primer lugar, de no estar solo de uno
mismo, de no naufragar a bordo: inicio y final, Penélope, de estar también solo de los demás ¿no
le parece?
-No sé si no es pánico...
-Quizá..., sí sé que es un entretenimiento vital como cualquier otro. Que produce temor -es ciertode
ser tergiversado o comprendido por mente que no sea la mía misma. Pero nadie tiene otra
posibilidad, por lo tanto me arrojo al ruedo, como todos a sus singulares maneras, yo, con la mía.
-Es su particular alienación, me quiere decir...
-Mis taras, Penélope -nuestras taras- existen en la medida en que existen otras ajenas. Así las
conocemos, así recién existen... ¿Quiere leer lo que escribió de mí el terapeuta con quien me
confesaba?
-Creo que no me queda más remedio.
-Lea, lea. Mire qué curioso...
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 6
“El primer recuerdo que Horacio tenía de sí mismo era el de un sueño o viaje que posiblemente
realizó a una edad indefinible -cuando era pequeño-, en compañía de sus padres y quizás de
alguien más (nunca lo tuvo claro), en coche, por un camino de las sierras de Córdoba. Según
refirió, Horacio viajaba en el asiento de atrás, y hacia adelante podía ver, en la penumbra interior,
las nucas y cabezas de sus padres y, en el exterior, en un espectro muy cerrado e iluminado
fuertemente por las luces del coche, la señalización de la carretera al frente, a la izquierda (sin
duda) la pared de la montaña y a su derecha algo impreciso, tal vez un precipicio, abismo sin
aparente trascendencia en el recuerdo de Horacio, ya que el momento culminante del sueño se
desarrolló cuando vio, paralizado de sensaciones, que se introducían en unas enormes fauces que
abarcaban y encerraban toda la carretera y parte de la ladera. (Fauces que, perfectamente,
podrían haber sido una caverna o un túnel -tan típicos en Córdoba- o, más simple, una floresta
que, dado lo cerrado de la noche y el efecto de las luces, se asemejaba a una barbuda, babosa,
boca del diablo).
A su turno, cuando consultaba a Horacio respecto de sus primeras sensaciones refería que, hasta
los diez u once años, padeció de fuertes dolores de oído, sabiendo que a los tres meses de vida los
médicos vieron necesario punzarle uno, sin recordar por cierto cuál, y sin tampoco averiguarlo de
sus padres, quienes, ante esta pregunta, se miraban en silencio y, más que hacer memoria, se
interrogaban sobre las posibles razones del interés de su hijo. (No sospechaban, claro está, que
Horacio hurgaba afanosa y frenéticamente en su pasado recóndito en busca, digamos, de su
documento íntimo de identidad).
Recordaba a la perfección cómo se retorcía de dolor a causa de sus oídos, hasta la pubertad, no
después de empezar a masturbarse y, con catorce años, a hacer el amor con la también debutante
Graciela, jovencita de dieciséis años contratada por sus padres para las tareas domésticas, en las
cuales al parecer Horacio se autoincluía (arrastrando de mayor, por ello, una especie de trauma
light). No tenía presente haber hecho ‘siempre tan agradables menesteres’ (sic) mientras le
zumbaban los tímpanos (de lo cual deducía edades y sensaciones). Naturalmente no recordaba, en
absoluto, el punzamiento de ningún oído, aunque se lo figurara a menudo: en realidad, Horacio no
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 7
recordaba ningún dolor de bebe ni de niño que le permitiese reafirmar su aseveración de ‘cargar
con una infancia relativamente triste’(sic). Mencionar -en forma ineludible- en primer término que
los oídos dolieron hasta los diez años siempre le fue suficiente (‘elocuente’, según él) para indicar
que no albergaba muy marcadas sensaciones agradables de ese lapso -o colapso, según sus
propias palabras- de la vida, ya que, de y por siempre, Horacio sentiría lo que podríamos
denominar con él estupor existencial. Nota: “La infantil ignorancia es más atrevida que la madura
sabiduría”, murmuró sereno cuando refirió lo anterior.
En cuestión de sueños de infancia podría decirse que con lo de las fauces cordobesas está todo
dicho. No así con las sensaciones, las cuales, fueran las que fuesen, estaban signadas en primer
lugar por la alternancia in extremis de la felicidad y el dolor y, en sentido amplio, inexcusable y
total, por la soledad. Horacio se sintió siempre muy solo, extremadamente solo, aún en compañía
de sus padres, sus hermanos, sus parejas y amigos o, ya mayorcito, de su propia hija, de quienes
dice “he amado hasta el cansancio” y por quienes, a su vez, dice, ha sido amado hasta también un
cansancio que, en su caso, Horacio siempre consideró incuestionable dada su creída extenuante
personalidad.
En clase, por ejemplo, o en reuniones con treinta o más amigas y amigos era cuando más sentía su
lejanía, la cual lo llevó a reformular la definición de lejano y ajeno y la otra, para contrarrestar,
usada en sus cartas o mensajes, donde recurrentemente saludaba con su mejor respeto y estima,
para ajustarse a la verdad, ya que Horacio, en su estupor, optó de por vida, por cobardía o por
valentía (quién lo puede dilucidar), a ceñirse a sus sentimientos más sinceros aunque, como en
estos casos, fueran lo suficientemente inextricables o ambiguos para que, sin jamás llegar a mentir,
le dejasen a sí mismo y a los demás la posibilidad de múltiples interpretaciones.
Es necesario puntualizar que la soledad de Horacio fue -es- un ‘concepto en permanente
construcción’ y su dinámica algo que le deslumbra. Así, en su niñez, la soledad estaba
representada por días que nunca acababan, de joven, por una vorágine y, de maduro, por una
perspectiva. El tedio, a veces ansioso, desde cada amanecer hasta cada anochecer de su infancia,
con días que nunca se resolvían, fue evolucionando hacia una previsible (aunque no prevista)
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 8
confusión, que hicieron de su vida de joven un suceder de acontecimientos agotador, donde cada
día y cada noche eran una sumatoria de realidades, espejismos, sueños y pesadillas difíciles de
diferenciar.
Al respecto, un histórico, inicial hito fue consagrado al cumplir los diez años cuando, presto a
apagar las diez velitas, detuvo la fiesta y le dijo a su padre que ese momento le era trascendental,
ya que ‘pasaba de uno a dos dígitos de edad’. Su padre (que estaba a la izquierda, ambos frente a
la correspondiente torta y al tumulto de familiares y amigos, explicó Horacio muy seguro) asintió
con benevolencia y le instó a soplar, cosa que Horacio hizo con satisfacción. La expresión
trascendental -pese a sus escasos años- no fue gratuita: Horacio se encontraba profundamente
afectado por un gran existencialismo, el suyo (el que le acompañaría toda la vida), disparado por
su primera sensación de envejecimiento (pasar a dos dígitos), más la visión de una muy triste
discusión entre una pariente (sic, a secas) y su marido, amenazándose entre ellos, y a todos, de
apocalípticos males: muertes, deshonras y desheredamientos, los cuales, efectivamente, se
avecinaban.
A Horacio le tocaría vivir muchos años más, no así a su amadísimo abuelo paterno, quien murió
ante sus ojos de un infarto, poco tiempo después de las profecías de la pariente. Otro de los
recuerdos imborrables que por siempre conmoverían a Horacio consistió en ver, por única vez,
llorar a lágrima viva a su padre, mientras en vano inyectaba exorbitante cantidad de adrenalina a
Tato -el abuelo-, quien, después de devolver el mate de esa mañana, murió arrodillado y apoyado
contra su enorme cama matrimonial de roble y fina ebanistería, la cual, antes de nacer Horacio,
había abandonado la abuela por muerte asmática.
Por otra parte, Horacio consideró permanentemente a su valiente madre (encajada en toda esta
familia y circunstancias paternas) como un ser excepcional, a quien la vida le había otorgado la
posibilidad de ser un personaje único: el único posible de ser su madre. Solamente igualable, y
necesariamente superable, por la hija de Horacio, ‘como Dios manda’, ya que, según se le había
enseñado, no había mal que por bien no viniese”.
- Déjeme ir.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 9
- ¿Por qué? ¿Por lo que dice el psicólogo? Es pura literatura: escribe cuentos, novelas, incluso
poesía. Lo puede encontrar en las librerías, como a usted y a mí. Todo es literatura, no sólo la
literatura. También la filosofía, la teología y, si me apura, le argumento sobre las Ciencias Exactas.
- No todo es baba dialéctica...
- ¿Recuerda mi ensayo? Excelente. Lea entonces esto.
“La línea divisoria entre el Bien y el Mal se le figura como las series de líneas pintadas en el medio
de las carreteras de doble dirección. Tiene conciencia de haberlas rebasado más de una vez, a
veces justificadamente y, a veces, no. A veces transgrediendo lo que indican (y, a veces, no).
Recuerda perfectamente aquellas incursiones -o excursiones- al Mal cuando, transgrediendo, el
Bien se le había esfumado y sólo el Mal parecía poder acontecer.
Se le da por escribir. Dice que sus escritos, de una u otra manera, no dejan (muy honrosamente, a
su entender) de ser ‘paridas ambiciosamente universalistas’, pero paridas al fin que la gente lee -o
leerá- más allá de modas. ‘Vale decir -dice- que es menester, de mi baba dialéctica, el calar hondo’.
"Me escapé por un pelo" parece que acostumbra a exclamar al retomar el carril correspondiente y
renacer al Bien (que lentamente va diluyendo el sentimiento de culpabilidad, alojando el de
confort).
Declara que vivir en el Bien se ha propuesto por educación y muchas disquisiciones y -muy
probablemente- cobardía, aunque manifiesta tenerse por muy valiente. Agrega que la
contradicción es natural y necesaria: no le molesta, por el contrario, le hace sentir que está más
emocionantemente vivo. Acepta la razón social, tanto la de países desarrollados como la de los que
no, como en el caso de su país de origen. Se adapta tanto (o tan poco) a la idiosincrasia argentina
como a la española. Dice, con aire lejano, respetar por igual (con ‘cordial curiosidad’ -sic) el
tanguerismo argentino como el tú mismo español.
Por todo lo cual, se recomienda:
1)Otorgarle la nacionalidad española, pero siempre que no renuncie a la de origen, por si acaso.
2)Ponerse al habla con el gobierno argentino, para ver qué hacemos con él, conjuntamente.
Nota importante: El solicitante ha contestado con marcada imprecisión algunas cuestiones, como
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 10
ser, al interrogársele sobre su domicilio y sus deseos en caso de morir: "Si no sé por qué vivo ¿por
qué debería saber dónde vivir?", “¿cuándo moriré?, “¿dónde moriré?”, “¿cómo moriré?”, “¿moriré
solo o acompañado?”, etc.
- Muy instructivo...
- Pero ya estoy de vuelta... quiero decir que me cansé de ser español. No me cansé de los
españoles -no se debe generalizar- sino de intentar ser, yo, uno de ellos. Como antes me había
cansado de ser argentino...
-¿No de todos los argentinos?
-No, aunque sí de suficientes.
-¿Entonces?
-Volví a Rosario y, de inmediato, visité esta chacra con mi hija Soledad. Sentados allí afuera yo le
conté recuerdos de mi permanente ausencia relativa: El sol entre nubes, bajo, rojo -le enumeraba
yo a mi hija- sobre el horizonte pampeano, vacas, alambrados leves, cosechadora, pájaros, caballo,
chata, colonos italianos, algún silo, algún tambo, chacras, pajar, liebres, perdices, cuises, patos,
escopetas, poesías, historias -hasta de indios-, estancias, tatarabuelos, sus mujeres, mis abuelas,
madre, tías, mis hermanas, primas, muchachas, negritas, sexo, auto de papá, pueblos, luces rojas,
motel, plata, ropa, cancheros de la ciudad, chetos, Country Club, educados, limpios, señoritos,
facultad, Económicas, hija de tal y tal, cartas amorosas, más sexo, muertes, colimba, embarazo,
trabajo, hija -ella-, divorcio, más sexo, más divorcio, más muertes, Babia, más trabajo, sufrir, gozar,
separaciones, necesito amor -dame afecto, parecía yo decirle: ¿me sigue, Penélope?
-Sí, claro...
-... quilombos, sueños, probá para allá, Europa, Asia, África, Caribe y Norteamérica, literatura, ¡ah!,
¡literatura!: ‘hija, literatura y mujeres’ -mis amores-, la vida y sus viajes, ya llego: esperá, suena el
teléfono, no atiendas, o sí: puede ser Sole, aunque ya es tarde, mirá el sol, ya se esconde, menos
cuatro horas de diferencia con Argentina... -“Pero si estás en el campo” -me paró risueña Sole- “a
una hora de Rosario, de mi casa y, encima, yo soy Sole, tu hija...” Qué suerte, Sole, qué suerte...le
dije y se rió: “Pero Pá...”, y nos abrazamos entre risas...
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 11
-Es decir: ya había regresado pero no se daba del todo cuenta.
-Porque recién era mi primer regreso... después de que le escribiera al presidente.
-¿A qué presidente?
- Al de entonces.
- Pero al presidente de qué, quiero decir.
-¿Cómo que a qué presidente? Al de la Nación, al presidente de nuestra -es sólo un decir-
República Argentina.
-¿Quiere decir que usted también se escribe con los presidentes?
-¿Qué quiere decir con ‘también’? ¿es que algo ya es demasiado? En fin, una sola vez: aquella vez.
No lo haré nunca más... creo.
-¿Por qué?
- Porque desde hace un tiempo sólo hago política, no partidismo.
- ¡Ah!... no está mal, y, esa vez ¿el presidente le contestó?
- No, y es natural: es un diri-gente.
-¿Un diri gente? ¿así? ¿separado?
-Claro, alguien que, en forma permanente u ocasional, deja de ser gente. Pero aquí tengo copia de
la carta -aquí tenemos todo lo que nos haga falta-: tenga, yo se la iré explicando...
Madrid, el 7 de febrero de 1984.
Excmo. Sr. D. Raúl Alfonsín
Presidente de la República Argentina
Casa de Gobierno
De mi mayor consideración,
Soy Horacio de Zuasnabar y con ésta quiero manifestarle mi deseo y mi
voluntad de ponerme a su entera disposición, dentro del marco de mis convicciones éticas y
morales para la tarea y por el tiempo que Ud. me requiera y mientras yo sienta, por convicción y
por referencias, que soy útil a la libertad, a la democracia, a la justicia y al progreso de nuestra tan
entrañable como sufrida nación.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 12
Nací en Rosario el 7 de junio de 1953 en el seno de una familia
radical. Así, consecuente con mis mayores, de pequeño era radical y de mayor lo sigo siendo, pero
ya coadyuvado por profundos análisis y convencimiento propios. Nunca he estado afiliado al
radicalismo ni a ninguna otra asociación política, dentro o fuera de la República Argentina. Siempre
que he sido preguntado he manifestado abiertamente mi vocación humanística y democrática
como, en particular, mi clara definición política; pero no he hecho proselitismo ni activismo político
alguno. En este sentido, es desgraciado menester tener que precisar que no he sufrido
persecuciones y que no tengo antecedentes penales en Argentina ni en ningún otro país donde he
residido o transitado.
En 1976 me gradué en ciencias económicas por la Universidad Nacional de
Rosario. En 1977 me fui voluntariamente de Argentina, para hacer estudios de posgrado, pero
también para ponerme a distancia del relajamiento sociopolítico, económico y moral del que ya
tenía, a mi entender, suficiente conocimiento y que honestamente no sentía útil ni obligado seguir
sufriendo...
- Disculpe. ¿Qué le va pareciendo?
- Bueno... impresionante.
- Gracias. Pero quiero reverla...
-¿Quiere cambiar su historia?
-No en sus hechos, sino en sus interpretaciones, en sus valoraciones. Quiero rever todo mi
pasado... para eso la necesito a usted.
- ¿Por qué? ¿No lo puede hacer solo?
- No, en absoluto, Penélope, necesito un interlocutor: siempre lo he necesitado. Aunque todos los
datos son ciertos -al menos lo eran en sus momentos- ahora han cambiado muchas convicciones y
sentimientos...
-De todo lo cual desea dejar constancia...
-Con su imprescindible colaboración.
- ¿Por qué con mi imprescindible colaboración? ¿No lo puede hacer con cualquier otro?
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 13
-Mire, Penélope, solo -en el sentido que yo entiendo solo- es impensable: siempre se necesita un
otro para constatar cómo uno es recibido y contestado, y para ser interrogado. Y usted, no otro,
porque no me cabe duda de que es tan inteligente como yo, y de equivalente sensibilidad...
-¿Me ha estado investigando?
-Intimamente, por largo tiempo, pero no se preocupe: siempre trato de que al menos, en las
conclusiones escritas, salga bien parada. Es que ¿sabe? siempre me gustó pensar -escribir- y lo
hice. Sólo la observación primero y luego sumada la escritura han sido constantes en toda mi vida:
ni trabajos, ni familia, ni viviendas lo han sido. Tampoco otros afectos o apegos...
-Entonces, escribir solo su biografía, memorias o engendro imprevisto no le representaría un
problema...
-Pero no es el punto, Penélope. En realidad nadie conoce mucho de mí desde que me fui aquella
primera vez, con veinticinco años y ya tengo más de cuarenta... bueno, no es que nadie conozca
mi personalidad...
-Emerge rápido...
-Gracias, no puedo evitar ser transparente. Sin embargo pocos conocen, y salteado, con lagunas
considerables -en donde otros conocen- mi recorrido físico y sentimental desde aquel entonces.
Así, la confianza no es fácil ni con los míos. Con Soledad no existió por largo tiempo una relación
concreta entre los dos, un amor cultivado con la presencia diaria. Los dos amábamos
principalmente la idea que en la distancia nos forjamos del otro. Yo amaba la idea Sole como ella
amaba su idea papá. Yo me confiaba íntima y continuamente a la imaginación de una hija
presente, como me figuro se confiaba ella a la imaginación de un padre, a su vez, presente...
-Todo, en resumen, separado por muchos años y mucho mar. Bastante triste.
- Sí, aunque los momentos compartidos, cuando ella iba o cuando yo venía, eran muy bellos:
plenos. Pero, cuando estábamos juntos, le hablaba menos que cuando no lo estábamos: así
habíamos crecido ambos, sin tenernos en el día a día. Por eso, cuando estábamos juntos, la besaba
y abrazaba menos que a las fotos suyas que llevaba por el mundo. Me desesperaba de ganas, pero
no sabía cómo hacerlo: es fácil que a Sole le haya pasado igual. Teníamos que empezar de nuevo,
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 14
diecinueve años atrás...
-Lo que ya no era posible.
-Aprecio sus acotaciones, Penélope. En su defecto, para paliar tanta mutua necesidad largamente
por mí reprimida, debía -nunca es tarde si la dicha es buena- asentarme largo tiempo cerca de ella
y esperar que la conversación, el conocimiento y la confianza resurgieran naturalmente. Sentí con
certeza que ese propósito, junto a la literatura entre pocas cosas más, podría darle a mi vida un
sentido menos angustioso que el sustentado hasta aquellos años, tan descomprometido, solo por el
mundo, cuando los compromisos para con Sole -para conmigo mismo- siempre habían estado allí -
aquí- ofreciéndome el camino más sencillo y gentil...
-Se comprende que se aleje de los militares, pero de Sole?
-Respecto de Sole, mi teoría obcecadamente argüida para mantenerme lejos, decía: “De hacerle
algún daño prefiero que sea por omisión antes que por comisión”. Desesperada frase que me
resultó ya de maduro una retórica que llegó a un límite donde no se sostuvo en absoluto. Todo lo
contrario. La literatura, la escritura que siempre amé, y Sole han sido y son mis mayores pasiones...
junto con la dispensada a mis compañeras, según han ido desfilando...
-¿Ha tenido un ejército de mujeres?
-Según se vea. O ellas me han tenido a mí. Y por quienes a su vez desfilé yo...
-Todo tan verdadero como el mejor espejismo...
-Acepto también sus lugares comunes, Penélope, me corresponden como a cualquiera.
-Todos tenemos nuestro lado oscuro y vulgar.
-Le agradezco que pluralice. En efecto, incluso con mi escritura he sido más necio que estúpido o
ignorante porque, en generalizaciones desafortunadas, debo de haber aplicado la misma errática
teoría que con Sole, prefiriendo en ese aspecto también -en el literario- que en el caso de hacer un
mal que lo fuera por omisión, no por comisión: así dejé de escribir gran parte de lo que fui
pensando.
- ¡Vaya hombre que resultó!
-Pero rescato mi excepcionalidad... No creo que esté en condiciones de insultarme, Penélope, pero
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 15
hágalo si le apetece, a usted le acepto todo...
- ¿Todo? ¿Por ejemplo seguir sus disquisiciones en la mesa de un bar, en Rosario?
- ¿Nos vamos a dormir o prefiere empezar?
- ¿Qué está insinuando?
- Si comienza con la entrevista, a dirigir -por decirlo de una manera gráfica- el streap-tease del
trayecto recorrido, o si prefiere dormir. Entiendo que hemos tenido un día arduo...
- ¿Tiene auto?
- No, sólo un caballo que me prestaron en el pueblo. ¿Por qué?
- No, por nada. ¿Me trajo a caballo?
- Sí, le gusta montar ¿no es cierto?
- Sí, a veces...
- ¿Vio? Bueno ¿qué hacemos?
- Yo aún no tengo tanto sueño pero ¿qué quiere que le pregunte si usted ya lo dice todo?
- ¿No lo sabe acaso? ¿No es escritora? Pregunte lo que quiera, yo ya veré qué le respondo.
Siéntase libre, mire: como yo con usted.
- Entienda que no es lo mismo.
- Es lo mismo, concéntrese, yo lo intento y puedo ¿ve?
- Dígame, cuando termine de entrevistarlo ¿dejará que me vaya?
- Me temo que no, Penélope.
- ¡Por Dios!
- No se ponga desagradable. No me haga sentir mal.
- ¡Usted no me haga sentir mal!, ¿piensa matarme?
- Ahora mismo, no.
- ¡No digo ahora!, me refiero a cuando termine de entrevistarlo...
- Para que se diera ese lamentable extremo, antes... la entrevista debería ser mi ruina íntima y
pública. En ese caso me moriría, y usted me tendría que acompañar... Pero eso es algo que no
debe ocurrir, Penélope, me estoy jugando mucho: no sólo el Nobel de Literatura, sino también la
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 16
consideración de quienes más quiero, entre ellos yo mismo, de modo fundamental.
- No se preocupe, haremos un buen trabajo. Y no le voy a cobrar ¿sabe?
- Ya lo sé.
- Ah, ya lo sabía...
- Claro.
- No importa, el dinero no es tan importante en mi vida.
- Ni en la mía, entonces ¿ya me está entrevistando?
- Un poco, de todas maneras, ahora sí me siento cansada.
- Ya nos hemos organizado, seguimos mañana.
-Y usted ¿dónde va a dormir?
-En cualquier rincón, Penélope, ¡si hasta en la cima del monte Sinaí lo he hecho...!
- Entonces, que duerma bien.
- Probando, probando, ayer nos dormimos con el grabador encendido, hola, hola.... A ver. Ahora sí:
¡Buenos días, nuevo día!, ¡qué hermoso es el campo! En fin, ¡vamos a desayunar! y, mientras
tanto... ¿en qué quedamos anoche?
- En que yo le haría preguntas.
- ¡Ah, sí! Penélope ¡Preguntas, preguntas, siempre preguntas! ¡La vida no transcurre sino por
medio de preguntas! ¿Y qué respuesta corresponde a cada una? ¿Usted lo sabe? ¡Cuántas
convicciones he tenido que luego han resultado falsas! Si hasta ayer creo no haberle fabulado,
¿quién nos garantiza que no lo haré en adelante, incluso a mi pesar?
-Bueno -cómo se ha despertado- creo que no es posible contar todo, sólo una visión de algo,
parcial y condicionada por los recuerdos que van modificando las circunstancias, a veces contra
nuestro deseo y, otras veces, siendo nuestra voluntad la que los modifica contra nuestro deseo, por
necesidad, real o creída...
-Usted también cómo se ha despertado. ¿Café?
-Gracias. Bueno, si quiere empiece por lo convencional, sus orígenes: este campo, sus mayores...
- ¿Desde tan lejos?
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 17
- Haciendo honor a mi nombre, mientras dure la entrevista aparentemente durará mi vida.
Detálleme sus apreciaciones y, si lo hace en desorden, si mezcla tiempos y espacios, no se
preocupe: para ordenarlas ya nos haremos de más tiempo, de todo el que sea necesario...
- Qué simpática, Penélope, más aún entre estos eucaliptos, con el maizal de fondo... ¡ah, este
campo!, según me han contado -o creo que lo han hecho- mis abuelos Pesoa ‘posiblemente’
llegaron con plata; emigrantes del País Vasco compraron todo esto: cerca de ocho mil hectáreas de
campo a la sucesión de Justo José de Urquiza, de quien yo, de chico, creía que tenía sólo tierras en
Entre Ríos.
-Quién sabe dónde más...
- Claro, era un diri-gente. Su estancia fue la primera vivienda argentina en tener agua corriente,
¿sabía?, además de ser pretenciosa como un palacete de la antigua Roma...
-La he visitado.
-Me lo figuraba. En estas ocho mil hectáreas que nos rodean mis antepasados construyeron sus
tres cascos de estancias: el de La Merced -quizás Santa Merced, el más antiguo-, el de la Santa
Bibiana -no tan antiguo como el anterior- y el de la estancia San Andrés -ya moderno, de los años
veinte más o menos-. La Merced tiene todavía una fosa que la circunda, aunque ya casi tapada por
los años, excavada para contener a los malones...
-O sea que es del tiempo de los ataques indígenas...
-O del tiempo de su heroica defensa, según de qué lado lo vea. Esa estancia familiar siempre fue -
sigue siendo- la más desconocida para mí. La Merced me es profundamente misteriosa. La
sospecho enorme, llena de lugares que no puedo imaginar, por ejemplo, más allá de su capilla,
semicubierta por hojas, la capilla familiar donde se casaron más de dos de mis antepasados... La
sospecho como si durante años nadie hubiera estado allí, muy húmeda pero también seca a la vez,
como los cementerios de por aquí...
-No se detenga en ese tipo de relaciones. Continúe, por favor...
-Y otras dependencias que sólo he visto por fuera, desde el auto que me llevaba, o desde los
alambrados, trepado a los árboles, o pasando al galope, creo que nunca al paso: algo imponía
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 18
solemne y distante respeto. Nunca supe qué. En definitiva, creo que es, o fue, hermosa: llena de
misterio, entre sus patios y galerías coloniales, con sus sobrias y bellas ventanas de rejas...
-Seguramente testigos de tantas anécdotas...
-Sé que hubieron disparos...
-Otra vez... ¡sopa!
-Sin muertes, creo.
-Mejor así.
-Pero, ahora que pienso, podrían haber sido en la Bibiana: los recuerdos se me entremezclan.
-¿Y por qué pueden haber sido en la Bibiana?
-Porque en ella sí fue donde a un primo mío se le disparó una escopeta, asustó a su hermana, me
parece. La Bibiana era la estancia a la que ellos iban porque era la de ellos, por herencia, con otros
Pesoa, pero no con nosotros, los Zuasnabar Pesoa... Pero también hubieron tiros en la nuestra, en
la San Andrés... En fin, se originaron distintas ramas familiares, que históricamente se enredaron,
especialmente con la odiosa manera testamentaria...
-¿Contra herederos naturales quiere decir?
-Al menos un par de veces. En la generación anterior, fuimos beneficiarios de últimas voluntades a
nuestro favor, en detrimento de descendientes directos. Luego, en mi generación, mis hermanos y
yo fuimos desheredados, a favor de otros no tan directos... Cuestión, creo, que a ninguno de
nosotros nos importó mucho, en particular a mi, en absoluto.
-¿De verdad?
- Fueron soberanas decisiones ajenas. Por otra parte, no es que no nos importara el dinero -mejor
dicho no es que no lo necesitáramos-, pero nunca supimos realmente ocuparnos de él...
-¿Tampoco ahora?
-Quien no empieza a hacer fortuna -aunque la pierda más de una vez- desde los veinte, difícil la
haga a los cuarenta. Me refiero a la fortuna que se guarda en cajas de seguridad. No a la de
ganarse el premio Nobel, por ejemplo... Esa es la única fortuna que vengo amasando desde
siempre, y me temo que, si persisto tanto, algún día la obtendré.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 19
-Pero el Nobel se goza, si se lo goza, sólo unos escasos segundos: los de su noticia. En cambio, las
cajas de seguridad...
-Qué materialista. No, al Nobel se lo goza mientras se lo prepara, como en mi caso, que me siento
bien predispuesto a recibirlo no mucho antes de mi último suspiro. El después es lo temible. Como
dijo Borges, tengo tantos proyectos que tengo la esperanza de morirme sin haberlos acabado...
-Pero, a diferencia de Borges, usted, al Nobel, se lo quiere ganar en vida.
-Es la única manera.
-¿Tiene otros proyectos además de ser premio Nobel?
-Después ya veré...Tal vez morirme querido.
-No es poco. Conmigo no se haga muchas ilusiones. Siga.
-¿Con qué?
-Con sus estancias.
-La Merced, que desde acá no se ve, es la estancia más lejana y ajena.
-Ya...
-En cambio, de la Santa Bibiana -aquella arboleda de allá enfrente- nunca olvidaré esenciales
momentos míos. Por ejemplo, jugábamos con arcos y flechas: yendo uno de mis primos -nuestro
querido Guille- a desclavar una flecha del blanco, mi hermano Juan, bromista nato, disparó una
flecha con la intención de clavársela delante suyo, en el grueso eucalipto donde habíamos dibujado
el blanco, pero se la clavó en la cabeza...
-¡Qué horror! No se mataron a tiros... ¡sino a flechazos!
- La flecha no pasó de la piel -el cráneo la paró-, pero le quedó un momento colgando. Guille se dio
vuelta y miró a Juan como diciéndole: "¿Vos me hacés esto?". Como en todas las cosas, el susto es
lo peor. Realmente nada tuvo fatal desenlace en este campo: no registro ninguna víctima humana.
-Eso es alentador...
-Pero las que se refieren a animales fue extensa, Penélope...
-Pero yo no soy un animal...
-¿Y quién habla de usted? Me refiero a las víctimas producidas por el mismo ecosistema. Mire,
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 20
recuerdo -como si lo estuviera viendo ahora- a uno de los gatos acechando en ese árbol
largamente a un pajarito -seguí toda la secuencia- acercándosele lenta, milimétricamente. De un
certero zarpazo lo bajó de una de esas ramas y lo fue matando despacio, jugando.
- ¿Y usted no intervino?
-Contemplé toda la operación entre embelesado y aterrado. Quedé muy impresionado, como la vez
que le pegué un tiro a una paloma -con el rifle calibre 22- y cayó viva, herida en el cuello, dando
desesperados y violentos aletazos y levantando la cabeza hacia mí, como queriéndome expresar
algo, hasta que cargué de nuevo y le di un tiro de gracia.
-¿Qué necesidad tenía?
- Por piedad, o por evitar ser contradictorio: no creo que, luego de balearla, me hubiera atrevido a
recurrir al veterinario del pueblo.
-De matarla, me refiero...
-Ahora no lo haría. Ni siquiera pesco. Detesto matar hasta una hormiga. A las cucarachas las
mataría todas juntas, pero en lo posible no lo hago, por el asco que me produce aplastarlas.
Supongo que lo hice porque era un niño, necesitado como todos de esas experiencias. ¿Usted no
ha tenido ese tipo de necesidades?
-¿De andar a los tiros?
-O algo equivalente: “No es de hombres no pecar”, dijo Borges, ¿habrá incluido a la mujer?
-No recuerdo haber estado nunca a los tiros... De cualquier manera, para sobrellevar la vida
nuestra memoria no nos presenta todo, de continuo...Todos nos equivocamos...Y pecamos.
Seguramente he hecho cosas equivalentes a pegarle un tiro a un pajarito, ¿más contento?
-Yo no necesariamente, pero usted tal vez: “Necio es aquel que no se permite sus propias
verdades”
-¿Siempre recurre a Borges?
-Esa definición es mía: jamás busqué el significado de necio en el diccionario... Y ahora me
pregunto si no habrá sido necio de mi parte.... Otra vez me quise ahorrar una bala con un cuis: al
igual que con la paloma, había cargado y amartillado de nuevo el rifle, pero decidí ahorrarme el
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 21
cartucho rematando al bichito a base de culatazos: cuando le di el primer golpe casi me mato,
porque la bala se escapó, por el mismo golpe, y me pasó al lado de la oreja. Esa fue una de las
veces, de las primeras veces, que vi cerca la muerte, fue allá, detrás de aquella arboleda, que es la
San Andrés... Otra vez que vi mi muerte de cerca fue en Rosario, andando a lo loco con la
camioneta Jeep Gladiator de mi padre. Yo iba de pie en la caja trasera -descubierta-, apoyado en el
techo de la cabina, mirando al frente...
-Rompiendo el viento.
-Buena imagen, Penélope. Cuando de pronto, quien conducía -no recuerdo cuál de nosotros- giró
en una esquina a toda velocidad y empecé a resbalarme del suelo y del techo de la cabina: por
más presión que con piernas, brazos y manos hiciera, no tenía de dónde aferrarme y ya estaba
viendo con desesperación el asfalto, imaginando nítidamente mi caída contra él, hasta que el
conductor enderezó y yo, por la inercia, volví a ponerme vertical... Hubo algún otro trance a punto
de morir que podría recordar y, seguramente, no sé cuántos más que ni cuenta me di.
-La muerte cuando más lejos mejor, ¿no le parece?
-Ahora sí. Pero antes, en la infancia y en la adolescencia, creo que todos nos creemos inmortales.
Al menos así me creía yo, aunque otros cayeran muertos muy cerca mío. No tenía aún plena
conciencia de que real e irremediablemente todos nos morimos; así, la muerte era más que un
destino, un desafío, tan lejano, tan remoto, que arriesgamos con imprudencia desmedida...
-¿Es que hay una imprudencia mesurada?
-Es probable. Tal vez la que otorga el expertismo, la experiencia de los años. En aquellos tiempos,
nosotros, aquellos hermanos y primos todos Pesoas, éramos un malón, moderno, pero malón al fin.
Una vez, metimos una gallina viva dentro de nafta o gasoil, luego la soltamos prendiéndole fuego.
La pobre bestia -una bola de fuego animada- corrió entre nuestros padres que estaban, a la vuelta
de la casa, comiendo un asado.. nos azotaron con cinturones.
-Barbaridad tras barbaridad...
-¿Usted qué hubiera hecho?
- Tal vez levantar la voz, pero no la mano.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 22
- En aquel entonces la pedagogía era diferente: no levantes la voz, mejora el argumento se
entendía: la letra con sangre entra, dale una paliza. El día que incendiamos el pajar de los
Chiappini -los colonos que habitaban aquella chacra que ve detrás de la San Andrés- nos pegaron
hasta con las cartucheras de las escopetas.... Lo que ya no recuerdo es si los cintos estaban
cargados con el peso de los cartuchos....
-En fin, ya pasó: olvídelo.
-No, ¿por qué? Otras veces nos pegaban en broma: papá nos hacía poner en hilera y pasaba la
mano como cacheteándonos, pero despacio, a todos.
- Violencia al fin...
- Y qué quiere que le haga. Me vino dado. Una pariente era...
- ¿Cuál? ¿Quién?
- ¿Qué importancia tiene? Estamos escribiendo mis memorias, no las de ella. Era especialista en
corrernos con chancletas y un pesado llavero: los arrojaba certeramente contra nuestras cabezas, a
la nuca. Todos corríamos con desesperación, viendo cómo al lado caía un hermano, o un primo...
- Con razón no quiere dar su nombre...
- En cambio, mi madre no podía con esas técnicas, nunca nos pegó: empezaba a corrernos con
una zapatilla pero al momento escuchábamos a nuestras espaldas que empezaba a reír, le daba
risa la situación. A veces, nos daba unas palmaditas diciendo al mismo tiempo chas chas, para que
entendiéramos que nos estaba retando. Tengo una buena madre...y tuve un gran abuelo, Melchor
Horacio de Zuasnabar, en casa, Tato.
- ¿Y sus otros abuelos, los maternos?
- A don Antonio Ramón Boussy, mi abuelo materno, no lo alcancé a conocer, y de mi abuela, doña
Julia Saccone de Boussy, tengo recuerdos muy postreros: la retengo casi exclusivamente en su
lecho de muerte, en el departamento de calle Rioja... Tan bonito y bien decorado por ella misma, y
luego por mi madrina Clarita...
- ¿Clarita?
- Sí, Clara Rosa Boussy Saccone, hermana de mamá... hay nombres que dan gusto pronunciar. Me
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 23
enorgullece mi madrina, muchísimo, y su marido, don José Antonio Mendoza Casacuberta, mi
padrino, que a su vez es ahijado de don Clemente Alvarez. No hace más falta que imagine los
padrinos que siempre deseó, mis padrinos son muy comprensivos, aún en mis momentos más
desafortunados. Clari y Jose siempre se acuerdan de mí. Siempre me han escrito... hasta a los
lugares más insólitos. Sabiéndome en apuros, hasta me han facilitado dinero. Pero eso es poco
comparado con el cariño que me prodigan...
- ¿Usted calla muchas opiniones?
- Las necesarias como para escribir mis memorias.
- ¿Tergiversa?
- Además de lo imprescindible para quedar bien con Dios y con el Diablo, lo que no puedo evitar
cuando -seguramente- me traiciona la memoria.
- Y sobre su, digamos, método de trabajo: yo en primer lugar, ¿también lo va a dar a conocer?
- Aún no lo sé. ¿Usted qué me aconseja?
- Para eso me tiene aquí encerrada ¿no?: si algo no le gusta me destruye como a las cintas del
grabador...
- No nos pongamos paranoicos: tengamos la fiesta en paz.
- ¿Qué fiesta? Yo no quiero escuchar más. Insisto, me quiero ir.
- No vuelva a empezar, Penélope: oficie de la conciencia que a nadie se le debe negar, yo a usted
la necesito ¿no le pica la curiosidad?....
- Insisto en que esto es una monstruosidad... creo que me estoy por desesperar.
- En ese caso me desesperaría yo también. El destino nos embarcó juntos, Penélope, y cualquier
travesía tiene tanto de monstruoso como de hermoso: lo uno no es posible sin el parámetro del
otro. Y viceversa. Así es la vida...
-Yo ya he sufrido mucho.
-Pero también ha sabido ser feliz, ¿o no?
- Muy feliz.
- Como yo. Necesito tiempo. Ayúdeme.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 24
- Necesitaría armarme de mucha paciencia.. .
¿En qué trabaja su querido y, seguramente, paciente padrino?
- José Antonio es ingeniero y se desempeñó como Jefe de Planta. Ya se jubiló... Se levantó a las
cinco de la mañana, de lunes a viernes, durante cuarenta y pico de años. Eso es paciencia.Yo
nunca pude con esos horarios. Cuando trabajé como inspector de Impuestos...
- ¿Usted trabajó de inspector de impuestos?
- Sí, en la Municipalidad de Rosario. Tenía que levantarme a las seis, porque entraba a las siete.
Llegaba dormido y con mal humor, deprim ido. Miguel, un contador que conocí allí, me acompañó
más de una vez en las inspecciones, míreme a mí inspeccionando a los pobres contribuyentes...
- Lo veo.
- No se precipite. Miguel hacía todo lo que podía por levantarme la moral, hasta que un día me
mandaron a recorrer unas calles que yo no conocía ni siquiera de nombre. Era un barrio
paupérrimo, con casas de techos de chapas y paredes de ladrillos puestos de canto para ahorrar
material. Mi trabajo consistía en comprobar que los negocios tenían pagada s u correspondiente
‘tasa de registro e inspección’. Entré a lo que se suponía era un almacén de comestibles y encontré
dos o tres latas arriba de una repisa, y poco más. No se notaba siquiera que fuera un negocio. El
dueño me miró y, con su mirada, me dijo todo. Su estupor se hizo mío: ¿cómo ese hombre iba a
pagar un impuesto si posiblemente no podía pagar la propia comida diaria? Me fui desolado,
aturdido, con ideas reivindicativas. A los pocos días renuncié.
- Hizo bien.
- Gracias. Con Miguel nos hemos seguido viendo, muchas veces en el bar El Cairo, después que se
corriera media ciudad.
- ¿Inspeccionando?
- No. El, a su estrés lo trata a base de jogging. Corriendo por Rosario es tan emblemático como lo
era don Alberto saliendo del Diario La Capital, para ir a tomar sus whiskies a Paco Tío, vestido con
traje, zapatos y sombrero blancos. Era muy notable: parecía Richard Burton. Su hijo, digamos,
Albertito, fue compañero mío en la secundaria.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 25
-¿Y también tenía una estética, a su entender, notable para vestirse?
- Con 15 años Albertito tenía una impecable colección de sweaters, sacos, pantalones, corbatas a
perfecto tono -igual que las medias- y zapatos en todos los colores y texturas...
-Los tenía a todos ¿no?
-Totalmente. Yo en cambio me debía conformar con mucho menos, si bien recuerdo que llegué a
tener once pares... De cualquier manera, Albertito un día también se piró del país y se hizo hippie
en una isla paradisíaca y desenfrenada...
- Me habla en clave y, encima, resultó un frívolo...
-Un poco de ambas cosas, pero no sólo esas. Dejo caer una que otra clave -como usted dice- para
que luego se entretengan tanto mis devotos como mis detractores, manteniendo entre todos mi
vigencia. Y una dosis de frivolidad, claro está, ¿por qué no?, entre muchísimas ot ras cualidades y
defectos que me hacen íntegro.
- ¿Integro?
- Un hombre entero, quiero decir. No sé si equilibrado, Penélope, pero sí completo. Sin demasiadas
carencias ni excesos. ¿Usted le encuentra algo malo a la apreciación estética si, por supuesto, n o
se deja de lado la apreciación ética?
- No.
- Entonces escuche, sin prejuzgar.
- No se enoje.
- Si no me enojo, según entiendo dialogo, la escucho y le contesto... Quizá, haber vivido tantos
años en Madrid me hacen ser más seco y directo -así son los castellanos- pero enfadado, ¿por qué
habría de estarlo?
- Bueno, siga.
-Aquellos eran otros tiempos. Albertito me prestó unas botas de gamuza para ir una noche a bailar
con Alba -ya le contaré de ella- a la discoteca Grisú, en Bariloche, cuando fuimos en viaj e de
estudios...Ella era también rosarina, del Colegio de la Misericordia...
- Las que se disputaban, con las de Adoratrices, a los bachilleres de cualquier colegio siempre que
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 26
fueran ‘chicos del Jockey Club’, como usted...
- Fascinante su frívola colaboración, Penélope, siga...
- Especialmente si eran alumnos del Colegio Inglés, Maristas, Sagrado Corazón...
- ¡Y del Superior!, como yo. A propósito, en un partido en el country, los de 5ª división de rugby de
Sagrado me consideraron el mejor jugador de Jock ey, porque les metí dos tries...
- Y llegó a Los Pumas...
- Todo lo contrario. No puedo decir que medité las jugadas, sino que ellas se me pusieron delante.
Y no lo digo como muchos que son buenos jugadores y a la vez humildes. En una, yo ciertamente
no vi más que un providencial pase que me hicieron cerca del ingoal, con los contrarios lejos muy
probablemente porque yo no sabía posicionarme en la cancha. Y, en la otra, peleé entre el
montón para apoyar la pelota en el césped, que era todo lo que faltaba h acer, porque ya nos
encontrábamos debajo de los palos. En ese partido me rompí dos de mis dientes ¿ve? estos dos
delanteros inferiores: no fue un contrincante, sino un compañero, el Gordo, al saltar conmigo en un
line. Me quedaron los nervios al aire y cad a vez que me los tocaba con la lengua era sumamente
doloroso, por no decirle espantoso, pero seguí jugando hasta el silbato final.
- Todo un deportista...
- Tonterías: el único deporte en que he sido constante, Penélope, ha sido en el sexual.
- Usted no es de esas personas que pueden decirse modestas ¿no?
- Yo creo que sí, aunque a veces me salga el indio, hidalgo indio en mi caso, pero indio al fin. A la
gente realmente bien -como uno-, le da pánico la vergonzosa ostentación que hacen los nouveaux
riches... En general, la gente de sociedad sana y bien educada siente culpa por haber heredado
dinero y/o apellido y, por lo tanto, le horroriza aparentar, por lo que resultan, en definitiva,
sencillos de verdad.
-Habría que ver si son sencillos de verdad. Hay cada reaccionario, conservador y golpista...
- Por supuesto, pero eso es otra cosa. También hay cada reaccionario, conservador y golpista en
los barrios y en las villas... ¿usted no ha constatado esa paradoja?
- Sí, pero son ignorantes...
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 27
- También hay ignorantes en la clase alta.
- No me cabe duda.
- Condición humana, Penélope, condición que no respeta circunstancias.
- Entonces, quiere decirme que usted es modesto de verdad...
- Francamente, no. Al menos no del todo, como cualquiera.
-No creo que a los de alta alcurnia en algún momento no se les escape la arrogancia, la bárbara
despección, por más educadas palabras que la maquillen...
-Eso es obvio. Como que sean petulantes y despectivos hasta los más pobres, ¿nunca ha
escuchado a un negrito -para decirlo rápido- decir que tal o cual era un negrito, intentando, de esa
manera, ponerlo por debajo de él?
- Sí, y es muy triste.
- Muy estúpido y muy peligroso, diría yo. Por eso no hay que ocultarlo, para estar conscientes y
evitarlo mientras podamos. Por eso le digo que no puedo evitar no ser siempre modesto: de vez en
cuando soy tan estúpido como cualquiera. Como cuando me considero un intelectual y un tipo que
se las ha vivido todas. En efecto cultivo mi intelecto, pero ¿quién no cree al menos que a su
manera también lo hace? ¿un analfabeto? ¿con qué derecho podría yo decir eso? ¿Y quién también
a su manera no se las ha vivido todas? ¿un ermitaño acaso, que recorre toda su vida en una
cueva? Yo he viajado mucho, Penélope, ¿pero eso me garantiza haber vivido más , haber sentido
más que él?
- Obviamente.
- ¿Le gustó? ¿Hablé bien?
- Se lució. Se cubre, en apariencia, bien las espaldas.
- ¡Al fin nos ponemos de acuerdo!
- No dije eso.
- No me quite ahora la ilusión... que se me puede venir todo abajo...
- ¿Lo dice en serio?
- De verdad: soy humano, Penélope... demasiado humano.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 28
- Al decir del filósofo...
- ¿A usted también la enternece Nietzsche?... fue extremadamente humano: tan fuerte y débil.
- Así somos todos.
- No todos, Penélope, no todos: hay cada atorrante... eso sí que trato de evitar: me repugna la
hipocresía cuando es innecesaria, la falsa modestia cuando se puede evitar...
- Con usted ya no sé qué pensar...
- Lo mismo me pasa a mí.
- ¿Conmigo?
- Con los dos. A cada momento, un sentimiento.
- ¿Ahora cuál?
- Apetito, eso, tengo apetito: un sentimiento muy atendible.
- Cuando me picó una abeja, haciendo la vendimia en Francia, seguí trabajando, sin parar...
- Cuando hubiera deseado tirarse al suelo y llorar de dolor...
- Pero había extranjeras mirando, Penélope. Fue un dolor físico -no mental: siempre insuperablede
los más fuertes que recuerdo. Como cuando me fisuré el tobillo derecho jugando al fútbol en el
patio de mi querida escuela primaria, la Mariano Moreno N° 60. Ya tocaba el timbre de salida, así
que me fui directamente a tomar el troley, con el auxilio de algún compañero, posiblemente
Ricardo, que hacía el mismo camino. El dolor era atroz. Teníamos nueve o diez años. Yo me
quedaba en calle Sarmiento y él seguía hasta Laprida. Me ayudó a apoyar el pi e en el estribo.
Llegué a casa retorciéndome de dolor, fui hasta el baño, me saqué la media y me encontré con un
tobillo inconmensurablemente hinchado. Recién pedí auxilio. A la hora estaba enyesado. Hace poco
ese mismo compañero me consiguió una changa -yo no soy muy diestro en esas cosas, ¿sabe?
-¿En cuáles? ¿en buscar trabajo o en trabajar?
-En ambas, y no necesariamente por incapacidad, sino por un marcado desinterés.
-Sólo le importa la literatura, las mujeres y el bienestar de su hija...
-Veo que se va compenetrando, va muy bien. Otro día, yo iba contándole con entusiasmo, no
recuerdo qué, también a Ricardo, cuando comenzamos a cruzar una calle y, si no hubiera sido por
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 29
él, que, con un breve pero convincente ¡guarda! me hizo echarme para atrás, un auto me
atropellaba.... Pienso que en mi vida muchos deben de habérmela salvado, pero Ricardo fue el que
recuerdo con más frecuencia...
-Sin él, los siguientes no hubieran podido...
-Buena reflexión. No puedo saber si el día de mañana con algo me defrauda pero , hasta hoy que
escribimos estas Memorias, aquí Ricardo se inmortaliza.
-Qué grandilocuente...
-No, agradecido... y con el tono apropiado a él.
-Y si lo defraudara... ¿retiraría las ediciones en circulación, haría una nueva, corregida?
-Puede ser, pero sin olvidar a Horacio poeta: “Palabra que salió ya no sabe regresar”.
-Como buen descendiente de vascos usted es muy rotundo.
-Y de franceses, italianos y criollos -por lo menos-... Pero la frase no es mía.
-¿De quién es?
- De Horacio, Penélope.
-¿De qué Horacio?
-Del otro, mujer, de mi tocayo latino ¡Por favor! ¿dónde está usted?
- El mismo recorrido que Ricardo y yo hacía Isidoro, pero sólo hasta calle Entre Ríos...
-¿Otro compañero de primaria?
- Sí, durante muchos años fue mi mejor amigo.
- Entonces dirá su apellido...
- En absoluto, ni su nombre real: perdió el derecho. O quizá se ganó la oportunidad de que yo ni lo
mencione...
- ¿Por qué?
- Porque fue él quien tomó distancia, invocando razones injustas o, al menos, incomprensibles.
También se lo hizo a otros amigos comunes, que tampoco se explican los motivos, sufrimos mucho
por su actitud.
- Quizás ustedes no sean los culpables, quizás son sus propias limitaciones...
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 30
- Eso es más que probable. Pero por lo que sea: él ahora es Isidoro a falsas y secas.
- Es un nombre ridículo, me recuerda a Isidoro Cañones, el de Patoruzú. Lo odia...
- No, al contrario, estoy esperando el buen día en que lo deje de querer, de extrañar -igual esperan
otros amigos-. Por el momento, y con ese alias -que tampoco le es tan ajeno, no se vaya a creer - lo
uso para personificar en él las putadas que él y otros me hicieron. El es el personaje en el que
reúno a todos los que no menciono, porque no lo merecen, o para evitarme líos.
- Entonces Isidoro no es sólo él...
- Claro que no, es lo menos que es; es el equivalente que mi pariente, esa de la que no doy
nombre.
- Dice el -a su entender- pecado pero no delata al pecador...
- Es una aproximación. Reúno los ‘pecados’ de todos y cualquiera -sin discriminación- en dos
personajes que así resultan de perfecta ficción: un hombre o una mujer, según necesite.
- Y entonces... ¿qué es real y qué no lo es?
- Eso ya lo discutieron los clásicos, Penélope ¿no prefiere retornar a mis recuerdos?... nos va a caer
mal la comida...
- Entonces, en estas memorias, todos son usted: Madame Bovary c’est moi.
- No en mi memoria, sí en mis escritos. Aquí no hablo por los otros. No soy los otros. Soy yo, mis
experiencias, sentimientos y sensaciones. No juzgo más que a mí mismo y, si cuento bondades o
atrocidades -como le tengo preparado para más adelante - sólo lo hago para mostrar mis reacciones
ante lo simplemente dado. Y recibido. Me creo dueño de la verdad que en el momento creo, y que
muchas veces no lo era antes, por lo que puede no serlo en el futuro, porqu e la verdad no es para
mí la inaprensible y estricta sucesión de hechos, sino su interpretación desde y a través de una
probable memoria equívoca, según el estado de ánimo y de salud en que uno se encuentra al
momento de rememorar esas verdades... No sé si he sido claro.
-A las terrazas de mi casa las trepábamos como gatos, por ellas y las de los vecinos llegábamos
hasta la casa abandonada de los Bordoy , a la que entrábamos por las puertas y ventanas abiertas
de su patio interior. Adentro estaba como si estuviera siendo habitada en esos momentos, pero
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 31
todo cubierto de polvo. En aquel entonces no sé si lo pensé, pero ahora creo que su último
habitante murió, se lo llevaron, y la casa, hasta ese momento en funcionamiento, quedó tal como
los barcos fantasmas.
- ¿Estaba la mesa puesta para comer?
- Es posible, y la comida, seca, en las ollas, todo, como le digo, cubierto de polvo.
- ¿Y no se asustaba?
- Si lo hubiera razonado como ahora... pero yo quería curiosear y entonces necesitaba no tener
presente muy feas ideas: la necesidad tiene cara de hereje, usted sabe. Tomar conocimiento, en
aquella época, era una imperiosa necesidad. De todas maneras, aunque no fuera en lo de los
Bordoy, las feas imágenes del asunto mortal desde chiquito las fui teniendo. Por ejempl o, mirando
con mi madre y Lorenza -una de las muchachas de casa - cómo agonizaba tía Mecha...
- ¿Tía Mecha?
- Sí, otra tía, tía abuela, en este caso... cómo explicarle...
- No importa, siga con lo que me iba a decir.
- Mejor -le conseguiré el árbol genealó gico-. Yo creí en ese momento que los tres estábamos
viendo dormir, o algo así, a tía Mecha...
- No morir...
- No. De pronto, tía Mecha se quedó muy quieta, sin respirar. Le pregunté a mi madre si se había
muerto y me dijo que sí: «Sí, mi amor, acompañam e hasta la farmacia, que tengo que comprar
unas cosas» ¿Qué habrán sido?
- Cosas para amortajarla...
- ¿Se necesitan? ¿Qué se debe hacer con un muerto, Penélope? ¿Desvestirlo? ¿Bañarlo? ¿Ponerle
su mejor traje o una sábana? ¿Qué es una mortaja? Qué horror... Creo que hay que sujetarle la
mandíbula, para que no se le quede la boca abierta, ¿no? También, me imagino, como en las
películas, cerrarle los párpados...
- Por supuesto...
- ¿Y usted cómo lo sabe? ¿Lo ha hecho?
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 32
- No, por favor, jamás. No hago más qu e suponer, como hace usted.
- En cualquier momento nos toca hacerlo, ¿no le parece?
- ¿Por qué nos debería tocar?
- Porque no siempre nos morimos antes que los otros ¿entiende?
- Comprendo. En ese caso se llama a un entendido...
- ¿A quién? ¿A alguien más viejo que uno? ¿Y si ya no quedan más?
- Entonces... a una casa de servicios fúnebres.
- Lo pensé. Ellos se ocupan de todo ¿no es cierto?
- Hasta del café.
- Eso, si tiene para pagarlo...
- Si no, llama a la Municipalidad, o recurre al cementerio más próx imo.
- ¿Y si uno está destrozado de dolor y no acierta a tomar decisiones?
- Otros lo harán en su lugar.
- ¿Y si estoy solo con quien se acaba de morir?
- Tan solo nunca estará...
- ¿Ah, no? ¡Mírenos a nosotros dos!
- Alguien ya llegará...
- ¿Por qué lo dice?
- En el pueblo nos echarán de menos... Y si no nos extrañan a nosotros, por lo menos al caballo,
¿no?
- Mire que no es de raza.. Yo no estoy suponiendo nuestras muertes, si no la de alguien,
cualquiera, la de nadie y la de todos, Penélope. Es mi campo ideal, hace tiempo que dejé abiertas
las tranqueras: ya no reprimo ningún pensamiento.
- ¿Antes lo hacía?
- Sí, y algunos de esos pensamientos, de tan negados, se me volvieron obsesiones. Ahora dejo que
lleguen, entren, opinen mi razón y mi sentimiento, y luego dejo que se vayan, así como vinieron.
- ¿Y no vuelven?
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 33
- Depende, algunos no, quiero creer, no me cabrían todos. Otros sí, pero al ir y venir entre otros
pensamientos, no permanecen fijos, no obsesionan. Y en eso ayuda no reprimir los nuevos
pensamientos libres que vienen a distraer...
- Evitándole las ideas fijas.
- No diga pavadas...
- Trato de entenderlo...
- Ni lo intente, yo no puedo. ¿Usted puede?
- Depende de qué se entienda por entender...
- Me temo que caigamos en las profundidades de la baba dialéctica...
- Es su ensayo...
- Fue mi ensayo, estas son mis Memorias.
“Estoy muy solo”, dijo Horacio ya casi al nacer, y lo repitió durante todo su tiempo. Quizás por ello
forjó una idea compensadora de su tristeza: la de querer llegar a ser, de la lit eratura, Premio
Nobel, alguna vez.
- ¿Qué estás pensando, Horacito?
(- Que estoy muy solo. Estoy muy solo. ¡Qué solo estoy!)
- ¿No me escuchás? ¿Qué estás pensando, mi amor, decime?
- Nada, mami, no estoy pensando nada.
- ¿Y por qué en vez de seguirme a todos lados, ¡aunque a mí me encanta!, no te vas a jugar con
tus hermanos, tus primos y los demás chicos. ¡Si estás rodeado de compinches!...
- Bueno...
- ¿A qué jugamos?
- Juguemos al doctor, veamos si las chicas quieren. ¿Quieren jugar al doctor?
- Bueno... pero yo no me desvisto...
- ¿Y vos?
- Yo sí.
- ¿Y vos?
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 34
- Yo no.
- ¿Y vos?
- Yo no.
- ¡Vamos, che, desvístanse, si no, no tiene gracia!
- ¡Yo no me desvisto!
- ¡Yo tampoco!
- ¿Y vos?
- Yo sí. Ya dije que sí. Qué importa ¿no? Somos todos hermanos y primos, ¿no es cierto?
- Sí, pero ya estamos un poco creciditas...
- ¡Vos no te metás!
- ¡Me meto todo lo que quiera! ¡si no te gusta no juego ni vestida!
- Paren, che, paren, no discutan, ¿dónde jugamos?
- En el cuarto de planchar, que no nos ve nadie.
- Al cuarto de planchar pueden ir las muchachas...
- Hoy es jueves, tarada, se han ido.
- No me digás tarada...
- Te lo digo en broma...
- No discutan, vengan, vamos.
- Estoy muy solo, Bonnie, vos sos mi única compañera, y Tato, por supuesto, qué haríamos sin
Tato. ¿Querés un poquito más de carne? ¿más fideos? Mmm, qué ascos de cosas que te damos
para comer, pero vos no te das mucha cuenta, ¿no, Bonnie? ¿Querés que en vez de este corazón
de mierda te dé de mi costeleta? ¿Te gustan mis mimitos? Je, je. Vos sos tan buena, Bonnie. Sos
mucho, mucho más linda que cualquier otra boxer en el mundo...
- ¡Dejá de pasarle el pie por ahí a la perra, Horacio! ¿No te das cuenta que la excitás inútilmente?
- No, papi, si no le estaba haciendo nada...
- Cómo que no le estabas haciendo nada, ¿me vas a decir que no le estabas haciendo nada?
¿Acaso no le estabas refregando el pie en la cola? ¿Me vas a decir que no se lo estabas haciendo?
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 35
- No, si no le estaba haciendo nada, papi, sólo la estaba acariciando...
- Sí, con un pie y ent re las patas. ¡Yo te voy a dar que no le estabas haciendo nada! Sos terrible. Si
seguís así lo que te vas a ganar es un flor de cachetazo... Andate de acá, querés.
- Pero no, papi, si no le estaba haciendo nada, sólo la acariciaba y le quería dar carne...
- Sí, de tu costeleta; ella tiene su comida, vos no tenés por qué darle de la tuya. Andá, dejá de
jorobar, si no, te ganás un bife vos.
- De verdad, papi, yo no le hacía nada... de verdad, yo no le hacía nada... ¡de verdad...!
- ¡Tomá!, chiquilín de porque ría, ¡ya vas a aprender!
- Qué solo que estoy, estoy muy solo. ¿Cómo puede ser que entre tanta gente esté tan solo. Estoy
muy solo...
- ¿Ya estás dormido, Horacito?
- Casi, Tato, casi.
- Dame la mano...
- Acá... Tato, acá.
- Así está mejor. Cuando te portás bien sos mi rayito de luz y, cuando te me portás mal... sos mi
bichito de luz. Que Dios te bendiga y que sueñes con angelitos. Sos mi compañero. Por hoy, que se
te hizo tarde y me acompañaste solamente dos cuadras hasta el Banco Municipal, sos medio
compañero, pero por hoy solamente, porque siempre sos mi compañerito. Que duermas bien, mi
Horacito, y que Dios te bendiga y que seas un santo siempre...
- Hasta mañana, Tato.
- Hasta mañana.
- Mami, ¡el Leal me está gruñendo!... me mira fijo y me gruñe, creo que me va a morder...
- ¡Leal! ¡salí de ahí, dejá tranquilo a Horacio!, vení Leal, vamos a comer, vení, Leal... pichicho,
pichicho, pichicho, pich...
- ¡Horacio! ¿me querés decir por qué te suspendieron en la Escuela? Yo no estoy dispuesto a
estarte firmando todos tus caprichos...
- ¡Yo no tuve la culpa, papi!, se me hizo tarde...
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 36
- ¿Por qué se te hizo tarde?
- Porque me agarró hambre...
- No se dice “me agarró” ¿es que no te enseñamos a hablar? Pero María Julia ¿es que este chico no
puede ser menos tremendo...?
- Bueno, Juan Manuel, no es para tanto. Vení, Leal, no te metás.
- Sacame a este perro de al lado, mami, me va a morder...
- Por qué llegaste tarde, te pregunté.
- Porque me quedé charlando a la entrada...
- ¿No me acabás de decir que se te hizo tard e porque tenías hambre? ¡Pero si sos un mentiroso!
¡Tomá!
-¡No, Leal, soltalo! ¡vení acá! ¡no lo muerdas más, soltalo te digo!
- ¡A la mesa! ¡a comer, chicos!, que la comida está servida... vayan a lavarse las manos antes, ¿me
escucharon?, ¡a comer que la comida está servida! Lávense las manos....
- Se lavaron las manos?
- No... me olvidé...
- Pero Horacito ¿no dije que se lavaran las manos?
- Sí, mami...
- ¿Querés apurarte?
-Sí, papi
-Andá de una vez, se buenito ¿querés? María Julia ¿leíste que se murió e l escribano tal?
- Sí, lo leí esta mañana.
-¿Te parece que mandemos una corona?
- No sé ¿vos qué decís?
- Sí, es lo que corresponde.
-¿Entonces también ponemos un aviso fúnebre?
- Y sí che, son medio parientes de tus primos tal.
- Qué fortuna tenían, ¿no?
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 37
- Pero no tanto apellido como ella.
- De cualquier manera su abuela materna era una tal.
- Pero su marido perdió todo a la ruleta: era un timbero, un perdido.
- Pobre... Dijeron también que era alcohólico...
- Si se pasaba la vida en el Social, jugando a las cartas...
- Papi ¿El Social es más o menos que el Jockey?
- Está repartido. El Jockey es más como nosotros, familiar, de las familias bien de Rosario, el Social
es de los timberos, pero también de apellido.
- ¿Y Gimnasia y Esgrima?
- Es de negritos.
- ¡No se dice así! ¡que no te escuche nunca más decir así! ¿te quedo claro?
-Sí, papi, fue un chiste...
-Con la gente no se juega
-Son personas también.
- Claro. Con las mismas obligaciones y con los mismos derechos que uno.
- Pero distintos.
- Pero nunca negros.
- ¿Y cómo se dice?
- Gente sencilla, por ejemplo, o humilde.
- Y el escribano tal, ¿era más o menos que nosotros?
- Tienen más dinero... pero no tanto apellido.
- ¿Y los tal?
- No, ellos son de mucho antes, y también tienen más dinero... De cualquie r manera, chicos, la
democracia -no olviden que sus padres, los dos, son profesores de Educación Democrática - ha sido
hecha para que seamos todos iguales y, desde antes, lo mismo propone el cristianismo.
- ¿La Iglesia?
- Los curas no, esos son unos retorcidos y, en general, malintencionados, y unos aprovechados.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 38
- Ay, Juan Manuel... ¡la mayoría es gente buena...!
- A confesarte vos no vas, María Julia: si te tenés que confesar, lo hacés al borde de la cama, no
ante otro hombre.
- Pero ¿no es que son enviados de Dios?
- Ni enviados ni ocho cuartos. Nadie se debe confesar ante otro hombre y menos tu madre. Y se
acabó... ¿No es cierto, María Julia? Vamos, terminen de comer.
- ¿Su psicólogo siempre tuvo la costumbre de dramatizar por escrito lo que escucha?
- Este -Bernard, descendiente de franceses y, en especial, de Lacan - al menos parece que sí: usted
Penélope sabe que son -salvo honrosas excepciones- gente muy rara y necesitada...
- Como lo somos todos...
- Sin duda. Yo alimentaba esta necesidad de Bernard, me motivaba mucho saber que luego me
plasmaría en sus escritos. El grababa las sesiones y luego me entregaba una copia del trabajo que
hacía sobre ellas. Hace tiempo que lo perdí de vista... ¿Sigue leyendo, Penélope?
- ¿Por qué sufre tanto, Zuasnabar?
- Cuando no tengo un dolor real, Bernard, deformo la realidad con tal de que me parezca dolorosa.
Por ejemplo, tenía en mi cartera, durante meses, el saldo de mi cuenta, que yo pensaba
abultadísima en números rojos, pese a haber leído, sin querer recordar, q ue no era para tanto. O
quizás, para no gastar más a cuenta, imaginaba que mi deuda era mayor.
- ¿Y no gastó?
- Ciertamente gasté menos, pero sufrí desproporcionada, exageradamente, pensando que debía
tanto como tanto había ganado con la Ayuda Anual que el Centro de las Letras del Ministerio de
Cultura de España me había dado. Ayuda que, de esta manera, no pude casi saborear: no me
permití decir “por un tiempo estoy viviendo de mi literatura”. Ni siquiera me permití sentir que a la
Ayuda me la había ganado, porque siempre dije, aún digo, que “me dieron” una ayuda. Ya ve
usted...
- ¿Y así con todas las cosas?
- Sí, Bernard, siempre imaginando lo peor: respecto de mi hija, mi madre, mis hermanos, mis
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 39
amigos, mis conocidos y desconocidos: siempre suponiendo infinitos ‘qué les pasará’‘qué dirán’ y
‘qué harán’. Un infierno, Señor...
- ¿Y qué más se le ocurre?
- Seguir con el psicoanálisis. Yoga tal vez, control mental, oratoria.
- ¿Oratoria?
- Sí, para aprender a hablar en público.
- ¿Y eso qué tiene que ver co n lo nuestro, Horacio?
- Para saberme desempeñar delante de gente...
-¿Para dar clases?
-O por si tengo que dar algún discurso... Ya ve lo confundido que estoy, Bernard.
- Ya veo ¿Por qué volvió a Argentina?
- Sin darme cuenta, para terminar con la nostalg ia.
- ¿No habrá sido para terminar con más cosas?
- Seguramente ¿usted piensa en afectos?
- Es usted quien lo dice...
- Hay momentos en que creo que he terminado con afectos falsos, o al menos afectos muy
inciertos...
- ¿Como cuáles?
- El de amigos en los cuales creía que aún existía cariño, y me equivocaba, como en el caso de
Isidoro, y en parentescos no acompañados de mucha simpatía, como el de mi innombrable
pariente, la que habla mal de mí.
- ¿Qué dice de usted?
- Dijo que yo soy, al menos, potencialmente peligroso para sus hijas.
- ¿Y eso es cierto?
- Yo creo, absolutamente, que no. A sus hijas las quiero y las respeto como a las que más. Nunca
imaginé algo así.
- ¿Algo como qué?
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 40
- ¡Nada! ¡nada de nada, por Dios!... no sé qué imagina mi pariente al resp ecto.
- ¿Usted qué cree?
- Por el solo hecho de imaginar, imagino que imagina que yo puedo maltratar de alguna manera a
sus hijas...
- ¿Alguna vez lo hizo?
- Estoy seguro que no.
- ¿Y a qué tipo de maltrato cree que se refiere su... familiar?
- No imagino precisamente que mi pariente se imagina que yo les robo el bolso...
- ¿Ah, no? ¿y qué imagina?
- Lo peor.
- ¿Y qué es lo peor?
- Que las mato, o las violo, por ejemplo.
- ¿Y por qué piensa en lo peor?
- No sé, no se me ocurren cosas menores.
- ¿Usted le ha preguntado a su familiar si lo que usted me dice es cierto?
- No tuve que hacerlo, ella me lo dijo sin que yo se lo tuviera que preguntar.
- ¿Ella misma se lo dijo?
- Sí, me dijo: ‘¿sabés? tuve que prevenir a mis hijas de vos’.
- ¿Prevenir sobre qué?
- No sé, prevenir, dijo.
- ¿Y por qué?
- Alegó que yo había vuelto ‘muy loco’ de Madrid.
- Y usted no pidió más precisiones...
- Me dijo “avisaste que tu última novia estaba embarazada, pero después abortó y terminaron
peleados”
- Pero eso no es como para prevenir a sus hijas...
- Eso es lo que le dije, y me contestó: “y yo qué podía saber... ¡Estaba asustada!”.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 41
- ¿Eso fue todo?
- No, también quiso prevenir a mi propia hija: una vez le dijo que tuviera cuidado conmigo, que yo
le podía pegar...
- ¿Usted alguna vez ha atacado a su hija?
- Jamás. Sólo dos veces en toda su vida -Sole tiene más de veinte años- le ‘pegué’, en total, dos
golpecitos en la pierna...
- ¡Ja! ¿Dos... golpecitos?
- Exactamente, dos golpecitos muy suaves: Bernard, debe entender que, por fo rmación reactiva,
por más caliente que esté no voy a repetir nunca la pedagogía que me solía aplicar mi viejo. Dos
golpecitos en la pierna: la primera vez en el coche, allá por los 80, y la segunda al regresar esta
última vez, en la Peatonal.
- Y en cada c aso ¿cómo reaccionó su hija?
- Salió corriendo, espantada.
- ¿Por qué?... si usted dice que sólo fueron dos suaves golpecitos...
- No sé, sinceramente no creo haberle dado nunca motivos para temerme... Yo creo que le han
hablado muy mal de mí...
- ¿Su pariente?
- Todos.
- ¿Quiénes son todos?
- Todos, absolutamente todos.
- Eso no puede ser.
- Sí puede ser, mi biografía -por así decirlo- no se hace respetar.
- ¿Su verdadera biografía o sólo el carnet de identidad que siempre saca a relucir? Y dígame
Horacio ¿por qué esta semana no está escribiendo?
- Creo que, entre otras cosas, por temor a quedarme sin hojas.
- Pero es fácil conseguir papel.
- Pienso que sí, pero no lo quiero reconocer. Por otra parte, ¿qué voy a ganar escribiendo miles de
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 42
folios?
- Seguramente ser un escritor prolífico.
- Ya lo soy. Usted sabe que me he pasado la vida escribiendo novelas, cuentos, poesías, ensayos...
y cartas. Me he pasado la vida escribiendo cartas: yo le escribía a todo el mundo, Bernard.
- ¿Y no será miedo de no tener a q uién escribirle... en vez de miedo de quedarse sin papel?
- Sí, también lo he pensado metafóricamente.
- Quizá le asusta la posibilidad de no tener ‘receptores’ una vez que se decida a publicarlo todo, a
parir de una vez por todas a sus hijos literarios....
- Sí... está claro ¿no?
- En marcha entonces ¿Qué es lo primero que hará?
- Iré a Buenos Aires a ver a Sábato y a Bioy.
- Me parece una buena idea, pero.... ¿Piensa que lo recibirán?
- Por supuesto.
- ¿Y por qué está tan seguro?
- No sé cómo explicárselo a usted, Bernard: porque yo soy yo y ellos son ellos. Pero le reconozco
que quizás sea más fácil con Sábato, por lo elitista que siento que es Bioy... Sí, estoy casi seguro
de que me presentaré como un acomplejado ante Bioy, no ante Sábato, con quien teng o pensado
comentar “Vitacracia”, o la “La Baba Dialéctica” animadamente, de entrada...
- ¿Y con Bioy?
- A él tal vez le comente estas memorias, parte de mi autobiografía, acerca de Tato y su hospital,
sobre mis tatarabuelos -el militar mataparaguayos y el donante del cementerio....
- Como contaría Borges de su ancestros...
- Exacto.
- Bueno, creo que se sabe ubicar...
- Sí, siempre lo hago, para luego poderme desubicar.
- ¿Perdón? ¿Qué dijo?
- Sí, siempre ‘quedo bien’ para luego poder romper con todo lo que hice por quedar bien: es una
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 43
pasión existencial.
- ¿Se escucha? ¿Escuchó lo que acaba de decir?... Bueno... seguimos la próxima sesión.
- Vale, gracias.
- ¿Gracias de qué, Horacio?
- Por haberme atendido.
- Es mi obligación, usted me paga.
- Bueno, es una forma de decir. Usted también me podría dar las gracias.
- ¿De qué?
- De que yo le pague.
- Es su obligación: yo le atiendo.
- Bueno, Bernard, no me vuelva más loco de lo que estoy.
- No es mi intención, y usted lo sabe.
- Sí, ya lo sé, es otra manera de decir.
- Son muchas maneras ya de decir y de suponer y de interpretar, Horacio.
- Ustedes me lo enseñaron.
- ¿Quiénes son ustedes?
- Ustedes: los ‘psicolocos’.
- ¿Está seguro de que han sido los psicólogos? En todo caso... creo que yo no.
- Qué sé yo, Bernard. Estoy harto...
- Buenas tardes, Horacio, que siga bien. Hasta el miércoles.
- Usted también, Bernard. Hasta el miércoles.
- ¿Yo también qué?
- Que usted también siga bien.
- Yo estoy bien.
- Por eso le devuelvo el “que siga bien”. ¿Tiene algo de malo ? Yo no estoy bien y usted me dice
que siga bien ¿no puedo yo decirle a usted -que dice estar bien ¿no? - que siga bien?
- Claro, hasta el miércoles, Horacio.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 44
- ¡Chau ‘Dr. Freud’!.
- Tato y su hermano -tío Mario- se casaron con dos terratenientes -dos hermanas Pesoa- dueñas de
esta chacra y de todo este campo circundante, hasta mucho más allá de donde le permiten ver sus
ojos...
- Dos hermanos con dos hermanas...
- Y a la vez primos hermanos entre sí.
- No me diga...
- Curioso, ¿no? A la muerte, sin hijos, de tío Mario y su mujer -justamente la tía Mecha que vi
morir- mi padre y sus hermanas heredaron aquella estancia, la San Andrés, donde supimos
alternar, cuando chicos, nuestra vida de ciudad con meses muy rurales....
- ¿Y después?
- A la muerte de mi pad re la estancia pasó a sus hermanas y esta chacra a nosotros. Hoy la
estancia ya no pertenece a nadie de la familia.
- Ya...
- De pequeños llegamos a quedarnos los tres meses de verano, allá, en la San Andrés. Recuerdo
un día de mucho calor, en el que hab ía llovido tanto que la casa quedó como una isla, literalmente
rodeada de agua, y era imposible salir con los coches: sólo se podía con tractor, a caballo o en
sulky...
- Toda una aventura...
- A escondidas fuimos saliendo, para chapotear -vestidos como estábamos- en el fantástico lago en
que se había transformado nuestro pedazo de pampa, cubriéndonos de barro, casi nadando.
Recuerdo que mi padre hizo fotos, que aún andan por ahí....
- ¿Lo extraña?
- A mi viejo me gustaría mucho tenerlo todavía, y que las c osas hubieran sido de otro modo. A
veces, cuando veo algún amigo de mi edad, con su padre, trato de imaginarme a mí en esa
situación. No me es difícil, dada mi natural propensión a imaginar...
- ¿Y qué imagina?
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 45
- En general, lo ideal. Termino llorando, com o haré ahora si sigo imaginando...
- Bueno, no piense tanto, no se torture...
- Usted es muy considerada conmigo. Ya era hora de que se lo dijera...
- No entremos en comparaciones...
- ¿No? ¿por qué no?, las comparaciones ¿son realmente odiosas? Vivimos evaluando actitudes
propias y ajenas... si ése en definitiva es nuestro vital quehacer...
- Siga contándome del campo, ¿quiere?
- Sin filosofar no puedo, pero lo intentaré... Sabe, cuentan que uno de mis bisabuelos -que tuvo
pumas en La Merced- un día había mandado a carnear dos terneritos para asar, y un peón vino a
decir que los perros -de pura raza, traídos de un viaje a Europa - se los habían comido...
- ¿Dónde habían dejado los terneritos?
- Colgados de un árbol, para que se orearan. «Habría que colgarl os a ellos» parece que protestó mi
ancestro, contra sus canes. Luego, después de comer un improvisado asado, le dijo al peón que
soltara a los perros para que se encargasen de las sobras. Pero el criollazo le contestó que los
había colgado, como él hab ía deseado.
- Qué simpleza de sentimientos... qué falta de elaboración lacaniana. Quiero decir con respecto a
sus actuales descendientes, urbanos y rurales, nosotros...
- Usted tampoco se me queda atrás, en filosofar.
- La historia oficial no registra muchas obras filosóficas escritas por mujeres... al menos si se las
compara con las escritas por ustedes.
- Pareciera así ¿no? ¿Pero eso es cierto?
- Recuerdo haber leído que un filósofo, o aspirante a ello -hombre, por supuesto- argumentaba que
el hecho de que no hubiese filosofía femenina se debía a que los hombres siempre se las habían
ingeniado muy bien para que la mujer no pudiera escribir. Y que, por eso, por más que los
movimientos feministas tratasen de rescatar de la historia a mujeres filosóficas... éstas
desgraciadamente son escasas.
- ¿Y usted qué cree?
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 46
- En primer lugar pensé que era un demagogo, un Don Juan pseudointelectual que acusaba a los
de su propio sexo...
- ¿No pensó, Penélope, que la opresión masculina fuera verdad?... No lo puedo creer.
- Lo he puesto en duda. Ha habido muchos hombres que, bajo opresiones terribles, han escrito
igual: a escondidas, encarcelados, torturados, esperando la muerte, como fuera. No veo por qué
tantas amas de casa, trabajadoras, intelectuales y empresarias, de éstos como de otros tiempos y
por muy sometidas que hayan estado o estén por el hombre, no puedan ingeniárselas ellas
también para escribir filosofía. Pensé que ese filósofo era un machista mal disfrazado de feminista.
Flaco favor nos hacía...
- ¿Y entonces por qué cree que no hay muchas filósofas?
- Todas somos filósofas, como cualquier ser humano. Distinto es que sintamos la necesidad de
dejar constancia, de escribírselo a los otros, como hacen ustedes...
- Bueno, no sea ofensiva, yo tengo esa necesidad p ero respeto...
- Si no lo ofendo: dialogo, como dice usted... y dígame ¿hay filósofos por acá?
- Por supuesto, Penélope, mis grandes amigos los Pasotti -hombres y mujeres-, ex colonos y hoy
propietarios de La Merced, filósofos existencialistas consumados como los que más, comparables
con nosotros, con cierta sociedad parisina y con el sector más woodyallenesco de cada lugar en el
mundo.
- Aún nos quedan, a los Zuasnabar Boussy, algunas pocas hectáreas entre todos, y las ruinas de
las que fueron las casas de los chacareros, cuyos bosquecillos, especialmente éste, son preciosos
como para reconstruir una casita para nosotros.
- Esto es una ruina de verdad...
- Pero los árboles son preciosos, y la hierba. Tiene una hermosa vista. Por eso siempre acariciamos
la idea de hacerla más habitable, pero, por falta de dinero, nunca concretamos. Seria muy
agradable tener una casa en el campo para cuando seamos mayores de lo que ya somos. ”El
hombre propone y Dios dispone”, dice mi vieja. Con Sole y algunos de sus amigos -¿ya se lo
conté?- hicimos un asado, allí, al lado del tanque australiano...
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 47
- Le están saliendo yuyos.
- Pero está sano, todavía. Abastecía de agua a bebederos que había hasta allá, lejísimo. Ahora, ya
sin remota posibilidad de volver a tener vacas, nos serviría como piscina.
- Podrían también tener algún caballo propio...
- Sí. Y también hacer arreglar el Ford A que hay dentro de ese galpón: a nuestros hijos les
encantaría...
- Y a mí. ¿Dónde está? ¿Tiene nafta?
- Está roído por los ratones. A esta chacra, siempre futura estancita nuestra, propuse llamarla
Santa Soledad, pero en casa me recordaron que había muchos nietos...
- Todos dignísimos...
- Claro. De todas maneras, tener todavía estas pocas hectáreas me ha hecho preocuparme aún
menos por aportes jubilatorios, en la creencia de que, cuando Sole sea grande, podré tener para
mí completa la rentita que ahora está en parte dedicada a ella...
- ¿Cuántos hijos más tiene por allí?
- Que me conste, ninguno. Quizás sea lo que le digo una de las razones p or las que no he tenido
más hijos, para que Sole no deba compartir unos ingresos que a duras penas alcanzan, dado un
padre que, como contador, sólo sabe contar cuentos. Otro motivo igualmente importante para no
tener más hijos creo que fue que, cada día que pasaba en mi época de andariego, frustración tras
frustración de los intentos, más me parecía que yo no estaba hecho para tener una familia del tipo
convencional. Teresa -ya le hablaré de ella - era ‘muy buen partido’, puesto que tenía piso propio y
la seguridad de un puesto de funcionaria estatal cualificada.
- ¿Su ex buen partido es española?
- De nacimiento, pero mulata. Ya le contaré. Paloma -otra novia- aún más...
- ¿Más española o buen partido?
- Ambas cosas, porque su padre tiene una gran for tuna.
- ¿Y entonces?
- Siempre me puso nervioso la idea del braguetazo.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 48
- Resultados: a la vista.
- En mis relaciones no me ha guiado la conveniencia económica sino el desordenado dictamen de
unas emociones mucho más instintivas, animalescas. Y no me parece ni bien ni mal, sólo propias...
fui rico de pequeño y enormemente infeliz.
- No siempre, según me cuenta...
- No, no siempre, pero es como una sensación residual. A veces, hasta relaciono la riqueza con
la incapacidad existencial, y a la pobr eza con la fuerza de la libertad interior...
- ¿Y no se ha puesto a pensar que la conjunción ideal la haría tener libertad y dinero a la vez?
-Sí, claro. Pero el tinglado de superestructuras socioeconómicas siempre me ha asfixiado, a la larga
o a la corta. Estuve cerca de ese montaje social cuando, de regreso, la primera vez, a Rosario,
trabajando en gratificadoras funciones universitarias, con un sueldo aceptable, que me permitió
alquilar un pequeño pero cómodo departamento en calle San Juan, compr arme el viejo pero tan
leal Renault 12...
- ¿Tan leal como el Leal?
- ¿Como el pichicho? No, nada que ver. Ese auto, con más de veinte años, nos llevó, a Sole y a mí,
ida y vuelta hasta Villa Gessell, ganándose por ello el mote de Tibu -por tiburón- y ahora lleva a mi
hermana Mirentxu y a su familia por los Andes...
- ¿Viven allí?
- En la ciudad de Mendoza. Antes en Núñez, en Buenos Aires. Hace muchos años que veo muy
poco a mi hermana menor, y a mis sobrinos: Pablo, Ignacio -mi único ahijado- y Tomás. Los
extraño mucho...
- Por lo visto usted es muy familiero...
- Quizá, por no haberlo sido en la vida real lo soy en mis deseos. Mi infancia transcurrió en una
casa grande, con abuelos, tíos, numerosos primos y ‘personal de servicio’, además de mis padres y
cuatro hermanos. No fue idílico, pero nos educaron en la creencia de que ésa era la manera. Suelo
repetir que la vida no resultó como nos la contaron. Mi madre misma se lamenta: ‘Es que a los
chicos no les enseñamos a luchar para ganarse la vida”. No fue su culpa, nadie podía sospechar
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 49
cuánto cambiaría el país, la sociedad y, en particular, la familia y su patrimonio...es muy especial
ser un nuevo pobre.
- Le sucede a la mayoría de la otrora orgullosa clase media argentina...
- No es un consuelo...
- Al contrario, es un desconsuelo mayor.
- Lo bueno es nivelar para arriba, no para abajo...
- El presidente ya lo dijo: “Siempre habrá pobres entre ustedes”.
- ¿Quién? ¿Alfonsín?
- No, el siguiente. ¿ Por qué? ¿En qué cambia si lo dijo uno u otro?
- No sé. Lapsus o no -verbalizada o no- ésa es una verdad inapelable...
- Es la historia de la Humanidad, ¿no? Una enorme masa de hambrientos y otra, pequeña, de más
o menos poderosos. Cambian las personas de un grupo a otro, pero varía poco la relación. Siempre
fue igual.
- ¿Y no podría cambiar? Quiero decir, que se invierta la relación: una enorme masa de poderosos y
otra, pequeña, de más o menos hambrientos...
-No, no creo. Una cualidad del poder es la concentración y, otra, la arbitrariedad. Es imposible que
esas cualidades se generalicen a la mayoría. De todas maneras, si a usted le dan el Nobel, zafaría...
- Pero, Penélope, no estoy hablando del sálvese quien pueda, sino de la idea cristiana, incluso
comunista, en su estricto sentido humanista... para eso escribo.
- Bueno, no hay que perder las esperanzas.
- ”Hambre que se espera matar, no es hambre”, dicen en España...
- No creo que en Etiopía.
- Es muy probable.
-Y desgraciado. La mitad de los aspectos de la vida es horrorosa.
- Para que la otra mitad pueda consi derarse hermosa.
- Entonces, no hay más remedio. Los utópicos platónicos, los que han ideado mundos perfectos,
luego han sido utilizados por los totalitarios de izquierda, de derecha, fanáticos religiosos o ateos,
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 50
para sojuzgar y masacrar, de nuevo.
- Eso es lo que dice Popper para oponerse a la planificación y dejar todo librado a su denominada
ingeniería social ¿usted se considera una discípula de Popper?
- Sí, fue muy ingenioso, pero no me ponga etiquetas: yo estoy sólo conmigo y -no tengo más
remedio- ahora con usted.
- Popper se las ingenió muy bien...pero no le dieron el Nobel y, encima, lo están utilizando para el
actual desmadre de la globalización...
-Qué espanto: un medioevo tecnificado.
- Perdón, ¿qué dijo? Estaba mirando la alacena...
- Nada importante, pensaba en voz alta.
- A éste lo descorcharemos cuando terminemos...
- ¿Cuando terminemos qué?
- La entrevista.
- Falta mucho tiempo. ¿Qué me estaba contando?
- ¿Sobre cuál de los infinitos aspectos de mi vida, Penélope?
- Estaba en el del tinglado de superestructuras socioeconómicas que le asfixian...
- Ah, sí, sí. Cómo decirle... yo noviaba...
- ¿Noviaba? Zuasnabar, ¿se escucha?, usted parece del siglo pasado...
- Le mot just, Penélope: ha hecho el encuadre perfecto. Bien. Yo noviaba con Norah. ..
- Otra más...
- Y la nave va. Norah, por aquel entonces, también trabajaba en la épica universitaria, vivía en un
precioso chalé en lo más bonito de Fisherton y, sobre todo, siendo Norah una persona tan
agradable, culta e indispensable para clasific ar mis escritos, me sentía integrado y feliz. Pero al
tiempo, ambos, con diferentes pero equivalentes motivos, decidimos irnos una vez más de
Rosario, ella a Berlín y yo de nuevo a Madrid, quedando en encontrarnos el 14 de julio siguiente
en la escalinata de Sacre Coeur, en París, a la hora del desayuno y, si a alguno se le hacía tarde,
para merendar.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 51
- ¿Por qué no la filma?
- ¿A Norah?
- A su vida, todo lo que me cuenta.
- Está -Dios mediante- en mis planes: estas Memorias apuntan a ello...
- ¿Se encontraron?
- De mutuo acuerdo, el encuentro no se produjo, y fue el inicio de un distanciamiento más entre
tantos que los dos vivimos. Vivimos un tiempo bueno: al menos el más cercano a la idea
educacional que tuve en mi infancia.
- ¿Ella tiene hijos?
- Su hijo y mi hija se observaban con curiosidad... Norah era una amante de mis escritos: a la
poesía Proesías la estimaba perfecta, y se preguntaba cómo podía expresar tan fielmente las
consecuencias de un gran amor pasado e imborrable, condiciona nte de todos los ulteriores.
Ahora, cuando releo Proesías, me dejo embargar por la emoción que vi en Norah y pienso que
puede estar bien, porque la escribí inspirado por la pura realidad, dejando al resultado neto la
posibilidad de tener inédita po ética.
- ¿Y qué fue de Norah?
- Norah tiene una educación familiar muy parecida a la nuestra, a la de los Zuasnabar Boussy, y
un desarrollo ideológico posterior muy similar también, porque la vida privada, económica y política
nos golpeó de frente, fuerte, desgraciadamente muy fuerte. Por ahí andará Norah, por el mundo,
como yo, pendoneando.
- ¿Y ese manuscrito que parece tan antiguo?
- Lea. Es mi primer escrito literario: yo tenía doce años. Le ruego sepa disimular sus errores... su
candidez, si quie re verlo así.
Todas sus señas particulares, conocidas por mí, eran estas: en la cabeza, poblada a los costados,
sobre las orejas, y medidos cabellos en el medio formaban toda su cabellera. Parecía tener hundido
levemente, en una circunferencia de 1,50 cm, el cráneo, en la parte izquierda y pocos centímetros
atrás del medio.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 52
Su frente grande y despejada mostraba pocas arrugas para sus sesenta y seis a setenta y ocho
años que yo lo conocí.
Sus cejas, blancas como su cabello (el cabello blanco lo tuvo desde lo s veinte años) y grandes le
daban un toque de importancia a su persona. Entre las dos cejas tenía verticalmente tres arrugas
que, muchas veces, parecían signo de preocupación, y que es la verdad: porque siempre estaba
preocupado por nuestra salud y toda co sa que hiciéramos regular o mal.
Tenía los ojos grandes y de mirada viva, tranquila: como de un gran pensador. Estaban levemente
hundidos y armonizaban con sus pestañas, no abundantes, pero sí largas. Nunca que yo sepa tuvo
ojeras.
Su nariz grande y ancha le daba un poco de aspecto tosco, pero que en seguida desaparecía al
tratarlo, al conversar: sus palabras siempre eran alentadoras y comprensivas. La nariz, en su parte
superior, estaba golpeada hacia adentro, ahí calzaba sus anteojos. En la parte inferior era muy
ancha y sus agujeros nasales grandes, pronunciados.
Entre la nariz y la boca no había ninguna arruga ni formas verticales; ésta última era grande, pero
no por ello con labios grandes. Su boca era fina y de ella nunca salió nada que no sea bueno,
generoso, humilde.
De los costados de la nariz a los costados de la boca dos rayas pronunciadas daban forma a los
pómulos.
La pera, vulgarmente dicho, era de tamaño perfecto con respecto a su cara y cabeza; su cara
nunca estaba sin afeitar.
Las orejas eran grandes y bastante ovaladas (siempre me pedía que le cortara los vellos de las
orejas con una tijera de peluquero que guardaba celosamente).
Las manos eran grandes, casi toscas como su nariz, suaves; dedos cortos y gruesos, uñas prolijas,
limpias como el resto de su cuerpo en general; tenían arrugas; más hacia el brazo tenía, creo yo,
pequeños derrames; sus brazos tenían vellos, blancos.
Como dormíamos en el mismo cuarto y en sendas camas, siempre, tanto a la noche como a la
mañana, me estiraba su brazo ace rcándolo a mi cama y hacía castañuelas con sus dedos para
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 53
llamarme, y yo le tomaba la mano, me decía “buenas noches, que duermas bien, que Dios te
bendiga, que seas un Santo y que nunca te portes mal” o “buenos días, que...” y así todos los días
y así todas las noches. Me llamaba “mi compañero” y así, yo a él.
Acostumbraba a vestir, de entrecasa, de esta manera: ropa interior: camiseta de invierno y
calzoncillo largo. Camisa, pantalón (el que usaba era marrón), medias y zapatos de entrecasa,
chaleco y un sa co, en verano, uno blanco, tela parecida a la de las sábanas (Grafa) y en invierno
uno grueso escocés (o parecido al escocés).
Para salir, usaba: camiseta y calzoncillo, traje (pantalón, chaleco y saco); el traje que siempre usó,
que yo me acuerdo, fue gri s común.
Era tan prolijo y ordenado que, carta personal -o médica- archivaba prolijamente en carpetas; su
ropero y consultorio estaban impecables. (Es en el último donde estoy escribiendo, después de tres
días del fallecimiento de mi querido “compañero”).
Admiraba a todos los investigadores, médicos, científicos famosos, y tenía sobre la vitrina donde
guardaba sus instrumentos médicos, una escultura de Pasteur. En el consultorio se lucen todos sus
diplomas, de su padre y sus hijos, y cuadros de parientes y amigos; cuadros que en su interior
tienen pintados “papiros” y, adentro, consejos. Todo esto lo tenía porque era muy sentimental,
como yo, que ahora lloro por su falta, ahora duermo solo, nadie me da la mano, nadie me aconseja
con tanto cariño; me siento bastante solo. Tantos momentos felices que pasé con él. Cuando me
llevaba al colegio, se levantaba tan temprano sólo por llevarnos; íbamos juntos al banco a retirar la
jubilación: una vez, que yo le dije que vaya yendo, tardé tanto que lo encontré cuando vo lvía y él,
manteniendo el buen humor, me dijo “Me has acompañado solamente un cuarto de trayecto, así
que sos un compañero falluto”.
Le iba a hacer trabajos al banco, le ayudaba y él así también.
Tantas veces que me ayudó a hacer deberes, me buscaba signif icados, hacíamos resúmenes
juntos: entre ellos “Mis Montañas” de J. V. González, que tan buena nota me saqué por él. Me
adelantaba en Naturaleza: una vez, me aumentó la nota de siete a nueve, y la mantuve así porque
él quiso.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 54
Pero principalmente la ternura con que siempre me trató a mí y a todos: el cuidado, la dedicación,
el amor, un cariño tan pero tan profundo que no sé hasta dónde llegaba, me quería tanto y yo
tanto a él, yo lo quería mucho, mucho y ojalá que me escuche porque quiero estar con él, lo qu iero
mucho y todavía no quiero creer que no esté más.
Toda cosa que tocaba la mejoraba.
Era bueno, amoroso y lo quiero, lo quiero mucho y cuando sea grande y lea esto ojalá que me siga
acordando de él como ahora.
Tato, si vos me ves ahora, sabes que te quiero mucho y quiero estar con vos, ¿por qué te fuiste,
Tato, por qué, Tatito?
Todas las cosas que me recomendaba, era bueno, me quería y sufría el doble que yo cuando me
pasaba algo; es la verdad, me quería, y quiero estar con él.
Cuando estaba en el comedo r de diario, sentado sobre el sillón y con las piernas sobre el aparador
de mami, pasó Mirentxu buscando a mami y le dijo “vení en seguida, Tato está descompuesto”; al
oír yo esto me quedé quieto, pensé una fracción de segundo palpitando todo lo terrible, salté de la
silla y corrí, en ese trecho al cuarto pensé que se repondría como otras veces, llegué al cuarto y lo
encontré de bruces sobre la cama: estaba con las piernas dobladas debajo de él, sobre el suelo, y
la cabeza con la boca abierta y mirando haci a donde nosotros entramos, los ojos cerrados, y todo
mojado el suelo por el mate tomado antes, que devolvió al descomponerse; las manos al lado de la
cabeza sobre la cama y apenas vivo; yo me ablandé todo, pensé todo lo peor, y que se me iba mi
Tato. Mi Tato. Martita llamó al médico, que llegó rapidísimo, mientras papi trataba de reanimarlo
con inyecciones; papi lloraba y es la primera vez que lo vi llorar tanto, aunque no fue mucho por la
desesperación. Martita y mami igual, los chicos mudos de sorpresa, s in saber qué hacer. Yo corrí al
baño de debajo de la escalera, recé y recé como nunca, para que viviera o que yo también me
muriera; salí del baño y me senté en el sillón, cerca del baño, yo no sabía lo que pasaba, vino papi
con el doctor (tenía algunas lá grimas), lo despidió, se me acercó y me dijo “Se nos fue Tato, se nos
fue”; esa vez lloré como nunca, echando maldiciones a Dios por lo que me había hecho, estuve
llorando una hora por lo menos, toda una hora que, hasta ahora, no sirve para nada, y nunca
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 55
estuve más desesperado; Dios, por lo menos esta vez, me podría haber complacido, y no lo hizo.
Lloré y lloré como nunca, se me había ido Tato, Tato se me había ido, ya no me iba a cuidar, a
dirigirme, se me murió Tato ¿por qué Tato, por qué?
- Enternecedor. .. siempre conmueve un chico desesperado.
- Lo estaba. En realidad lo he estado siempre: ello, en gran medida, de continuo me impulsó a
escribir.
- Ya ha recorrido un largo camino, literariamente hablando. ¿Y yo qué debería hacer con todo lo
que ahora le escucho?
- Corregirlo, modificarlo si es necesario, purificarlo. Como dijo Bécquer : “Ponerlo decente para
presentarlo a la escena del mundo”.
- Y, si no lo logro, me mata.
- Si no lo logra... quizá yo me muera del disgusto.
- Y en su muerte, me arrastra.
- Desgraciadamente.
- ¿Y si lo logro?
- Entonces sólo la hago desaparecer, para alzarme con la gloria yo solo, sin relativizaciones.
- Me mantendrá raptada mientras viva...
- Mientras vivamos, exacto.
- Cuando chico, ¿qué quería ser de grande?
- Siendo ch ico nunca quise ser bombero, como dicen que muchos niños quieren ser. No, yo quería
ser médico, como mi abuelo, o cualquier otra cosa, pero a lo grande. Es que ¿sabe, Penélope?:
los términos medios generalmente no han sido mi fuerte...
- Los asimilaba a mediocridad...
-Es posible, pero tampoco nunca quise ser, por ejemplo, el más malo entre todos los malvados.
- ¿Ah, no?
- No.
- ¿Y yo?
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 56
- Usted es una licencia que yo me permito: ya le he dicho que tampoco soy un santo, gracias a
Dios.
- Ya veremos qué dice la gente sobre este asunto... Su abuelo -su tan amado Tato- le decía que
fuera un santo, usted mismo lo escribió ahí.
- Sólo era su manera de decirme que fuera bueno y honesto, no más...
- ¿Por qué no más?
- Porque me quería bien y, para ser un santo, muchas veces -si no todas- hay que ser un mártir, y
no tengo ninguna duda de que no quería eso para mí. Por eso, Penélope, las veces que encaré mi
vida a lo mártir no me daba cuenta de que defraudaba a Tato. Pero bueno, como a mis
pensamientos siempre les he dado libertad, he soñado despierto, además de ser un gran escritor,
ser presidente de la Nación...
- ¿Presidente de todos los argentinos?
- Lo descarté muy joven, a los veinte, cuando me divorcié por primera vez. Eran otros tiempos y
el puesto estaba vedado a divorciados, probablemente también a solteros... Yrigoyen sin
embargo... Como fuera: toda gente -ellos y yo- sospechosa de vida personal, al menos, irregular.
Un tiempo también quise ser Premio Nobel de la Paz, fíjese usted....
- ¿Nunca el mayor, por ejemplo, narcotraficante del mundo?
- Ni en ficción, pese a compartir una cultura organizacional proclive a festejar cualquier metier que
sea deshonesto. Usted como yo ha visto cómo -en Rosario mismo- contadores y abogados, apenas
acababan la carrera, se acomodaban en la Dirección General Impositiva -por ejemplo-, para
comenzar otra carrera de coimas, chantajes y demás corrupciones que los enriquecían con rapidez,
y con el beneplácito de sus viejos o nuevos amigos de sociedad. Yo barajé la posibilidad de ser uno
de ellos, pero creo que la barajé exclusivamente porque ya era el librepensador que no se
escandaliza en el mundo de las ideas. Hasta tuve el ‘enchufe’, el acomodador. Pero me eché atrás.
Me deprimió el espectáculo. Yo no querí a ser así...
-¿Y por qué no si todo era socialmente aceptado?
-Porque recordaba a Tato.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 57
- Al que no le quita mérito haberse casado con una prima hermana terrateniente... y su
hermano...
- Tío Mario, con la otra hermana, exacto. ¿Lo dice con ironía? ¿Sug iere que fue por conveniencia?
Mire, no lo sé, pero creo que nada ni nadie los obligó. Tampoco estaban en la India, sus padres
no creo que los hayan entregado: no consta. Además, es público que fueron dos matrimonios bien
avenidos, unidos y muy compañeros. También es muy conocido que gastaron gran parte de sus
fortunas en niños pobres y otros desvalidos, ajenos y desconocidos, por solidaridad, por amor al
prójimo, aunque hoy estos principios sean considerados casi ridículos... No es que yo no le permita
-estamos en el campo de las ideas- ironizar o lo que quiera, pero estimo que, sin pruebas en
contra, usted debería presumir sus inocencias.
- Ahora que se permiten divorciados, intente la arena política: se le da bien el discurso. Siga, y
disculpe...
- ¿Usted cree? Que me vengan a buscar, que entre vítores me lleven en andas... entonces vería si
es conveniente, para un Premio Nobel en literatura, ser también primer mandatario. No sé, es
cargarme con muchas responsabilidades, y usted ya sabe que el asunto de las superestructuras...
Bien. Me parecía una salvajada -aún me parece, Penélope - ser uno de esos forajidos de la DGI,
aunque fuera tan bien aceptado, por ejemplo en mi siempre tan traumático Jockey Club,
con el cual reconozco que mantuve una fuerte relación amor -odio, me atrevería a decir
incluso sadomasoquista...
- ¿Tanto?
- Tal vez son resabios de mi forma discursiva de recién... pero sí, algo de eso hubo. Y no
exclusivamente mía -este tipo de relación- sino extendida entre muchos socios: no olvide que
muchos guerrilleros -de izquierda- y otros terroristas -de derecha - han salido de sus links. Por
ejemplo. Pero, por supuesto, en ese enorme club -uno de los más hermosos que he visto en el
mundo- no toda la gente es mala: es necesario decirlo para que nadie caiga en estúpidas
interpretaciones...
- Como en cualquier club, como en toda agrupación humana, habrá de todo...
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 58
- Moral, cultural y hasta educacionalmente hay de todo, claro está. En ese sentido es una de las
tantas viñas del Señor. Pero, pobres, hay pocos...
- Pobres de espíritu...
- No, pobres de espíritu hay muchos -o tantos como en cualquier viña del Señor, digamos
standard. Quiero decir que en el Jockey hay mucha gente otrora rica y hoy noveau pouvre, como
yo...
- ¿Usted lo frecuenta?
- Yo ya renuncié dos veces: no me podía permitir vivir en otros países y pagar por algo que no
utilizaba. Con excepción de los nouveau pouvres vitalicios, que no pagan cuota, los nouveau
pouvres activos, que sí la pagan, creo que están un poc o tarados -strictu sensu- por la cuestión
educacional, social, decimonónica, y viven del pasado, pagando religiosamente unas cuotas
mensuales desorbitadas de sus realidades presentes.
- ¿Y sabe cómo logran pagarla?
- Por supuesto, además de haberlo hecho yo mismo, tengo queridos amigos y familiares que lo
siguen haciendo. Mire -sin particularizar-, después de pagar la cuota, con lo que les queda de un
misérrimo sueldo o rentita, devastado por un numantino deseo de mantener la apariencia social, o
por seguir reuniéndose con los amigos de siempre, van a la Peatonal Córdoba y se compran una
Lacoste, vuelven a casa y en el mercadito de al lado piden fiada la comida del día...
- Siendo así serán, generalmente, dietas poco equilibradas...
- No se equivoca. Luego, se toman un destartalado colectivo urbano -si es que no viven aún en
Fisherton- se apean y entran muy dignos y elegantes, con sonrisa brillantemente forzada, al club
donde -no más intentar aproximarse a la puerta- les piden el carné con -la-cuota-del-mes-en-cursopagada-
unos anónimos -ya que los renuevan antes de que se reconozcan con los socios - y
poderosos vigilantes, contratados a una aséptica -muy ajena e imparcial- empresa de seguridad
que, aunque te llames Zuasnabar no te dejan entrar si n o estás al día. ¡No es lo que era!,
Penélope: cuando yo era chico, el señor Pairetti, mozo en la piscina de agua dulce, los señores
Casia y Lili en los vestuarios, y todos los de la vieja guardia, me dispensaban un trato -y yo a elloswww.
zuasnabar.com.ar La entrevista Página 59
personalizado, un poco facha -lo reconozco- pero más humano: yo fui educado para respetarlos
tanto como ellos a mí...
- ¿La cuestión social siempre lo pone nervioso, tenso?
- Me hace transpirar, y temblar el pulso. No creo que mis padres hayan sido muy hipócritas al
educarme, quizá todo lo contrario, propiciando, profundizando así gravísimas contradicciones. Eran
de esos padres que le decían a usted que el sesgo humano -la nobleza de espíritu- es lo más
importante, y que todos en la vida -absolutamente todos- deberíamos tener los mismos derechos
y las mismas obligaciones...
- Pero luego iban y decían...
- Por la educación que recibieron a principios de siglo, Penélope...
- Que fulano es más o es menos de sociedad que menganito...
- Aproximadamente, no pudieron zafa r de aquello hasta casi ahora, al mismo tiempo que lo
hicieron sus hijos y nietos, por súbitos derrumbes generalizados de economías, de mitos, de
políticas, de casi todo lo que sustentaban las ideologías y creencias de los abuelos y anteriores
ancestros...
- En Rosario debemos ser una de las pocas familias que quedan -o se conocen- de descendientes
de Guerreros del Paraguay. Pero no pertenecemos a su Asociación, que en el cementerio de la
Recoleta tiene una imponente bóveda, ante la cual papá se hizo fotogr afiar...
- El honor es más que dudoso... En esa guerra, contra un país por ese entonces fuerte pero no
tanto como Argentina, Uruguay y Brasil juntos, se logró que en Paraguay casi no quedaran
hombres, y de ahí buena parte de su menguado desarrollo actual ...
- Se lo estaba por decir, un honor discutible. Por eso no pertenezco a su Asociación. Pero lo haría si
se propusiera reparar los daños o, al menos, solidarizarse con Paraguay...
- Pero usted le escribió a Alfonsín que, aunque ajeno, consideraba un mérito la campaña de su
tatarabuelo...
- Tenía -siempre tuve- conciencia de que, en realidad, no lo era. Nunca me gustaron los militares y
su vocación y oficio de matar. Yo ya había vivido los espantos del Proceso y, desde España, los de
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 60
las Islas Malvinas...
- Se vanaglorió de un mérito que ni existía ni siquiera sentía...
- Ya está bien, ¿no? No aproveche para ensañarse... fairplay, por favor.
-¿Qué más sabe de él?
-Melchor no solamente se dedicó a matar, Penélope, además se casó dos veces, con Agueda
Leguizamón, de donde desciendo yo, y, ya viudo, con Lucila Castro Miguens, de donde descienden
los actuales Zuasnabar Viaña de Tucumán. También fue grado 33 -el máximo- de la Masonería, y
tal rango está acreditado en un diploma firmado por el mismísimo Doming o Faustino Sarmiento,
diploma que por alguna de nuestras casas andará, o no, ya nadie sabe de él, ¡qué dejadez! ¿A
usted qué le parece?
- Que le brota la cuna...
- Pero ahora no es fuera de lugar: estamos redactando mis Memorias, no un pedido de trabajo a
un diri-gente y, en ellas, caben referencias familiares. Y no me vanaglorio, más bien... ‘me entrego
a las fieras’: como le hago decir a Haro de Bouzúa en La Baba Dialéctica...
- “Si os ofrezco mi carne no es porque piense que no hay carnicería como ést a, si no porque creo
que será bueno para todos, incluso para mí”, firmado: ‘don Haro de Bouzúa, frente a los leones”.
-¿Lo recuerda de memoria? Qué retentiva. Maravilloso, Penélope...
- ¿Más tatarabuelos?
- Sí, claro... Tabares, por ejemplo -no el borgiano, sino Manuel-. Cuando el primer cementerio de
Rosario -al lado de la catedral - quedó chico, mi tatarabuelo Manuel Tabares quiso donar un par de
manzanas de su lonja para hacer uno nuevo. Ofreció unas comprendidas aproximadamente en la
zona donde hoy se encuentra el Colegio del Sagrado Corazón, ¿se ubica?: al que yo le metí dos
tries.
- Claro.
- Bien, pero las autoridades municipales le dijeron que esas manzanas seguían siendo muy
céntricas para ese fin... Buen juego ¿no?
- ¿Cuál?
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 61
- Cementerio con fin. Pero bueno, volviéndome a poner serio, en fin, como un cementerio...
¿seguimos en verso?
- Siga como quiera.
- Qué prosaica, ergo, en prosa. ¿Dónde estaba? Ah, sí... Por lo que mi tatarabuelo Tabares las
canjeó por otras, las del actual cementerio El Salvador , que pertenecían a la lonja de otros
tatarabuelos, los Basualdo, y donó ésas. Si usted entra hasta el fondo de El Salvador, por el camino
central, encontrará una placa recordatoria, contra los nichos del fondo, que era donde
antiguamente se hacían las ofr endas. De su existencia me contó mi padrino, quien hace las
historias más creíbles que si uno las hubiera vivido. Después, un día, fui a verla. Es que yo, pocas
veces voy al cementerio. Imagínese que tendré muchos años para contemplar alguno. Antes, con
doce o trece años, iba a llorar a mi abuelo, luego a mi padre y ya poco -y no porque no lo quisieraa
mi hermano, todos en el panteón familiar, que ya está bastante saturado, por lo que suelo decir
que donamos un cementerio pero no tenemos dónde caernos mue rtos... Aunque -según me
explican- allá nos vamos reduciendo unos a otros -los aún vivos a los muertos de más de treinta
años- por lo que se va haciendo lugar...
-Alucinante... Bueno, no hablemos más de la muerte...
- No la debería intranquilizar -no más que la vida misma-: es muy natural según nos han educado,
¿no es cierto?... Si la asusto es involuntario, es porque antes estoy asustado yo. ¿Quiere saber más
sobre abuelos?
- ¿Por parte de madre?
- Abel Boussy. Médico y, al parecer, noble francés, venido a la Argentina Dios sabe por qué, de
Boussy-Saint Antoine, petit village a treinta kilómetros de París...
- ¿Su abuelo se llamaba como el pueblo?
- O el pueblo se llamaba como él, no sé. Y como yo: fíjese que mis segundos nombre y apellido
son, justamente, Antonio y Boussy. Algún día tendré que ir a visitar ese lugar ¿no le parece?
- Y sí... es como llamarse Chañar de nombre y Ladeado de apellido...
- Y no visitar Chañar Ladeado. Lo mismo. Abel se casó con Carmen Guerra y Contreras -una de mis
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 62
criollazas abuelas-, cuya hermana Mercedes, religiosa, fundó aquí, en Argentina, la Congregación
de las Terciarias Franciscanas, por lo que en estos momentos está en proceso de beatificación...
Mercedes es la tía abuela, entonces, que en mi familia se ocupa de los asun tos celestiales, por
derecho natural...
-O divino...
-También hubieron unos tíos abuelos diputados y presidente de la Corte... Mucho más no sé
decirle, mi madre es muy despreocupada de estos temas. Siempre dice, con sus primas, que algún
día tienen que hac er una reunión -la famosa Sacconeada- en donde todos los Saccone -Rouillon
Saccone, Uranga Saccone, Zuasnabar Saccone, Mendoza Casacuberta Saccone, Ferreyra Saccone
y todos los Saccone de primer apellido- se conozcan o se vuelvan a ver después de añares. Pero no
concretan, aunque se quieren mucho y nos transmiten siempre ese cariño, por lo que yo también
los quiero, aún sin conocerlos... ¿Qué extraño, no?
- Sucede hasta en las peores familias. ¿Quiere regresar a la línea paterna?
- No sé, me parecería pru dente dejar ya...
- ¿Toda la entrevista?
- No, no, falta La partida, las aventuras en España, Francia, Dinamarca, Rusia, Israel, El regreso,
¡tantas cosas! -todas con sus respectivas mujeres-,...pero por qué me lo dice, Penélope ¿ya no
quiere seguir?
-¡Cómo se le ocurre!, no se detenga... sólo es que tengo un poco de apetito.
-¿Quiere que nos hagamos un asadito?
“Las comisiones de Salud, Desarrollo y Previsión Social, Deportes y
Recreación, y Gobierno y Acuerdos han tomado en consideración el proyecto de Ordenanza de los
Concejales Roberto Bereciartúa y Samson Meyer Krupick, mediante el cual designa con el nombre
de Dr. M. Horacio de Zuasnabar al Centro de Especialidades Médicas Ambulatorias de Rosario -
C.E.M.A.
“Expresan los autores, la destacada figura del Dr. M. Horacio de Zuasnabar,
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 63
digno y prestigioso médico pediatra de nuestra ciudad, fue el primer Director del actual Hospital de
Niños Víctor J. Vilela, cargo que abnegada y eficientemente ocupó desde el 14 de julio de 1930 –
fecha de su inaugura ción- hasta su fallecimiento como Director Emérito del mismo.
“El Dr. M. Horacio de Zuasnabar nació en Rosario, el 6 de enero de 1888, y
no habiendo aún Facultad de Medicina en nuestra ciudad, estudió en Córdoba, para luego
graduarse en 1913 en la Universidad de Buenos Aires, defendiendo su tesis doctoral a los 25 años
de edad.
“A posteriori de obtener su título, el Dr. Zuasnabar volvió definitivamente a
Rosario para ejercer su profesión con verdadera vocación de servicio, desempeñándose siempre en
diversas áreas de la Salud Pública, a saber:
“Fue jefe del único servicio municipal de Clínica y Cirugía de Niños que hubo
en la ciudad, en el antiguo Hospital Rosario –hoy hospital de Emergencias Dr. Clemente Alvarez -
hasta que, en 1930, el mismo Dr. Zu asnabar organizara el primer Hospital de Niños e Instituto de
Puericultura –hoy Hospital de Niños “Víctor J. Vilela” en honor del intendente durante cuya gestión
fue inaugurado.
“En 1921, con 32 años, fue nombrado Director General de Administración
Sanitaria y Asistencia Pública de la Municipalidad de Rosario.
“Poco más tarde, el doctor Zuasnabar es elegido por la Municipalidad de
Rosario para que idee y organice el primer Hospital de Niños de la ciudad, que abre finalmente sus
puertas el 14 de julio de 1930. Es su primer Director, y sucesivas administraciones municipales lo
confirman en su puesto hasta que en 1947, después de 17 años ininterrumpidos de fructífera
gestión, es removido de sus funciones.
“Es repuesto en su cargo en 1955 y nuevamen te removido en 1957.
“Finalmente, el 13 de junio de 1962, el Dr. Zuasnabar es nombrado
Director Emérito del Hospital de Niños “Víctor J. Vilela” hasta su muerte, ocurrida en 1966. Es
decir, 33 años vinculado –de una u otra manera - al Hospital que, para el Dr. Zuasnabar, fue
motivo fundamental de su vida.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 64
“En su intensa y fecunda labor, atendió además los consultorios de Pediatría
del Hospital Italiano, del Hospicio de Huérfanos, del Hospital Español, de la Asistencia Pública y de
la Liga Argentina contra la Tuberculosis.
“Creó la Asociación pro Hospital de Niños, primera institución cooperadora de
los hospitales municipales rosarinos.
“Entre otras actividades públicas fue:
Presidente de la Liga Argentina contra la Tuberculosis.
Presidente de la Sociedad de Pediatría de Rosario.
Presidente de la Sociedad de Médicos del hospital de Niños
Presidente de la Asociación Pro Escuela Normal de Maestros.
Gestor de la Fundación de la Sociedad de Tisiología y de la Sociedad Médica,
a cuyo plantel directivo perteneció.
“En 1938 presidió el Tercer Congreso Provincial de Niño y la Primera
Conferencia Nacional de Psicotecnia.
“Desempeñó la docencia en la Escuela de Servicio Social, en el Colegio
Nacional N° 2 y en el Liceo de Señorit as.
“Y, en otro orden, como nieto del teniente coronel Melchor de Zuasnabar,
fue presidente de la Asociación de Descendientes de Guerreros del Paraguay de nuestra ciudad.
“Como dice la doctora Gloria Lovell –quien ha trabajado en la Administración
Sanitaria desde 1940 y ha sido también Directora del “Vilela” desde 1958 a 1964- “el Hospital que
creó el Dr. Zuasnabar en 1930 fue de avanzada”.
“Desde todo punto de vista, especialmente, en el aspecto social el Dr.
Zuasnabar no solo fue un gran médic o y estudioso, de espíritu caballeresco y altruista, sino que fue
también un gran administrador y organizador, un pionero de la Medicina Pública argentina, al
plasmar: la descentralización de la atención en dispensarios distribuidos en toda la ciudad, al
pagar el transporte para que los chicos carenciados volvieran para continuar sus tratamientos en el
Hospital; al mantener los niños escolarizados mientras duraba la internación y aún después,
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 65
cuando habían regresado a sus hogares pero no podían asistir al colegio, con maestras especiales;
al desarrollar planes de alfabetización para las madres, enseñanza de higiene, de economía
doméstica, de profilaxis de la sífilis y de la tuberculosis; al implementar la dentistería conservadora
y ortodoncia gratuitas, el consultorio de enfermedades de la piel, el Lactarium que suprimió al ama
de leche mercenaria; al habilitar en el Hospital de Niños un agencia de la Caja de Ahorro Postal; al
crear –entre otros beneficios de pensar aún en nuestros días - un Fondo de Asistencia Social
mediante el cual se proporcionaba alojamiento, comida, vestido y calzado a familias en estado de
suma pobreza.
“Este Servicio Social, que a partir de la década de 1930 el Dr. Zuasnabar
estableció en el Hospital de niños, fue el prime ro implementado en los hospitales rosarinos.
“El Dr. Zuasnabar se encargaba personalmente de cada detalle, asumiendo
así como Director todas las responsabilidades médicas y administrativas; ocupándose incluso de
gestiones tales como la aceleración de los trabajos de pavimentación de las calles adyacentes al
Hospital, de las conexiones eléctricas y telefónicas y del trazado del recorrido de la línea de
ómnibus que unió al nosocomio con el centro y con los otros barrios de la ciudad.
“Planeó ampliar el Hospital de Niños, construyendo un monoblock de 7 u 8
pisos: “donde con comodidad y amplitud puedan instalarse muchos servicios externos e internos
(...) Rosario exige y merece –decía el Dr. Zuasnabar - para la atención de sus niños enfermos, un
hospital modelo y lo exigen también su zona de influencia y todas las localidades que tienen
cifradas sus más grandes esperanzas en los servicios médicos y sociales de Rosario”. Escribía esto
en los Anales del Hospital de Niños, en el año 1945.
“El Dr. Zuasnabar falleció el 3 de abril de 1966, y aún parece no habérsele
tributado el homenaje que su figura merece.
Sobre su personalidad, ha dicho la Dra. Lovell, quien como ya mencionáramos lo conoció
personalmente: “hidalguía, pura hidalguía, porque lo más her moso que tenía el Dr. Zuasnabar era
su carácter. Era un hombre de una rectitud a toda prueba. Muy justo, muy firme en sus decisiones:
era un señor. Él tenía un amor bárbaro por el Hospital de Niños y evidentemente no solamente
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 66
tenía el proyecto de agranda rlo sino de hacer más asistencia social. Rosario no le ha hecho nunca
justicia, teniendo en cuenta que fue el primer promotor de la fundación de un hospital de niños
en Rosario que, con el tiempo, se ha acrecentado y que es un orgullo para la ciudad actu almente.
El doctor Zuasnabar tuvo el orgullo de organizar el Hospital de Niños, de fundar el Hospital de
Niños, y con todos los servicios anexos de tipo social. Es uno de los cultores de Rosario. La
Municipalidad debería promover el nombre de los cultores de la ciudad, de la cultura de Rosario".
“También la señora Ana María Sarnari de Mercau, Jefa del Servicio Social del
Ministerio de Educación, ha escrito del Dr. Zuasnabar: "¿Por qué razón no hubo el merecido
reconocimiento, o por qué no lo hubo posteriormente para ese monumental trabajo? La obra social
es tan importante como el ejercicio de la Pediatría... (El Dr. Zuasnabar) tuvo avances llamativos
como la instalación de la por él llamada “Escuela Ambulatoria”, que fue un desvelo también mío al
frente de la Jefatura del Servicio Social....Socialmente hablando, casi no hay detalle que haya
escapado a su visión. Conocí el Lactarium y la eficacia de su atención. Fui su alumna en la Escuela
de Servicio Social y podíamos haber rendido c on solo escucharlo (...). Fue muy buena su idea de
que no participaran los niños en los desfiles, por el frío y los plantones. Sería bueno reflotarla (...).
Creo que la Sociedad Médica y la Municipalidad pueden hacer mucho para divulgar su ejemplo,
para que la ciudadanía actual lo conozca, y para hacerle al fin justicia.”
“Es difícil encontrar alguien que haya hecho tanto por la Salud Pública
rosarina y santafesina y que aún no haya sido reconocido en la medida que merece, como sucede
con el Dr. Zua snabar.
“Imponerle al nuevo Centro de Especialidades Médicas Ambulatorias –que
fue por tantos años solo la estructura de un monoblock de siete u ocho pisos- el nombre del Dr.
Zuasnabar es hacer justicia pero también, y fundamentalmente, para la ciud adanía, es ver que al
fin se hacen realidad los anhelos sociales que ya tuvo él durante tantos años, hace ya mucho
tiempo.
“Por todo lo expuesto la Comisión ha compartido la iniciativa y propone para
su aprobación el siguiente proyecto de ordenanza:
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 67
Artículo 1°.- Desígnese con el nombre Doctor M. Horacio de Zuasnabar (1888 -1966) al Centro de
Especialidades Médicas Ambulatorias de Rosario –CEMA- en honor a su destacada trayectoria como
pionero de la Medicina Pública rosarina.
Art. 2°.- La designación se hará a través de la colocación de una placa en el frente del mencionado
edificio en un acto a realizarse en día y hora a confirmar, una vez aprobada la presente, en
reunión de Labor Parlamentaria.
Art.3°.- Comuníquese a la Intendencia con sus considerando s, publíquese y agréguese al D.M. -
Sala de Sesiones, 18 de Marzo de 1999. Ordenanza N° 6749.
-Ordenanza aprobada en democracia y por unanimidad, Penélope, pero aún no cumplida en forma
cabal por los diri-gentes, quienes -como usted sabe- además de robarnos el dinero intentan
también siempre robar la buena fama de los verdaderos hacedores del país. Sobre mi abuelo
Melchor Horacio, Tato, a lo escrito con Miguel A. De Marco -hijo- en ‘Dr. Zuasnabar. Pionero de la
medicina pública argentina (1888 -1966)’ le puedo agregar alguna anécdota tradicional, como la
que protagonizara papá al pegarle un puñetazo al diputado Agustín Rodríguez Araya por haber
molestado, no recuerdo cómo, la labor de mi abuelo al frente del Hospital de Niños.
- ¿Dónde ocurrió?
- En la puerta de la sede del Jockey Club, ante empleados y otros socios... Rodríguez Araya era
duro.
-Por lo visto, también su padre.
- No, papá era todo lo contrario, un romántico descontrolado.
- ¿Y qué pasó?
- Lo hizo caer; y todos le vieron a Rodríguez Araya, bajo el saco, un revólver...
- Empezó a los tiros...
- No, sólo mandó meter a mi padre dos o tres días en un calabozo. Yo nunca supe qué fue más
amargo para mi viejo: si los días de detención o la reprimenda que le dio mi abuelo por su
‘reacción violenta’.
-¿Dónde quedaba la escuela que su padre ayudó a levantar?
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 68
- Por allá, desde acá no se llega a ver... Era conocida como ‘la escuela de los Morresi, campo
Zuasnabar’. En 1943, mientras funcionaba en la chacra de la familia Morresi, fue reconoci da como
centro de enseñanza y, cinco años más tarde, como escuela provincial. Mi padre luego donó una
hectárea, el mástil y la placa de bronce correspondientes para el nuevo edificio. La escuela fue la
número 1007 y se llamó “Juan Manuel de Pueyrredón”... Ahora la hectárea es, de nuevo,
propiedad privada, por supuesto, no nuestra.
- ¿Quién la mandó a destruir, y por qué?
- No sé por qué... con mi madre y mis hermanos optamos por dejar que hagan .
- La contemplación es un arte de Oriente pero también muy cri ollo...
- Ahá, igual hace la gente de aquí, que ha perdido su escuelita rural.
- Pero por acá ya casi no queda gente, casi no deben quedar chicos en edad escolar.
- Bien, pero la escuelita podría haber sido utilizada para otros fines comunitarios. Siempre he
escuchado que hay que levantar escuelas, hospitales... no que hay que tirarlos abajo y quedarse
con los terrenos. De cualquier manera, mi padre donó el terreno a la provincia: es la provincia la
que se debe ocupar. Nosotros ya no.
- ¿Venía a esta chacr a con su padre?
- Como si fuera ahora mismo, lo estoy viendo ahí, de pie, mirando a lo lejos. Amaba este lugar. Una
noche nos quedamos los dos solos, mirando todas las estrellas que desde aquí se pueden ver, no
desde la ciudad. Estaba fresco, por lo que re clinamos los asientos del Torino y las veíamos desde
dentro del auto, mientras charlábamos y me contaba sus proyectos. Era un soñador nato... Ya
estaba muy enfermo cuando, al final del camino aquél, saltó la banquina y chocó de frente contra
una pared de t ierra. Quedó casi paralítico, por una lesión en la médula que le operaron con
bastante éxito, ya que pudo volver a caminar, pero tambaleándose. Una vez, volvió muy deprimido
a casa porque alguien lo había creído, a él que nunca bebía, borracho...
- ¿Cuándo murió?
- Cuando empezaba 1973.
- Cámpora al gobierno, Perón al poder.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 69
- Vamos a descansar.
-Cuando era chico -porque tenía trece o catorce años - me enamoré enormemente de María
Angelina, compañera del Colegio Adoratrices de mí hermana María Sara, la mayor, por lo que la
niña tenía un año y medio más que yo. "¡Qué ridículo un novio menor que yo, ni loca!", recuerdo
que decían sus amigas. Así que, además de enamorado yo estaba superorgulloso. Y claro, los
varones me lo hacían notar... por las buenas y por las malas.
- Y las chicas lo mirarían con curiosidad...
- Las mujeres siempre me miraron, al menos, con curiosidad, Penélope, gracias a Dios.
- ¿Aún hoy?
- Pinto canas, no es lo mismo...
- No se lamente, ya vivió lo suyo...
- Quiero decir que el esp ectro se ha ampliado. Ahora me miran con curiosidad las comprendidas
entre veinte -menos casi ya no... o sí ¡sí que lo hacen! pero entiendo que con sentimientos
confundidos- y... cuarenta años.
- ¿Las de más de cuarenta no lo miran?
- Ahora que me lo señala, me parece que también, pero entiendo que, asimismo, se confunden... A
veces me pasa que, queriéndole encontrar la mirada a una treintañera -como máximo-, se ponen
adelante las miradas de señoras -es decir, mayores de cuarenta - como si fueran diestras
guardavallas balanceándose para cubrir todo el arco. Espero que lo sigan haciendo, cuando yo
tenga arriba de setenta.
En tiempos de Angelina, para ir al country yo tomaba un ómnibus -la B o el 202- porque era
menor para manejar. En su ruta a Fisherton el co lectivo cruza calle Italia, donde al fondo, contra
avenida Wheelwright, vivía Angelina con su familia. Si el ómnibus iba muy lleno, yo me las
arreglaba igual para alcanzar a mirar por alguna ventanilla el fondo de la calle y, apenas veía el
edificio, le tiraba, a veces con disimulo, a veces no, besos a mi gran amor... menudita, preciosa...
Así estuve bastante tiempo, hasta que pude citarla, por primera vez, a solas, en Bridge, el bar que
estaba de moda ¿se acuerda?, en la planta alta de la Galería Rosario. ..
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 70
- A esa edad -ella quince y usted trece - era la crónica de una declaración anunciada...
- Nuestras familias y amigos estaban enterados de la cita. La expectativa era evidente. Todos
esperaban impacientes el resultado. Bridge estaba poco concurrido, nos sentamos por el centro,
entre la entrada y la barra. No recuerdo bien las palabras pero el trámite fue rápido y seguro, por
ambas partes, ya que los dos sabíamos que el otro estaba... bien dispuesto.
- ¿Usted cómo lo sabía?
- El lunes anterior había regr esado del colegio mi hermana y me había dicho: “lo conseguiste” -
conquistar a la que sería, años después, madre de mi hija. Esa mañana, al parecer durante un
recreo, Angelina había pasado al frente del aula para proclamar, a todos los vientos -sus
compañeras-, el amor que, había descubierto, profesaba por mí... hasta lo escribió en el pizarrón.
- ¿Y cómo cree que lo descubrió?
- Sin duda, en el asalto del sábado anterior, en casa de Marta María. Después de bailar lo
indispensable -Beatles, Salvatore Adamo, Nicola Di Bari, Doménico Modugno -, la invité a que nos
sentáramos a charlar en un cómodo sillón. Estuve impecable: brillante, divertido, seductor, sin ser
demasiado directo. Volví a casa con buenos pálpitos... El domingo no nos vimos.
- Fue el día de refle xión.
-En Bridge yo me tenía que jugar, pero sin ser brutal -sin romper el encantamiento del sábado - y
pedirle arreglo, cosa que hice. Me dio el sí bajo una condición, que no se lo dijera a nadie... Niños,
Penélope, ¡éramos tan niños incluso ya siendo pad res!... Y claro, se lo prometí, se lo juré.
- Lo que hiciera falta...
- No recuerdo si ella prometió lo mismo, pero ninguno de los dos cumplió la condición: salimos
tomados de la mano, saludando... y cortamos a los tres meses. Nos reconciliamos al año. Así
estuvimos -arreglando y cortando- muchos años, hasta que un buen día, que tuve franco en el
servicio militar, supimos que traíamos al mundo, a Sole.
- ¿Así que supieron que ese día concebían a Sole?
-Ahá.
-¿Y dónde fue eso?
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 71
- Je, je, Penélope, escúches e. En la biblioteca de la casa grande, del Palacio... calle Sarmiento
1166, Rosario. Una casa preciosa y grande... Enorme, más de diez dormitorios sólo en la planta
baja, cinco baños, dos patios y un jardín, dos sótanos -uno con la caldera para la calefac ción, con
depósito para el carbón-, más dormitorios para el personal de servicio, cuartos de lavar y planchar,
ascensor Otis -de madera, hecho a medida -, comedor diario, el consultorio de mi abuelo, mi
biblioteca, dos halls, uno de estar y el otro de recep ción... y unos majestuosos comedor y sala
principal con suelos de parquet -con dibujos de ebanistería-, columnas, arañas de alabastro
traslúcido -por donde se filtraba la luz de las bombillas-, dos pianos -uno de media cola-, relojes de
pie y otros embutidos en estatuas de bronce, salamandras con ventanillas de mica, mobiliario
europeo, abundantes cuadros -en especial de Uriarte, que era amigo de Tato. En esa verdadera
mansión se casaron mis padres, haciendo traer un altar. Allí mismo nació mi hermano Mari o. Allí
nacieron y fueron velados muchos de mis parientes. Habitaron esa casa cinco generaciones de mi
familia: no sé si no es un récord en Rosario... Vio qué dados somos los argentinos a estas
mediciones ¿no?: la más grande, la más larga...
-Como decía Borges, un problema de tamaño. Los visitaría mucha gente...
- El ‘todo’ Rosario, más algunos porteños -Sánchez Viamonte, por ejemplo-, los Aguirre de Santa
Fe, mis parientes cordobeses, pacientitos amigos de mi abuelo -algunos ya grandes-, los colonos de
aquí, los novios de las muchachas...
- Era una verbena...
- Era una casa de familia, como cualquiera.
- Usted pensaba que todos en el país vivían igual.
- No, yo veía a muchos de mis amigos, a mis compañeros de estudio, a los chacareros, vivir
evidentemente en otras condiciones. Pero, hasta que no vino la debacle nacional y familiar, no tuve
motivos ni medios para cuestionarme esas cosas: era un chico y, encima, en su contexto natural,
hasta ese momento.
- ¿Qué pasó con el Palacio?
- Se nos hizo imposible mantenerlo. A mi personalmente se me transformó, como yo le llamaba
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 72
desde Europa, en el ‘Grand Pantheon’, y lo vendimos. Hoy lo alquila un colegio y, aunque ya no
tiene el mobiliario de antes, lo han restaurado e igualmente está bello, lleno de vida, con sus
estudiantes... Espero que no terminen tirándolo abajo, como a todo... Lo que nos sucedió, como
debacle económica particular, fue que mi padre quería trabajar él mismo estas tierras. Pero las
leyes impedían desalojar a los colonos.
- Ellos eran los que las trabajaban...
- Exacto, con derechos adquiridos. Muchos propietarios entablaron juicios de desalojo. Mi padre fue
uno de ellos, pero también se avino a negociar y les llegó a ofrecer hasta dos terceras partes de las
chacras, con tal de quedarse él con un tercio libre...
- ¿Y aceptaron?
- Naturalmente. Luego, había que comprar herramientas propias: tractor, acoplados, arados...Pedir
créditos, gestionar, otro mal...
- La falta de capacitación empresarial, laboral, a que hace referencia su madre...
- Al “es que a los chicos no les hemos enseñado a defenderse en la vida” súmele el deterioro
generalizado del país, póngalo al horno...
- Ahora, entonces, la mayor parte de estos campos son de sus propios ex colonos...
- No, Penélope, luego vino la globalización. Ta mbién ellos fueron apretados, con más impuestos,
con menos rendimiento, con miseria. Tuvieron a su vez que vender. Ahora las tierras son de
inversionistas, porteños, extranjeros...
- Intergalácticos...
- Exacto, de esos nuevos señores feudales con Movicom, que se desplazan dentro de burbujas
asépticas del hotel al shopping y de Buenos Aires a Londres y París, evitando a la nueva, pero
siempre eterna, Humanidad Sobrante universal.
-Todo demasiado cíclico, ¿no, Zuasnabar?, y dígame... ¿cómo era la bibliotec a de su casa?
- ¿La del Palacio? Era una larga, pero algo angosta, sala con balcón a la calle, cubierta de finas
estanterías, con miles de libros codificados por personal de la Biblioteca Argentina, o quizás del
Consejo de Mujeres, no recuerdo... Quizá sí, porque allí daban clases de Educación Democrática
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 73
mi tía Sara -la hermana intelectual de papá - y mi tía y madrina Clarita. A la biblioteca yo la
conquisté, de manera oficial, como mi lugar de estudio.
- Como Borges a la Biblioteca Nacional...
- Tal cual, pero a escala e imprimiéndole mi carácter: música estereofónica entre los anaqueles y
un bargueño que me fabricó Manuel... querido Manuel, el mejor electricista -tartamudo- de casa,
de toda la vida, quien imagino pensó "cómo se las ingenia este chico" .
-Pero que no dijo nada porque él sólo era el electricista de la casa de los Zuasnabar...
-El electricista mientras no le pidiéramos que fuera padre, abuelo, hermano, sacerdote, juez...
siempre amigo. Como se lo pedíamos también a Fermina y a Lorenza.
- ¿Y a alguien más?
- A Miguel también -el chofer de mi abuelo. A él, después de morir Tato, sólo anualmente, cuando
llegaba puntual a llorarnos la gran ausencia, y nosotros aprovechábamos para desahogarnos de
esa ausencia como de muchas otras que teníamos t odos... Pese al grave ambiente, en esa seria
biblioteca yo igualmente había instalado un enorme póster, en blanco y negro -de textura tipo
reportaje- de la imponente Jane Fonda, que contrastaba, de manera insólita, con tanta
solemnidad: Jane muy joven -hermosísima-, sentada desnuda en la playa, con rocas y olas detrás,
con las manos cruzadas a cada hombro, cubriéndose los pechos... pero diciéndome con su mirada
que en cualquier momento los podía apartar. Igual con sus piernas... Cuando se vendió la casa -yo
estaba ya en Europa - mi madre colgó a Jane en una de las habitaciones de su nueva casa de calle
Cochabamba. Y cuando se tuvo que mudar al departamento de calle Italia ya no tuvo dónde
guardármela. Mi Jane quedó entonces en el trastero de la casa de mi her mano Mario, hasta que yo
regresé y la rescaté; imagínese que ella representa, hoy día, una parte muy considerable de mi
patrimonio afectivo...
- ¿Es que aún la tiene?
- Por supuesto, Jane está en mi departamento de Rosario, como treinta años después, tan j oven
como entonces...
Aquel día, el de la creación de Sole, fuimos María Angelina y yo al restaurante y rotisería Rich -que
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 74
queda a la vuelta de la casa grande - y donde mi familia tenía cuenta mensual abierta. Nos llevamos
lechón al horno y pionono. Champán -Moet Chandon brut- ya tenía en el bargueño. Y nos
encerramos en la biblio con una manta, un colchón llevado en riesgosa operación y una estufa
eléctrica que irradiaba, además de calor, luz, por lo que teníamos que ponerla detrás de uno de
los sillones grandes, para que no nos descubrieran a través de los visillos de la puerta, blancos,
lisos y bastante transparentes. A la puerta le quitábamos la llave, así no la veían, por afuera,
dentro de la cerradura.
- Es decir, ustedes no estaban en la casa...
- Al menos eso creíamos nosotros. Mis hermanos me han dicho que lo sabían. Tal vez también lo
supiera mi madre. En ese caso, éramos tolerados. Inmediatamente de hacerlo, al menos yo, ya
supe que tendría mi Soledad Eugenia de Zuasnabar Brebbia, en nueve mese s, ¿qué le parece?
- ¿Qué me parece? ¿No le da vergüenza hablar de su hija, de sus más caros afectos -según dice-,
teniéndome aquí, secuestrada?
- Todo lo contrario. Penélope, su compañía es indispensable para hacerlo. Déjeme seguir, no sabe
lo que le espera... Al mes empezamos a confirmar que el pálpito era cierto. Angelina se hizo un
análisis y dio positivo. Después de decirlo en casa, a puertas cerradas, yo ya tenía unas ganas
enormes de gritarlo a los cuatro vientos. No hacía mucho que papá había muert o y me
reconfortaba -como diría Bernard- reponer la pérdida. Pero, antes que a nadie, se lo teníamos que
decir a mis futuros suegros...
- Y sí, correspondía... hay que ser civilizado.
- Claro. Con Angelina pasamos a buscar, en la Renoleta -fíjese, desde el Torino, qué regresión
automovilística familiar-, a Fina, la futura abuela primeriza, para ‘ir a dar una vuelta, para pasear’,
le dijimos. Yo conducía, Angelina iba a mi lado y, Finita, contentamente ignorante, desde el asiento
trasero conversaba trivialidades con nosotros. Detuve el auto, me miré a los ojos con Angelina y
ambos nos dimos vuelta. Angelina le dijo: ‘Mami, te tenemos que decir una cosa’. ‘¿Qué, chicos?’
dijo Fina, con su linda sonrisa. ‘Esperamos un hijo’, agregué, sosteniendo la respiración. No
sabíamos cómo podía reaccionar. Fina dijo: “Ay chicos, ¿cuándo fue?”, como si lo hubiéramos
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 75
hecho sólo una vez. Angelina y yo nos quisimos volver a mirar pero lo evitamos para no reírnos. Ya
estaba dicho. Más tarde, desde casa, llamé a mi tía Beba Sacc one: ‘Beba, me caso’, le arrojé -no
olvide que yo tenía diecinueve años - y contestó: ‘¿No me digas? ¡qué plato!’. Fueron momentos tan
vibrantes...
- No los olvidará nunca...
- Si no los he olvidado hasta ahora, ya no lo haré más. Creo que las personas, ade más de desear,
por gusto, recordar lo bueno, por puro instinto, olvidan lo malo.
-¿Cómo es que usted quiso, o, mejor dicho, pudo, estudiar para Contador Público Nacional?
- No diga que el título no me va perfecto: Contador...
- Sí, lo cuenta todo... Número s o cuentos, qué más da.
- Público...
- Y lo publica, eso también.
- Lo de Nacional es en lo que se quedaron ...
-Cortos, ¿no? Internacional, intergaláctico usted también -si por usted fuera-, no se altere, el título
le va, pero ¿usted creía que en esto consistía ser contador?
- No -estaba confundido, pero no tanto. Cuando terminé el Superior de Comercio -en ese entonces
bajo la rígida dirección y vicedirección de los temidos Gabrielli y Echeveste - me fui a hacer un test
de orientación vocacional a un in stituto sito, si mal no recuerdo, en la calle Buenos Aires. Conmigo
llegó un nieto del doctor Staffieri -el médico que llegó rapidísimo cuando Tato tuvo su mortal
infarto-. También, Guillermo Schliepper -el Lobo-, quien más tarde se casaría con una prima
Saccone... En definitiva, a Staffieri y a mí nos hicieron ir más veces que a los demás, con la excusa
de que teníamos una inteligencia algo mayor que la media...
- Vaya uno a saber...
- Eso dijeron, no intento fanfarronear. Siempre he pensado que la intel igencia ayuda poco o nada
a ‘ser feliz’. A veces incluso, viendo qué felices son los idiotas, he pensado que hasta puede ser
contraproducente...
- Siga.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 76
- Nos dijeron que podríamos estudiar, con igual éxito, tanto ciencias como letras, pero que, dados
nuestros ilustres mayores, deberíamos optar por medicina, porque en ella nos encontraríamos con
aproximadamente un treinta por ciento hecho...
- Por las famas de sus abuelos...
- Ya ve. Nos lo dijeron por separado, pero lo comentamos juntos a la salida, orgullosos pero
sabiendo, como dijo Séneca -y yo al presidente-, que "quien se vanagloria de sus antepasados lo
hace de glorias ajenas". Al nieto de Staffieri no lo conocía y nunca lo he vuelto a ver, pero allí me
dijo que seguiría abogacía. Yo no lo tenía aún c laro: más que por vocación -no recuerdo intensidad
alguna- me inclinaba por medicina exactamente por orientación familiar, ya que a la literatura la
ejercía casi ocultamente, desde el escrito primigenio sobre Tato...
- Al fin y al cabo, usted llevaba, adem ás del apellido, el mismo nombre que su honorable abuelo
pediatra.
- Sí, de todas maneras recuerdo que al proceso de elección universitaria lo sentí muy complejo.
Pero los años, sobre la memoria, los han reducido a elementales. Al graduarme en el Supe, que
depende al igual que el Poli -el Politécnico, donde a su vez se graduó Sole - de la Universidad, yo
tenía ingreso franco a económicas, en una época en la cual el preuniversitario en general, y el
premédico en especial, eran duros coladores. Esa razón me hacía barajar la posibilidad de seguir
ciencias económicas: siempre he pensado que nadie estudia, por vocación, para ser contador
público. Es absurdo, desde la sigla del título hasta en el hecho de dedicarse, toda una vida, a
engañar al fisco, a las leye s sociales de los trabajadores y a cuantos quieran ver un dos donde hay
un dos. Por vocación se puede estudiar piano -pienso yo-, pero no contabilidad....
- Por vocación también se podría estudiar la licenciatura en ciencias económicas, o sea economía,
nacional o internacional...
- Sí, pero esa no atraía mucho a nadie, por tener escasa o nula salida laboral: usted sabe que hay,
para machacar, muchos menos países que obreros y empleados. Además, para machacar a toda la
Argentina hay que ser ministro de E conomía, en general, golpe de estado mediante; en cambio,
siendo un simple contador sólo hay que matricularse en el Consejo Profesional, donde, encima, le
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 77
dan cursos de perfeccionamiento para saber tratar a los de la Dirección Impositiva. No sé si me
puede entender, Penélope, además de ser algo muy técnico, yo nunca quise comprenderlo...
- Ya pasó, Zuasnabar, ya pasó, no se haga más el cínico. Entonces, buscaba una salida laboral...
- Sí, era una cuestión muy tenida en cuenta en tan tempranos años -empecé la Universidad con
diecisiete- en los que la economía familiar ya se hundía tan velozmente como la nacional. Por ese
tiempo yo noviaba con Alba, mi primera Alba, la de Bariloche...
- ¿Cuántas serían las alboradas?
- Serían dos las afortunadas, hasta el momento. Lúcida y bella alumna del Colegio de Nuestra
Señora de la Misericordia -del Colegio de Nuestra Señora de la Miseria Gorda, como cariñosamente
le llama el grupo de ex alumnas a la que pertenece mi madre -. Alba quería seguir Económicas,
como su padre, quien con mucho mérito había sacado adelante a su familia. Y quería que yo la
acompañara. Me lo manifestó hasta con una poesía -tal vez demasiado rimada- que decía algo
sobre alguien que quería ser médico pero, por amor, terminaba siendo contador. Yo no t enía, en
definitiva, más vocaciones que escribir y amar a las mujeres, pero no tenía dudas de que debía
hacer una carrera, cualquiera... la que mejor me pudiera venir...
- Y así comenzó Económicas.
- Espere, fue dando un rodeo: todavía me resistía. Me ap unté al premédico y lo aprobé sin
problemas. Me compré un guardapolvo blanco y empecé a ir a clases de Anatomía. Al segundo o
tercer día, casualmente levanté una tapa de madera e, invadido de un fuerte olor a formol, vi un
cadáver verde. Cerré la tapa, vol ví a casa, colgué por última vez el aún nuevo guardapolvo y, con la
obediencia que produce la desorientación y el olor a mujer, seguí a Alba a Económicas, donde
debuté con un sobresaliente -el único de mi carrera - en Filosofía...
- Por supuesto, en Filosofía...
- Y con las felicitaciones de la mesa, presidida por el profesor Brie, que luego sería decano
procesista de la Facultad de Filosofía.
- Así, pierde gracia...
- No pierde ninguna gracia. Yo obtuve el sobresaliente. No él. Todos tuvimos que convivir c on
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 78
todos, al menos hasta el 77, en que yo me autoexcluí. Lo seguimos haciendo ahora, con todos los
mismos en el poder: usted lo ve, gobernadores montoneros e intendentes golpistas, y viceversa. Y
la mayoría sigue en el llano, cada vez más sufrida. No vaya a ser ahora que los que nos
autoexcluimos también algo habremos hecho, y nos vengan a buscar todos -terroristas de
izquierda y derecha - aunados.
- Bueno, siga...
- Luego, logré muchos rasposos aprobado -me bocharían más de una vez-, bastantes bueno y uno
que otro distinguido, entre ellos en matemática financiera con el magnífico profesor Cúneo... unas
dos semanas después de que me aplazara en el primer llamado. En la segunda convocatoria me
hizo tres preguntas una de sus ayudantes, quien le comunicó a Cúne o que no tenía ninguna
objeción. Entonces, él mismo me hizo otras tres preguntas, a las cuales también contesté
correctamente, y me hizo salir a esperar la nota. Cuando vi que la calificación era distinguido, y no
sobresaliente -como yo deducía que tenía q ue ser al haber acertado las seis respuestas -, me quedó
la intriga de por qué. Pensé que no quiso ponerme la nota máxima porque la inmediata anterior,
en la libreta, era de aplazo... en su asignatura. Años más tarde se lo comenté y me desmintió mi
aprehensión. Cúneo me dijo que, para el sobresaliente, tendría que haberme hecho más
preguntas... No sé, por lo tanto, si esa vez fue justo o no el profesor al que tengo por mejor y,
precisamente, por más justo. Filosofía y matemática financiera son las dos únicas materias que en
realidad estudié, aunque sólo fuera un par de semanas cada una. La Universidad, para mí fue un
trámite. Durante esos años sucedían en el país y en mí cosas gravísimas. En algún lado escribí que
yo a las asignaturas las ‘tiraba’ como si de postes se trataran, pero entre clases estudiaba bien
poco...
- Había que apalabrarse a las compañeras...
- Entre otras cosas. Al llegar los turnos de examen, en un plan de correlatividades que aún guardo
en Rosario, apuntaba las que intentaría: una, dos, tres, quizás más. Las preparaba en un par de
días, las aprobaba y las tachaba. La última fue Economía Intermedia II, con el profesor Sergio Di
Pietro, en el año 76, recién estrenada la dictadura de Videla. Yo quería un broche de oro, otro
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 79
sobresaliente: era la última oportunidad. Después de pocas preguntas el hombre me dijo que era
suficiente, que ya estaba bien, que esperara afuera por la nota, pero yo me negué: insistí en
responder algo más, cualquier cosa que él deseara. Mis compañeros silbaron y riero n bajito,
llamándome olfachón y chupamedias. Di Pietro, irónico, me preguntó cómo veía el futuro
económico argentino con la llegada de Martínez de Hoz al Ministerio de Economía. Argumenté -por
aquella época tan consabido - sobre las teorías de la Cepal y de los Chicagos boys, y que lo veía
venir muy mal. Asintió, y me fui a esperar. No me puso sobresaliente, sólo distinguido, por
estúpido, por zalamero. De todas maneras, recuerdo que no pude festejar la obtención de mi título
hasta que, por la tarde, tam bién lo alcanzara mi ex querido amigo Isidoro, compañero desde la
secundaria. Cuando él acabó -con sobresaliente-, estallamos eufóricos. En cierta manera, por esa
época el mundo empezaba a ser nuestro, aunque otros, los diri -gentes, hicieran incluso lo ind ecible
por evitarlo. Estando ya en el transatlántico Guglielmo Marconi, que me llevaría por primera vez a
Europa, recibí un telegrama de Isidoro, desde su destino en Monte Caseros -donde hacía el servicio
militar-, que decía: "El río siempre ha seguido su curso. Ahora te toca a ti". Cuando yo hice la
colimba, corría 1973 y a mí no me dieron la orden que sí le dieron a Isidoro -que pidió prórroga- en
1977: “Primero tire a matar, luego dispare al aire y, por último, pregunte quién vive”
-Demasiadas circunstancias empezaron a ocurrir con inusitada velocidad en ese tiempo...
-Se le juntaron muchas emociones.
- Se lo podría certificar el doctor García Turiella, eminente cardiólogo, jugador de ajedrez y
políglota, insaciable de conocimientos, pletórico de existencial filosofía... pero ya no vive. La última
vez que fui a su consulta llevaba el pulso acelerado y los nervios bastante desquiciados. Le rogué
que me hiciera un electrocardiograma, manifestándole mi deseo de que descubriera algún
accidente cardiovascular que me llevara pronto a la paz de la tumba. Dolorido, pero inmutable, me
dijo: “No te preocupés, Horacio, ya te vas a morir”. El electro dio normal. Salí eufórico, aliviado.
Esa noche me fui con Isidoro y otra gente por la ruta 34, de pueblo en pueblo, d e bar en bar,
comiendo troglodíticamente y apurando caballerosamente -éramos de la ciudad - a las campesinas
de cada lugar. Pero ya todo olía feo: los controles camineros, los Falcon verdes, los desfiles
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 80
guerrilleros por los poblados del Norte, las órdenes de la viuda de Perón -‘aniquilar a la subversión’-
, los operativos... Nadie puede decir que todo eso no se veía claramente...
- Espere, no se agobie. ¿Qué pasó con María Angelina?
- Nos divorciamos antes de cumplir dos años de casados.
- Le suele pasar a q uienes se casan de apuro...
- No exclusivamente. También le pasa a quienes se casan con absoluta premeditación. Al margen
de vanas comparaciones, Angelina y yo nos separamos en la medida en que dos padres se pueden
separar, habiendo una hija que ambos aman . Lo grave, eso sí, es que yo me separé de Sole, y ella
de uno de sus padres. Perdimos la bendición de hablarnos cada mañana al despertar, cada noche
al irnos a dormir, de tener -los tres- la vida familiar que todo hijo, al menos, merece. En especial
Sole, porque es la mía.
- Quiere otro mate...
- No, el doctor Arias me dijo que, tantos, me producirían acidez, y ya tengo una... fenomenal.
- Perdone.
- Usted no tiene la culpa...
- Gracias...
- Yo soy el que la tiene....
- No, tampoco se lo tome así. ¿Quiere que me vaya?
- ¿Adónde?
- A Rosario, por ejemplo.
- ¿Y dejarme solo con todos estos pensamientos? Ni lo piense. Venga, vamos a dar una vuelta por
la arboleda, vamos a tomar aire.
- Sí, ¡fresh air!... como decía Nietzsche....
- Ya divorciado de María Angeli na reencontré a Paula, amiga de la infancia, con quien nos
habíamos gustado, sin pasar a mayores, años antes. Paula también se había casado y divorciado y
tenía -tiene- un hijo, Andrés, con el que me encariñé y apegué tanto como de Paula, en ese
reencuentro. Pero de maneras, como es natural, diferentes: en Paula encontré una nueva pareja y,
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 81
en Andrés, la compañía de un niño...
-Como le diría Bernard, reponía otras pérdidas...
-Corría 1975 y yo aún vivía en el departamentito de Balcarce 740, donde había ido a vivir con
María Angelina recién casados, y luego también con Soledad, recién nacida. Cuando me divorcié y
quedé solo, Paula y Andrés paliaron, en buena medida, esas ausencias. Solían quedarse muchos
días conmigo, por lo que también nos visitaba Carmen, l a hermana menor de Paula, a veces con su
novio, Champi...
-Logró formar nueva familia...
El viernes fui a la casa de Paula -vive en lo de sus padres-, a buscar a Andrés, para llevarlo a
pasear. Amargos gustos de divorciado. Recién el domingo podría ver a Sole, por lo que Andrés
haría ese día de hijo, una vez más. Abrió la puerta Paula y lo primero que hizo fue preguntarme si,
esa mañana, yo había escuchado la radio. Le dije que no. Paula me dijo que Carmen hacía dos
días que no aparecía. Y que por televisión acababan de decir que el ejército había matado a
Champi, al quererse resistir. Paula me ocultaba detalles, diciéndome que lo hacía por seguridad.
Estela, su madre -la abuela de Andrés - se refirió a “una valija en una baulera, con literatura
subversiva”. Nunca lo supe a ciencia cierta. Además, habría que confirmar la existencia de
literatura, luego su condición de subversiva y por último -o antes que nada - determinar qué se
entiende por literatura subversiva en un contexto como el latinoamericano. Por aquel entonces
alguno de mis hermanos, o yo mismo -no recuerdo- llevó a casa el periódico de los Montoneros,
donde se relataba, con cínica frialdad, el juicio y asesinato del general Aramburu. Mi madre lo
consideró un documento histórico y opinó que debíam os guardarlo en la biblioteca. Nosotros le
dijimos que no, que era peligroso, que mejor lo leíamos y lo quemábamos. Mi madre se negó.
Nosotros insistimos. Mamá dijo que, en nuestra biblioteca, había literatura de cualquier ideología,
desde marxista, empezando por Marx, hasta de católicos ultramontanos, pasando por cristianos,
liberales y moderados. Que, por eso, -dijo- era una biblioteca. Docente de educación democrática,
mi madre. Discutimos y nos acaloramos. De pronto, mamá tomó el teléfono y llamó, ante nuestro
espanto, a la Jefatura de Policía, o al Comando del Ejército, ya tampoco recuerdo, pero daba igual.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 82
Yo escuchaba por el otro teléfono, temblando. Y, muy digna e indignada, mi madre empezó a
explicar, sin dar su nombre, la discusión que mantenía con sus hijos. Del otro lado se escuchó, frío
y desafiante: “Soy oficial, hágale caso a sus hijos, quémelo”. Sin agregar palabra, mi madre colgó.
Llegué adonde ella estaba a tiempo para verle una expresión, mezcla de toma de conciencia y de
terror, que no olvidaré mientras viva. Me parece que alguno de nosotros fue al jardín y quemó el
panfleto. Pero también creo que, tiempo después, hubo otro ejemplar, en la biblioteca, escondido.
Unos meses más tarde, recién enterada de la desaparición de Carmen y de la muer te de Champi, y
atemorizada por la seguridad de sus cinco hijos, mi madre volvió a insistir. Se comunicó con
conocidos cercanos a la represión, y preguntó si alguno de nosotros era sospechado. Muy sueltos
de cuerpo le dijeron que no, que no figurábamos en ninguna lista.
Con lo que me iban contando Paula y Estela ese viernes, me fue embargando una angustia
increíblemente espantosa. Estaba horrorizado. Mi estómago, ya ruinoso, empezó a quejarse cada
vez más. Sentía por Carmen una pena tremenda y reaccioné con agitación, diciéndole a Paula que
hablara con oficiales superiores del ejército. Me dijo que no se podía hacer nada. Le pregunté si
Carmen tenía ‘algo que ver’. Respondió que ella no era una soplona. Creo que Paula sabía tanto
como yo, pero se hacía la misteriosa, la importante. Parecía mentira. No tomaba aún conciencia de
la situación de su hermana y de la suya propia, al vivir en la misma casa, en la misma casa donde -
yo también me demoré en tomar conciencia - vivía Andresito. Casa que, en cualquier momen to,
podía ser asaltada por los ‘servicios’. Yo tenía muy presente esos allanamientos. Meses atrás,
estando ausentes los padres de Paula, me había quedado en su casa, pasando la noche con ella y
con Andrés. Por lo que no había vuelto a mi departamento, en c alle Balcarce, al 700, en pleno
centro, frente al Colegio Normal, a una cuadra de bulevar Oroño y a cuadra y media de los
mismísimos Comando del Ejército y del Palacio de la Jefatura de Policía. Por esa zona también
hubieron operativos. Al menos, el peor, fue en mi edificio, justo la madrugada que yo estaba
durmiendo en casa de Paula. Yo vivía en el quinto piso, con vista a Balcarce. En el octavo, con vista
a Oroño, vivía una pareja con un hijo, de unos siete años. Ella estaba embarazada. Recuerdo
haberlos cruzado, más de una vez, en el palier de entrada. Esa noche estaban con dos mujeres
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 83
más. Fue una masacre. El ejército colocó ametralladoras sobre los canteros de Oroño y dispararon
toda la noche. También subieron hasta el octavo y, a través de un boquete q ue le hicieron al
monoambiente -así son esos departamentos-, acribillaron a balazos a la pareja. Las otras dos
mujeres saltaron por la ventana, pero antes una quiso pasarse al departamento de abajo. La vecina
que vivía allí escuchó que le decía a la otra q ue la “agarrara de los pelos”, porque se estaba
cayendo, mientras le golpeaba con las piernas la ventana y le pedía que la abriera. La vecina, al
contrario, la cerró mejor. Como después explicaría, si abría, era ‘demasiado probable’ que la
tomaran de escudo, de rehén, con lo que hubiera muerto también. Lo del chico no quedó claro,
pero se salvó. Me refiero a que salvó su vida física. No sé qué habrá sido de su mente. La versión
policial fue descabellada: que sus padres lo envolvieron en un colchón, lo ataro n y lo tiraron por la
ventana, y que el colchón habría amortiguado el golpe, desde un octavo piso. Por el contrario, la
versión de los vecinos dice que hubo una tregua, un momentáneo cese del fuego, en el cual se
negoció la salida del niño. Afirman que los efectivos habrían exigido que saliera desnudo y con los
brazos levantados y las manos abiertas, para que no lo enviaran con una granada, o algo así, tipo
niños vietnamitas, en versión criolla. Espantoso. Luego habrán seguido disparando. Yo entré a ese
departamento algunos días después. Puedo asegurar que a nada, a ningún juguete del niño, a
nada, le faltaba su tiro. Había sangre semi seca por todas partes.
Llamaban continuamente por teléfono muchas personas desconocidas -según Paula, que atendía -
preguntando por Champi, por Carmen. Llamó incluso la madre de Champi, no tenía certeza de que
su hijo estuviera muerto. Con frialdad, Paula le dijo que lo habían matado. Me venían a la mente de
continuo -me vienen aún ahora -, en forma fotográfica, Champi y Carmen la última vez que los vi,
caminando por bulevar Oroño, abrazados, riendo. Me venía a la mente el rostro de Champi y me lo
imagino muerto. Me imagino los impactos de bala en su cuerpo. Me imaginaba torturas que le
hacían a Carmen y me repetía, sin cesar: po brecita, pobrecita. Me la imaginaba desnuda y siendo
torturada, su cara de espanto, sus gritos, su miedo, su dolor. Me imaginaba las atrocidades que le
podían estar haciendo, las piñas, la picana, las violaciones. Yo tenía esas posibilidades muy
presentes, porque, un día antes, una compañera de la Facultad me había contado, con sumo
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 84
detalle, las torturas que le habían hecho a su primo en Jefatura, después de que unos ‘terros’ lo
usaran para tirar panfletos desde su Citröen, sin que él se diera cuenta. Cuand o comprobaron que
fue así, lo soltaron.
Paula hablaba con ambigüedades: llamó alguien preguntando por Champi y nos dijo que ‘no era
nadie’ y, cuando insistí, dijo: “era el control de Champi”. Yo le pregunté indignado qué sabía ella de
esas cosas, y le recomendé que no dijera barbaridades por teléfono, seguramente intervenido.
Igualmente Paula mantuvo un halo de misterio, de agente secreto, de saber. Me pareció producto
sólo de una mente ingenua, ignorante, que, sorprendida por un terror desconocido, no sup o
reaccionar de otra manera. Estela, por su parte, se largó a llorar cuando -de nuevo por el
esperado y temido teléfono- le confirmaron la muerte de Champi, y que Carmen estaba en
Jefatura. Quedé hecho una piltrafa. Girando sobre sí, con los brazos abiert os y llorando, Estela dijo
que le iban a matar a su hija: “Me la van a traer muerta”, repetía. Eso, si se la devuelven, pensé
yo. Me acerqué a Estela y me abrazó. Le acaricié la cabeza y le besé una mano. Me abrazó más
fuerte y se ahogó en llanto, justo cuando entraba Eduardo -su marido-, sonriente, ajeno. Estela le
dijo: “A Champi lo mataron y Carmen está presa en Jefatura”. Después de unos segundos de
estupor, estoy seguro de que Eduardo se concentró en salvar a su hija. En los días siguientes, se
comportó como un eficiente autómata, con un objetivo preestablecido, claro, concreto, urgente y
delicado. Alguien cercano a la familia y a los represores le informó que aún no habían maltratado a
Carmen y que fuera, lo más rápido posible, a Jefatura. Yo me fui , llevándome a Andrés, a casa de
mi madre -el Palacio, todavía- y se lo fui diciendo a Juan, a Mirentxu, a mamá y a mi cuñado de
aquel entonces, Horacio, el que sería con María Sara padre de mis sobrinas Florencia y Cecilia. Lo
hice por separado y en ese orden. Yo estaba bastante ido, pero hasta hoy no olvido las caras que
respectivamente cada uno de ellos fueron poniendo. También conocían a Carmen, la querían,
desde chica, como yo. Ellos sólo se demoraron unos instantes en la creencia de la imposibilidad de
que, eso, pudiera estarle ocurriendo a la gente más querida, casi a nosotros, que eso sucediera
casi en casa. A Andrés me lo llevé, contra la voluntad de Paula, a dormir a casa. Paula seguía
haciéndose la sabihonda y la inconmovible. Pienso que no ente ndía nada, que no valoraba -quizá
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 85
no podía- la terrible situación. A Andrés me lo llevé porque pensé que allí caería la policía, el
ejército, los ‘servicios’. Yo pensaba que tanto los ‘zurdos’ como ellos eran los máximos exponentes
de la estupidez humana, además de crueles. Yo era la amargura extrema y, mi semblante, lo
exteriorizaba. Me desfiguraba el gesto el dolor en el cerebro, en el corazón y en el estómago. Tomé
antiácidos y ansiolíticos. Pensaba y repetía en voz baja: “Pobrecita, cómo la melonearon, pobrecita,
si es tan ingenua, aún en la secundaria, tan ingenua”. Cuando devolví a Andrés, Paula no quería
decir nada de cómo estaba la situación, pero Estela me dijo: “Porque es quien es no le han hecho
nada”. Otra ingenua, pensaba yo, y recordaba al hijo del general Alsogaray, cómo fue mandado a
matar y enterrar en la fosa común, con otros terroristas. Héctor, el otro hermano, decía, tan
sabihondo como Paula, ‘todo depende de que cuente todo y que confiese para que no le pase
nada’. Yo pensaba -y pienso todavía- qué tendría Carmen que confesar, y me aterrorizaba, por ella
y por los supuestos delatados. Al irme le di un beso a Andrés y apenas saludé al resto, luego de
aconsejarles que hablaran con alguien del Poder Ejecutivo, impresionándome aún más al
escucharme yo mismo decir Ejecutivo. Me fui a mi departamento sabiendo que todo estaba
grabado de por vida en mí. Ya no me dolía sólo el cerebro, el corazón y el estómago, sino todo. Era
una depresión completa, un agotamiento íntegro apenas disimulado por los calmantes que había
tomado. Todo entraba en cuestionamiento. Odié tanto a uno como al otro extremo, representantes
de la barbarie, disfrazados a sus maneras para presentarse al común de las gentes, pero no a mí.
Estaba agotado, me estaba doliendo al máximo la vida. Fui a un quiosco cercano adonde habían
matado a Champi y me dijeron que escucharon más de veinte disparos, pero no me supieron
precisar si fue un tiroteo. Sentía una tremenda impotencia. En esos días, habían aparecido ocho
cadáveres en una playa de estacionamiento de San Telmo. Según los rumores, los llevaron muertos
y, además, les pusieron bombas para destrozarlos, pero no llegaron a explotar. Los guerrilleros, por
su parte, habían matado a dieciocho personas e hirieron a otras sesenta, con una bomba en un
comedor. Pensé dirigirme a algún familiar de algún guerrillero, ya reconocido, para preguntarle
qué se podía hacer por Carmen, pero, a medida que me interesaba, sentía que me comprometía: si
me enteraba del nombre de alguno que no estaba preso , yo pasaba a estar comprometido.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 86
Cuando hablaba de Champi y de Carmen sentía ya miedo por mí. Era el terror. Escuché que una
chica -ya no puedo recordar su nombre - fue la que denunció a Carmen, bajo torturas. Sentí pánico
con que se comentara mi nombre. Ocuparse de Carmen era comprometerse y no ocuparse era
comprometerse mal con uno mismo. No me quería envenenar más, detestaba ya a los militares,
pero también tenía en claro que no tomaría las armas contra ellos. Como mucho, ‘me tomaría el
buque’. Estaban envenenando no sólo mis ganas sino mi propio instinto de vivir. No participar y
participar me pareció estúpido por igual. Empecé a creer que las formas de la estupidez humana se
resumían en la mera existencia de la especie. Encerrado en mi departamento, mi mente ya
cuestionaba todo, mientras escuchaba disparos, seguidillas de disparos. ‘Quizás, no viendo ni
razonando nunca nada, se pueda vivir’, llegué a pensar. Pero ya había tomado conciencia de
algunas cosas. Podía actuar, mental y exteriormente, hasta ll egar a no sabía qué, pero que me
liberara de ser un triste más. No creía que me hubieran ya domesticado. En teoría, la vida
continuaba, incluso con Carmen secuestrada en Jefatura. Ese domingo fui con Soledad, Andrés y
mis hermanos al country. En el almuerz o, nadie dijo nada, en absoluto. Dolía mucho ese algo para
que tanta gente no abriera la boca. Era un clima espeso de angustia. Cuando volvíamos estábamos
muy nerviosos. Un auto nos trabó el paso y, cuando lo pasé, me insultaron, me putearon.
Rebasado ya el vaso de mis nervios, explotando, con toda la rabia del mundo le tiré el auto encima,
abollando ambos vehículos. Paramos y casi nos trompeamos, pero acabámos intercambiando los
datos y luego nosotros continuamos nuestro regreso, también en total silencio. Llevé a Andrés y
conversé con la familia de Carmen. La habían podido ver a través de una reja, en un sótano de
Jefatura. Yo podía imaginármela. La tenía fijada en mi mente: cuando tomaba un café la pensaba
en una celda helada, cuando me acostaba confortab lemente, cuando comía, iba enumerando todo
lo que le faltaba. También tenía en la cabeza a Champi. Lo veía -lo veo- pasando por delante de la
pieza de Paula y Andrés, con su sonrisa triste al saludarme, siempre la misma, y veía la sonrisa más
amplia de Carmen. Los escuchaba también en el comedor del departamento. Escucho su voz.
Me animé a pasar caminando por la vereda de enfrente de Jefatura. Yo me decía “a 100 metros, a
lo sumo, está Carmen”. Apretaba los dientes tan fuerte que me dolían: quería no sen tir el dolor del
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 87
pecho. Volví a casa, justo cuando estaba hablando Videla, por radio: sus palabras sonaban
convencidas y serenas, como las del perfecto criminal que ya muchos conocíamos y que no dejaría
de aterrorizarme así yo estuviera, como estuve por muchos años, a miles de kilómetros. Ya
entonces me cuestioné fundamentadamente todo, de la forma más serena que podía hacerlo, en
esas circunstancias, el veinteañero que era. Yo me sentía indivisible con mi hija pero,
concretamente, yo no podía vivir con el la: me había divorciado de su madre y, como es bastante
común con niños pequeños, ella tenía la ‘tenencia’. Quise entonces conocer mundo, ‘muchos
países para ver si encuentro uno en que el Hombre no se denigre como en este’, tengo escrito por
esas fechas. No dejaba de pensar en mi hija, en primer lugar.
Junio de 1976
Antes de desesperarme estos momentos pasados (siempre son muy breves, muy coyunturales,
diría que no se prolongan más allá de una vida) estaba analizando el hecho de sufrir de ‘tortura
vital’, explicable casi matemáticamente. Para ello, distinguí alguna que otra etapa, dentro de ella.
La primera, el “comienzo de la tragedia”: cuando algo hiere más o menos impertinentemente -y en
forma profunda- mi sensibilidad. El shock propiamente dicho. Lueg o el abismo, la horrible caída
libre, donde la gravedad newtoniana tiene aspecto de fallido paracaidismo. Certeza de que
remontar vuelo anímico, a lo ave, es utópico. Poco más tarde -es muy relativo lo de poco- está el
choque obvio contra la tierra. Desped azamiento, descorazonamiento, en todo lo que eso significa.
Es el momento en que soy el muñeco destartalado, descuartizado, en posición grotesca -como la
de los que se mueren -, ridícula. Espantoso como los payasos. Desasosiego, abandono de valores e
intenciones. Olvido de la Vida, pero en vida. Deseo que la Muerte que se está experimentando se
materialice en no experimento, sino en resultado final. Resolutorio. En paz. Pero no, cual Ave Fénix
empiezo a resucitar. Como empecinado arqueólogo reconstituyo lentamente lo disperso. Hasta
remontar un triste vuelo nuevo. De nuevo vale lo comparativo y los hermanos Wright, a mi lado,
son sofisticados astronautas. Reescalo las alturas perdidas, si las hubo, siempre relativas. Cada
metro que rehago es a golpe de justi ficaciones con sabor a pretexto. A excusa y a instinto. Me
autoconvenzo del valor del ‘alpinismo anímico’. Busco auxilios, pero íntimamente desconfío de otras
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 88
intenciones a las propias recuperadas. En el fondo, sólo el amor y el odio a mí mismo son mis ala s.
Al cabo, llego donde me encontraba al principio. En ese momento soy uno de vosotros
nuevamente. Y creo en vosotros. Y en la Vida. Y en el futuro mejorado. En unas palabras, en todo
aquello a que le debemos fe. Y aún no aprendo que, en esos momentos, y a ‘algo’ nuevo comienza
a derrumbarme otra vez, empezando un nuevo ciclo. ¿O acaso tú, Don Quijote, no piensas como
yo? ¡Todos a descansar!
- Cuántos escritos que tiene, Zuasnabar...
- Me he pasado la vida documentando mi vida, Penélope... o quizá me he pa sado mi vida
documentando la vida.
-Esa sutil o gruesa diferencia la establecerán los otros...
-Quizás me he pasado mi vida documentando una vida -la mía- que es la representación de la
Vida, de cualquiera y de todos. Así sí lo habré logrado...
- ‘La Representación Humana’... es una considerable ambición...
- He barajado ese título, para otro libro..
- Siga leyendo, por favor.
- ¿Cuál?
- Cualquiera, esos mismos.
Faltan veinte minutos para que sea 7 de Junio de 1976 y cumpla 23 años. Los empiezo más o
menos así:
Soledad tiene dos años y un mes y medio. Ya hace frases como: “Acá adento no hate pío”, “Tole
nono en la puna” (cuna), etcétera.
Estamos (mañana, pasado) con Horacio y Quique por limpiar el local para instalar nuestro negocio
de frutas y vinos.
Me queda: Finanzas (estudio con Claudia, que medio se me declaró y la paré, primera vez en mi
vida); Intermedia I (con Carlos, Marcela y Susana) y II.
Hace un mes más o menos se casó Alba II, con otro (naturalmente).
Se han sucedido Paula y Alba (II). A Alba la siento lejísimo (habiéndola sentido tan cerca y
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 89
necesaria: Semana Santa, Buenos Aires, Le Club, el Drugstore, Flash, La Biela, el departamento de
Caeto...).
Salgo con Gabriela -Gabi-. Me desespera pensar que me puede usar para “joderse”, “reventarse”
(porque yo vivo en mí cotidianamente esa experiencia, con mis erradas)
En mí, continuamente un día es negro y otro blanco. Yo le llamo “erosión mental”. Es la cero hora
del día de mi cumpleaños. Me emociono (estoy muy susceptible). Estoy solo en mi departam ento,
con la radio y la estufa prendidas. Me encenderé un pucho y me iré a la cama, a seguir dándole a
mi mente. Feliz cumpleaños, Horacio (qué difícil). Qué hermosa sos, mi Solita. Quiero ser feliz (y
que los míos también lo sean).
Lunes 7 de junio de 1976. 24 hs. (pasadas).
Mi departamento. Pink Floyd, un whisky, un cigarrillo, la estufa encendida.
Bueno, ya pasó mi cumpleaños. He repartido gente con el auto y he vuelto despacio y llenándome
los ojos de lágrimas. Estoy deshecho.
Recuerdo la mesa del com edor grande: alrededor, mamá, Juan, Miren, Hernán, Clarita, Quique, mi
pariente...., luego Mario, María Sara, Soledad y yo. E Isidoro.
No te entiendo tu sorna, Isidoro.
Veo a mi pariente con sus gritos y locuras, a mamá tratando de moderar a todos con los nervios
tensos, todos incómodos, ¡haciéndose silencios espantosos! Hasta que alguien puso a Joan Baez
(regalo de Alba II) porque no soportó esos vacíos.
Sole, ¿vas captando ya todo o aún no, mi nenita? A veces quiero creer que podés estar siempre al
margen. Quiero creerlo porque no sé qué hacer. Qué feo, qué situación jodida. Qué incómodos
todos, nos miramos nerviosos tratando de salvar el momento, sonriendo para afuera, quién sabe
qué para adentro, en cada uno.
Tu sonrisa sobradora, ¿o qué, Isidoro?
Todos tratan de sobrevivir: me incluyo.
Mañana a seguir. ¿Hasta cuándo?
Soledad, ¿qué hago? Mi nena. ¿Qué hago conmigo? ¿Qué hago por vos? Estoy tan preocupado, mi
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 90
nenita. Qué hago. Qué puedo hacer, si no me da el cuero...
No me quiero reventar. Sin embargo, t odo me destroza (me está haciendo efecto el whisky). Sigo
tomando. No debo. Este es mi cumpleaños. Mis veintitrés. Así los empiezo. ¿Cómo puedo salir?. Me
iré a dormir y tomaré fuerzas para mañana. Ya no sé de dónde. Ojalá...
Estoy mareado, casi borracho. Me estoy desahogando. Me siento mejor, he tocado fondo. Ya
puedo empezar de nuevo, mañana.
Sole. Soledad. Solita. Nena. Mi nenita hermosa. Sole. Qué será de vos. Sole. Cuando crezcas. No sé
qué hacer. Sé, pero no puedo. Sé que sólo cambiando puedo. No pue do. No doy más.
Creo, no sé cómo creo, pero creo que va a mejorar. No entiendo. Si tanto es irreversible. Creo. No
creo nada. Quiero vivir.
Este whisky... Ya llego. Ya estoy gozando. Me estoy reconfortando. Ya me iré a dormir. ¡Y estudiaré
mañana!
Veo mucho. O me han hecho ver cualquier cosa. Estoy borracho. Otra cosa más: ¿así vivirán los
demás?
Hasta mañana.
Mi departamento, 28-12-76. 18.40 hs.
A las 7.30 tenía que ir a trabajar. Sonó el despertador y lo pensé. Lo pensé. Y seguí durmiendo.
Más tarde vi que era un día hermoso y diáfano (?), y se me ocurrió ir a tomar sol. Pero seguí
durmiendo. Eran las 15.15 cuando fui a Grand Prix a almorzar. No había comida caliente. Comí un
sandwich y tomé una Coca Cola. Leí a Fromm y el diario.
Se acercó a mí una chica de remera y gargantilla y un feo pantalón ancho de tela blanda
deformada. La cara lavada y el pelo tomado en cola de caballo. Me preguntó, con simpatía pero
medrosa, si yo estaba con otro muchacho, porque ella andaba buscando a uno que la esperaba en
ese lugar (ahora pienso que fue sólo una excusa).
Le dije que no y, cuando iba a invitarla a que me acompañara, ya estaba sentada frente a mí. Me
contó que las pastillas le hacían mal. Que estuvo internada y que le gustaba escribir y leer. Me
mostró dibujos suyos, poesías y recortes de diarios. Dijo que tenía fama de prostituta, que su
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 91
nombre era Patricia, que estudiaba música y dirección de orquesta. Que era profesora de guitarra -
había estudiado durante catorce años -. Me mostró un programa de conciertos, dond e figuraba
recibiendo un diploma. Me dijo que sabía francés, máquina, que necesitaba trabajo. Que tenía
novio, escritor y músico como ella. Que enfermó de los nervios a los catorce años cuando la usaron
(sic) los hombres por primera vez. También que recibi ó electroshocks y curas de sueño, que era
tratada por un psiquiatra y una psicóloga. Que practicaba yoga (en casa puso los pies contra la
espalda y se reclinó total y rápidamente, luego se levantó, arqueada, apoyándose en los pies y las
manos). También me confió que tenía veintidós años.
Aún en el bar, le dije que no tuviera miedo de acompañarme a casa, y vino. Vio fotos de Sole y
mías, y acotaba cosas como que, a algunas, las consideraba para murales. Eligió música clásica,
pero luego quiso Sui Generis, ‘p ara aprenderlo’, porque sus alumnos se lo piden. Tomó café, luego
se sintió mal, se sofocó y se puso colorada. Se echó en el piso y descansó un rato, disculpándose.
Luego nos mostramos escritos, poesías, alguna carta. Me regaló algunas y yo también le copi é
mías. Me mostró una hoja de árbol seca, preciosa, que ahora pienso que hay por todos lados, pero
que hay que saberlas apreciar. Habló de la angustia, de la soledad, de la música, del amor. Me
dedicó un programa de música, con signos indescifrables. Se di sculpó por la letra, explicándome
que tuvo que hacer terapia de recuperación después de los electroshokcs. Y que antes tenía
caligrafía clara, y me mostró unos escritos de cuando tenía doce años. Dijo que su letra de ahora
es de enferma y que la de los doc e era de alguien que sabía lo que quería y tenía pocos problemas.
Dijo querer irse de su casa. Me pidió que no la visitara hasta dentro de quince o veinte días,
porque si no “sería el número mil” que iría a su casa. Que la visitara después, cuando se mudar a.
No tenía esa dirección, por supuesto, ni ella. Lo decía a título de sueño, evidenciándolo con gestos
y tono de decepción.
Estuvo hasta las 18.30. Me invitó a la Escuela de Música porque, según ella, ‘estaba muy solo’ acá.
No contesté. No insistió. Dijo que, de su yoga, me podía decir que me había encontrado color gris -
en la mesa del bar - y que ahora era color amarillo y rosa, alegre. Copió algunos haikus:
“Yo pienso: las flores caídas
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 92
Retornan a sus ramos
¡Pero no! Son mariposas”
Hace un rato se fue. Fue luego de eso que me serví soda. Volví a sentarme aquí. Y escribí esto. Y
pensé en su cara y ya me fue difícil acordarme exactamente.
Mi casa está pobre. Nadie lo diría, nada parece faltarle. Sí, le falta algo a la casa. Le falta perfume
de amor. Vida de paz compartida. Color de compañía. Luces de ojos. Viento de palabras. Cama de
dos. Broma y risa. Llanto y caricia. Gesto y respuesta. Cariño y goce.
Estoy tan solo, no se puede llorar así. Duele mucho, mucho.
Nadie conoce como yo el perfume del amor, que se me impregnaba en todo el cuerpo, desde
dentro de ella, y me entraba hasta el al ma. Y me duraba todo el día, aún lejos de casa. Y me decía
continuamente que no estaba solo: es el único perfume que sólo se fabrica de a dos.
El llanto. El desahogo. El cansancio. El descanso, y de nuevo empezar.
- Han pasado más de veinte años y sigue vi vo...
- Si antes creía que la vida era eterna -para bien y para mal - ahora siento que no alcanza para todo
lo que deseo hacer...
- La experiencia ha hecho lo suyo...
- Entonces, a este paso seré un muerto sumamente experimentado...
- Como todos.
- No necesariamente...
-Es mi necesidad de justificarme. Todos lo hacemos: ninguna vida es más o menos importante que
otra.
- Es un gusto hablar con usted.
- Y ese escrito, ¿de qué trata?
- Es mucho más reciente: está fechado en Madrid, en 1995... es de poco antes d e regresar por
segunda y definitiva vez...
- ¿Por qué definitiva vez?
- Porque ya está bien.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 93
Madrid, 1995
Al cabo, los dioses no me han sido propicios.
En mi infancia y adolescencia tuve todo lo que materialmente se puede pedir, pero no fui feliz.
Luego, desde los veinte a los treinta, conocí medio mundo y tuve todas las mujeres que se pueden
desear, pero no fui feliz.
Hoy, rondando los cuarenta, no tengo una ni otra cosa. Estoy desorientado, sin fuerzas y sin ganas
de casi nada, impotente de casi todo, y los recuerdos no llenan como cuando eran presente, no
consuelan casi nada.
Hoy me han detectado algo así como una ‘problemática cardiológica’.
Mi vida ha sido muy emocionante. Mi estrés no ha sido el masivo. Sabiéndolo de siempre, recién
hoy me acepto diferente, singular.
Quiero abrazar a mi hija, como siempre cada vez que la he tenido cerca, sin sermonearla. Todos los
días. Quiero abrazar a mi madre, sin enganchar sus sermoneos. A mis hermanos y amigos también.
Y a una mujer.
Quiero paz, un hogar, un perro y escribir.
Voy a dar todo lo que aún pueda de mí.
Nadie tiene la culpa de nada. Sólo fue, y es, así.
Gracias, Creación. Adiós, por si acaso, en cualquier momento.
En invierno hará frío en el cementerio. En verano, calor. Si me entierran, gusanos. Si me i ncineran,
ardor. Por favor, climatizado panteón. Dicen que luego el Cielo. No creo, sin descreer. Ojalá sea así:
aromáticos desayunos, asado y vino, merienda, cena y todos los tipos de amor, para todos, según.
Amen.
- Genio y figura, de la cuna a la tumba ...
-Al respecto... le llegué a preguntar a Bernard cómo podía dejar de ser un marginal. Me dijo:
"¿Cómo? ¿Quién es marginal? Usted no es ningún marginal". Es decir, yo me veía peor de lo que
era.
- Qué disgusto...
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 94
- Bernard atinó a llamar cifra a la clave que tiene cada persona para entenderse -
descifrarse/cifrarse-...
- Esa cifra borgeana que da paz, cierta tranquilidad para el resto de la vida... Unos la tienen desde
el inicio, otros la tienen de vez en cuando, otros la encuentran un día para siempre, otros no la
encuentran nunca...
-Esos son los verdaderos desdichados... Esa era mi desesperación: morir sin haber encontrado mi
cifra, sin haberme descifrado o haberme cifrado. Eso era lo peor, como morir sin haber resuelto
algo indispensable.
- Como morir habiendo vivido un espejismo, una irrealidad...
-Bueno, sí... por muchas realidades que se hayan vivido, por muchas cosas buenas y malas, pero
como si todas fueran no del todo propias...
- Como en un haber querido y no haber podido algo que nunca cono ció...
-A veces pienso que, aún teniendo todo el dinero, todos los libros, el premio Nobel, la familia, la
mujer, los hijos, el perro, el patio, la casa de fin de semana -etcétera-, va a persistir esa desazón.
- Un existencialismo algo sartreano...
- ‘La nausea’, llegué a pensar, me tocó a mí, como a otros no les toca. Si en la viña del Señor hay
de todo, esto me tocó a mí, me dije.
- Usted es un idealista... su inteligencia y sensibilidad le juegan en contra... más que si fuera bruto.
-Nunca me he que rido cambiar por nadie, Penélope. Tal vez ahí esté mi error. Es una soberbia
necia...
-¿Nunca imaginó haber nacido otro, una mujer, por ejemplo? ¿Qué piensa del homosexualismo?
- ¿A qué viene esa pregunta? ¿No ve que estoy casi deshecho?
- Por eso, para cambiarle de tema...
- No me diga que le enternezco...
- Ahora que lo dice...
- ¿Le gusta estar conmigo?
- Ahora mismo no me molesta.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 95
-Eso está bien. Mire, realmente no tengo nada en contra de los homosexuales -al contrario, tengo
amigos entre ellos- pero sí tengo dos sentimientos al respecto. En el caso del lesbianismo, una
especie de desolación ante una pérdida...
- ¿Una pérdida?
- Sí, una pérdida de candidatas a ser mis amantes. Un sentimiento de desolación, de tristeza, ante
un desperdicio strictu sensu, no peyorativamente. Es un desperdicio que las mujeres me pasen de
largo.
“Lo que sí quiero afirmar es que soy macho en el sentido lato de la palabra, es decir soy un varón.
Y seguiré siendo el que soy: amante de amantes, hasta que no pueda más, si eso oc urre... Sueño
con las diminutas ‘bombachas’ de las chicas, en sus culitos prietos, hermosos para tocar, para
contornear; y que sientan, ellas y yo, la lujuria del manoseo. Sueño con sus bordados corpiños y,
emergiendo, sus redondas tetitas, sus pezones... y sus sensaciones. Sueño con sus boquitas, sus
carnosos labios y los míos, entremezclados, lenguas, salivas, dientes. Sueño con penetrarlas,
nuestra alegría y sudor, nuestros besos, nuestro calor compartido. Sueño sus cabellos, rubios,
morenos, largos, cortos: femeninos. Sueño con sus piernas, largas, fuertes, suaves. Con sus
espaldas, sus cinturas. Sueño y las tengo, gracias a Dios. En fin, sueño con el amor que conozco.
No atisbo otro.
-Los homosexuales hombres que hagan lo que quieran, mientras lo hagan no muy cerca mío: el
sentimiento que tengo hacia ellos es el de una enorme euforia.
- ¿Euforia porque son homosexuales?
- Exacto. Debido a que, de esa manera, disminuye la cantidad de competidores en esta hermosa
tarea de enamorar mujeres. Le haría en est e momento una buena cantidad de proposiciones,
Penélope...
- Deshonestas.
- En absoluto, totalmente humanas.
- Entiendo, pero lo deshonesto también es humano.
- Ciertamente, no creo que haya muchos animales deshonestos.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 96
- Su lógica es brillante...
- Me encanta cuando me piropea...
- Mejor siga con la entrevista.
- Le decía que yo podría vivir en un mundo de mujeres heterosexuales y de hombres gays. ¿No
sería un mundo hermosamente feliz?
- ¿Pero usted podría atender a... todas las mujeres?
- No sé, pero el intento lo vale.... Usted es muy graciosa cuando pone carita de Jane Fonda...
- No sé si agradecérselo...
- Penélope, ¿le he dicho que me encantan sus caderas?
- ¿O las de Jane Fonda? No, no me lo había dicho... pero me lo esperaba, tarde o temprano.
¿Pasamos a otro tema?
- Acabamos de pasar.
- ¿A cuál?
- Al de sus caderas. Y puedo continuar con el de su cintura, y más: bajo mi camisa se le insinúa
una pancita preciosa y unos pechos que no le van a la zaga, Penélope...
- Oiga...
- Unos hombros preciosos... y su cuello y carita tan hermosa. Su pelo... Y, volviendo a repasar: sus
brazos, sus manitas de pianista...
- ¿Adónde quiere llegar?
- A su trasero, para decirlo ahora brutalmente, es un encanto de trasero.
- Sigamos con la entrevista. El Nobel no esper a.
- Bueno, si cree errada mi opinión ...
- La encuentro totalmente desubicada...
- No es lo mismo.
- Son muchas horas, muchos temas personales... Bajo estas condiciones piropea, se erotiza...
- Muchas horas y muchos temas, sí..
- Tal vez corresponde que hablemos de Dios, y sus instituciones...
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 97
- Tal vez, ¿y qué es Dios?
- Según entiendo, Dios es todo.
- En ese caso, sí, creo en Dios: todo existe, al menos como percepción, real o imaginaria. Pero que
todo exista no significa que Dios exista, en el sentido teológico, Penélope. Por eso soy un agnóstico
culturalmente esperanzado ya que, obviamente, no puedo afirmar que Dios no exista, no tengo
pruebas...
- A menos que Dios se le presente y se lo demuestre...
- ¿A usted se le ha aparecido?
- No, todavía no.
-A mi tampoco. Sin embargo, cuando me sucede algo bueno, le doy gracias a Dios. Cuando Sole
está feliz, se lo agradezco a Dios. Cuando puedo comer cada día, le agradezco a Dios: a veces me
parece increíble -divino- que tenga para mí sustento. Cuando los que amo están bien, se lo
agradezco a Dios... y así sucesivamente.
- Le agradece muchas cosas a Dios...
- Todas las que son de agradecer, pero por otra parte, no dejo de endilgarle todas las putadas más
o menos incomprensibles, no endilgables a nadie en parti cular. Por lo tanto, lo puteo también a
piacere.
-Es decir, en privado lo trata con cierta confianza... ¿Y qué piensa de su Hijo, Jesús?
- Le tengo cariño. Posiblemente -si existió- fue un tipo y/o encarnación -vaya uno a saber- bien
intencionado. Me insp ira ternura su intención, digna de consideración ante tanto salvaje, pero no
su modelo...
-Deseó que fuéramos buenos los unos con los otros...
-Eso me merece mucho respeto. Deseó que nos amáramos los unos a los otros, cosa que, usted ya
sabe, yo admiro especialmente en el caso de las mujeres con los hombres, y viceversa... pero estoy
en desacuerdo con su método de enseñanza porque ninguna madre puede, honestamente, desear
tener un hijo Jesús ¿no le parece?
- ¿No sería un orgullo?
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 98
- Por más bien que haga, por más buen ejemplo que el chico dé, una madre no puede desear que
su hijo termine en la cruz sin resultados satisfactorios -como en su caso-, en el cual la humanidad
no se cansa, impenitentemente, de contradecirlo.
- Entonces, en su opinión, el que fraca só fue Jesús, no los hombres...
- No puedo saberlo, no sé cómo estaríamos sin su recuerdo, quizá peor, pero también quizá mejor.
-Posiblemente igual: la condición humana pareciera inamovible...
-De lo que estoy seguro es de que habría habido una Inquisici ón menos, entre todas las creadas
por los religiosos de cualquier signo.
- Usted tiene respuesta para todo.
- En general tengo respuesta para todos, excepto para mí, Penélope.
- Como Borges, ¿no? Sabe, Zuasnabar, yo le tengo fe a usted...
- ¿En qué?
- En que ganará el Nobel. Será el primer criminal que gane el premio.
- No se obsesione con el crimen, Penélope... aunque en puntuales casos pueda ser artísticamente
productivo.
-Vitalmente es lastimoso...
-Ya le he dicho que no la mataré, Penélope, sino que, s olamente, la haré desaparecer.
- Desapareceré definitivamente.
- Exacto, definitivamente.
- No sé si necesito explicarle que la diferencia no es tranquilizadora.... ¿Sabe de algún premio
Nobel que haya matado a alguien?
- No, no lo sé.
- Ya ve.
- Pero, en general, quienes tienen estatuas han matado gente, de una u otra manera, excepto
Tato y unos pocos más. Venga, traiga el vino, que ya está el asado.
- No bebamos más, Penélope...
- Tampoco hemos bebido tanto...
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 99
- Cómo sopla el viento...
- Se le va a volar la tapera... Lleve el grabador para adentro, que yo apago las brasas.
- Las apagará la lluvia, aunque el viento se las lleve. Alcánceme el sol de noche, antes de que se
apague.
- Mire el hornerito, como se mete en su casita... ¿El caballo se queda allí?
- No le queda más remedio. Corra.
- Todo un refugio...
- Los he tenido peores. Cómo me gusta el ruido de la lluvia contra el techo...
- La ventana del fondo no tiene vidrio...
- Le cierro la puerta de paso. ¿Quiere otro vino?
- El penúltimo.
- Acurruquémonos acá.
- Seguro me querrá seducir...
- Casi sin duda. Necesito calor.
- Calor humano... Hoy hablamos mucho, necesita ponerle un broche...
- Y después descansar.
- Se está apagando el sol de noche.
- Veremos mejor los relámpagos.
- Si no nos cae un rayo...
- Para eso están los eucaliptos.
- Se apagó.
- Se está bien así. ¿Nos aflojamos la ropa?
- Cubrámonos con la manta.
- Me recuerda la casita de la playa, en Venezuela...
- ¿Me va a contar de sus viajes?
- Todo es un viaje, Penélope. Sí, mañana.
- Ya me sobra calor.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 100
- Transpirar es sano.
- No lo veo...
- Pero me siente. Yo tampoco la veo...
- Pero me imagina...
- Me gusta imaginarla...
- Esto ya es mucho calor...
- Mucho más.
- Hasta mañana, Zuasnabar, que duerma bien.
- ¿No apagamos el grabador?
- Se apaga solo.
- Chau.
- Tapémonos bien de nuevo, que a la madrugada refresca.
- Iba como haciendo gimnasia por las calles del mundo, gesticulando serena y juvenilmente.
Entraba a los bares, tomaba un café, un vaso de agua, meaba, me lavaba cara y manos -
masajeándome donde tenía cansado -, me secaba, e iba saliendo de aeropuertos internacionales
como quien lo tiene muy claro, Penélope, ¿se da cuenta? La gente me miraba. Con mi metro
ochenta y dos, flaco atlético, gafas, pelo oscuro -aún sin canas - algo largo y prolijo -mechón sobre
un ojo-, rasgos occidentales aindiados, plumífero enorme -color verde oscuro-, jeans muy
desteñidos -medio rotos pero muy limpios-, pulóver azul marino, de cuello cerrado, pero que deja
ver una camisa de corderoy verde musgo, muy vieja. Así , Penélope, así iba su Zuasnabar por el
mundo.
- ¿Haciendo qué?
- Contemplando. La contemplación es una actividad envidiable... contemplar la comedia humana. Y
los pasos de mi historia, a través de geografías internacionales, como por rutas interiores.
- Un hippie de fin de milenio...
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 101
-Lo que a mí me gusta es charlar con los amigos, comer un buen asado, beber un buen vino, tomar
un buen café, en tanto y en cuanto se tertulia, se charla con los seres queridos...
- Y eso no es en cierta manera la felicidad?
- Sí, al menos es una felicidad relativa al momento de la sal, del vino, al momento de la tertulia,
que puede estar veteada por momentos amargos, pero es un hito en la historia de la felicidad del
individuo... Naturalmente, la felicidad no es una apariencia , es un sentimiento neto, que incluso se
puede manifestar entre llantos...
- Suyos son los términos baba dialéctica y vitacracia...
- Sí. Vitacracia es una categoría en permanente desarrollo en busca de un punto de inflexión en la
condición humana. Mi ca tegoría vitacrática sólo propone -persigue- el respeto a la vida, el
indispensable bienestar, pero no necesariamente un mayor grado de felicidad.
- Ese sería otro tema...
- Que ya veríamos, si primero logramos la insoslayable prioridad de poder vivir a salvo hasta morir,
preferentemente de muerte natural, de viejo, de las enfermedades que no podamos curar, o por
accidente.
-Para luego, habiendo logrado ese status, poder ya pasar a segundas elucubraciones...
-Claro, y empezar -recién entonces- a pensar en el grado de felicidad y en cómo lograrle, a su vez,
un punto de inflexión.
- Es muy difícil, pero creo comprenderlo, maestro, muchas gracias. ¿Su intención es rebatir todas
las filosofías anteriores?
- Con Zuasnabar es suficiente, gracias. En absoluto, todos y cada uno tienen razón -su razón, su
baba dialéctica -, yo no me excluyo, sólo digo que lo importante de todas nuestras babas es
hacerlas vitacráticas.
- Parece muy fácil cuando lo dice, pero ¿cómo se logra eso?
- Priorizando lo que debemos priorizar pero que, saturándose de baba, siempre se posterga, el
respeto a la vida.
- ¿Humana, animal y vegetal?
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 102
- No nos vayamos por las ramas, Penélope. El respeto a la vida, ya. Adjetivar es hacer segundas
consideraciones. No perdamos el norte: primero intentemos respetar nuestra vida. Las demás
consideraciones -si logramos esa iniciática- se producirán sanamente en cataratas, desde esa
primera fuente -fuente vitacrática- que no es más que el concreto, real, respeto a la vida humana.
¿Se entendió?
-Ahora sí. Entonces, cuando usted dice “existo, luego pienso”, ¿no es que está rebatiendo a
Descartes y a su “pienso, luego existo”?
- No, en absoluto, lo afirmo al decir su opuesto, lo complemento y lo completo, y si otros están en
el intermedio de este viceversa nos completa aún más en la representación de la inconmensurable
baba dialéctica universal...
-Ya... Usted definió baba dialéctica como ‘el defecto -o cierta rara necesidad humana - de hablar en
abundancia con sentido dudoso o inexistente’, y la diferenció de la simple verborragia...
- En efecto. De ella, en total, hay que priorizar, como si de un elixir se tratara, el referido al
derecho y defensa de la integridad a la vida... Nadie necesariamente se ha equivocado -ni los
sofistas, ni Sócrates, ni Aristóteles, ni Platón, ni Kant, ni Hegel, ni Popper, ni yo, ni usted -, todos
nos complementamos en este menester de natación que realizamos conscientes del hundimiento,
de la muerte.
- La bendita defensa de la vida.
- Sí. ¿le parezco muy insistente?
- No, pero eso es obvio...
- Sí, es obvio, y por obvio nadie le hace caso. También fue obvio Jesús cuando pregonaba “no
matarás”, cuando decía “amaos los unos a los otros”...
- Pero a usted le parece que no fue muy consecuente cuando se hizo crucificar, cuando su ej emplo
fue su muerte...
- Es difícil dar un ejemplo, por eso lanzo la propuesta como quien arroja una semilla... Desde los
sofistas, dándole vueltas y vueltas a la copa mientras la vida se seguía derramando, segando.
Hasta llegar a hablar -los dirigentes- de ‘alícuotas’, de ‘impuestos’, cuando ninguno de todos ellos,
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 103
conjunta o individualmente, logró imponer a la humanidad el deseo concreto de realizar una
defensa real de cada una y todas las vidas... En fin, ¿quiere dar un paseo conmigo por el campo?
- ¿No tiene miedo de que salga corriendo?
- A veces tengo ese miedo...
- ¿De salir corriendo?
- Sí. Yo me fui corriendo. Y corrido. Todo junto... Póngase un poncho...
- Yo tenía en la cabeza un quilombo descomunal: con veintitrés años creía que lo había vivido todo.
Bancarrota familiar y nacional, nuevo desembarco de los militares, guerra muy sucia, crispación,
asco, desesperación...
- El ambiente se le devino irrespirable...
- Mucho peor a la angustia relativamente moderada de la infancia, Penélope, pero tení a un recurso
nuevo, vedado mientras fui chico: irme, irme lejos, al menos por un tiempo. Mis amigos me
alentaron, el Negro me invitó a Estados Unidos, de gira con el equipo de rugby de Duendes, con
opción a quedarme. Su entrenador -técnico de Los Pumas- me gestionó una suculenta visa,
indefinida y múltiple, para acceder a Yankilandia...
- ¿Se fue a Estados Unidos?
- Gabriel me convenció de que el Viejo Mundo era mejor destino. Pregunté precios: avión y barco
eran iguales. No tenía más prisa que partir, no de llegar a ningún sitio. El avión suponía doce horas
de viaje, demasiado rápido para hacerme a la idea, llegaría al destino europeo elegido sin haberme
relajado, tan confundido como medio día antes, mientras comía el último asado. Llegaría hasta con
olor a parrilla, con olor a todo. El barco en cambio me ofrecía trece días de aclimatación, de
paulatina adaptación. El barco me daba camarote, comida y bebida -el vino estaba incluido y el
pan se horneaba cada día a bordo -, piscina, discoteca, entretenimiento s y -fundamental- la
oportunidad de conocer gente. Yo partía muy solo y me recibiría una Europa ignota, sin nadie
conocido...
- ¿Quién lo fue a despedir?
- En el puerto estuvieron Sole, en brazos de mi madre, mi hermano Juan, mi cuñado Horacio y Alba
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 104
II...
- ¿Se volvieron a ver?
- Por supuesto. Hoy la sigo queriendo entre los que más, como a Carlitos, su marido, quien sin
conocerme me franqueó la puerta de su casa. Creo que lo hizo por ser médico veterinario, por su
amor a los animales... Tienen una niña q ue, claro, como ellos, se llama Clara.
- ¿Cómo fue esa partida?
- El viaje obró como primer reconstituyente, pero la partida en sí, desde que semejante
mastodonte flotante se fue apartando, lentísimos centímetros, del muelle hasta que mi comitiva de
despedida -Sole, en especial- se redujo a un puntito indescriptible para luego desaparecer, fue un
parto, no una partida, una agónica letanía, quedé extenuado. Fue horrible, y es inolvidable. Pero a
bordo pronto me reanimé, cuando vi las primeras extranjeras: b rasileñas, europeas y, entre éstas,
a Elizabeth, típica danesa, escandinava, nórdica, vikinga. Nos compenetramos enseguida... Todo a
bordo era novedoso, de alto vuelo: me fascinaba ver la inmensidad del mar, brincado por acerados
y brillantes delfines, y la enorme estela blanca que abría el buque, para los lados y por detrás, con
gaviotas sobrevolándonos, con el sol poniente... Esa total libertad que uno siente al descubrirse tan
ínfimo... Incluso ese primer canuto que vi en la vida y que me negué a probar, espantado por mi
ignorancia...
- Se reanimaba de a momentos ante todo lo que veía e intuía que iba a vivir...
- Pero también, de a ratos hondamente aciagos, recordaba a Sole en el muelle, tan pequeñita con
sus tres años, saludándome con un pañuelo igualme nte chiquitito, vaya a saber uno pensando
qué. Mi angustia retornaba tan grande como las olas que el barco abría. Recordaba a mi madre,
despidiendo a un hijo que le dejaba una nieta en brazos. La sigo viendo a Alba, caminando hasta el
borde final de la esc ollera, retrasando la inevitable separación... Lo veo a Juan, con su cara y
sonrisa bonachonas, mirándome con sus largos pensamientos, sus deducciones, sus conclusiones
sobre la vida. Fue, honestamente, muy horroroso, pese a todo lo que me posibilitó, esa partida no
tendrá nunca consuelo.
- ¿Cómo fue la travesía?
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 105
- Fue muy normal hasta que zarpamos de Río de Janeiro, camino a mar adentro. Dicen que
siempre es así. La sensación que produce alejarse de toda costa desata los ánimos, para bien y
para mal... Algunos se marearon, como un tucumano que pasó diez días en la enfermería. Un tal
Quique dio a conocer su condición de viajero clandestino...
- Se había asegurado que el transatlántico, a esas alturas, por él, no pegaría la vuelta.
-Se presentó al capitán, en el puesto de mando, alegando persecución política... No lo tomaron en
serio, y no porque no existiera persecución en la Argentina, sino por el carácter juerguista del
sujeto.
- ¿Fue encerrado en un calabozo? ¿Lo entregaron a las autoridades en el primer destino?
- Ni mucho menos... Todo eso se podría suponer, pero le dieron a elegir hasta puerto de arribo...
eligió el último, Génova, así que yo desembarqué antes que él.
- ¿Y a bordo qué hacía?
- En el comedor discretamente lo cambiaron de mesa -a pedido de quienes la compartían - a otra
donde, en cambio, fue recibido como un héroe. El capitán, entre otros, simpatizó con él; después
de todo -dijo- en este trayecto sólo se nos coló éste.
- ¿Cómo lo hizo?
- Entremezclado con los familiares que subieron al ba rco, ayudando o despidiendo a los viajeros.
Primero se escondió dentro de un bote y, luego, en un solidario camarote...
- ¿Qué se hacía a bordo?
- Como navegamos la línea del Ecuador, el calor nos reunía en las piscinas o en el interior
climatizado. Yo casi siempre estuve en cubierta, caminando de proa a popa, o sentado en
tumbonas, charlando con muy variopinta gente, desde el desayuno hasta entrada la noche.
- Se fue entusiasmando...
- El mar, el firmamento, su silencio estrellado, la oscuridad rugiente , la brisa hasta hacerse viento,
cálida y húmeda, olorosa, y la compañía de una mujer rubia y dorada, me hicieron empezar la
lectura de una novela aún no escrita...
- La está redactando ahora...
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 106
- Elizabeth quería que yo fuera a su país. Intercambiamos di recciones, en Europa aún yo no tenía
ninguna, por lo que le di la del Palacio. Le prometí -cómo no- que iría a Dinamarca... En el barco,
lógicamente, Elizabeth compartía otro camarote con una mujer...
- Cuestión que dificultaba sus deseos....
- Un poco. En esas dulces dificultades estábamos cuando conocimos a Pablo, otro gran aficionado
a la filosofía existencial. Generoso, nos cedió su compartimento de cuatro plazas, que sólo él
ocupaba. Elizabeth y yo plegamos las literas de nuestra nueva suite y cubrimos todo el suelo con
los cuatro colchones. Los camareros italianos, encantados, cada mañana aseaban la guarida,
haciéndonos desde ese día la cama, enorme, en el suelo.
- Habrá hecho otros amigos...
- En el barco logré varias cabeceras de playa . Pablo me dio una dirección, la de Chino y Mónica,
exiliados chileno y argentina respectivamente, en el barrio gótico de Barcelona.
- ¿Grandes filósofos también?
- Claro, aunque Mónica, sin ser menos filósofa, combina esa cualidad con el pragmatismo que sólo
las mujeres -algunas de ellas- pueden alcanzar, el que resulta imprescindible para convivir con
Chino, Pablo y yo. Ellos fueron auténticos amigos, y Mónica lo sigue siendo, porque a los otros dos
les perdí el rastro. En sus seis brazos, indistintamente, lloré mis amarguras hasta desahogarme,
hasta que todos nuestros brazos se pusieron a enhebrar -más apaciguados- artesanales collares y
pulseras que vendíamos en las Ramblas, sentados sobre un paño azul, mientras nos turnábamos
para sostener a Pablito junior, gestado en Argentina por Chino y Mónica y presurosamente nacido
catalán... También en el barco, David, reportero gráfico -con creciente y paradójica miopía - me dio
la dirección de su nuevo refugio en Jerusalén. En Buenos Aires lo perseguían por judío y
periodista...
- Es decir por el no va más.
- Correcto. Cuando uno sale del cascarón, como era mi caso, es invadido por un fervor social y un
ansia de plantar referencias que llevan a intercambiar domicilios de una manera frenética, así sólo
se haya dicho poco más que buenos días. Llené de direcciones y teléfonos mi libreta verde -que
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 107
oficiaba también de diario- de gente, generalmente femenina, de la cual, pasado un tiempo, ya
había olvidado sus rostros... e incluso las circunstancias en que fueron registrados... U n día,
viviendo con mi segunda esposa, salí solo a caminar y en una impronta emotiva -por mostrarme
dispuesto a olvidar aventuras pasadas y guardar en lo sucesivo fidelidad - tiré la libreta a una
papelera, sin las hojas con escritos, que aún conservo...
- ¿Dónde desembarcó?
- En Barcelona. Cuando bajé del barco fui a la dirección de un hostal económico, donde había
quedado en encontrarme con otros pasajeros, entre ellos el tucumano, quien después de tres días
en tierra continuaría mareado. Tomé un taxi que me mostró gran parte de Barcelona y me dejó en
la puerta del hostal. Al día siguiente, comprobé que estaba al lado del puerto...
- El taxista lo paseó al mejor estilo porteño...
- Me sentí burlado como el más paleto. Una de las primeras impresiones fue que, si en Rosario ya
era arduo no mostrar mi ingenuidad, en Europa debía andar con mucho cuidado, pero superé esa
prevención...
-Se le pasó rápido...
- Sí. He vagado por medio mundo con el romanticismo por delante. Por fortuna, he aprendido a
sobrevivir en situaciones extremadamente complicadas. De cualquier forma, mi vida siempre ha
consistido en sobrevivir, no sólo del hambre o de peligros externos sino a mí mismo, en lo que he
hallado nombrar mi alpinismo anímico...
- ¿Dejó pronto Barcelona?
- Por unos cuatro meses ni se me ocurrió salir de la ciudad. Barcelona tiene atractivos aún para
más tiempo. Y eso, combinado con el instinto de conservación -no era miedo, era puro instinto-,
me retuvo. Fue útil, Barcelona es muy cosmopolita, me seguía relacionando con muy diversas
idiosincrasias...
- ¿Y luego?
- Un día partí hacia Allerod, el remoto pueblo nórdico donde habitaban los Odgarsen: Elizabeth, sus
padres Ingeborg y Eduard y su hermano Karsten. Tardé como un año en llegar...
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 108
- Se entretuvo por el camino.. .
- Sí. Casi todo el recorrido lo hice a dedo. Primero pasé por Madrid, me quedé cerca de un mes en
casa de otro periodista refugiado, chileno y amigo de Allende. Nos presentó Pablo. He olvidado su
nombre, o algo -nuestras charlas densas y penosas- me hacen negarme a repetirlo. Es igual, he
olvidado su nombre pero guardo memoria de lo hablado...
- Habrá visitado alguna vez el museo del Prado...
- Lo primero que hice al llegar a Madrid fue ir al Prado. Pagué la entrada -luego ya no lo haría más,
por naturalizarme español- y fui directamente a ver El Jardín de las Delicias , de Jeronymus Bosch, -
sabe- de...
- Sí, sí, El Bosco.
-Ah, ¿lo conoce? A mí me lo había recomendado Pablo, eufórico. Me comporté igual meses más
tarde en el Louvre, ya solo...
- Directo a ver La Gioconda me imagino...
- Lo imagina bien. Y como hice en el Casón del Buen Retiro, años después, cuando volvió el
Guernica de su exilio en Nueva York. Viviendo en Madrid, al Prado iba a menudo, cada vez que
terciaba. Pero no tantas, claro, como un madrileño ya mayor, quien me confesó al pie de la estatua
de Velázquez -cerca de donde tengo una foto de Sole - haber ido alrededor de trescientas veces a
lo largo de su vida. A El Jardín de las Delicias lo encontré intemporal...
- Sí, parece escapado del canon.
- Las Meninas también tienen lo suyo... el laberinto de los espejos borgeano, su intrigante
perfección, con cierta monstruosidad, a lo Rubens... En cambio, la Mona Lisa -en el Louvre-, me
pareció menos de lo que seguramente es...
- Tal vez, por haberla visto tanto en las latas de dulce de batata....
- Es posible. Los blandos relojes de Dalí son otra maravilla, como La mujer en la ventana ¿no? -
sensual-, La maja desnuda está bien... pero más impresionante Los fusilamientos, aunque, como el
Guernica, sea menos resistible...
-‘Bello es lo que agrada desinteresadamente’, dijo Kant.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 109
-Y Stendhal, ‘lo bello promete felicidad’. Y como diría mi padre, lo bello es este maizal... Fíjese
cuánto hemos caminado, Penélope...
- Desde acá, su chacra parece un cuadro impresionista...
- ¿A quién recuerda?
- Al pintor Ignacio Colombres, que fue mi amigo. Lo frecuentaba en su casa de calle Argensola, en
Madrid. Charlábamos los cuatro...
- ¿Ustedes dos y quiénes más?
- Esther, su mujer y Vreni, la mía.
- Usted le escribió a Alfonsín que Colombres fue, esa vez, testigo de casamiento... ¿Conoció otros
pintores?
- ¿Internacionales?... Bueno, puedo haber estado sentado al lado de alguno, en Londres, París,
Tánger, sin saberlo.
- Incluso pueden haber charlado sin reconocerse, es verdad. ¿Y escritores?
- ¿También internacionales? A Borges lo traté un par de veces. Charlas cortas -no sabía qué
decirle, sabe-; la última vez fue en el Instituto de Cooperación Iberoamericana, en Madrid. Al
despedirnos, le busqué y le di la mano. Yén dose, le dije ‘adiós, Borges’ y él, dándose un poco la
vuelta, mirando al vacío, levantando un poco el brazo, me contestó con su inolvidable tono
‘¡adiós...!, ¡adiós...!’. Por un rato largo sentí su mano en la mía. Ahora, cuando lo pienso, la vuelvo
a sentir... A Cortázar lo conocí después de un acto a favor de Nicaragua, también en Madrid. Con
él charlé largo rato -no imponía como Borges, era muy llano. Me presenté diciéndole: vos no me
conocés a mí, pero, claro, yo sí a vos. Cuando nos despedimos, me dijo que lo visitara en París.
Para cuando pueda ir, ya no te vas a acordar de mí , le dije. ‘Sí, Horacio, sí me voy a acordar’, me
aseguró, pronunciando Hogasio. Luego, caí en la cuenta que Horacio -Olivera- era él, en Rayuela,
qué papelón... ¿Quiere que volv amos? ¿Antes no va a intentar salir corriendo?
- No siempre es molesto estar con usted...
- Lo mismo digo...
- Como el Horacio de Rayuela, como Cortázar, he tenido posters de Paul Klee clavados con
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 110
chinchetas, también de Van Gogh -el mítico Los girasoles-, acompañando las fotos de Soledad,
omnipresente... Sabe, Penélope, los primeros años europeos estuve muy ávido de visitas: iba a
todos los museos, palacios, lugares históricos, iglesias. En Notre Dame, por ejemplo -acostado al
pie del altar- escuché durant e dos horas un concierto de reconfortante música... no recuerdo quién
o quienes fueron interpretados...
- Así de simple encuentra el arte...
- Sí, para mi es sólo una cuestión de piel artística. En Sacre Coeur me quedé cinco horas...
- Pero esperando a Norah...
- He esperado mucho más que cinco horas a una mujer. Pero no esa vez. Ya le he dicho que, con
Norah, convenimos no reencontrarnos aquel 14 de julio. Me quedé cinco horas meditando. Se
oficiaron tres misas, que casi no escuché...
-¿También leía?
- Seguía leyendo libros y periódicos, según el lugar. En España, todos los días compraba El País y
los viernes el ABC, por su suplemento literario... y para neutralizar el adoctrinamiento ideológico
de uno y de otro.
- ¿En Francia?
- Le Monde.
- ¿En Londres?
- Newsweek, arduamente. En cualquier lugar del mundo pocas veces compraba los de Argentina,
en sus escasos puntos de venta. A veces me acercaba para ver los titulares y hojearlos,
malabarismos que no les gustan a los quiosqueros de ningún país.
-En mis visitas a Argentina me dedicaba a comer auténticos asados, no los improvisados del
exterior. En mi último viaje invité a Vivi, otra entrañable amiga, con quien la emoción nos cerró
tanto los estómagos que no pudimos comer toda una tira de asado...
- Con la hambruna que hay acá...
- Cuando el mozo se la llevaba, le dije: ‘No la tirarán ¿verdad?, mire que ni la hemos tocado’. ‘No se
preocupe, aquí ya no se tira nada’, contestó, remarcando ‘nada’.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 111
- Y usted midió, una vez más, la involución patria...
- Sí, desde que Juan nos contara, a su regreso del viaje de estudios -allá por los 60-, la cantidad
de corderos que mataron -y que sobraron- en una estancia patagónica donde los socorrieron al
romperse el ómnibus en que viajaban...
- Al modo de los épicos gauchos, que mataban una res para comer sólo un bocado... Ya no es lo
que era, Zuasnabar.
- No, Penélope, ya no es lo que era. Y no porque antes fuera tan bueno...
- Soy un tipo de bares, aquí y donde sea me gusta por igual la terraza del Ritz como cualquier
cafecito de San Martín al tres mil. Cualquiera es bueno para leer, escribir... y para mirar a la
gente... Por otra parte, Penélope, son tan buenos los croissants de Saint Germain de Près como
las medialunas rosarinas... Además, no crea que no se asemejan los ra nchitos musulmanes de
Marruecos -donde sólo se sirve té verde- con los que venden choripanes y vino tinto camino a
Santiago del Estero... Como poder, Penélope, puedo enumerarle descriptivamente una serie
considerable de bares y restaurantes americanos, eu ropeos, asiáticos y africanos, con sus gentes y
servicios peculiares.
- Bueno...
- Lo haré el día -si llega- que me proponga una enciclopedia sociogastronómica. No ahora.
Discúlpeme.
- No faltaba más. Por favor, continúe con lo que quiera...
- Pasé por Madrid sin saber que sería, años después, un amadrileñado más. Al mes de llegar me
planté en la carretera de Burgos, al norte de Madrid, con mi bolso verde, símil cuero -de El Corte
Inglés-, y encendí el radiocassette, en el que por largos meses alternaría u na cinta de Cats Stevens
con otra de Las Cuatro Estaciones. También tenía una de Jacques Brel...
- Y se puso a cantar.
- Me gustaba canturrear Father and son, aunque lo hago muy mal: todos, afectuosamente o no,
me hacen callar...
- Lo siento. Quise decir que no tenía prisa...
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 112
- No. Ya había contemplado la posibilidad de que mi billete de vuelta -también en barco- lo usara
Sole, en la primera visita que me hiciera, acompañada de su madre, aún era muy chiquita para
viajar sola. Yo quería que ambas vivieran esa experiencia marítima. De hecho, Sole la recuerda al
detalle -tenía cuatro años-, en especial su original manera de aprender a nadar ‘dentro de una
piscina que estaba dentro del mar’... Luego ya viajó sola, en avión, con un sobre plástico colgado al
cuello, que avisaba U.M. -unacompanied minor-, donde le guardábamos pasaporte y billete...
- Su hija es muy valiente.
- Todos éramos muy valientes, como mínimo. Una vez, haciendo alarde de mis conocimientos
sobre tiempos de arribo y desembarco, descarté posibles retrasos y estimé que Sole, como muy
pronto, estaría conmigo quince minutos después de la hora oficial de llegada del avión. Llegué
entonces a propósito, quizá haciendo tiempo para no desesperarme de la emoción, diez minutos
después de la hora de arr ibo anunciada.
- ¿Y?
- Llegué tarde. Todavía no me lo explico, pero llegué tarde.
- ¿Qué pasó?
- La encontré solita, con el abrigo cruzado azul -que guardo en mi ropero de Rosario - puesto,
derechita, correctamente sentada en una silla que le quedaba muy grande, seria, sin llorar pero
con unas incontenibles lágrimas en sus tiernas y rosadas mejillitas...
- ¡Qué desalmado!
- ¿Usted también lo dice?
- ¿Por qué, ya se lo dijeron?
- No, pero supongo que lo pensarán...
- Pero, no... es sólo su idea...
- Entonces, ¿usted por qué me lo dice? Bueno, mire, déjelo, pero de desalmado nada. La llené de
besos y le dije ‘hola, Sole, mi amor’ y me contestó ‘Hola Pá, antes de todo sacá la valija de ahí, que
está dando vueltas como una tonta’.
- Se refería a la cinta trans portadora...
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 113
- Claro. Obedecí, bajo la firme mirada de las azafatas...
- Estarían indignadas...
- A mí no me dijeron nada. Levanté la maleta negra, con cinturones verdes, que Sole siguió usando
cada vez que fue a verme. La puse a su lado -la tocó como para cerciorarse- y continuó
diciéndome: ‘Ahora sacá -que no te vean - de aquí -y me indicó una esquina del forro del abrigo - la
plata que pediste que te trajera’. Obedecí de nuevo. Recién entonces, se relajó. Y sentí que me lo
permitía a mí. Nos abrazamos muy fuerte, nos besamos muchas veces, y nos tomamos de la mano
y caminamos hacia el parking, charlando animadamente, como si no hubiéramos estado un año
separados, diciéndonos muchas cosas que durante ese tiempo nos queríamos decir, seguramente
muy pocas comparadas con nuestras necesidades... Le mostré la Combi Volkswagen negra, con
una llamarada roja pintada sobre el lado del conductor, que le había comprado, a muy buen
precio, a mi primo Jorge y a su flamante esposa, Cecilia -que se volvían a la Argentina des pués de
su luna de miel- y quedó fascinada, la bautizó ‘autocasa’, y acomodó a Bruno y Carolina -sus
muñecas- en la cama de la furgoneta. Le ayudé a cambiar su invernal atuendo rosarino por un
veraniego vestido blanco con flores azules y fuimos entonces al famoso piso, tipo casona, que
durante años alquilé en calle Francos Rodríguez, cerca del metro de Estrecho, entre las barriadas
de Cuatro Caminos y Tetuán. Allí esperaba Vreni. Las dos se saludaron con respeto y sinceridad,
inicio que las llevó a ser, dur ante años, excelentes amigas. Subimos a la combi lo que aún faltaba
por cargar y nos fuimos a Valencia, al camping Olé, sobre la playa mediterránea...
- Ya llegamos.
- Entremos.
Entonces, hija, ya vienes. Te dejé hace un año en el puerto de Buenos Aires y tenías en la mano
un pañuelo con el que me saludabas. Fue lo último que pude divisar cuando el barco se alejaba
conmigo. Te tenía alzada tu abuela que, hace poco, me escribió que ese día no podía imaginarse
que me iría por tanto tiempo. ¿Qué pensarás ent onces vos, que me he ido por un cuarto de tu
vidita?
Durante un año me han contado que repetís ‘papi se fue a Europa’ y que mirás mis fotos y decís
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 114
‘cómo te quiero, papito’.
Durante un año, por mi parte, me he preparado para ‘ mi Sole vendrá a Europa’.
Dentro de dos semanas llegas a Madrid. Llegas a mí. Llego a vos. Llegamos de nuevo. Empezamos
de nuevo. Seguimos. Te recibiré con mucho amor, con palabras claras, con serenidad. Con un
‘hola, Sole’ y me aguantaré el deseo de apretarte contra mí, hasta que los dos lo sintamos por
igual. Hasta que me recobres en tu presente. Hasta que tus bracitos, tus ojos y tus ideas me
busquen. Y yo también, hasta que sienta todo tu ser de nuevo conmigo. Entonces te abrazaré
(pero más que abrazarte te sentiré, te concretaré y vos harás lo mismo, conmigo).
Continuamente, seré un mullido nido donde sentirás recibidas tus palabras. Y mis palabras serán
una hermosa brisa que te llevará hasta tu naricita, tus ojos, tus pulmones, tu corazón, tu piel, las
respuestas a tus preguntas. Y sentiremos con nuestras palabras y mimos cómo se abre el tiempo,
los interrogantes, como si fueran ellos el barco que abrió pero que ahora cierra las aguas. El mismo
barco que me llevó será el que me traiga a vos de nuevo, hecho palabras, mimos.
Todo será todo, fluido y bello. Tuyo,
Papi
- Desde la carretera de Burgos, camino a visitar a mi amiga escandinava, haciendo dedo pasé por
Nîmes, donde ya se había instalado Daniel, otro amigo del barco, en casa de su abuela... Creo que
el padre de Daniel era clérigo de alguna iglesia protestante en Buenos Aires...
- ¿Se quedó en Nimes?
- Tuve razones de peso. Paseando por aquella hermosa ciudad -Nîmes tiene ruinas romanas, unos
enormes y laberínticos baños donde nos refrescábamos y un circo romano, les arennes, donde un
día me maravillaron los Globbe Trotters- Daniel y yo conocimos, en una puerta de calle, a dos
exquisitas hermanas autóctonas, Suzanne, de veinte, y Christine, de diecisiete, que aguardaban la
llegada del inquilino de esa casa, quien resultó se r, primero, argentino, luego rosarino y, por
último, novio ‘a la distancia’ de una prima de Alba...
- ¿Cuál?
- La que me despidió en el puerto. Su nombre era -o es- Adolfo...
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 115
-Gran coincidencia...
-Días más tarde, Adolfo, Daniel y yo conocimos a una profesora parisina que acompañaba a un
grupo de colegialas -realmente niñas, de catorce o quince años - en excursión fuera de París. La
profesora nos llevó hasta el albergue donde se alojaban, nos hizo entrar al dormitorio colectivo,
despertó a tres hermosas y aún, creo, inocentes -aunque desenvueltas - estudiantes, quienes,
delante nuestro, vistieron su semidesnudez nocturna... y nos propuso que fuéramos todos a casa
de Adolfo para pasar ‘momentos agradables’.
- ¿Y ustedes?
- Fuimos, pusimos música y, semiparalizados, vimos cómo las chiquillas sensualmente bailaban y se
insinuaban, pero no sé decirle si dándose cabal cuenta de lo que estaba sucediendo, bajo la
mirada sonriente y complaciente de la tutora.
- Mucho se ha hablado del liberalismo francés....
-No supimos nunca si esas chicas ya estaban, o no, iniciadas. Se ofrecían abierta y cándidamente.
Pero no pudimos. Reconocimos entre los tres que eran unos manjares, pero no pudimos. Nos
avergonzamos, las hicimos volver a su residencia... Luego, Adolfo estuvo con la entregadora, quizá
pasando un grato momento... La circunstancia había sido en extremo excitante, casi irresistible. Sin
embargo, nunca me he arrepentido de mi comportamiento.
- ¿Y qué pasó con las dos hermanitas?
- Adolfo se emparejó con Suzanne, y yo con Christine, quien pese a tener pocos años más que las
colegialas y yo ser su prèmiere fois no me hizo remorder la conciencia. Por esas fechas me fui a
hacer la vendimia, cerca de allí. El dueño de los viñedos me dejó alojar en un antiguo establo de
madera de dos pisos: abajo, antes dormían los animales y ahora se guardaban las máquinas, y
arriba, aún con montones de alfalfa seca, sobre una colchoneta dormía yo. Me despertaba él
mismo a las seis y media de la mañana cuando iba a preparar las herram ientas. Su mujer, dentro
de la casa, me obsequiaba con un buen tazón de café con leche y media baguette, mientras iban
llegando los otros vendimiadores. Eramos cinco o seis que subíamos al tractor, conducido por el
dueño, o al acoplado -donde descargábamos los racimos- e íbamos hasta el lugar donde habíamos
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 116
dejado el día anterior. Temprano por la mañana hacía mucho frío, al mediodía, cuando parábamos
para comer, bastante calor. Cuando terminaba la jornada, a las siete y media de la tarde,
refrescaba bastante. Manifesté al matrimonio mi deseo de ducharme cada día al anochecer. Tenía
mis motivos: haberlo hecho así toda mi vida, quedar muy transpirado y sucio después de trabajo
tan rudo... y recibir diariamente la visita de Christine, que se quedaba conmigo has ta entrada la
noche.
- ¿Le permitieron entonces bañarse?
- Mostraron su extrañeza, alegando que otros sólo lo hacían una vez por semana, pero
condescendientes me dejaron duchar a diario en el baño del personal doméstico. Luego, en un
pajar donde los ratones no amilanaron nuestro ánimo, pasé con Christine espléndidos anocheceres
de mutuo aprendizaje y enseñanza...
- ¿La volvió a ver?
- No, pero después de varios años, en una exhibición de gimnasia deportiva en Rosario, con gran
alegría encontré a Suzanne, qu e visitaba a Adolfo ya en calidad de amigos. Y me conminó a hacer
el amor con ella para saber -según me explicó- por qué su hermana había quedado tan colgada
conmigo. Algo incómodo acepté, pero era evidente la falta de motivación adecuada: "No era para
tanto", me dijo Suzanne, "no puedo entender tanto amor de mi hermana". Sonreí. Pero yo no dejo
de recordar a Christine.
- ¿Muchas veces ha hecho el amor tan familiarmente?
- En mi vida, dos veces estuve con dos hermanas, esa vez con las francesitas, y la otr a con
rosarinas, de las cuales fue la menor quien actuó, creo, por igual motivo y con similar resultado que
Suzanne.
- ¿Por qué dejó a Christine?
- A Christine la dejé porque yo tenía que seguir mi camino, no porque no fuera absolutamente feliz
con ella; yo debía seguir, era algo natural e incontrolable, había salido a conocer mundo y a todas
las mujeres que se me pusieran delante...
- De diecisiete, en adelante. ¿Y dígame, Zuasnabar, además de orgasmos le sucedieron otras
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 117
cosas?
- Por supuesto. Haciendo autostop hacia París, a la altura de Chateareaux, a un inglés y a
mí nos levantó un camionero francés que, más adelante, se detuvo a cargar gasoil y, después de
otros kilómetros, estacionó en el parking de un restaurante para descansar, indic ándonos que si
queríamos podíamos comer y beber algo, mientras él dormía dentro del camión -marca Sabien y
de color azul, no lo olvidaré nunca -. Antes de bajar, le pregunté si no comería o bebería algo: "¿Tu
ne va prender rien?". No me contestó. Mi trad ucción al francés de ‘¿tú no vas a tomar nada?’ fue
fatal e introductoria, inductora, del robo. Dentro del restaurante, el inglés y yo, que no nos
conocíamos, cambiamos comentarios circunstanciales por aproximadamente hora y media, hasta
que decidimos volver al camión, en cuya caja trasera el conductor había guardado nuestras dos
mochilas. En la mía, llevaba el saco de dormir de aluminio térmico que acababa de comprar en
Andorra...
- ¿Aluminio térmico?
- Algo así, muy novedoso a fines de los setenta. Ocupaba poco lugar -menos que los de plumas- y
decían que regulaba mejor el calor... según la temperatura del cuerpo, pero no puedo
asegurarlo: lo tuve pocos días. Era de color azul eléctrico por fuera y naranja por dentro...
- ¿Qué más se llevó?
- Anteojos. También en Andorra había comprado unas clásicas gafas de sol Ray Ban, tipo piloto
militar, las cuales, muy fachas, me hacían entrar, como tantas cosas más, en contradicción. Más
tarde, Teresa -mi novia mulata- me las reemplazó por otras que me trajo de Ceuta, con marco de
pasta. En la mochila llevaba sólo parte de la ropa con la que me había ido a Europa. El resto lo
había dejado en Barcelona, porque no podía acarrear con todo y por ser cosas poco prácticas,
como el traje. En la mochila llevaba muchas fotos de Sole que Juan nos había hecho y,
sumamente importante, una cassette que grabé en la casa de sus abuelos maternos, escondiendo
el grabador detrás de unos almohadones para que Sole hablara sin distracciones. Por mi aún
supina inexperiencia, entre la ropa, dentro de la mochila, llevaba todo mi capital monetario:
cuatrocientos cincuenta dólares. En el bolsillo del vaquero que tenía puesto sólo llevaba pocket
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 118
money y ningún documento...
- También guardados en la mochila...
- Sí. Una aberración que aú n no acabo de entender, ya que recuerdo que al salir de Argentina
había querido conseguir uno de esos bolsitos -como el que Chino me regalaría luego, hecho
artesanalmente en cuero- que se cuelgan del cuello o se atan en la cintura por debajo de la rop a y
donde, al menos, se debe guardar el pasaporte y algo de pasta...
- ¿Y entonces?
- No encontramos el camión en la playa de estacionamiento. Tampoco en la gasolinera. Nos costó
un buen rato de comentarios y silencios convencernos de que, el camionero, tan sencillamente,
había arriado con todas nuestras cosas.
- Los dejó, como diría San Martín, en pelotas... pero por hacer autostop.
- Eran años en los que hacer dedo estaba bien visto, aceptado con alegría: chicas solas, o de a
dos, lo hacían a través del mundo sin más consecuencias que las que ellas mismas deseaban, salvo
escasas excepciones comparadas con la cantidad de autostopistas. No como ahora, que nadie se
anima a subir a un desconocido.
- De hecho, ahora casi no se ven mochileros.
- Por otra parte, si existía algún resquemor, era más por parte de los conductores hacia nosotros,
los hippies, a veces de estrafalaria pinta...
- Melenudos o barbudos, con camisolas y pulseras indias y, en general, con un porro entre el
pulgar y el índice...
- Bueno, Penélope, ese era el estereotipo... Pero paraban igual, hombres y mujeres de negocios,
con corbata y trajes Chanel, con sus niños atrás, entre costosos artículos de viaje. Para ambas
partes, el mutuamente respetado y curioso modo de vida del otro era lo agradable y pintoresco del
viaje compartido.
- Sería mucho más infrecuente que fuera el conductor el atracador de los casi indigentes
viandantes...
- Pero ese fue nuestro caso. El inglés, que había bajado del camión con dinero y documentos,
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 119
desestimó todo otro procedimiento que no fuera seguir viaje a su tierra, con lo puesto.
- ¿Y usted?
- Estuve confuso y desorientado por un buen rato, sin comentarle a nadie lo ocurrido. Pensaba los
hechos y calculaba sus devastadoras consecuencias: no podría seguir a París ni a ningún otro
punto más hacia el norte de donde estaba. Debía batirme en retirada hacia el sur, tramitar un pase
consular y regresar a España, buscar refugio y comida en casa de Chino y Mónica, a quienes ya
imaginaba -cariñosa y zumbonamente- llamándome huevón o boludito. Pero de a poco fui
cambiando la parálisis que en un principio me atenazaba por una relajada entrega a mi
desafortunado devenir. Pregunté en el restaurante, de emblema Routiers - frecuentado por
camioneros- si conocían a algún chauffer d’un Sabien bleu -la frase sería repetida hasta la
saciedad-. Lógicamente me dijeron que a muchos y a ninguno, ya que el mío no había entrado a
comer. Un francés joven, precursor de los yuppies y en esos momentos en pleno estado de ocio -
casi de aburrimiento-, me escuchó y se ofreció dinámicamente a ayudarme. Le dije que el ladrón se
había detenido para repostar, y que le había visto pagar con tarjeta y hablar con cierta
familiaridad con el empleado.
-El hombre había cometido errores...
-Ese fue el primero. Pero yo ignoraba dónde quedaba la gasolinera, no viajábamos por autopista
sino por carreteras comarcales y nocturnamente. El circunstancial francés, metido a inspector
Clousseau, iba al mando de un muy confortable Renault 16, con el que empezamos a recorrer las
inmediaciones. Luego de un cruce de carreteras reconocí la estación de servicio y al encargado,
quien en un primer momento se negó a dar datos de sus clientes, pero apremiado por mi
acompañante, quien con seriedad francesa le advirtió que de un ladrón se trataba su cliente,
accedió a darnos su nombre: monsieur René Vervaud. Durante meses mi mente repetiría su
nombre. Fuimos hasta la comisaría principal de la ciudad de Limoges, donde mi colaborador se
despidió. Esa noche trabé amistad con va rios policías, quienes me dieron de comer y me hicieron
dormir en el calabozo, dejando la puerta abierta. Al día siguiente me instalaron en una residencia
para indigentes, pero francesa y recién construida, que es como decir, acá en Argentina, un hotel
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 120
tres estrellas. Vervaud era de los alrededores de Limoges, la policía ya lo conocía. Lo ubicaron cerca
del puerto de Le Havre, pero no lo detuvieron. Lo interrogaron, pero las leyes francesas prohiben
detener a nadie sin pruebas...
- Es lo correcto...
- Claro. Quedé hospedado en la residencia de indigentes, esperando novedades. Al fin, la policía
me vino a buscar para ir a la casa del ladrón. No estaba, pero sí su mujer, que a manera de saludo
preguntó -en francés- ‘y ahora ¿qué ha hecho mi marido?’. Los polic ías le dijeron que no podían
asegurarle nada pero que le pedían permiso para inspeccionar la casa. La mujer accedió. Entraron,
a mí no me lo permitieron, pero ya antes me habían preguntado qué debían buscar. Esperé afuera
y vi el famoso Sabien bleu detrás de la casa. Cuando salieron se los señalé. También lo revisaron,
sin suerte. Luego fueron hasta el coche particular y, en la baulera, encontraron la cámara de fotos
del inglés. Me dijeron que, cuando llegara Vervaud, lo interrogarían acerca de ella, y que yo dijera
que era mía, no del inglés, ‘para estudiar su reacción’.
-Ese fue su segundo error: dejar ahí la cámara...
-Cuando Vervaud llegó le hicieron abrir el baúl y yo señalé la cámara diciendo que era mía, tal
como me habían instruido. Los policías lo miraron: ‘La compré en Marsella’, dijo con seguridad. ‘¿La
factura?’, le replicaron los policías. ‘¿Acaso ustedes guardan las facturas de lo que compran?”...
-Se defendió con solvencia.
-Igualmente le dijeron que tendría que acompañarlos a la Jefatura. E n el coche empezó a
quebrarse. Llegados a la Jefatura, fue introducido al despacho del jefe: no habrá estado ni cinco
minutos cuando salió un oficial para decirme que monsieur Vervaud había confesado.
- ¿Usted cree que lo apretaron?
- Muchos de los métodos ilegales para obtener información utilizados por el Proceso en Argentina
fueron copiados de la represión francesa en Argelia, pero en el caso de Vervaud no me pareció así:
más bien creo que entre ellos ya se conocían y llegaron a algún tipo de arreglo, q uizás ya rutinario:
todo fue muy rápido.
- Cuando llegué a Amsterdam, hice lo que sabía que no se debía hacer: tomar una habitación al
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 121
primero que la ofrecía, entre tantos que lo hacen en todas las estaciones de trenes del mundo. Fue
un holandés realmente enorme y rubio que me hizo caer en la tentación por cinco florines por día,
precio muy por debajo de lo normal. Luego de pactado fui a pasear por la ciudad, incluyendo en el
circuito los escaparates donde las prostitutas se muestran sobre una cama y que, cuando captan a
un cliente, corren una cortina que las separa momentáneamente del público..
-Algo muy turístico...
-En eso estaba cuando se me acercaron tres rosarinos, que me reconocieron pero no yo a ellos,
con los que seguí paseando y que me dejaron l a dirección donde se hospedaban. Era tarde y
nevaba al llegar a mi supuesto hotel, que realmente era un gran galpón de dos pisos bien
calefaccionados, con baño, cocina y sauna. Cada piso tendría unas cuarenta camas y se parecía a
un barracón militar, o a una enorme habitación colectiva de los tan simpáticos, baratos y
especialmente seguros Albergues de la Juventud. Pero aquí, al llegar, no encontré más que un
alma, de aspecto torturada en su completo mutismo y que al rato desapareció. El enorme holandés
de la estación no estaba, pero yo ya le había pagado los cinco florines por la cama y otros cinco por
el casillero donde guardar la mochila. Por su parte, él ya me había dado la llave del hotel. Por lo
tanto, cansado, me fui a dormir...
-Tenía todas las camas para elegir...
-La soledad era inmensa, pero uno estaba en esa época de irresponsabilidad desafiante y confiada
a la vez, con ese romanticismo que hace pensar que nada malo va a ocurrir... Guardé la mochila en
la taquilla de planta baja y elegí una de l as camas de arriba, por el centro y a la izquierda, según
se entraba. Me saqué todos los abrigos hasta quedarme con una camiseta, calzoncillos y
calcetines, y me puse a dormir. Dormido estaba cuando algo me hizo despertar. El holandés bestial
-calculo sin exageración que uno de sus brazos era como una de mis piernas - estaba sentado en
mi cama y apoyando una mano en una de mis piernas...
- ¡No..!
- Sí, ¿de qué se sonríe?, no le veo la gracia -y le aclaro que fue por encima de las mantas. Pegué
un salto y me senté en la cama. El tipo susurraba: "un petit peu".
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 122
- No había que ser muy sabio o experimentado para darse cuenta de que era un homosexual...
-Del tamaño de Obelix. Lo que no tendría mucho de malo, Penélope, pero éste además era
irrespetuosamente activo-agresivo con gente que nada quería saber de sus cosas... En un flash
mental comprendí la razón de la amargura del que había visto irse, y por qué, tan calculada, la
total ausencia de otros pasajeros en el hotel. Controlé mis nervios todo lo que pude, también mis
movimientos -me quedé quieto -, para no provocar una reacción violenta de su parte...
- De resultados imprevisibles...
- No tanto: pensé que me podía inmovilizar, violar, matar y hacer desaparecer en un santiamén.
Maldije mi pacifismo, eché en fal ta un cuchillo aserrado de caza o un trabuco de, por lo menos, 9
mm para parar a semejante animal. En un insospechado perfecto francés le expliqué, pausado,
que yo respetaba su forma de ser -incluso que tenía amigos como él-, pero que yo no era así y
que, por lo tanto, respetara mis principios como yo respetaba los suyos.
- Todo un señor, amplio de criterio, usted. ¿Y el holandés?
- No muy convencido de dejarme en paz se levantó y se acostó en la cama de al lado, y empezó a
masturbarse. El enorme mamífero estaba muy cerca y muy atento para que yo intentara correr.
Preferí hacer como si con lo dicho hubiera sido suficiente, y simulé dormir o intentar dormirme
nuevamente, con un brazo cruzado sobre la cara, que semiocultaba a mis ojos, que no dejaban de
vigilar.
- Siga, siga...
- Pensé que si acababa de masturbarse se tranquilizaría, pero también pensé que si se levantaba
de nuevo contra mí, yo vendería cara mi vida...
- O lo que fuera, ¿no?
- Mi vida. Sucedió lo último: se cansó de masturbarse infructuosam ente, se levantó por el otro lado
de la cama y se dirigió hacia mí. En menos de un segundo, estoy seguro, me saqué de encima la
sábana y las mantas, me puse de pie sobre la cama, salté al suelo y adopté la postura de boxeador
o karateka que se ve en las películas y, ya con mis nervios desatados, comencé a gritarle insultos
en el argentino más macarra que me salía del alma...
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 123
- No me diga que lo asustó...
- Estoy seguro que sí, en el sentido de comprender que me dejaba en paz o tendría que cargar con
una muerte, incluso, en el sentido de que yo lo podía matar a él... Así he andado media vida por
todo el mundo, Penélope: sin llegar a las manos por avisar que, de llegar a ellas, uno iba
necesariamente al cajón, sin importarme cuál... El holandés caminaba en s emicírculos a mi
alrededor diciendo: "Tu est un petit mechant". Y yo le contestaba, todo en argentino y a los gritos,
que sí que lo era y que lo iba a matar. Creo que comprendió que no tenía mas remedio que
liquidarme o dejarme ir...
- Y optó por lo segundo...
- Sí, por eso estamos charlando. Me vestí sin dejar de mirarlo...
- Estoy segura que con tal aspecto de loco energúmeno decidido a todo que el holandés no se le
acercó.
-La situación, aunque no real, pareció entonces al revés: él estaba expectante y yo, mientras
velozmente me vestía, lo miraba como acechándolo. Yo sabía que si perdía esa pulseada, si no
mantenía esa mirada y esa actitud, él pasaría a la ofensiva nuevamente. Así que, aunque no más
tranquilo pero sí ya decidido, no dejé de mostrarme capaz de todo...
- ¿Realmente lo estaba?
- Sí, como siempre en casos extremos. Bajé por las escaleras hacia las taquillas y la puerta de
salida. El holandés me seguía a cierta distancia, que yo no le dejaba acortar haciendo ademán de
detenerme y enfrentarlo, abriendo los ojos con más odio y locura kamikaze...
- No me quiera asustar, Zuasnabar...
- Sólo le cuento. Saqué la mochila, abrí la puerta de calle y, con un pie ya afuera, me envalentoné
aún más y le dije que me devolviera los diez florines. Alegó no sé qué del uso de la taquilla, y me
extendió un billete de cinco, que yo le arrebaté de un certero y veloz zarpazo. Salté al exterior,
gané la nevada calle y caminé hasta el centro, donde, pese a ser de madrugada, por fortuna había
gente. Yo necesitaba ver gente. De todas maneras, no eran horas para caerme por el hotel de los
rosarinos. Estaba agotado. Entré en una cabina de teléfono...
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 124
- Llamó a la policía...
- No, me quedé sentado ahí hasta la mañana. Casi me congelo. Entonces sí fui al hotel -al
verdadero hotel- y desayuné con mis conciudadanos sin hacer comentario alguno.
- ¿Por qué?
- Porque ya no hacía falta. Por la noche fuimos a la discoteca Paradiso, donde observamos toda la
parafernalia de las drogas desplegada en Holanda. Unos días más tarde , Amsterdam, al menos mi
Amsterdam, no daba para más. Partí hacia Alemania...
- En Alemania encontré surrealista cruzar de Berlín capitalista a la comunista en subte, pero esas
son otras historias...
- Cuente, cuente...
-Ahora no le puedo contar todas las historias, Penélope. He estado fuera de Argentina por muchos
años y en más de treinta países, donde he conocido sensaciones de muy diversa índole...
- Bien, ¿y de Berlín?
- De ahí me dirigí a Hamburgo, con muchas ganas ya de llegar a Dinamarca, a los braz os de
Elizabeth.
- Al llegar a Copenhague telefoneé a Elizabeth para que me indicara de qué manera llegar hasta su
pueblo. Nuestra alegría al sentirnos tan cerca de nuevo, después de la inolvidable travesía que
juntos hicimos del océano Atlántico a bordo del Guglielmo Marconi, casi un año atrás, era
indescriptible. Tomé un tren de cercanías que me llevó hasta la estación donde mi rubia vikinga me
esperaba con un típico gamulán que había comprado en la Patagonia... yo llegaba casi a fin de
año, pleno invierno nórdico. Elizabeth me esperaba a la intemperie, sola en el andén, ya era de
noche. Fuimos directamente a su casa, mejor dicho a la casa de sus padres, con quienes ella
vivía...
- ¿Tenía hermanos?
- Uno, Karsten, que vivía en otra casa, con su pareja Iu tte. Años más tarde me enteré que se
habían separado y que Eduard, el padre, había muerto..., siempre me pregunto si seguirá viva la
gente que he conocido en mis viajes y, de ser así, qué habrá sido de ellos. Siempre fantaseo volver
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 125
a encontrarlos -a Eduard ya desgraciadamente no -...
-Reunirme con todos...
-Sí, pero mi pensamiento sólo puede hacerlo con las fisonomías y convicciones de aquellas épocas,
y viendo todos los cambios que los años han operado en mí, también suelo pensar que quizás sea
mejor dejarlo así: ya sólo en esos imborrables y fascinantes recuerdos... Con Virginia por ejemplo,
una hermosísima persona, una italiana de unos veinte años en aquel tiempo que viví en Londres...
- ¿Cuánto tiempo vivió en Inglaterra?
- Unos siete meses...
- ¿Unos siete meses? ¿Y no me va a contar sobre eso?
- Es lo que estoy haciendo. Recuerdo a Virginia, además de preciosa como mujer, como una
persona sana, buena, bien educada, con buenos sentimientos y alegre....
- Muy humana...
- Demasiado humana, Penélope, como yo: quedó embarazada de mí, cuando su novio la esperaba
en Italia. Desde Roma me escribió a Londres contándome que su abuela la acompañaría a abortar,
que nadie más se enteraría... Luego se casó. Ya tiene hijos grandes...
- ¿Cómo lo sabe?
- Porque siempre, cada tanto, nos escribimos o nos hablamos por teléfono, pero desde hace más
de veinte años que no nos vemos...
- ¿Se han mandado fotos?
- No, qué graciosa...
- ¿Por qué?
- Porque, como me dijo Virginia la última vez por teléfono, ‘no podemos recuperar el tiempo
perdido’.
- Estaba entrando a casa de Elizabeth...
- Sí. Ahí esperaba una amiga de Eli que, después de verme, discretamente se marchó. Los padres
habían ido al teatro, en Copenhague. Ingeborg y Eduard eran profesores universitarios que cuando
yo llegué estaban gozando de un año sabático. Elizabeth me ofreció comer algo, luego me mostró
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 126
su habitación, la que dijo sería de ambos y me ofreció darme un baño, diciéndome que luego lo
tomaría ella. Yo me horroricé ante la idea de que sus padres regresaran d el teatro y me
encontraran durmiendo con su hijita de 19 años. Se lo dije: Elizabeth, yo entiendo que seas muy
avanzada pero también entendeme vos a mí -viviste en Argentina- , respetame mi cultura latina -
retrógrada si querés-, pero, aunque sea por esta p rimera noche, hasta que conozca a tus papás,
dejame dormir en otra habitación: ¿tenés un cuarto de huéspedes? “Sí”, me dijo ella, y me lo
mostró, pero diciéndome que no habría problemas, que podíamos dormir juntos, que a sus padres
no les parecería mal. Yo insistí. Fui a bañarme y luego me acosté en la habitación de huéspedes.
Elizabeth entonces se fue a bañar. Luego, cuando yo ya estaba acostado analizando los hechos,
Elizabeth entró envuelta en una toalla y se sentó a mi lado...
- Con todas las intenciones...
- Obviamente. En esos precisos momentos escuchamos que se abría la puerta de calle y ella dijo
alegre: ¡son mis padres!. Le pedí, aterrorizado, que se fuera...
- ¿Y lo hizo?
- Sí, pero salió gritando “¡fatti, mutti! -papi, mami-, ¡llegó Horacio!”. Yo me tapé hasta la nariz y
creo haber invocado a Dios para que me salvara. Elizabeth volvió a entrar acompañada por Eduard
e Ingeborg, quienes con una sonrisa de oreja a oreja me observaban como al salvaje sudamericano
que la hija les había prometido...
-Fascinante...
-En español le dije a Eli que les pidiera a sus padres que nos esperaran en el living hasta que yo
me vistiera. “¡No!”, exclamaron ambos, ‘quédense durmiendo que ya mañana charlaremos’, me
tradujo la niña.
-¿Y así fue?
-Ellos se retiraron y Eli se quedó conmigo...
-No hace falta decirme haciendo qué...
-Por la mañana, a través del pasillo, desde el baño yo observaba a Eduard e Ingeborg en la cocina
comedor ya sentados para desayunar y no sabía cómo presentarme. Hasta que me animé, caminé
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 127
hacia ellos, quienes me recibieron con la misma cordialidad con la que me habían saludado la
noche anterior. Me senté, desayunamos y nos empezamos a conocer. Desde ese momento fuimos
cada vez más amigos. Cada día charlábamos largas horas sobre todos los temas posibles,
especialmente cuando Elizabeth se iba a la facultad. Nos sentábamos a almorzar poco después de
que amaneciera y terminábamos nuestra tertulia cuando ya anochecía, porque los días de invierno
escandinavos son muy cortos. Yo veía levantarse apenas al sol, recorrer un semicírculo bajo y
volverse a esconder.
-¿Y en verano?
-No estuve allí en verano, pero me contaron que era exactamente lo contrario, que amanecía muy
temprano y anochecía casi sobre la medianoche... Eduard, no sé con qué sentimientos, solía
repetirme -en inglés, nuestro idioma comunicacional -: “No sabés Horacio cuántos hombres ha
tenido Elizabeth”. A lo que yo no sabía qué contestarle... Para Navidad les vi armar un hermosísimo
árbol, sobre un pino de verdad que los escandinavos cultiva n ex profeso, con velitas también de
verdad, que encendíamos diariamente, y muchos y bellos adornos. Mi regalo navideño por parte de
Elizabeth fue un típico pulóver danés suyo, holgado, de gruesa lana, a rayas de colores natural y
gris, que aún uso. Eduard e Ingeborg nos regalaron sábanas para la cama y, con mucho respeto,
nos dijeron que les hacía mucha ilusión vernos debajo de ellas, por lo que Eli y yo esa noche las
pusimos, nos acostamos y los llamamos: entraron felices y dieron exclamaciones de alegría
mientras nos decían que quedábamos preciosos...
-Usted habrá creído que alucinaba...
-Creo que no me puse colorado, porque los iba entendiendo y, sobre todo, queriendo, así como son
ellos, tan amables... Un día, que paseábamos en el Volvo familiar por Cop enhague, me señalaron a
la reina de Dinamarca, que entraba a hacer compras como una ciudadana más a un
supermercado, y yo les dije que la quería saludar. Los Odgarsen me dijeron que no habría
problemas pero me preguntaron qué le diría. Me sentí imbécil y d esistí de mi intención... Otra vez,
me llevaron a una sauna. Primero estuvimos a 80 grados y luego nos metimos bajo las duchas de
agua helada...
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 128
-¿Y no le dio un infarto?
-Al contrario, desde ese entonces conservo la costumbre, tanto en verano como en invi erno, de
bañarme primero con agua bien caliente para luego hacerlo con agua fría: como ellos lo considero
muy saludable.
-¿Y qué hacía para ganarse la vida?
-Di clases en una escuela para adultos, en la que después de hora extendía sobre el escritorio un
tapete azul de terciopelo...
-El de las Ramblas de Barcelona...
-Como ese, pero nuevo, sobre el que exponía las artesanías que me mandaban de España... Al
principio me negué a hacerlo, por considerarlo poco ético, pero la directora de la escuela me
convenció de que ‘no tenía nada de malo, sino todo lo contrario’... En una de esas clases, se me
acercó una alumna, encantadora abuela anderseniana, y me preguntó si no me molestaba que ella
le diera mi teléfono -el de Elizabeth- a su nieta, porque yo le resulta ba muy simpático...
-La idea le habrá entusiasmado muchísimo...
-Pero supe mantener la calma. La nieta en cuestión, Mette, me llamó y me dijo que no le hiciera
caso a su abuela, que yo no tenía ningún compromiso en conocerla pero que de todas maneras, si
yo quería, me invitaba a cenar a La guitarra -un típico restaurante español de Copenhague. Antes
de acceder consulté con Elizabeth, quien me aconsejó que aceptara pero que no le dijera nada a
Ingeborg y Eduard, porque Mette seguramente después me haría el amor...
-¿Así nomás?
-Sí. Me pidió que les dijera que esa noche me quedaría durmiendo en casa de unos amigos
chilenos que teníamos en la capital. Yo le avisé a Elizabeth que no tenía por qué ser tan así, que ni
Mette me conocía ni yo tampoco a ella y que la cena no tenía por qué terminar en una cama. Pero
Elizabeth se limitó a decirme: “yo conozco a mis compatriotas”, y me despidió con un beso... Dicho
y hecho, Mette me llevó a cenar, luego a su casa y, por la mañana, me despidió, para siempre, en
la estación donde yo tomé el tren para volver al pueblo de los Odgarsen...
-¿Ese hecho no pasó a mayores?
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 129
-Ese no. En cambio, otro día, en una fiesta del pueblo, Anette, ese año reina de belleza de la zona,
se me acercó tan peligrosamente, ante todo el pueblo, que Eli bebió desesperadamente tanto que
la tuve que acompañar a casa...
-Frustrando las intenciones de otra belleza nórdica...
-Y las mías, debo reconocerlo.
-¿En Dinamarca solían deducir su origen?
-Aunque color miel, mis ojos algo achinados, y mi pelo lacio negro me delataban como latino -a
veces, como indígena-, fácilmente como francés, español o italiano, sin embargo, en una reunión
en casa de los Odgarsen, algunos presentes, invitados a adivinar mi origen, dijeron que yo era
esquimal: les era más próxima la idea de Alaska o Groenlandia antes que la lejana Latinoamérica...
Ellos son muy sociables, viven de reunión en reunión. En otra, en casa de amigos de Elizabeth y
Karsten, mientras yo orinaba en el baño entró una danesa que, mientras animadamente habla ba
conmigo, se bajó la bombacha y se puso a su vez a hacer pis en el bidet...
-¿Y usted?
-Yo le seguí la corriente, como si para mí fuera también muy normal... yo fui feliz en Escandinavia,
allí sólo conocí gente con mucho valor humano.
- No tenía motivos para irme de Dinamarca pero tampoco para quedarme. Eran tiempos de
permanente mudanza, de querer conocer más y distinto. La relación con Elizabeth, como nosotros
dos la entendíamos, era de amistad, no de pareja. Sus padres tampoco preguntaron en los mese s
que estuvimos juntos si planeábamos o no seguir juntos. Quizá alentaban la idea pero se abstenían
de comentarla. Anuncié que partiría rumbo a Israel...
- ¿A dedo, desde Dinamarca?
- Sí. Mi intención era pasar por Varsovia y por Moscú, luego por Europa c entral hasta llegar a
Grecia y, de allí, en barco por el mar Egeo hasta algún punto de Israel. Pero me echó atrás el
hecho de que en Polonia y Rusia las temperaturas fueran de 20 grados bajo cero, incluso más
bajas. Los Odgarsen también me lo desaconsejaron, eran nórdicos e igualmente les parecía muy
frío... No llegué entonces a comprobar si se podía hacer autostop en los países comunistas, en
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 130
aquel 1978 sin noticias aún de la Perestroika...
-¿Y qué hizo?
-Opté por un vuelo Copenhague -Tel Aviv, de la compañía israelí El-Al. Pese a mis trabajos
circunstanciales, los dos mil dólares con que salí de Argentina -más de un año atrás- se habían
casi agotado. El remanente era escaso, sólo un último recurso. Eduard me prestó 300 dólares que
prometí devolverle en tres meses, confiado en encontrar rápidamente trabajo remunerado en
Jerusalén. Toda la familia fue a despedirme al aeropuerto...
- Viviendo otros momentos de gran emotividad...
-Por supuesto, y que terminaron por desmentirme el tópico de la frialdad escandinava: fue todo lo
contrario... Después de pasar el primer control, el de pasaporte, efectuado aún por amables
autoridades danesas, se sucedieron varios controles más, ya por personal de seguridad judío.
Revisaron minuciosamente el contenido de mi bolso, así como el bolso mismo. Me hicieron pasar a
una cabina donde me revisó e interrogó un hispanohablante, para mayor comprensión de mis
declaraciones y reacciones. Era muy joven y vestía ropa vaquera tan informal que pasaría por
cualquier turista sin grandes recursos. Era chileno, de la diáspora judía, según dijo. Me cacheó
mientras me hacía preguntas muy concretas, como otras aparentemente muy triviales pero que, en
su conjunto, pude ver una programada profesionalidad.. Al terminar la inspección le hice notar que
no se había interesado por mis botas de gruesas suelas -se lo comenté risueñamente- y me
contestó dándome el nombre y procedencia -Alemania occidental- de mi calzado y, siempre muy
serio, terminó diciendo que él ‘tenía todo controlado y que yo tuviera una feliz estadía en Israel’.
Subí al avión muy impresionado, con relativa tranquilidad...
-Respecto a que no habría bombas ni terroristas a bordo...
-Dejaba uno de los países más adelantados y pacíficos para adentrarme en otro de enormes y
chocantes contrastes. Dejaba la perfección de una desarrollada sociedad, que vive como en una
maqueta, con modélicas casitas, trenecitos y coches en perfecta sincronización y armonía... para,
de súbito, en pocas horas, encontrarme rodeado por uno de los mayor es maremagnum que en mi
vida conocí...
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 131
-Israel. ¿Y qué hizo allá?
-En el aeropuerto de Tel-Aviv me relacioné con un brasileño, no judío, como yo, con el que fui al
Centro de Reclutamiento de Voluntarios para los Kibbutz, cuya dirección afortunadamente él
llevaba, porque para vivir en cualquier kibbutz del país primero hay que pasar por ese Centro. De
allí distribuyen a los voluntarios. Nelson, así se llama o llamaba, y yo comentamos cierta
aprehensión que sentíamos por no ser judíos, y que creímos confirmar cuando nos preguntaron
nuestra religión y, acto seguido, nos dijeron que sólo había plazas libres en "zonas de guerra". Nos
miramos sin intercambiar palabra alguna, como diciendo "te lo dije"...
-Y que se podía interpretar como la frialdad de Indiana Jo nes o la de los mercenarios... ¿Y
aceptaron?
-Aceptamos los dos: a mí me mandaron al Kibbutz Gonin, en los altos del Golan y a él a otro, en la
franja de Gaza. Fue la primera y última vez que lo vi.
-Territorios ocupados...
-Vaya a saber uno por quién: ára bes y judíos son todos de por ahí... A los altos del Golan -otrora
Siria-, me fui haciendo autostop, vía Jerusalén, donde saludé a David. Crucé zonas desérticas que
los israelíes han hecho fértiles, mediante un sistema de regadío por medio de tuberías sub terráneas
con pequeñas perforaciones, que dejan salir el agua gota a gota...
-¿Gota a gota?
-Sí, humedece mejor la tierra y ahorra más agua que el tradicional método por aspersión aérea
que, debido a las altas temperaturas de la zona, dejan que el agua se evapore casi antes de tocar
tierra, o cuando apenas lo hace, sobre una superficie recalcinada por el sol. Cerca de las costas
mediterráneas, Penélope, se cultivan naranjas, famosas por su calidad, igual que las valencianas,
se exportan a todo el mundo...
-¿Qué más?
-En los oasis artificiales de regadío se siembran cereales y hortalizas. El paisaje cambia
radicalmente cuando más al norte uno va, hacia Líbano y Siria, entre ellos los altos del Golan.
Después de cruzar al sur tan áridos parajes, pedregosos y con sufridos olivares, allí hay lagos y
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 132
exuberante vegetación...
-¿Fue bien recibido en el kibbutz?
-Una uruguaya me mostró todo el kibbutz, y me explicó su funcionamiento...
-Cuénteme, ¿cómo era?
-¿La uruguaya o el kibbutz?
-El kibbutz.
-Los dormitorios para los voluntarios consistían en cabañas de madera alineadas de ocho o diez,
elevadas sobre pilotes, con los baños en un extremo y una habitación con heladera y cocina a gas
en el otro, para preparar desayunos o pequeñas cosas, ya que existía un amplio comedor, en uno
de los edificios construidos con ladrillos, que funcionaba como autoservicio, con una gran cocina
contigua donde todos, colonos y voluntarios, por turnos, trabajan. Recuerdo que las comidas, de
recetas centroeuropeas, abundaban en yoghurt s y kefir... La uruguaya también me indicó dónde
debía protegerme en caso de alarma...
-¿Ante un ataque?, ¿dónde?
-En un típico bunker, era de estilo casi clásico...
-Hasta en la guerra estuvo usted...
-Sí, hasta en la guerra exterior. Mi vida siempre ha s ido una permanente batalla íntima librada
entre la paz y la guerra propiamente dicha...
-Ah.
-Bueno -como fuera, Penélope-, en mi estancia en el kibbutz escuché, casi de continuo, el
tableteo de ametralladoras y uno que otro cañonazo, pero nunca tuvimos que correr a
refugiarnos...
-Todo sea dicho.
-Aunque ahora no lo parezca, fue igualmente muy impresionante. A la mañana siguiente de llegar
ya me enviaron a mi puesto de trabajo: de lunes a viernes y sólo 6 horas por día, como todo
volunteer. El kibbutz Gonim está -o estaba- rodeado de un frondoso bosque de pinos, a orillas del
río Jordán...
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 133
-Un lindo paisaje...
-Sabe, Penélope... siendo franco, más que el paisaje, de Israel es imborrable por ejemplo el breve
recuerdo de una hermosísima chica militarizada... de pelo muy largo, lacio, oscuro y brillante, con
flequillo... de ojos muy celestes y con pecas... quien, vestida de soldado -eran tiempos de tres años
de mili para los varones y de dos para las mujeres-, subió al autobús en que yo viajaba, sentado
en la segunda fila, detrás del conductor. Ella llevaba su camisa verde muy abierta entre los pechos,
libres de soutien, y, con mucho desparpajo, con mucha habilidad encajó la ametralladora justo
delante mío, en el pasamano del respaldo del asiento delanter o... Pagó al conductor - en Israel
todos pagan-, dio media vuelta hacia el pasillo, desenclavó con vigor el fusil, se apartó la melena...
y se fue a sentar mucho más atrás... Le tengo que confesar que fue una de las pocas veces que no
me he atrevido a darme vuelta para mirar a una chica.
-La combinación de tanto sex-appeal y "garra" lo marearon...
-Y paralizaron, pero aún hoy la veo. Recuerdo que ese autobús me estaba llevando a una fiesta
que ofrecía un francés, que siempre que le preguntaban su nombre re spondía: "object sexuel". Lo
primero que vi al entrar a su casa fue un montón de fusiles de pie, apoyados entre sí y contra un
ángulo de la habitación. Dentro, jóvenes civiles y militares de ambos sexos desarrollaban, en
penumbras, una reunión un tanto o rgiástica animada por rock americano y las infaltables canciones
melódicas de Leonard Cohen. Me fui temprano y solo...
-Lo esperaba el trabajo.
-Mi trabajo en el kibbutz era muy sencillo: con un hacha, de forma especial, de hoja curvada, yo
quitaba la corteza de troncos de pinos recién talados. Eso era todo lo que yo debía hacer. Luego,
los troncos, de madera muy blanca y húmeda, eran llevados al interior de la fábrica donde, con
unas sierras de hojas también muy específicas, eran cortados en láminas de unos 2 ó 3 mm. de
espesor, dejándolos como si de planchas de papel duro o cartón se tratara. Más tarde, esas
planchas de madera se cortaban y se redondeaban sus puntas, resultando así... ¡miles de "palitos"
de helados!, que se exportaban al mundo entero...
-Muy interesante...
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 134
-En Israel todos me llamaban cariñosamente el goi...
-¿Goi?
-No-judío, viene a ser. La única discriminación que me hicieron fue no permitirme asistir a las clases
de sionismo que impartían a los taputzim: chicos de todo el mundo que van a Israel a recolectar
frutas -naranjas, generalmente- y a recibir esas clases...
-¿Adoctrinamiento xenófobo?
-No lo puedo asegurar. Era evidente que se trataba de adoctrinamiento racial, que a mí no me
debía incumbir, porque manifesté mi interés por asistir, y me lo negaron...
-Confirmó que el racismo no era unilateral...
-Mientras yo fuera un curioso turista de paso todo iba bien pero, por ejemplo, si me interesaba más
de un par de días por una misma chica judía ya nos les gustaba mucho...
-¿Por qué fue a Israel?
-A Israel yo fui con un interrogante básico que nadie -ni los más ortodoxos ni los más liberalessupo
dilucidarme...
-¿Cuál?
-El por qué siempre los han querido eliminar, borrar del mapa literalmente, como pregunté en
Massada, meseta cercana al Mar Muerto, donde una familia o tribu judía -unas 800 personas- se
aisló, antes de Jesucristo, sin ningún poder real, no como ahora. Pese a ello, Roma mandó algunas
centurias expresamente, hasta en ese tiempo tan remoto lugar, para asediar la forti ficación...
-¿Y qué pasó?
-¿No vio la película?
-Sé que hay una película que se llama Massada, pero no la he visto...
-Yo tampoco.
-Pero usted estuvo allí. Cuénteme.
-Esa gente de Massada, antes de entregarse y que los hombres fueran asesinados y las mujer es y
los niños hechos esclavos, cometió el primer gran suicidio colectivo que la Humanidad conoce...
Nadie supo contestarme esta pregunta.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 135
-En todo caso, pregunta apropiada para la baba dialéctica...
-El Mar Muerto les acompaña lúgubre. Más que un mar es u na enorme cantera de sal, a medias
inundada; pero en él me he divertido intentando, como todo turista, bucear en ese agua tan
densamente cargada de sal. Es casi imposible, uno flota hasta levantando pies, cabeza y pecho
fuera del agua. Cuando salí del agu a me vestí -me bañé, como otros, desnudo- para tomar justo a
tiempo el último autobús que me llevaba al Albergue de la Juventud donde paraba. Viajando, con
el cálido aire del desierto, me fui secando. Cuando llegué, mi camiseta, que era de color azul,
estaba blanca y mi piel pegada a ella por una capa de sal.
He cruzado varias veces, siempre a dedo, todo el imperio de Israel, desde el sirio Golan al norte
hasta el egipcio desierto del Sinaí al sur. "¿Quieres escuchar el silencio?", me susurraron en el
kibbutz. "Ve a Nueba, sobre el Mar Rojo". La proposición me pareció tan sugerente que no tardé
en ir. El primer punto que toqué sobre el Mar Rojo fue Eilat -que es como una Marbella oriental -
lleno de veleros y yates costosísimos, en agua absolutamente transparente que permite contemplar
espléndidos bancos de corales y cardúmenes multicolores. Más abajo, en pleno desierto está la
playa de Nueba donde, efectivamente, sin poner mucho de su parte, usted puede escuchar el
silencio. En aquel entonces sólo había un chiringuito que vendía lo imprescindible. La gente se
quedaba allí durante el día y volvía por la noche a Eilat o a otro punto civilizado. Yo me quedé por
la noche, había conocido gente que me dijo que, a la madrugada, los beduinos les llevarían hasta
la base del monte Sinaí, es decir donde se dice que Moisés recibió de Dios las Tablas de la Ley.
Inmediatamente me apunté: durante el día lo escalaríamos, dormiríamos en su cima y bajaríamos
de nuevo al mismo punto de partida, donde los mismos beduinos nos recogerían para devolvernos
a Nueba. Para asegurarnos que éstos volvieran a buscarnos al día siguiente, sólo les pagamos la
mitad de lo convenido. Mientras atardecía conocí a Anne, francesa de Lyon, con quien escuchamos
el silencio y con quien me fui más tarde a dormir, dentro del único saco de dormir que
disponíamos, el de ella, pero que, aún siendo de una sola plaza, nos permitió expresarnos muy
bien. Más tarde, estábamos escuchando un poco más el silencio y mirando el firmamento cuando
un beduino, a ca mello y con su correspondiente cimitarra, comenzó a dar vueltas alrededor
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 136
nuestro, diciéndonos cosas absolutamente incomprensibles. Acostados dentro del saco de dormir,
el conjunto camello/beduino nos parecía enorme y peligroso. Le preguntamos en todos lo s idiomas
que conocíamos qué quería, pero él contestaba en su idioma árabe beduino, que no conocíamos ni
se asemejaba, siquiera, al árabe que normalmente se puede escuchar en las ciudades. Hasta que,
después de hacer un silencio en su girar alrededor nues tro dijo: "scorpio". Anne y yo nos
miramos...
-Y fue levantarse, vestirse y huir en un santiamén...
-Le agradecimos infinitamente su obra al beduino, y fuimos hasta el chiringuito donde estaban
pernoctando los otros ocho de la expedición del día siguiente, en la terraza, al lado del encargado
del lugar, quien nos explicó que los escorpiones abundan por el lugar pero que no pasan si tan sólo
se hace una línea de piedras alrededor de la tienda o -en nuestro caso- del saco de dormir.
Podíamos quedarnos a dormir en la terraza, ya preparada para que ‘bichitos’ tan molestos no
irrumpiesen pero, la luna, ese desierto que cae al mar con suave rugido, ese silencio restante, y
especialmente nuestras edades, nuestro ánimo...
-Ese inconsciente hacerse cargo de las irr esponsabilidades...
-Nos hicieron volver al mismo lugar. Prolijamente ubicamos las piedras alrededor nuestro y nos
pusimos a dormir...
-Obviamente -sino tampoco me contaría esto- amanecieron vivos...
-Muy vivos. A media mañana se presentaron los beduinos en dos desvencijados jeeps -pero mejor
que en camellos-. Anne prefirió quedarse en la playa. A medio camino al monte Sinaí -tras unas
dunas y donde era inimaginable pensar vida humana alguna - divisamos unos toldos donde
nuestros guías dejarían unos bidones de agua, a nuestro turista entender, turbia, inmunda. Allí nos
invitaron a tomar té, para lo cual, el que oficiaba de anfitrión echó un poco del agua que le
llevamos dentro de un vaso, metió dos dedos y fregó así su interior. Luego vertió esa misma agua
del primer vaso en un segundo y repitió su fregado. Así hizo, con la misma agua, en siete vasos...
y luego la tiró.
-En el desierto no hace falta el publicitario "ahorre agua"...
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 137
-Al lado de nuestro cónclave, había un bebé desnudo lleno de moscas, especia lmente en sus ojos,
que todos los expedicionarios espantábamos con horror poco disimulado y sin resultado...
-¿Y el té?
-Cuando los vasos estuvieron servidos nadie se atrevió a rechazarlos. El té francamente no sabía
mal... al contrario, estaba bueno. Dur ante la sobremesa me levanté y me dirigí a un toldo
apartado, donde permanecían las mujeres, absolutamente cubiertas, con sólo unas rendijas para
poder ver... A mitad de camino, tanto los gritos de los beduinos como los de mis acompañantes me
hicieron desistir, y volví. A mi espalda, oí reír a las mujeres. Seguimos camino hasta que llegamos al
monasterio de los monjes (¿Dominicos?), al pie del Monte Sinaí, quienes en vez de enterrar a sus
muertos guardan sus huesos, desordenadamente, en una habitación, y l as calaveras en otra,
apiladas -éstas sí- en perfecto orden... Estuvimos paseando un rato por los patios y comiendo
frutas que en ellos se encuentran, para luego empezar la ascensión, que nos llevó
aproximadamente cuatro horas. Llegamos al anochecer y tod os nos dispusimos a dormir. En la
cima hay una construcción de piedra, muy simple, que hace las veces de recinto plurirreligioso -al
menos cristiano, musulmán y judío- y también de refugio. En el suelo hay -o había- una enorme
alfombra y, en uno de sus c ostados, un lugar para hacer fuego. Empezaba a hacer frío...
-Todos se ubicaron rápidamente sobre la alfombra, con sus sacos de dormir...
-Yo -que no llevaba saco- les miraba de pie. Una linda alemana, al verme, se dirigió a los demás:
"¿What about him?", les dijo, y me hicieron un lugar y me acosté también, sin poder conciliar el
sueño de tanto frío que sentía... Teníamos decidido levantarnos a las cinco de la mañana, para ver
el amanecer que, nos habían dicho, era estupendo contemplar desde allí. A esa hora sonó el reloj
despertador de muñeca de un japonés...
-Cómo no...
-Una pareja francesa hizo fuego y nos invitó a todos café. Luego salimos y nos ubicamos
estratégicamente sobre las rocas y esperamos la salida del sol. Realmente es grandiosa la
inmensidad del desierto, con sus viejas, erosionadas montañas, de formas sensuales... Lucía gris
oscuro en la penumbra previa. Luego, a medida que iba iluminando el sol, aún sin dejarse ver del
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 138
todo... tornóse gris claro, algo fantasmal...
-Muy poético.
-Al ir haciendo Febo su aparición, el paisaje comenzó a ponerse rojizo, muy rojizo, Penélope, luego
naranja, con ciertas zonas azuladas. Cuando se veía enorme toda la esfera del sol, la inmensidad
tomó tonalidades del marrón para, al final, ya bien amanecido, qu edar en su marrón grisáceo
ceniza que ya conocíamos del día anterior... Estuvimos largamente callados, algunos hicieron fotos,
otros -como yo- mirábamos trascendentalmente sin hacer otra cosa que dejar pasar el tiempo...
-Contemplando el mismo tiempo...
-Al cabo, de golpe, nos despertamos como por segunda vez y decidimos el descenso, que fue más
rápido y entusiasta que la escalada. Abajo nos esperaban los beduinos. Subimos a los jeeps y nos
llevaron hasta la mitad del camino, donde -ya habían cobrado al m ontarnos a los coches- nos
abandonaron sin razón aparente, diciendo cosas incomprensibles en todos nuestros idiomas....
-¿Los diez quedaron en medio del desierto?
-Sí, Penélope, sobre un sendero apenas marcado... A las horas, pasó un jeep del ejército isr aelí,
con dos oficiales jóvenes, un hombre y una mujer -lindísima-, ambos muy curtidos por el sol y con
sus ojos ocultos por Ray Ban muy oscuros...
-Como en todas partes...
-Nos preguntaron qué hacíamos allí, les contamos la razón y, arrancando el vehícul o, dijo él que
‘eso nos pasaba por tratar y confiar con los árabes’. Se fueron como una exhalación, salpicándonos
con tierra los ojos. Naturalmente, Penélope, en cada uno de nuestros idiomas y dialectos hicimos
comentarios de todo tipo y tono, hasta que pasó otro camión militar que sí nos llevó.
-Mientras yo trabajaba -gratis- en el kibbutz, David me buscaba algún trabajo remunerado en
Jerusalén, donde existe un circuito de bares y restaurantes de gente de habla hispana, o italiana,
al que acuden muchos en igual situación que la mía. Uno de esos lugares fue Patus, un bar de
dueños argentinos, en el cual, y en esos días, se producía una vacante. Como Patus -si aún existees
pequeño, mis tareas eran múltiples: desde la cocina hasta las mesas, desde limpi ar y cocinar
hasta servir. Allí aprendí a hacer panqueques y una variada gama de sandwiches fríos y calientes
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 139
que, cuando quiera, Penélope, le saco... Muy a menudo entraban turistas argentinos, muy
insoportables, soberbios y gritones...
-Como la mayoría de los pampeanos húmedos en el exterior...
-Sí, no solamente los judíos. A éstos me les acercaba diciéndoles: ¿"Ken, bacashá"? -¿Sí, por
favor? en hebreo-, que generalmente comprendían ya que todos, al menos, tienen rudimentarios
conocimientos de su lenguaje religioso. Yo muy poco más entendía, así que -si seguían en hebreo -
les decía que hablaran en francés o inglés. Entonces empezaban a tomarme a la chacota: "Este
boludazo no entiende un carajo" -por ejemplo- o "Pedile una mina bañada en dulce de leche". ..
-¿Y usted?
-Yo ponía cara de pavo, como si no entendiera nada... y ellos a veces se ensañaban, me miraban a
los ojos, como si me estuvieran explicando qué deseaban para comer pero diciendo: "¿Sabés que
tenés una cara de pelotudo que no puede ser?"... Mi s compañeros de atrás de la barra no podían
aguantar estas situaciones que yo provocaba con la aparente frialdad del curioso más aplicado...
-¿Y qué hacían?
-Corrían a la cocina y se desternillaban de risa; yo escuchaba las carcajadas, que un par de veces
se me contagiaron en unas risitas que -aunque no me descubrieron - fueron tomadas como un
tanto ofensiva... Un detalle: para no ser identificado era indispensable no ponerse el típico cinturón
argentino de cuero crudo, trenzado... Ahora ya no tanto, desde que la familia real española fue
tapa del "Hola!", luciendo todos nuestro cinturón...
-Su uso está más generalizado, ya no es ninguna garantía de que su portador sea un papanatas
argentino...
-De todas maneras, en cualquier lugar del mundo, sigue siendo f ácil reconocer a los húmedos
pampeanos, Penélope, sin casi margen de error. Pero no a los provincianos, que logran pasar
desapercibidos... Se reconocen las húmedas pampeanas por el mundo, hermosas a veces, siempre
sofisticadas y desenfadadas, con sus vaque ros tan ajustados que generalmente les dibujan una
cola estupenda pero que también les marca, con dudoso gusto, el pubis, y -al igual que el hombre
argentino- con sus botitas de gamuza, sus Lacoste, sus Rolex, y sus bronceados...
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 140
-Cualquiera sea la estación del año... y manteniendo el cabello sedoso.
-Sus carteras y valijas tan finas, su forma ida de mantenerle a uno la mirada...
-Muy altiva...
-Sí, imponen cuando pasan. Hasta que hablan...
-Que es cuando ya producen risa, a veces exagerada...
- Ni más ni menos, en el mundo entero.
-Recuerdo un día que no trabajaba en Patus y salí a hacer dedo a cualquier destino. En eso estaba
cuando, un poco más adelante, se pusieron a hacer lo mismo dos chicas, ambas rubias turistas,
pero una fea, baja y gorda y la ot ra increíblemente bella... Hacían dedo mal, al menos de forma
equívoca, ya que, en Israel, si una mujer hace dedo a la casi universal manera de cerrar el puño y
revolear el pulgar de adelante hacia atrás, se interpreta como lo que, en Argentina, en una
esquina, solicitaría al revolear la cartera y mostrar una pierna...
-¿Los israelíes no saben que así se hace autostop fuera de su país?
-La mayoría, Penélope, como saben los argentinos que en Castilla el verbo coger no es lo que a
ellos le sugiere pero, por falta de costumbre, les produce, al menos, hilaridad... Burlonamente -
como quien no parece interesado -, les indiqué que para no ser malentendidas debían, con el dedo
índice, sólo indicar a los conductores que en ese punto deseaban que se detuvieran, par a llevarlas.
-¿Se lo agradecieron?
-Me miraron con odio, achinando los ojos. Me dieron la espalda y siguieron haciéndolo al modo
occidental. De tanto en tanto, la linda se daba vuelta para mirarme y la fea -como siempre ocurrele
tironeaba del brazo para que no lo hiciera... Una camioneta nos hizo subir a los tres; resultaron
alemanas, la linda se llama -o llamaba- Susan...
-¿La otra?
-No me acuerdo. Seguí bromeando tontamente, porque la gordita no me interesaba y la linda lo
era tanto que la consideré in alcanzable: Penélope, me estoy refiriendo a la mujer más bella que
recuerdo. Antes de bajarme -sin albergar esperanzas-, les dejé la dirección de David en Jerusalén,
donde me hospedaba después de dejar el kibbutz. A los pocos días, al volver de mi trabajo en
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 141
Patus, David me abrió la puerta de calle y me hizo un gesto con la cabeza, señalándome el
comedor. Me asomé y vi recostada en el sofá la larga, sinuosa y perfecta figura de Susan, quien
justificó su presencia alegando que su compañera había partido ya p ara Alemania y que ella,
simplemente, venía a por mí... David no daba crédito a sus ya torturados ojos...
-Usted tampoco...
-Susan agregó que quería irse a Tel Aviv conmigo. Le contesté que la idea era brillante pero que yo
cumplía horarios y que, por si fuera poco, acababa de girar a Eduard sus trescientos dólares... No
fue difícil para Susan convencerme que hablara con mis jefes, como no le hubiera sido difícil
convencerme de cualquier otra cosa... Muy superada, Susan dio por finalizada mis disquisiciones
explicando en un perfecto inglés que era ella quien invitaba, y me acompañó a Patus. Los dueños
no podían creer que un simple currito, acompañado de semejante top model, les fuera a decir que
‘se tomaba unos días’. "¡No vuelvas más!" me gritaron entre insultos y risas, mirando a Susan
fascinados.
-¿Y se fueron a Tel Aviv?
-Cuatro días, a un hotel distinto cada noche, entre los mejores de la ciudad, excepto el Sheraton...
-¿Por qué?
-Porque a Susan le pareció ‘excesivo’ y a mí no me importó en absoluto. A u sted puedo confesarle,
Penélope, que Susan era -ojalá lo siga siendo- una gran amante, a quien le cuesta mucho dejar de
hacerlo... después de rogarme que siguiéramos, y estando en ello, me pedía disculpas por su
forma de ser.... Yo, encantado, con deseos de agradecérselo, empecé a masajearle la espalda, de
la mejor manera que lo sé hacer...
-¿Lo hace bien?
-Más que masajes hago algo instintivo considerando integralmente el cuerpo, el alma y su energía,
y que yo relaciono con la digitopuntura. Siempre lo he hecho de forma amateur, Penélope, pero
casi todas mis pacientes me han dicho que me podría ganar la vida haciendo masajes...
-Ergo, la chica más linda del mundo quedó satisfecha ...
-Sí, pero ella terminó de fascinarme a mí. Al rato de masajear, muy pert urbado con mujer tan
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 142
perfecta en mis manos, fue Susan quien me puso de espaldas y me masajeó como nunca antes, ni
después, me han masajeado.... Es que Susan, además de ser la mujer más hermosa de mi vida, y
la amante más viciosamente sana... es de profesi ón fisioterapeuta, Penélope. Al cabo, volví a
Jerusalén y Susan a Alemania, para nunca más volvernos a ver ni comunicar...
-Y usted, ¿encontró un nuevo trabajo?
-En Patus -Tierra Santa-, me recibieron con un "¡volvé al trabajo, atorrante!, ¡qué mina te
atracaste!..."
-Israel, cuna de al menos tres religiones, no dejó de llenarme de cierto misticismo que yo,
agnóstico pero con el afán permanente de vivir cada lugar como si de carne propia se tratase, no
traté de evitar. Jerusalén, en sus barrios antiguos, me retrollevó a épocas de Jesucristo, donde las
gentes viven casi como en aquellos tiempos. Hay una iglesia en Belén -la basílica de la Natividad -
que en el piso tiene una estrella, con un orificio en el centro y que simboliza el lugar donde, dicen,
nació Jesús: sabe, Penélope, ante ella me arrodillé y recé por los míos y por mí mismo...
-¿De verdad?
-Un grupo de japoneses me fotografió. Además, en las tiendas de souvenirs que pululan alrededor
le compré a mi madre un crucifijo que hice bendecir por un cu ra canadiense de esa iglesia... Mi
madre lo guardó hasta que, hace unos años, se le perdió...
-Bueno, siga.
-Una mañana me puse a charlar con un simpático cura franciscano, y se nos acercó un muchacho
judío preguntándome severamente si yo era judío. Al decirle que no, hizo ademán de no importarle
entonces que hablase con un cristiano y, mirando con desprecio al franciscano, dio media vuelta y
amagó irse... Indignado, le alcancé y pregunté si había visitado el Museo del Holocausto -de
donde la gente sale a gotada, agobiada, llorando, hasta con arcadas, después de ver las pruebas
de las atrocidades que los alemanes cometieron contra ellos-, y me contestó que sí. Quizá algo
turbado, pero igual de soberbio, sin decir nada más, se marchó. Al tiempo lo haría yo, hacia
España, vía Portugal.
-En Ibiza, a fines de los setenta, en una espléndida cala a la que todavía no le había alcanzado
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 143
ninguna carretera asfaltada y cuyo bus stop más próximo no lo era mucho, convivimos
establemente -algunos durmiendo en sacos de dor mir, otros a cielo abierto, desnudos día y noche -
quince chicas y quince tipos, más o menos en la misma edad y lo mismo, de diversas
nacionalidades, españolas y extranjeras...
-¿Desnudos?
-Sí, pero como si no lo estuviéramos, todos bien parecidos, incluyéndome. Yo estaba solo... la chica
francesa de la carpa de al lado de la mía era sumamente apetecible, pero había llevado
compañero. La niña, mientras tomaba sol, se dedicó a tejer un crochet triangular pequeñísimo que,
con hilos de la misma lana, luego fijó en su pubis...
-Se vistió...
-Pero le salió mal, el triangulito se le desplazaba por la ingle, y se le notaba que le inquietaba la
zona... Dejó ver que reconocía su enojo consigo misma, haciendo pucheros...
-Ah, ¿sí?
-Se levantó, se arrancó el taparrabo -así de fuerte que me impresionó-, caminó delante mío hasta
la orilla y lo tiró al mar... Y dando media vuelta, toda de frente volvió altiva, de nuevo totalmente
desnuda... De cualquier manera, Elisa, amiga valenciana, me había dejado apaciguado pocos días
antes, por lo que yo, a esos quince días en Aguas Blancas me los tomé como los del reposo del
guerrero.
-En Mallorca fue donde, definitivamente, perdí la cuenta de la cantidad de mujeres con las que he
hecho el amor. Por decirlo finamente, ya que más que amor lo de Palma eran campeonatos de
sexo. Yo esperaba detrás del mostrador de la recepción del Hotel Playa Palma Nova. Desde las
nueve de la noche a las nueve de la mañana quedaba sólo al frente del establecimiento...
-Lo que era una temeridad...
-Tanto del dueño como mía, pero nunca pasó nada. Después de medianoche, me despatarraba en
los sillones y miraba tele, o leía, o directamente dormía. Y, aunque a usted le extrañe, Penélope,
las extranjeras más bonitas eran las que regresaban solas, sin ligue, cada madrugada... Solas y
calientes.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 144
-Como cualquiera en vacaciones...
-Ellas me veían y no le daban crédito a sus bellos ojos claros, tomaban con una sonrisa de oreja a
oreja la llave que yo les alcanzaba, me pedían que les diera un poco de tiempo para ducha rse y
que les subiera un gin-tonic. A algunas, ni el nombre les llegué a conocer. Con otras, desde la
puerta de las habitaciones, yéndome, nos lo decíamos, entre risas.
-Vreni ha sido el amor más grande de mi vida. Quizás con esto ya haya dicho todo porqu e es un
sentimiento que tengo inevitable. Con Vreni ninguno jamás llegó a decir: "no te quiero" o "no te
quiero más".
-¿Usted la sigue amando?
-Yo no tengo razón ni sentimiento para no amar a Vreni, aunque no la vea ni la busque nunca más
por motivos convincentes. Vreni fue todo, durante seis bellísimos como terribles años. Vreni fue la
mamá de Soledad, cada vez que Sole iba a verme. Vreni fue lealtad. Nuestros jóvenes, bellos y
atormentados planteamientos nos unieron para siempre en lo más propio, en lo má s querido. No es
una pena no estar con Vreni; es una de esas pocas cosas, como mi hija y la literatura, que ya me
constituye, que están más allá de la ausencia.
Había una vez, tan lejos como la China o la Tierra del Fuego, un reino encantado que no conocí a
nadie en el mundo.
Los niños de este bello lugar eran todos hermosamente diferentes: algunos eran altos y otros eran
chiquititos, algunos forzudos y otros menuditos, unos morenos y otros de cabellos en muchos otros
colores, unos de ojos muy oscuros y otros muy claritos... Parecía como si Dios hubiera juntado a los
chicos más lindos del mundo. Al mirarlos, cada uno de los niños y niñas eran muy diferentes y
jugaban como a cada uno más le gustaba: solitos o en grupos, sin molestar. No obstante, al
mirarlos más de cerca eran, mágicamente, todos iguales: sus cuerpos y sus pensamientos eran
buenos y sanos, fuertes y nobles. Rubios, morochos, bajos, gordos, altos y flaquitos eran
igualmente buenos, sanos, inteligentes y alegres. Los dolores y las penas no les q uitaban nada de
su felicidad: tenían grandes sueños e ilusiones que, en este lugar perfecto, tarde o temprano,
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 145
irremediablemente... se cumplían. Por eso es que todos estos niños eran serenos y simpáticos,
llenaban de amor.
Los niños de este reino eran invulnerables: muy personales pero tiernos y amigables, sinceros y
honrados. Llenos de ganas de vivir bien, de ser cariñosos y queridos -muy queridos por sus papás,
hermanos, amigos y por toda la gente- como estos chicos nunca hubo ni habrá sobre la faz del
universo.
Eran niños sabios. Triunfadores en todo buen propósito y hábiles desenmascaradores de cualquier
sentir que no fuera noble, eran niños astutos sin dejar nunca de ser buenos.
En resumen, niños y niñas superiores ¡pero nunca porque ellos lo procla maran!, sino porque los
demás lo reconocían, orgullosos de tenerlos cerca, con ellos, muy juntitos...
En este reino -increíble si no fuera porque es igual al nuestro - entre todos sus niños se distinguía
una niña... muy especial.
Esta niña era la princes a más linda y buena que jamás mente alguna había podido imaginar. Se
llamaba Vreni. Sus ojos y su mirada eran todo amor y sensibilidad. Con sólo mirar, Vreni mostraba
a todos por dónde y cómo caminar mejor. Su luminoso rostro era para el pueblo tan necesar io
como el mismo sol... Su flequillo era alegría y, su cuerpito, encantador: sus orejas, su cuello, sus
hombros, sus brazos y sus piernas... y unas manos de pianista. Su pecho..., su pancita..., su
espalda... eran vibrantes y suaves a la vez. La princesa V reni era perfecta, genial, a más rebuena.
Todos la amaban y la cuidaban porque, dándole besos a sus mejillas, era imposible estar triste.
Un día, ya la Princesa tuvo edad para elegir compañero con quien le vinieran las ganas -aún por
descubrir- de hacer nu evos niños, sus chicos para el mundo. Por eso, su compañero no podía ser
‘cualquiera’. Tenía que ser -por lo menos- tan bueno como era ella. Entonces, seguida por los tres
monjes más justos y prudentes del reino (cuya misión era cuidar de Vreni permanecien do invisibles
a su lado) salió la hermosa Princesa a buscar a quien sería su mejor amigo para el resto de la vida.
A su primer y único amor de mujer, al compañero eterno. En el camino Vreni tuvo algunos
pretendientes, pero no dieron la talla. A ellos, ante s que los monjes los ahuyentaran, Vreni ya los
había dejado. Recorrió así la Princesa algunos confines del planeta hasta que un día -en que
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 146
estaba de vacaciones en Mallorca - se le acercó Horacio.... Horacio -a su manera- también era un
Príncipe que recorría el mundo buscando la felicidad. Y era esencialmente bueno, como Vreni. El
también había tenido pretendientes, que tampoco dieron la talla, aunque, milagrosamente, una de
ellas le había dado una hija... ¡idéntica a los niños de nuestro reino!, que Horaci o llamó Soledad.
En Mallorca, Vreni y Horacio tenían que unirse... se tendrían que mirar y reconocer. Ellos estaban
como realmente eran, espléndidos, llenos de ilusiones, y vestían maravillosas túnicas blancas e
irradiaban toda la luz, el amor y la bondad imaginable. Pero nadie, de toda la gente, se daba
cuenta. No veían, aunque quisieran no podían. Sólo ellos dos se veían así. Horacio le habló. Vreni le
miró a los ojos. Horacio vio sus ojos (y esa mirada) y se retiró unos momentos para meditar el
descubrimiento de Vreni (y para que la Princesa meditara sobre el suyo). Luego volvió y, antes de
que los invisibles monjes pudieran dar su eufórica aprobación, Vreni y Horacio iban ya de la mano
caminando entre la gente que, a sus pasos, se hacía transparente, co mo los monjes,
desapareciendo todos.
Los dos príncipes iban escuchando la música que sólo ellos escuchaban del otro, empezando a
construir -desde la primera y para siempre - las palabras que sólo ellos se podían decir. De repente,
muy suavemente, casi sin detenerse se abrazaron y empezaron a besarse dulce, firme, segura y
confiadamente. Es que eran Ellos.
Y así se dieron el primer beso de un nunca acabará. Sólo comparable como los que Vreni y Horacio
se dan con sus niños, en esta familia única que sólo es p osible en nosotros, en nuestros ojos, en
nuestras palabras, en nuestra felicidad a salvo de todo...
Y colorín colorado este cuento, tan mágico y tan aquí, no se va a acabar nunca porque lo seguirán
nuestros niños, éstos que estarán acá, porque este cuento de príncipes y reinos encantados es la
pura realidad, la nuestra, la de verdad, en nosotros, que somos todo.
Hasta mañana, mi amor, que estés siempre bien.
Sobre mi mesa una carpeta de rústica tela naranja, una caja de tissues y, en una panera de
mimbre, una pieza entera, y un trozo, de pan casero... Un bolígrafo y un diccionario español -
alemán. Una servilleta. Una botella de moscatel y su vaso. ‘La Geopolítica del Hambre’ -de De
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 147
Castro-... un papel que yo he arrugado y otro vaso con agua con un clavel que Vreni y yo
encontramos camino a casa. Frente a mí, en la pared, un póster de Bracque. A mi lado, un
calefactor de dos tubos. Atrás, a la derecha, nuestra cama sin hacer y el radiocassette... También
atrás un baúl auténticamente antiguo... La puerta del ro pero semiabierta... Y, por todos lados,
Vreni. Compañía sin disturbio. Charlamos un rato. Compartimos inquietudes, pero, sobre todo,
nuestros ojos... A veces le confieso no entender cómo ella me puede querer. Otras veces, lo mismo
dice ella. ‘Es que... yo no puedo vivir sin ti’, nos decimos al mismo tiempo, pausadamente.
-En mis años mozos...
-Aún está en ellos...
-En sus postrimerías, Penélope. En mis años mozos -le decía-, casi nunca dejaba de salir con una
chica sin tener ya otra por lo menos a la vista. A veces se superponían por unos días, o unos meses
-creo no haber llegado así a un año -, otras veces dejaba a una, o me dejaba y, ya libre, concretaba
ese mismo día con la siguiente. En ocasiones, por orgullo, cuando realmente era yo el despedido, y
me lo veía venir, me iba buscando otra y me adelantaba al rechazo manifestándolo primero,
provocando discusiones, que solían confundir a la que me rechazaba haciéndole creer, por lo
menos, que ella también era repudiada. Este comportamiento, posiblemente cruel , Penélope, no
era gratuito ni, mucho menos, necesariamente sádico...
-Era su forma de defenderse contra el dolor que siempre le han producido los abandonos...
-Exacto, se va compenetrando. Angustia que se hacía becqueriana si me enteraba que había sido
suplantado, en esa soterrada competencia, antes que yo lograba nueva compañera... Viviendo en
París con Marie Pierre -compañera por más de un año -, planifiqué una visita a Rosario. Eran
tiempos de euforia sexual, por lo tanto, de confusión cultural, educ acional. Yo no había sido
enseñado para mantener ‘relaciones secundarias’, al estilo Beauvoir y Sartre, pero, ya creído de
poderlo todo, se lo propuse a quien tampoco había sido preparada para eso...
-Marie Pierre.
-Le dije: Yo no te puedo asegurar que en Argentina no me acueste con otra chica, así que
tampoco puedo pedirte que vos no hagas el amor durante mi ausencia . "En una visita a Argentina,
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 148
tirarte a una compatriota debe ser como comerte un asado, algo obligado", me contestó,
meditativa.
-Y se vino para acá, dejándola sola en la Ciudad Luz...
-El día de mi cumpleaños, en Rosario, ansioso esperé su llamada...
-Era natural que la hiciera...
-No llamó. A última hora llamé yo: no estaba. Al día siguiente tampoco, al otro, tampoco. Mi
angustia se hizo enorme, pese a hacerme acompañar por alguna gauchita solidaria. Intentaba
imaginar posibilidades -enfermedades y hasta muerte- pero las desechaba para darle paso
únicamente a la de Marie Pierre con otro...
-Haciendo lo mismo que hacía con usted...
-O más, mi imaginación no tiene límites. Días después Marie Pierre me lo confirmó con relativa
tranquilidad. Dormía en casa de otro, con quien ‘se llevaba muy bien’ pero que, según sus
palabras, ‘no llegaría a desplazarme’. Le ordené -por teléfono, vía satélite- que lo dejara, que
durmiera en nuestra casa, sola, que no lo viera ni una vez más hasta que yo regresara. Alegó que
el asunto había sido hablado, que yo se lo había permitido pese a que, cuando yo se lo propuse, no
le pareció correcto ‘por más que Sartre lo hiciera’.
-¿Y usted qué hizo?
-Colgar el teléfono y aislarme todo el día en el enorme salón principal de la casa grande, a oscuras,
contra una esquina, sentado en posición fetal y llorando envuelto en una angustia pocas veces
alcanzada, antes y después, hasta hoy. Espero no superarme.
-A la primera chica a quien yo besé en los labios la apodábamos Miel. Mi primer beso ocurrió en el
ascensor de su casa cuando me despedía para unas vacaciones en Mar del Plata. Con el vértigo
que mueve esas primeras veces, Miel y yo nos acercamos. Nos apoyamos suavemente los labios
hasta que alguno, o los dos, tembló. Y nos separamos. Sus labios semiabiertos, la sensación de
sentirlos en cruz con los míos, un leve calor, la proximidad de todo su cuerpo... fue todo. Al regre so
de Mar del Plata no volvimos a vernos... Hubieron en mi vida muchos primeros besos sugerentes,
Penélope, como los de Vreni cuando, en la conversación previa, al tocarme el turno del habla, ella
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 149
miraba mis labios mientras movía los suyos, como ya besándomelos... En cambio, un beso
intranscendental, bastante relajado -pero también memorable-, fue el que me di con una chica que
caminaba en dirección opuesta a la mía, por calle Balcarce, frente a mi departamento, que por ese
tiempo compartía con Paula y, a veces, con Andrés. Desde lejos nos fuimos mirando, ya próximos
nos sostuvimos la mirada y, al llegar uno al otro, sin mediar palabras, nos tomamos de los brazos y
nos besamos...
-¿La chica no estaría trabajando?
-No, Penélope, era sencillamente una calenton a, como yo...
-Y usted quedó loco, así como está.
-Sí, en mi turbación le señalé donde vivía. Tocó el timbre al día siguiente, cuando Paula y yo
todavía estábamos en la cama. Me levanté a abrir yo que, por supuesto, no pensé que fuera ella...,
quedé atónito. Pero a mis veintipocos años remontaba cualquier situación. Le hice señas
indicándole que había alguien dentro. Me miró desilusionada, pero sin decir nada. ¡Hola! ¿venís
por los apuntes?, esperá, le dije. Fui hasta la estantería, agarré cualquier papel , se lo di y le deseé
en voz alta: ¡Ojalá te sirvan! ¡devolvémelos cuanto antes! Me miró moviendo negativamente la
cabeza...
-Como quien dice ‘cínico canalla’...
-Dijo ‘gracias’ y chau, se fue. Volví con taquicardia a la cama...
-No le parece triste...
-Todavía hoy no sé si era o no triste, porque sufría tanto como me divertía. Era mi manera de
sobrevivir. No sé si quería ser y hacer así, pero no sabía, no supe, hacerlo de otra manera. Eran mis
desahogos a mis inmensos dolores, entre ellos la reciente muerte de mi padre y mi divorcio -con la
consecuente separación de mi hija - pero, sobre todo, eran escapes a un casi abstracto, pero
desesperante, estupor existencial.
Queridos míos:
Quiero expresaros a todos los que me amáis la conciencia que de vuestra exist encia tengo. Quiero
ofreceros la certeza de que sois reconocidos en y por mí. Quiero mostraros que en el mundo
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 150
vuestro más profundo hay quien les reconoce y lo evidencia, para acompañar.
Quisiera sentir lo mismo de ustedes respecto a mí.
Y para ello quiero expresaros, a todos los que amo, la falta de conciencia que de mi existencia
siento que tenéis.
Quiero mostrarles la duda de que soy reconocido en y por vosotros.
Quiero mostraros que en el mundo mío más profundo hay quien no me reconoce y no lo evidencia ,
para acompañar.
-A fines de 1984 yo estaba, una vez más, desquiciado, pero en España. El ánimo por el piso, no
tenía trabajo y penosamente gastaba lo que restaba de la última beca. Pero, pese a mi estrechez
económica, me psicoanalizaba...
-Como buen argentino que recorre esta vida...
-Pero mi psicóloga andaluza Maricarmen, de orientación humanista -frommniana-, había llegado a
un punto de no retorno donde compatibilizaba mi análisis con el suyo propio y me hablaba de sus
antiguos amores e intercambiaba los escritos míos con los poemas suyos que, por cierto, eran muy
malos...
-Así no se hace...
-Ciertamente. Yo estaba muy deprimido. Y así lo habré hecho ver cuando fui a la Comisión
Española de Ayuda al Refugiado. Inicialmente fui en busca de trabajo, o d e cualquier otra ayuda
económica alternativa. Pocos días después me citó una psicóloga argentina, Elsa, quien con
amable sorna me preguntó, dado mi estado límite, ‘si no me daba igual morir en Rosario que en
Madrid’...
-Se expresó con claridad...
-Agregó que la CEAR podía gestionarme un ticket de avión y unos dólares para gastos ante el Alto
Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. Le contesté que no me sentía un
refugiado, que, pese a deplorar a los militares argentinos éstos no me habían p erseguido -entre
otras cosas porque yo no los había enfrentado- y me contestó que la CEAR y el ACNUR no
repatriaban sólo ex violentos, que se alegraban cuando repatriaban autoexiliados por motivos
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 151
sociales y morales, y... que yo era uno de éstos...
-¿Y con eso?
-Acepté. Las navidades del 84/85 las pasé en Rosario, con Sole, con mi madre, hermanos, tíos,
sobrinos y amigos residuales, de siempre, como Rodolfo y, todavía, Isidoro, quienes por ese
entonces trabajaban intensamente en la campaña electoral del p artido radical. A mí, con mi
extracción radical y entre los candidatos del momento, no me fue intolerable unirme a la campaña,
repartiendo varios días propaganda y asistiendo un par de veces al comité. Lo que sí me costó
aceptar -desde siempre hasta ahora- fue el culto a la persona que practicaba cada sector con su
correspondiente líder. Ese levantar el brazo y corear sus nombres que hacían gentes a mi entender
lúcidas y centradas sigue siendo, más que incomprensible, vergonzoso para mí... En Europa yo
estuve en grandes manifestaciones políticas, como las legendarias fiestas de los partidos Socialista
y Comunista, tanto en Francia como en España, que reunían en los años 70 y 80 a cientos de miles
de personas... Poco después de la muerte de Franco estuve en un recital en el Palacio de
Deportes de Madrid, donde Luis Llach me puso la piel de gallina cantando «Lestaque», con un
público enardecido de esperanzas, que encendía cerillas y mecheros y cantaba algo así como ‘si tu
estir forte per acá y yo estir forte per allá segur que tomba , tomba, tomba y us pudremos
liberar...’, pero en verdadero catalán, se entiende. Yo estuve en manifestaciones que recuerdan las
del cine épico -las de Novecento de Bertolucci, por ejemplo- muy diferentes al espectáculo de la
mera disputa interna entre punteros rosarinos. No, Penélope, ya no era, ni mucho menos, el
contexto del año 83, con la derrota de la dictadura militar y la esperanza democrática... Me
hubiera gustado muchísimo estar, pero en el 83 yo estaba todavía en Madrid. ..
-Muy concentrado... observándose el ombligo.
-Un día de campaña electoral -año 1985-, estaba repartiendo papeletas con Carlos -un
circunstancial correligionario- cuando me preguntó en qué trabajaba yo. ‘Aún no tengo trabajo,
acabo de volver de España’ le dije, y él agregó que ‘vería qué podía hacer’. Luego supe que era un
funcionario de la Universidad. Entré a trabajar en el Rectorado, en Secretaría General, como
responsable de Organización y Métodos. Al tiempo me trasladaron como secretario financier o de la
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 152
Facultad de Humanidades y Artes... Allí duré, aproximadamente, seis meses. Una de las razones
que me llevaron a presentar mi renuncia fue el haberme comprometido a reponer los cristales rotos
de las ventanas de la Escuela de Bellas Artes -donde los modelos, desnudos, tiritaban de frío- y a
reponer las cuerdas, al menos, de los ya desvencijados instrumentos de la Escuela de Música, pero
la superioridad me usó la partida para otros fines, políticos.
-Una persona comprometida con las bellas causas...
-Otra razón fue que, no más entrar, me recibió un funcionario de carrera y candidato a concejal por
el mismo radicalismo con un: "vos no te preocupés de nada, yo estoy acostumbrado a que pasen
por acá puestos políticos como vos. Yo te hago los papeles, vos me los firmás... y ya está, pibe".
-Se la puso fácil...
-‘No está nada’, le dije, y me fui a pedirle al rector que lo trasladase lejos mío... A los dos días de
asumir, la mitad de los funcionarios no docentes pararon todo un día, solidarizándose con el
compañero trasladado, mientras la otra mitad me apoyaba y el decano se inquietaba. Terminé
renunciando en la creencia que no se justificaba el sueldo de un secretario financiero que no
disponía de función ni de dinero para cumplir con su misión...Volvería a Secretaría General, pero el
fin de la etapa estaba ya próximo. Renuncié definitivamente en un escrito que argumenta hacerlo
«por la situación del país en general y de la Universidad en particular» y que Carlos, en el
despacho del rector, calificó de «ren unciamiento histórico». En un exceso debido a mi emotividad -
seguramente injustificado-, me hice recordar yo mismo al General San Martín, en Guayaquil... Eso
sucedió ya en el 89, en el año de las elecciones que llevaron a Menem a la Presidencia de la
Nación...
-¿Votó?
-No. Yo ya me había ido de nuevo a Madrid, con un simbólico y ad-honorem decreto del
vicerrector, encargado para asuntos internacionales, que me nombraba ‘representante de la UNR
en Madrid’.
Horacio se sintió solo. Como a menudo. Acudió entonces a casa de su madre, persona muy activa,
por lo que no estaba. Fermina, la muchacha de la casa desde que la señora estaba embarazada
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 153
exactamente de Horacio -más de treinta años atrás-, le recibió con un beso y un ‘cómo estás, amor
mío’. ‘Bien, Fermi’, dijo Horacio, acariciándole la espalda. Fueron juntos hasta la cocina y mientras
Fermina se puso a cocinarle un buen pedazo de carne, Horacio se sirvió un vino, se sentó en la
mesa y hojeó el diario al mismo tiempo que charlaba con su querida segunda madre , ya que
madrina hay una sola, Clarita.
Fermina estaba teniendo ya casi a punto carne para más de uno cuando llegó la señora, madre de
Horacio.
Su madre entró con el esplendor de quien lo ha vivido todo y aún sigue con vida, con buena vida.
Se sentó a la mesa del comedor con Horacio. Y Fermina, haciéndose por el momento la muchacha,
sirvió toda la comida, hasta el café, ajena y discretamente cómplice. Disimulando todo, pensando
con toda probabilidad que ya, más adelante, hablaría con ellos, por separad o, los mismos
argumentos.
Después vino la hora de la siesta, la escritura para uno... Durante la siesta hubo tiempo de
reflexiones sobre mamá, Clarita y Fermina. Horas que se me hicieron largas agotándose entre
otras que me entretuvieron en planes que me alejaban -de eso no cabe duda - de almuerzos en
casa de mamá.
-Viajar con Aeroflot puede ser toda una experiencia, más fuerte de las que se pueden vivir
viajando con Iberia, Aerolíneas Argentinas o cualquier otra empresa...
-¿Aunque no sea afiliada a IATA?
-Aeroflot es rusa, Penélope, y sus aviones no son occidentales Boeings de pasajeros sino amplios
galpones volantes, en cuyo interior se desarrolla una activa vida social que implica a todos los
viajantes entre sí.
-Qué excitante... ¿viajó a Rusia?
-Después de renunciar a la Universidad, en el 89. Conocí un poco Moscú, lo que al recorrido entre
el Hotel Internacional donde nos alojaron y el microcentro se refiere, donde están otros hoteles
para turistas y, más allá, el Ministerio de Defensa y la Biblioteca Lenin. Todo cerca de la plaza Roja,
el Kremlin y la iglesia de San Basilio, lugares que uní a pie, con otros pasajeros del avión. Un
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 154
compañero de vuelo -porteño medio hippie-, por la calle enamoró instantáneamente a Anna, una
rubiecita que a toda costa se quería ir con él. Estuvo en casa de Anna y nos relató que el lugar era
infrahumano, muchos y hacinados en pequeñas habitaciones, con cocinas y baños comunitarios,
en vetustos edificios sociales. Anna nos acompañó a todos lados hasta colarse en el autobús de
Aeroflot que nos llevó al aeropuerto. Allí, la pararon las autoridades.
-El día de mi cumpleaños coincidió con mi estancia en Moscú, y con la de Pink Floyd, por primera
vez en Rusia. Hablé con muchos moscovitas, desde militares y obreros a burgueses, europeos,
como una elegante y políglota señora que nos acompañó por algunas de las famosas estaciones del
metro. Al parecer es gente muy amable, aunque, como en todos lados, Penélope, en ciertos
momentos noté la brutalidad. Sospecho que los soviéticos tienen una idea de la vida con más
contrastes que la que tienen los europeos occidentales. Son como más bárbaros, tal como los pinta
Chejov...
-Últimamente quizá por su Guerra Patria y su régimen...
-Pero también parecen, a su hora, más solidarios que otro s de antigua data capitalista. Parecen
estar acostumbrados al rigor y a exabruptos emocionales muy diversos, algo violentos o drásticos,
ya sea para demostrar alegría como desacuerdo... En el vuelo de Aeroflot conocí a María Elena,
señora muy profunda, y a la vez alegre y cariñosa, que trabaja con las asociaciones pro -derechos
humanos, en Buenos Aires, y a Marcela, joven periodista de La Voz del Interior de la Córdoba
argentina. Al llegar a Moscú yo estaba de mal humor, por no recuerdo qué, y quería una ha bitación
individual, como creía que ofrecía la mayoría de las componías aéreas cuando sus pasajeros viajan
solos y tienen que enlazar con otro vuelo al día siguiente, como era mi caso. El hotel era otro
vetusto edificio semiabandonado, y vigilado, en cada una de sus puertas al exterior, para que nadie
saliera de él. Y vigilado también en las puertas interiores, especialmente en las que dan a las
escaleras y a los ascensores, no les gustaba que nos moviéramos del nivel asignado... Había
muchos empleados, mujeres y hombres de todas las edades, algunos muy delgados y otros con
notables sobrepesos, vestidos con uniformes grises... Parecían absolutamente asustados. Yo no
me di cuenta del ambiente hasta después que golpeara con el puño el mostrador y exigiera a
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 155
voces una habitación individual, que al fin me dieron, pero también avisaron al personal de
seguridad -gorilas vestidos de civil-, para que me hicieran perder el vuelo del día siguiente, y
amansarme, nadie sabe por cuánto tiempo, encerrado en el hotel, h asta que me permitieran
embarcar en otro avión que llegara, o hasta que me hicieran desaparecer en la inmensidad de
Siberia....
-¿No exagera?
-Nada. Conocimos una persona retenida así, que vagaba fantasmagóricamente por los pasillos;
evidentemente aterrado, casi no hablaba con nosotros, tenía ojos y explicaciones esquivas.... Por la
noche me detuvo en el hall un grandulón que me pidió ver mi ticket. Se lo mostré y copió mi
número de vuelo. Al día siguiente me estaba esperando en la aduana, con otros dos.
Dispensándome atención personalizada me pidió mi bolso de mano y entre los tres lo examinaron
minuciosamente. Lo cerraron sin comentarios, pero igualmente me conminaron a acompañarlos...
-¿Y usted qué hizo?
-Yo fundamentalmente temblaba de terror, me quería morir, pero María Elena respondió que
viajábamos todos juntos.
-¿Todos?
-Sí. Los funcionarios titubearon. María Elena insistió en que era así, y que si yo me quedaba se
quedaban todos ellos. Marcela se le puso al lado y el resto del pasaje se mantuvo un poco más
atrás pero sin retirarse. Uno de los tipos me miró con especial hambre, repitió juntos -entendía su
significado-, me miró fija y pensativamente... y me dejó ir.
-Durante todo el trance tuvo muchísimo miedo...
-Pensé que me mandarían a reeducar a un campo de disidentes.
-María Elena le salvó la vida...
-No pensé exactamente que podía morir, pensé que mi vida podía volverse un infierno peor al
común de cada día. Me dejé caer lleno de temor al asiento del avión, con la gente alrededor mío,
vigilante, hasta que despegamos. Nunca me ajusté tanto el cinturón de seguridad.
-Mi familia, como todas las familias, ha sufrido mucho. Yo siempre he creído que represento un
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 156
problema para ellos, sin saber cuál. Ellos no lo son para mí. Cuando estoy en Rosario soy el que va
a visitarlos. Pocas veces han ido a mi casa. Ellos pasivamente reciben y yo ansiosamente visito, lo
que a veces me ha llevado a pensar que sólo soy yo el que los quiere ver...
-No es quién para semejante conclusión... Pero, en cualquier caso, por si lo quieren ir a ver, ya no
es cuestión de ponérselos en Siberia...
-No, ya no... Pero sí en esta chacra, ¿no?
Durante la historia, la Historia misma, ocurrieron hechos que no han de quedar en ella, en los
tiempos de los tiempos. Son las historias de la historia y de ellas los comentarios vanos, los
comentarios que no hacen a la historia, las opiniones de sus gentes. La anécdota, pues, de
aquellos que no han de opinar en sitio alguno. La historia, por ejemplo, de una de mis amantes, las
sensaciones personales de la última hembra enorme que pasó por mi lecho, y otras historias,
muchas otras que la misma historia no registra, y otras. Vaya a saber Dios los caminos de la suerte
y el infortunio.
En mi casa de estos tiempos.
Madrid. Día de día de todos lo s santos 89.
Querida Irene,
es un gusto escribirte, por múltiples razones. Una de la principales -tal vez egoísta- es que hayas
sido una de las personas que más se ha acordado de mí, escribiéndome, lo cual es muy
importante, por estos lares.
En tu caso, tu carta es un apretón de manos, una caricia, un beso, hasta más, teniendo en las
manos, contra la mejilla, el papel y algunos pensamientos de una persona que quiero.
¿Cómo está Ud., su madre, su hermana y, en lugar destacadísimo, su señor hijo don Gu ido?: deseo
que estupendamente.
Anduve de aquí para allá. El mes más fuerte de verano, agosto, lo pasé en Torremolinos, Málaga.
Paseé también por Barcelona -imponente en vistas a las Olimpíadas- y escribí en Lérida.
"La Baba Dialéctica" ha sido bie n considerada por Fernando Savater y por Francisco Umbral. La
Baba, nena, aunque yo me muera ya es un hecho.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 157
En el trabajo muy bien. No gano demasiado, como de costumbre. Me tomaron para el área de
Planeamiento y Logística en la Compañía Auxiliar al Cargo Express, S.A., subsidiaria de Iberia
Líneas Aéreas. Diversificar riesgos, no poner todos los huevos en la misma canasta. Iberia quiere
crear un holding de empresas que se repartan todas las prestaciones accesorias que, hasta ahora,
debe atender ella misma, para expanderse por el mundo... De la noche a la mañana me encontré a
las órdenes inmediatas del Director General. Así que bien.
Respecto a la tesis estoy en fase de recolectar datos. Mi director de tesis es el Dr. Martínez Cortiña,
delegado-consejero del Banco Exterior de España. Dios proveerá, al decir de nuestros padres.
Fue muy interesante vivir in situ las elecciones generales de España, el pasado 29. Excelente
experiencia. Al cabo de estos proyectos europeos me gustaría volver a Argentina y ser pro vechoso.
Es una de las ilusiones de mi vida, y me reconforta tener buenas ilusiones.
¡También he visto a tantos viejos amigos de la Primera Época!
Sole en el cole muy bien, su ortodoncia también. Justamente ayer, recibí carta suya. Desde Iberia
es fácil telefonearle cuando aprieta la morriña. Es, además, una de las mejores en los concursos de
equitación (en su categoría -todo sea dicho-). Resumiendo: que se me cae la baba, chica, y no la
dialéctica, mi hija es adorable, una bendición.
También contentísimo porque en estos precisos momentos tengo dos hermanos ¡embarazados!:
Mirentxu y Mario (bueno: Lucía, su mujer). Tendré una ampliación de sobrinada increíble: ¡cada
uno es un personaje hermoso! Mamá bien, también le telefoneo y nos escribimos, de vez en
cuando.
Si tienes oportunidad, da recuerdos míos en Rectorado. Diles que existo, que estoy plenamente
dispuesto a ayudar en lo que pueda desde Madrid y sus alrededores.
Y te dejo, pero nunca en afecto: te abrazo muy fuerte.
En mi casa de estos tiempos.
Madrid, viernes 13 de Octubre 1989
Negrito querido, Negro, Marito, pichón, hermanito del alma, te escribo por quien sos, y por tu
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 158
cumple.
Te podés relajar y poniéndote a tus anchas leerme con tranquilidad, porque te escribo para
hacerte pasar un momento grato, como siempre lo quiero pero tantas veces no puedo, demostrarte
todo el amor que te tengo, a vos y a tu mundo (justamente porque es el tuyo); a vos, a quien ,
vaya uno a saber por qué, siento siempre tan tierno, así corra el tiempo.
Fue el cumple, a su vez , de don Joaquín. Bueno, bueno, tu hijo debe estar fabuloso. Pensé mucho
su cumple. Me lo imaginé todo: la casa -día de fiesta-, los abuelos, los hermanos y cuñados, la
sobrinada, todo, todo eso que tal vez te parezca rutinario cada año o, en otros órdene s, cada día,
cada rato, pero que ¡cuándo mejor que ahora para el lugar común! encierra el discreto encanto de
la familia -para ser exactos- que a mí me falta.
Lo habrán pasado muy bien, espero: motivos hay. También los habrá para preocuparse -política,
economía, esas cosas, digo- pero no creo que se hayan dejado apabullar...
¡Feliz cumple, negrito! Te lleno de besos. Sí, sí, a lo macho pero te lleno de besos. Repartilos entre
todos los nuestros, esa horda de seres queridos que por fortuna tenemos.
A Sole mandale besos, hacele mimos, abrazala como vos lo hacés...querémela a mi nenota
adorada, mi amazona, mi re Sole. En fin...¿en qué estaba? Ah!, sí: conseguí trabajo. Parece
apuntar a muy bueno: Iberia, macho, Iberia. Trabajo de 9 hs. a 18 hs. A veces pienso hacer
una mochila e irme a vivir a una de sus oficinas. Esta filial se dedica a absorber el Cargo de
Iberia y al envío de paquetes pequeños de puerta a puerta en cualquier lugar de España y el
mundo. No tengo pasajes totalmente francos, pero sí otros beneficios, como poder comprar
víveres, pagar la cama donde yago y mucho más (ya sabés como es en los países desarrollados).
Así que bien, che.
¿Y mi querido país? De capa cáida, ¿no? Yo lo levantaré. Seré doctor en Ciencias Eco nómicas,
escritor -todo famoso- y me pondré la banda presidencial democráticamente, siendo, en efecto, el
primer jefe de estado dos veces divorciado y con la mejor hija/amazona...¡No te vayas, esperá!: Te
quiero, y a Lú, y a mi Joaquín. Disculpame el exab rupto.
Por el momento vivo con dos tipos macanudos: Eduardo, un periodista de sesenta y pico, en otros
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 159
tiempos gran empresario, separado pero con buenas relaciones con su ex, y Miguel, un navarro de
21 años, supermoderno, estudiante de Económicas (entre lo s 10 mejores) de la Universidad de
Saint-Louis (USA) en Madrid.
Ahora te dejo, momentáneamente, para hacer la cena con Miguel, ya que han llegado Inmaculada
-una amiga suya de Almería - y Rocío, una amiga mía de Perú. Es que, además, estamos llevando
adelante un proyecto de confraternización panamericana -europea.
Chau. Besos a Lala. Haceme el favor de cuidarla bien, como a Tati y a Pirinto, mirá que ahora yo
no puedo y, las hermanas... ¡las hermanas!, ¡como la mamma!, ¡son sagradas!
Divulgá ésta entre los nuestros. Dale otro beso a Sole. Sé feliz. Te re-quiero”
Me despegué de las mujeres ahí reunidas y salí al balcón, para escuchar la brisa alterada por el
bullicio de los niños que jugaban en el patio. La altisonancia en desconcierto del viento natural d el
área de Madrid y del temperamental, brioso viento, grito -pulmonar de los críos me pareció excelsa:
ante mis ojos y oídos tenía pues la representación completa, la humana, en su entorno. La
perpetuación de la incontrolable naturaleza inhumana y esas cria turas productos nuestros, de
nuestra organización social. Entonces, vino Rocío ágilmente a mi lado, se asomó sobre la baranda
y, tan rápida como había llegado, se volvió adentro exclamando ¡qué asco: niños!
Ante lo cual deduje que, inapelablemente, ella no podría ser la madre de mis hijos.
“¡Cómo es la vida! Y bueno, así es la vida. Mi actual mesa de trabajo es un ejemplo. Es una mesita
con patas de hierro pintadas de negro. Sobre ellas un tablero de madera que podría ser de pino
por su tipo de vetas y su color claro, amarillento por una capa de barniz brillante ya bastante viejo.
Es un tablero de unos treinta por treinta -la mesa es cuadrada y estrecha -. Podría ser como
cualquier otra, pero esta mesa se distingue por una cuerda elástica -de aparatos de musculación,
con sus ganchos en cada extremo - que sujeta en dos nudos las dos patas de adelante, por lo que,
si me cruzo de piernas, mi rodilla choca contra la cuerda. Cuando escribo, esta mesa vibra toda:
tiene al menos dos patas de diferente longitud. E n este momento, sólo yo sé lo que vibra, aunque,
para no desconcentrarme, la sujeto rígidamente con mi brazo derecho (yo soy zurdo) haciendo
tanta presión que ya me está empezando a doler un costado y la espalda, también el tríceps
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 160
derecho.
Ya, decido relajarme, bajo el brazo, compruebo que no vibra para tanto. Ahora, de todas maneras,
estoy juntando -apretando-, con la palma de la mano, el tablero contra la pared... Quiero seguir
pero me entretengo con la inglesita que llegó ayer, doradita, de Almería a e ste piso compartido
por dos ingleses, un francés, un gallego -de Galicia- y este argentino. ¿En qué estaba? ...Ah, sí, en
esta mesita.
Sobre la mesa hay, exactamente, lo siguiente: un bote de Coca Cola light, el reloj despertador que
me regaló Miguel, el navarro, cuando se fue del piso que compartíamos con Eduardo... quien
terminó odiando La baba dialéctica. Odiaba muchas cosas este Eduardo, demasiadas. Estaba
resentido por haber sido rico y ahora viejo y pobre. Máxime que, por poco dinero -unas ‘perras’
comparadas con lo que él había manejado - me juntó bibliografía para mi sempiterna tesis doctoral.
Eduardo siempre me decía, despreciativamente: "¡Tú nunca harás esa Tesis!". Me molesta más
que Eduardo lo haya vaticinado que el hecho de no hacerla. ¡Cómo soy! Soy tan susceptible, tan
sensible, que cualquier cosa me llega tanto que, en el caso de Eduardo, reacciono diciendo: ¿Ah
sí?, ¿me deseás eso?, ahora verás: tomá, no la hago" y no termino nunca el doctorado...
Sigo. Delante del reloj, un boli publici tario de la filial de Iberia: no me renovaron el contrato. Cayó
en desgracia mi padrino, el amable director Juan Rico, y la filial no me renovó el contrato por orden
del sucesor, don Paco Aguilar, quien profesionalmente -como menos- odiaba a Juan y tenía
extendido el mismo sentimiento sobre mí, por ser su protegido y por cubrir el área de Planificación
y Logística, que, en honor a la verdad, conoce mejor que yo..”.
-Entré a Iberia como el ingenuo que siempre fui en esto de las lides laborales y políticas . Me reclutó
sin darme cuenta un sector sindicalista que mutuamente se apoyaba con Juan...
-Y a Aguilar -teóricamente con quien usted debía trabajar - este alineamiento suyo le sentó fatal...
-Pero yo no me di cuenta hasta meses después...
-Cuando ya todo estaba definido...
-De Iberia me quedó un amigo, Natalio, un subdirector. Una vez me dijo: "Mira, Horacio, yo tengo
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 161
pocas ideas pero las tengo claras", y yo le contesté: "Qué curioso, Nata, yo tengo muchas pero
ninguna clara"
-Pero no se puede ir por el mundo así, menos en el trabajo...
-¿Así cómo?
-Como va usted, con aire filosofal, semi-ido.
-¿Se nota?, quiero decir, ¿ parece que voy así?... Nata y su hijo me instalaron el Windows en el
ordenador que quedó en la casa que pusimos Teresa y yo... Yo nunca h e tenido un mango
ahorrado...
-Siempre al día...
-Como mucho, al mes. Pero durante el tiempo de Iberia me compré un Volkswagen 0 km., alquilé
un regio depto en una urbanización de Mejorada, a pocos kilómetros de Madrid, con pileta y
cancha de tennis, invit é a Sole y a una amiga a venir de vacaciones... y hasta invité a salir a una
joven directora de Iberia.
... Más hacia el centro hay un cenicero, de arcilla barnizada, que no me dice nada. Tal vez me
recuerde los de las pensiones de mala muerte por donde he pasado. Es tan feo como los que tiene
en su casa de la calle Cochabamba mamá, que no fuma, que probablemente deja ésos tan
antiestéticos y estropeados -bien decadentes - para mostrarles a sus hijos fumadores que ella no
está para nada de acuerdo... Vuelv o sobre el reloj regalado por el navarro, es importante: es lo que
me despierta para ir a trabajar. Pese a que siempre me he jactado de que he trabajado lo menos y
más variado que he podido, a los relojes no los desprecio. Todo lo contrario. Les estoy agradecido.
Cuando ellos trabajan es que yo trabajo y tengo horarios, cierto orden en esta vida mía. Y también
algo de dinero.
“Ocho obras -de las cuarenta y seis presentadas a concurso - han sido seleccionadas como
finalistas del Premio Anagrama de Ensayo que, convocado por la editorial barcelonesa del mismo
nombre y dotado con medio millón de pesetas, será dado a conocer el lunes.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 162
El Jurado, compuesto por Salvador Clotas, Hans Magnus Enzesberger, Román Gubern, Xavier
Rubert de Ventós, Fernando Savater y el editor Jorge Herralde, ha subrayado que la calidad de las
obras seleccionadas convierten a esta decimosexta edición en la mejor de toda la historia del
premio, uno de los más prestigiosos en su género de cuantos se conceden en España.
Los finalistas son Pedro Azara, por "De la fealdad del arte moderno; Luis Castro, por "Tiempos
Modernos"; José M. Colomer, por "El arte de la manipulación política"; Juan Lucas (pseudónimo),
por "Pulsiones"; José R. Llober, por "La identidad de la antropología"; Félix Ovejero , por "La
quimera fértil"; Javier Roiz, por "El fin del experimento moderno" y Horacio de Zuasnabar, por "La
Baba Dialéctica". Barcelona. Efe
Horacio dejó Madrid por la carretera de Valencia. Antes de alcanzar calle Doctor Esquerdo ya
había terminado de fu marse el cigarrillo que encendiera no más Teresa dejara el coche, en su casa
de calle Padilla. Cuando enfiló a la autovía momentáneamente tomó el carril no más rápido para
ponerse el cinturón de seguridad, los lentes y buscar una cinta para escuchar música . Eligió a Lito
Vitale. Lo puso fuerte, se enjuagó la boca y los labios con su propia saliva y encendió otro pucho,
un Ducados. Miró por los espejos, el de adentro y el del costado izquierdo, y al comprobar que
nadie venía cerca por detrás, torció el volan te hacia la izquierda hasta entrar al carril rápido,
aumentando la velocidad del Polo Wolkswagen blanco. Le faltaban aún tres años para terminar de
pagar ese coche. Cada vez que recordaba esto se preguntaba en qué estaría pensando cuando
firmó las cuarenta y pico de letras, él, que nunca planificaba más lejos que el mes. ¡Hubo veces
que sólo el día!, se había ufanado a veces, delante del espejo.
A sus 40 años sentía que siempre había estado solo, muy solo, terriblemente solo. Conocía
perfectamente aquello de que el hombre está solo, concepto filosófico que aceptaba y defendía,
pero creía que su soledad era mayor que la de cualquiera de sus hermanos, de su madre, de su
hija, de todos los que estaban en Argentina, juntos. "Porque estar solo es estar solo de tu propia
familia y de los amigos de chico” se decía al salir de la autovía de Valencia para coger (diría Horacio
con una media sonrisa en la boca) la carretera a Mejorada del Campo, donde vivía desde que
trabajaba en Iberia.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 163
Para hacer la carretera a Mejora da cambió el cassette de Vitale por el de ‘Mecano’. "Vamos a
escuchar nuestro cassette ¿querés Sole?", le pregunta a una ausente hija a su lado, de copiloto. Y
durante una parte del trayecto le fueron a la cabeza infinidad de recuerdos de su hija, sus
vacaciones de la Navidad pasada acá, y de antes, cuando él trabajaba en la Universidad, allá. ‘Es
que he vivido a caballo entre Argentina y España’... ‘¡sin desarraigo, por favor!’, dijo Zuasnabar en
voz alta y poniendo la cuarta para controlar el coche a trav és del pinar. Giró a la derecha con el
intermitente puesto -como un buen ciudadano -, pasó a segunda para sacarlo con fuerza a la
entrada del pueblo, entre los primeros chalets adosados. Bajó la música y se soltó el cinturón,
mientras veía que Paco y Mari cerraban el bar y que al lado Miguel ya abría el Morocco. Dudó,
como siempre, en tomarse un café fuera o meterse directamente en casa. Escondió el
radiocassette debajo del asiento. Escuchó este nuevo silencio. ‘Mi soledad es infinita’, se dijo, sin
saber si lo decía por su inmensa soledad o por el inmenso amor a su hija. Y dudó ahora sobre lo
acertado de su elección para nombre de su hija. Creyó entonces que la esencia del desarraigo es
la confusión. Apagó las luces y se quedó mirando ese lugar de Mej orada, de Madrid, de Castilla, a
12.000 Kms. de distancia de las casas de su hija, madre y hermanos. Bajó, cerró el coche, y
alejándose dos pasos le dijo: ‘buenas noches, Polito’.
Decidió entrar al bar de Kiko, bar más relajado. Al acercarse fue escuchand o más y más fuerte
las voces, las máquinas tragaperras y la música. Olió a gambas asadas y a sepia y a calamares. Y
vio al grupo de gallegos (españoles, se corrigió) sabiendo que era toda la compañía con la que
podía contar. Se hizo con el Diario 16 del día, se apoltronó en un taburete, le pidió una caña de
cerveza a Kiko y comentó con él los sucesos del día, lo de Yugoslavia: ‘te das cuenta, Kiko, ¡se
están matando!...’, ‘¡Y tanto, Horacio, y tanto!, ¡Paco!, ¡lleva ese pincho de tortilla a la tres!’. Al
rato, aburrido luego de haber leído todo el periódico, fue a pagar y Kiko le invitó otra caña.
Zuasnabar la tomó lentamente, pensando en las cosas que tenía que hacer en casa: lavar,
planchar, cocinar... ‘Hago todo, soy integral’, dedujo sin dilucidar si era un mérito o un castigo. O
ambos a la vez. Pagó y se fue sintiendo que dejaba un reguero de controvertidos comentarios que
sobre él supuestamente verterían Kiko y los demás, de ese extraño sudaca, españolizado, pero que
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 164
no pierde el deje, ‘como D’Istéfano, ¿viste?’.
Al entrar a su piso Zuasnabar hizo cosas que sintió que ya se le habían vuelto rutinarias: dejar el
portafolios en el estudio, la ropa en la percha de la entrada o en la habitación y, si traía la compra,
a la cocina, con lo que correspondies e directamente al freezer. Puso la frecuencia de radio en la
que pasan música de los sesenta, más o menos. Analizó la voz de la locutora y no le pareció ni más
ni menos seductora que la de cualquier argentina: ‘Es por tanto mundo que tenés, Horacio, es p or
tanto mundo’...y se replicó ‘¿Tanto mundo para qué, si, mírame qué solo estoy?, ‘Calavera no
chilla, viejito’, ‘¿quién te quita lo bailao?’, ‘¡hombre!, ¡que has hecho en tu vida lo que has
querido..!.’
‘He hecho lo que he podido!’, dijo dando vuelta la hamburguesa y tapando la sartén con la
tapa, ‘sino se te llena toda la casita de humo y todo apesta...’. Dentro de todo, se dijo, de todo
este estar solo, he logrado muchas veces también convivir... ¡y con gentes tan diversas!. ‘Quizá ese
conocimiento te ha llevado, Zuasnabar’ -se dijo a sí mismo-, ‘a no diferenciar las diferencias, y el
resultado es éste, o quizá es al revés, ¡qué más da!: ¡esta hamburguesa es la única realidad!’.
Quitó la radio y puso el telediario para cenar. Corrió las cortinas del ve ntanal del comedor, no
tanto para que no le vieran los vecinos, sino para que no le vieran comiendo solo. No le importaba
-más bien le gustaba- que los vecinos lo vieran en su cuarto de estudio, con sus gafas, escribiendo
o leyendo. Esto lo enorgullecía, pero no comer solo: ‘Pobre hombre’. De todas maneras, muchas
veces se despreocupaba de los vecinos y comía tranquilamente mirándoles, a través del jardín, a lo
lejos, abiertamente. Cuando se sentía seguro estaba a gusto. Justificaba mejor las distancias: ‘Allá
no hay trabajo, si mi hija comparte conmigo lo del campo no comemos bien ninguno de los dos.
Ya que soy incapaz de producir más que lo estrictamente necesario para subsistir que lo del
campito sea para ella... Espero no tener que pedirle socorro. Se reanimó: ‘sé lo que he hecho’,
pero a continuación matizó: ‘pero no sé de cuánto más habría sido capaz; y voy llegando a una
altura de mi vida en que siento que algunos deseos típicos no los veré o realizaré ya nunca...’.
Sin saber siquiera en qué mome nto se había desplazado hasta allí, se encontró dentro de su
estudio, frente a la montaña bibliográfica de su tesis. ‘Ya nunca la haré’, reflexionó Zuasnabar, con
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 165
convicción. ‘Ya nunca seré doctor por una universidad extranjera’. ¿Y qué importaba ya?: tampoco
tendré nunca una familia en orden, como mandan las buenas costumbres’. ‘Solo yo viví todo lo
que viví, para ellos yo no fui más que mis propias cartas, lo que yo les escribía. Lo mismo,
supongo, sucede con ellos... esto debe ser el desarraigo’.
Apartando la vista de los papeles, Zuasnabar fijó sus ojos en las fotos familiares que tenía
pegadas en la pared, arriba de la mesa de trabajo. Allí se vio con Sole en Segovia, a Sole y a su
amiga Vale con paraguas delante del acueducto romano. A Sole y Vale posando
despatarradamente en la cama de su dormitorio en Mejorada. A Sole en pleno salto, montando a
Chicharrón, su caballo, en Rosario. A su madre y padrinos, a sus hermanos con sus familias, a sus
amigos de allá... Se detuvo extasiado ante un dibuj o original de un caballo, dedicado a él y firmado
por Sole. Luego en otro dibujo, esta vez suyo, de la ventana y la vista de su estudio, con una foto
abajo retratando lo mismo que el dibujo. Por último, suspiró ante una foto panorámica, que abarca
a muchos familiares y a Fermina. ‘He puesto las fotos juntas como para tener más patente los
12.000 Kms. que nos separan, ¡flor de lapsus, Horacio mío, flor de lapsus!’, dijo señalándose con
un dedo en una foto. ‘¡Y uno que se plantea con qué tipo de vida se pued e ser más o menos feliz!:
¡aquí, en Europa, o en la China o en Argentina!... ¡vaya uno a saber!. Lo único concreto es que
estoy lejos de todos ustedes’, susurró Zuasnabar mientras miraba de nuevo, una por una, todas las
fotos, entrecerrando los ojos apasionadamente ‘Mucha pasión, mucha pasión, pero ustedes allá y
yo aquí’. Desenclavó la foto que retrata a Sole en un perfecto salto, montando a Chicharrón:
‘12.000 Kms...’, dijo Zuasnabar mientras atraía la foto hasta acariciarla suavemente contra su
mejilla. ‘Nenita mía’, agregó y se quedó un momento acariciándose la mejilla con la foto, con los
ojos cerrados. Luego dijo lo de costumbre: ‘buenas noches, Sole. Que Dios te bendiga. Y a Papi
también. Que te haga muy feliz, a vos, a mí y a todos los que quer emos’. Le dio muchos besos,
cortos y muy seguidos, al cristal de la foto, pensando profundamente en una hija presente. ‘En lo
posible de carne y hueso’, ironizó con tristeza Zuasnabar, y se marchó a dormir.
Este período, entre que cenaba y se iba a la c ama, y siempre que estuviera solo -acompañado
realizaba todo el rito de fotos casi a escondidas- era durante el cual Zuasnabar se sentía más solo.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 166
‘Esta soledad es inconmensurable’, decía desde la cama, con los brazos cruzados detrás de la
cabeza -a manera de almohada-, mirando entre la penumbra los reflejos de las farolas de la calle,
que llegaban a través del estudio y del pasillo, y las lucecitas del reloj digital indicando la hora y la
frecuencia de la radio.
La radio puesta bien bajo para que no distra iga la venida del sueño, ‘el que, por fortuna, viene
pronto siempre’, agradeció Zuasnabar al acomodarse para quedarse un rato en el penúltimo
movimiento antes de dormirse, ya que, después de acomodarse para un lado, Zuasnabar recién se
dormía cuando se acomodaba para el otro. ‘Siempre recuerdo hasta que me giro por segunda vez’,
pensó, una vez más, mientras se acomodaba por segunda vez.
Luego escuchó un gran barullo, afuera, en el portal, hasta que sonó el telefonillo muchas veces.
A Zuasnabar le pareció re conocer la voz de Sole, y otras muy familiares, pero descartó la
posibilidad a base de sentido común y se levantó rápidamente para contestar: ¿Pá?, ¡hola!, ¡somos
nosotros: Sole y todos!’. A Zuasnabar la voz de su hija le llegaba tanto por el telefonillo como por
la misma puerta de calle. Primero sintió estupor, por una fracción de segundo ya que,
inmediatamente luego casi gritó: ‘¡Sole!, ¡estás aquí!, ¡pasá, pasá!, ¡pasen! ¿quién más viene,
Sole?, ¡¡vino Sole!!’, y dejó colgado en el aire el contestador y abrió la puerta de calle.
Zuasnabar sintió como Sole se le abrazaba al cuello y le daba un beso igual a los que él pensaba
al besar las fotos, pero esta vez eran de verdad. ¡Estaban todos en Mejorada!. La casa se le llenó
de su familia, que la elogiaba y caminaba alegremente por todas sus habitaciones, comentando
con él las peculiaridades argentino -españolas.
Antes de terminar de besar y abrazar a todos, Zuasnabar ya preguntaba ‘¿cómo es esto
posible?’, ‘Por mis buenas notas me dejaron venir... ¡me qued o hasta empezar las clases, Pá!’. A
Zuasnabar se le dibujó y desdibujó una sonrisa al pensar, a la vez, en la alegría por semejante
visita y en qué lugares les haría sitio, para que todos durmieran cómodamente: ‘La casita es
grande, y mi ilusión era que v inieran, pero nunca imaginé que lo harían todos juntos’. ‘¡A los
jubilados nos han subido un montón, Horacito!’, comentaron su madre y sus padrinos, Clari y Jose.
‘¡No sabés qué bien que están marchando las profesiones en general, che!’, agregó su herman o, el
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 167
Negro, con el alegre asentimiento de su cuñada. ‘Ahora criar niños en Argentina es baratísimo:
intentaré alcanzar a tu hermana Mirentxu’, dijo Lucía. ‘En Argentina se están reivindicando
notablemente las Bellas Artes: ahora, pintando, ¡hasta puedo ahorrar!’, dijo su hermana Sara, Tati.
‘¡Ahora el campo da para todos: han variado absolutamente los términos de intercambio’, finalizó,
didáctica, su madre, María Julia.
Zuasnabar se había sentado para terminar de escuchar a todos. Levantándose, quiso o frecerles
algo para comer y beber, pero Fermina salió rauda a preparar comida. ‘¿Entonces, qué sucedió?,
interrogó entre alegre y anonadado. ‘Este lunes no, el anterior, en Argentina todo empezó a
cambiar muy rápido, Horacio’, empezó a explicar uno, y con tinuaron todos. ‘¡Y cómo de rápido!,
¡cómo de rápido!’, repitió varias veces Zuasnabar mientras terminaba cada detalle para que todos
se acomodaran bien.
El día, más la emoción del reencuentro, habían sido largos y extenuantes. Puso el despertador a
las siete y, antes de acostarse, espió a todos los suyos, que dormían repartidos por toda la casa.
Zuasnabar sonrió feliz y se lo agradeció a Dios. Luego se acostó, gozando de cada ruidito que
escuchaba que hacían los suyos: ‘Durmiendo a pata ancha, todos ju ntos, felices como yo’, se dijo
satisfecho Zuasnabar, al girarse en la cama por segunda vez.
Cuando sonó el despertador Horacio lo apagó rápido. No le gustaba escucharlo mucho rato. Por
unos momentos se quedó pensando en el día anterior, en la noche anteri or. Al cabo se levantó,
fue a la cocina y puso a hacer café en la cafetera eléctrica que ya venía con la casa. ‘Esto de que
te alquilen la casa con todos los enseres te quitará el placer de seleccionarlos pero, en mi caso, es
de agradecer’, pensó semidorm ido. Buscó de la nevera agua y una naranja que peló directamente
arriba del cubo de basura y que comió entre largos sorbos de agua fría. ‘Ahora el café, para
espabilarme’.
Luego fue al baño. Primero se mojó la cara con agua tibia, casi caliente, y se enja bonó una
siempre escasa barba. ‘Es una barba fefifo -ni fu ni fa-, ni tengo ni dejo de tener: ¡ to be or not to
be, barba!’, murmuraba estudiándose en el espejo, mientras se afeitaba. Hace tiempo había
dejado de contarse las canas, por ya incontables, y com o idea muy mañanera pensó en empezar
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 168
desde ese día a contar sus cabellos aún no canos, en una cuenta regresiva. Pero desechó la idea
sacudiéndose la cabeza mientras se cepillaba vigorosamente los dientes. De ahí se fue a la ducha.
Hizo correr agua tibia, casi caliente también, y se enjabonó primero la cabeza, dejando que la lluvia
le diera en plena cara y pecho, y en la espalda al rotarse. Se apartó un poco y se enjabonó el resto
del cuerpo, masajeándose. Volvió debajo del agua y gozó de su abrazo cálido. De golpe -como
todos los días-, cerró el paso de agua caliente y abrió totalmente el de fría, produciéndole la
sensación que, ese agua de sierra -de deshielo y fuentes profundas de Gredos -, enfriaba no sólo y
repentinamente su cuerpo sino todo el cuarto de baño también, disipando el vapor y
desempañando el espejo. Zuasnabar se enjuagó la cabeza, en primer lugar, y luego todo el cuerpo
con el agua casi helada, al principio regulando la respiración -entrecortada de a momentos- hasta
que notó que se duchab a relajadamente, con agua fría. Pero no dejó pasar ni un segundo más,
‘no debo enfriarme’, se previno, y se secó refregándose fuerte, como raspándose o haciendo
gimnasia, con una toalla limpia. Seguidamente se peinó y aprovechó para estudiarse de nuevo ante
el espejo. ‘Me siguen dando diez años menos’, recordó. Y fue a vestirse, cuidando también los
detalles. ‘Es notable’ -comparó- ‘los casados de mi edad aparentan más años que yo’, no sabiendo
Zuasnabar tampoco en este caso si eso era un mérito o un castigo. Una vez vestido entró al
estudio y se aseguró que llevaría todo lo necesario en su portafolio -especialmente su agenda y los
lentes- y salió silenciosamente de su casa. En la acera dudó unos instantes hasta recordar dónde
había aparcado el auto. Su bió a él, sacó de debajo del asiento el radiocassette y puso música. Se
calzó las gafas y encendió un cigarrillo diciendo: ‘¡qué porquería!”, pero encendiéndolo igual, ‘si no
fuera una porquería no sería un vicio, sería un placer’ reflexionó, y arrancó r umbo al trabajo, hacia
el centro de Madrid, hacia el Paseo de la Castellana. Fue por la nueva autopista M -40, con menos
tráfico que la avenida de América y más directa que la carretera de Valencia, la del día anterior.
En el trayecto Zuasnabar intentó en vano, como de costumbre, acordarse qué había soñado esa
noche recién pasada. No pudo, pero no se inquietó, sentía que ese día empezaba bien. ‘Hay que
mantenerlo así’, se advirtió mientras ponía la quinta -la marcha más rápida - de su coche. ‘¡Tirá, tirá
para arriba, tirá...!, si puedo -ojalá que sí- si puedo... ¡hoy llamo a Rosario!’, exclamó ilusionado
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 169
Horacio, ya entrando a Madrid.
-Teresa me había conocido destrozado, me había encontrado abismalmente hundido, aunque aún
yo conservase el deseo de vivir, de una manera -ahora entiendo- totalmente inconsciente, porque
yo ya no podía más de dolores... Cuando la conocí en un bar de calle Huertas, Teresa me hizo ser
galante, educado y lanzado, hasta besarla esa primera noche...
-Flashes son flashes, quizás su mirada triste... ¿Cómo es ella?
-No le digo que Teresa fuera una mezcla de inteligencia y sensibilidad muy original -porque así son
todas las personas-, sino que esa mezcla era la que a mí, en esos momentos de mi vida, me
atraía...
-¿Qué mezcla?
-La nuestra... encontrarnos mutuamente guapos, altos, estilizados, ella mulata y yo blanco. Ella el
tópico sexual. Y yo el Che Guevara, ¿entiende?
-Sí..., siga.
-En nuestro segundo encuentro fuimos a pasear en mi Volkswagen Polo. Con engaños por ver esto
o aquello conduje hasta mi casa de Mejorada del Campo... se la señalé y se asustó.
-¿Por qué?
-Creyó que me la quería tirar sin más trámite. Pero no era mi intención.
-Ah, ¿no?
-Por el momento. Al contrario, la había notado prevenida hacia ello. De alguna manera, Ter esa me
había hecho ver que no era de esas chicas que se van a la cama a la primera, y a mí eso siempre
me ha gustado más que las que lo hacen descaradamente, excepto las escandinavas del hotel de
Palma, con quienes tácitamente teníamos en claro que sus vac aciones eran para eso, sin
menoscabo de nuestras cualidades morales. Lejos de ser una nórdica liberada Teresa tiene la
cultura y la educación de Castilla, de estos tiempos pero seriamente castellanas. Todo en un
cuerpo hermosísimamente mulato que yo encontraba como en contradicción con la personalidad
de Teresa, si me permite, una...
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 170
-Una potrilla encantadora...
-Eso. Pero, por mis abatimientos morales yo estaba tan golpeado como ella.. El sólo cuerpo de
Teresa no hubiera podido ayudar si no fuera porque , para mi fortuna, ahí entró a jugar también su
carácter firme, gracias a él empecé a recuperar espíritu...
-Imprescindible, antes que nada...
-Con Teresa el sexo empezó siendo tímido porque los dos no dábamos para más: ella por sus
prejuicios franquistas y yo por mi deplorable estado anímico...
-Dos desastres se encontraron.
-Pero fuimos mejorando hasta el día que nos separamos...
-¿Después de cuántos días?
-De casi dos años de andar juntos.
Al cabo, con mi negrita, cumplo con los tópicos del racismo arge ntino: en Argentina, cuando uno
pide demasiado -la Luna, por ejemplo-, se le responde: “¡Claro!, ¡y una negra que te abanique!’.
En Argentina, reino de muy machos y muy hembras, es creencia generalizada que los negros se
saben mover y que, por eso, son los mejores haciendo el amor... Bueno, bien: yo tengo una negra
que me abanique, aunque Teresa no lo haga. Compatriotas, soy feliz poseedor de una gran
pantera negra sexual.
-En el peor de los casos, en Argentina se puede escuchar: ¡Vos te buscaste una escla va!
-Sí. En nuestras miradas nos descubríamos cierto estupor, cierta locura, mutua, por y de la vida
misma, que momentáneamente nos ahogaba el corazón y debíamos de inmediato cambiar de
aspecto para no asustar al otro. Teresa es una de mis relaciones que más me ha exigido
responsabilidad... ‘¿No sabés que hay gente que no tiene ni techo ni comida?’, me repetía...
También me repetía que nadie nunca la había mimado tanto.
Madrid, el 27 de enero de 1992.- 20:45 hs.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 171
Mi muy querida Pirinto, hermanita: ¡Hola!
Aquí comienzo una de esas cartas que dudo en enviar. ¿Sabés que, mental o caligráficamente, a
diario, les escribo muchas cartas que nunca enviaré? Quedarán, quizá, post -mortem, las que he
llegado a escribir y guardar dentro de sobres y bolsas, con la cará tula ‘literatura’, no en las que
dicen ‘epistolario’.
Las que he imaginado y nunca llegado a escribir, naturalmente, me las llevaré a tierra de nadie.
Mucho me han emocionado tus dos últimas llamadas telefónicas. Una, en nochebuena, ¡que pasé
tan solo!, excepto por tu llamada, y poco más. Otra, anteayer, de madrugada -tanto para vos como
para mí. Y me pregunté: ¿Qué hace Miren despierta a las dos o tres de la mañana? Y pensé que te
estarías preguntando cuestiones que a mí también, a mi manera -a nuestra manera- a veces me
quitan el sueño.
Después de tu llamada ya no me dormí más. Bueno, por esa noche, quiero decir. Y anduve por
casa y por las calles de Madrid repitiéndome: ‘Pirinto, mi querida Pirinto, mi Pirinto con su marido y
sus cuatro hijos: el mayor -postizo- Nicolás, Pablito, mi ahijado Ignacio, y Tomás... a quien todavía
no conozco: ¿cómo serás Tomás?, ¿cómo serás de tan buena madera?’
Y se me hacía, como ahora, un nudo en la garganta y una sonrisa -seguro de imbécil que soy.
Porque ya estoy convencido de que soy un imbécil ¿sabés? Ya no cabe ninguna duda. Es que mis
pensamientos van en otra dirección, o al menos paralelamente, a lo lejos, de la del común de la
gente. Tan lejos de todo ¿no es cierto? Tan lejos. ¡Me siento tan lejos, Miren, tan lejos!... de vos no
tanto, con tus llamadas ‘porque sí’, con tus llamadas ‘sólo para escucharte’. ¡Qué lindas llamadas!,
no como otras ‘urgentes’, ‘necesarias’, ‘inquisidoras’. Tus llamadas sólo son ‘porque tenía ganas de
escucharte’, desafiando el costo de las mi smas, por un hermano.
Gracias, Miren, te lo agradezco hasta las lágrimas, y hasta nuestra carcajada de rebeldía ante los
naturales horrores de esta vida, y por el inmenso valor que le das a la alegría.
A mí no me preocupa escucharte triste. ¿O no estabas t riste? ¿Estaba sólo yo triste? Ojalá, por ti,
porque tienes motivos para sentirte feliz. ¿Cuáles?: vivir con tu familia, en primer lugar; es decir,
vivir toda entera contigo misma.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 172
Yo llevo 17 años desgarrado.
29 de febrero de 1992
Ignacio, querido ahijadito, que los cumplas muy feliz. Este año no tengo un mango como para
hacerte regalos, pero vos sabés que, desde que te bautizamos, yo te vengo regalando día a día,
aunque e sté lejos, como a Sole, en tu caso, mi corazón de padrino. Que seas muy feliz.
Madrid el 30 de marzo de 1992
¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Qué estoy haciendo en Madrid, trabajando un montón de horas, en un
cuchitril de mierda, para un portugués que está proba ndo fortuna en España porque lo echaron
de Lisboa? ¿Qué estoy haciendo cada tarde, después del trabajo, cuando vuelvo a casa lo más
lentamente, para que pase más rápido el resto del día. ¿Qué estoy haciendo, cuando llevo un
noviazgo con Teresa -tan buena ella-, sin saber a ciencia cierta si la quiero? ¿Qué estoy haciendo
cuando me encariño con Matías, el hijo de Teresa? ¿Qué estoy haciendo a miles de kilómetros de
mi hija querida? ¿Qué he estado haciendo hasta hoy, desde hace tantos años, tan lejos de Sol e,
ahora cuando todo el mundo dice que los hijos te dejan de necesitar? ¿Qué estuve haciendo -
gilipollas- tanto tiempo lejos de mis querencias más profundas?
¿Qué estoy haciendo hoy día, estos días, este año? ¿Qué estoy pensando o dejando de pensar al
planear irme a vivir con Teresa y Matías a Canarias, para el resto de mi vida? ¿Qué vida? ¿Es mi
vida realmente la vida que estoy estos tiempos viviendo? ¿Calderón de la Barca no explicó ya esto?
¿Qué es lo que realmente quiero? ¿Quiero volver? ¿Volver a Rosario, donde están todos y no está
nadie, donde tantas veces estando no estoy, como ahora, como siempre.
La vida se me está yendo sin sentir que yo le ponga excesivo rumbo, como les pasa a todos, más o
menos notoriamente. ¿Antes la controlaba? Quizá tampoco. ¿No le dijo acaso John Lennon a su
hijo que ‘la vida es lo que nos pasa mientras estamos haciendo otros planes’? Ahora siento que
quería gran parte de lo que me ha acontecido, de lo decidido ante cómo se me venía la vida. Y al
cabo no sé qué quiero ya q ue me ocurra. Me siento medio acabado, al subir una escalera me fatigo
en demasía -no debería seguir fumando -, al hacer el amor a veces me basta por tres días, ¡es
indignante!. Sólo tengo 40 años y me siento como hace tiempo creía que me sentiría a los 80.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 173
Hasta las ganas de morirme he perdido. Teresa me ha ayudado, especialmente a perder las ganas
de quejarme: «¿no sabes que hay gente pinchándose y muriéndose de frío por las calles de todo el
mundo, y que tu eres un afortunado?»
Ya sé que soy un afortunad o. Me horrorizan sus ejemplos y honestamente agradezco todo lo que
hace por mí, pero, realmente ¿la quiero?, o como dijo bárbaramente esa profe, Nati: «por algo
saldrás con una mulata... alguna ‘factura’ le estarás pasando a tu familia y a tu sociedad». Yo
francamente no siento que salga con Teresa -con su mulatez- por ninguna razón «segunda o
tercera». Salgo con Teresa porque me la ligué en Huertas y resultó ser así, oscurita, preciosa. A mí
me gusta, me gusta mucho más su color que el mío: parece etername nte bronceada ¡y es tan
suave su piel!... y la de Matías, su cachorro. A veces siento que yo soy el único que no tiene
dramas al respecto. Y a todo esto me pregunto, aquí sentado y cobijado por Teresa: ¡¿Qué estás
pensando, qué injusticias y pelotudeces es tás pensando!?, ¡¿En qué mierdas te estás gastando el
tiempo y las neuronas?!, ¡¿Qué pajas mentales te estás haciendo?!, ¡¿Qué estás haciendo, pedazo
de imbécil?!. ¿Por dónde pasa esta vida? Por Teresa y Matías, seguramente, al menos en uno de
sus caminos. ¿Qué quieres? ¿Volver a Rosario? Siempre quiero volver a Rosario, a las casas de Sole,
de mi madre y mis hermanos. ¡¿Y cuando estás allí, qué?! Acompañado por ellos te sientes solo, te
sientes lejano y ausente... y te tomas el avión a Europa de nuevo. ¡Qu é sino puto, carajo, qué sino
trágico!. Además, a los dos años de estar en el extranjero te entra la «morriña», las ganas de
volver a Argentina. Y así indefinida, infinitamente... ¡hasta que des con tus huesos en un bendito
camposanto!, ¡pelotudo!
Hoy, primero de abril de 1992, a veintidós días del cumpleaños número dieciocho de mi Sole, me
han despedido del trabajo, en la editorial portuguesa con sede en Madrid, cuchitril de mierda. Ya le
avisé del despido a Teresa.
En paro de nuevo. No sé ser economista , ni contable. Me echaron. ¿Qué sé hacer? Escribir.
Escribir. Quiero escribir por el resto de mi vida. No sé hacer otra cosa. Escribir.
¿Qué hacer ahora? Estoy muy despistado. Por ahora quiero dormir la siesta. A ver si llama Teresa,
o Ana, para tomar café por la tarde, y hablar con alguien.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 174
Me he comido un buen ‘asado’ español. Ya se verá.
Madrid, 20 de junio de 1991.
Dirección de personal
De mi mayor consideración,
Respecto a su oferta de trabajo ‘Conference produce r’ (diario El País, 20
de junio de 1991) me siento muy motivado a contactar con Uds. por considerar que reúno,
punto por punto, todos los requeridos. A la vez, lamento hacerlo con unos días de demora debido a
que una amistad me comentó esta oferta re cién en el día de hoy.
Adjunto mi curriculum vitae y, con el fin de centrarlo sobre las cualidades demandadas, referiré
en ésta (la cual he preferido escribir a mano y con la honestidad que concede no hacer borrador
previo) las siguientes consideraciones:
Acabo de cumplir, este 7 de junio, 40 años.
He realizado estudios de Inglés y Francés desde mi bachillerato.
He vivido en Inglaterra y en Francia -entre otros países-, donde ha sido imprescindible
comunicarme en sus idiomas.
He trabajado, por ejemplo, en grandes empresas nacionales (Iberia L.A.E.), internacionales (Aegon
Seguros) y alta hostelería (Hotel Playa Palma Nova), dirigiendo y relacionándome con todo tipo
de gente e idiosincrasias.
He sido docente universitario en cátedras d e Economía, jefe administrativo-contable, coordinador
de Organización y Métodos y delegado de Universidad. He organizado todos los aspectos
inherentes a la eficaz concreción de conferencias, congresos, simposios, seminarios. Incluso, me
ha correspondido redactar textos leídos por los conferencistas (v.g. discursos de autoridades
políticas) Aquí, creo que cabe mencionar que fui finalista del Premio Anagrama de Ensayo
1990.
Estoy relacionado con relevantes personalidades políticas, económicas, cultur ales y sociales, del
país como del extranjero, de manera absolutamente demostrable.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 175
Tengo una educación y experiencia muy cuidadas, adquiridas por propia intuición y resolución
como por ser ya patrimonio común familiar, aún sin ser exentas de se ncillez y afabilidad.
Me interesa particularmente asumir la responsabilidad del cargo que ofrecen por la plena
convicción de poseer la idoneidad por Uds. solicitada, y por la posibilidad de continuidad de
desarrollo personal y profesional por mi deseada.
En la confianza de tener, a la brevedad, una entrevista donde conocernos personalmente, saludo a
Uds. con mi mejor respeto.
Imperativamente la sartén estaría llamando en breves minutos. Zuasnabar había puesto la carne
del lado del hueso primero, para que se fuera haciendo. ‘Primero lo salado del güeso, y luego un
poco la carne del lado de adentro’, como le enseñó Fermina. Siempre justo, venía él y lo daba
vuelta. Ponía lo crudo del otro lado para abajo. Para que se hiciese hasta un punto que sólo él
sabía. Armaba un asado, lo redomaba, lo hacía a su imagen y semejanza...
He quedado con Teresa porque necesito afecto. No sé si no me pateará la cabeza. Quedamos en el
bar frente a su casa, lejos de la vida de Matías. Me gustaría darle clases de literatura a Matías.
Estoy llorando a lágrima viva por la carita, las pestañas, los ojos, la espaldita, las manitas, el cariño
de Matías.
A Teresa le diré, cuando me pregunte qué quiero, que nada, Teresa, nada. No quiero nada, no te
preocupes, nada. Sólo tenerte un ra to al lado y después nada, nada, nada. O lo que tú me digas.
Intentaré tener la dignidad de un negro . Ahora ya la sartén llamaba a viva voz
Teresa me ha dejado caliente. Además de quererla porque es una persona tan noble,
profundamente buena con su hijo y conmigo, me tiene caliente, bien caliente. Excitado cuando me
la figuro. Anoche, ya acostado, me pregunté ¿con quién deseás estar? Con Teresa, por supuesto. Y
me entretuve imaginando sus hermosas manos negritas, de uñas largas, cuidadas y pintadas,
jugando en mi entrepierna. Imaginé su hermosísima cola -‘parada como la de un pollo’, se queja
Teresa-, redondita, de ese color Teresa impresionantemente bello. Imaginé sus caderas, cintura,
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 176
pechos, hombros y manos sobre mi cuerpo acostado, ella sentada arriba mío. Imaginé su carita
redondeada de quinceañera, sus labios gruesos, carnosos, comibles, sus ojos rasgados, grandes,
negros, mirando los míos. Imaginé sus manos mesándose desde la nuca su largo y enrulado pelo
negro brilloso mientras hacíamos el amor, despacio, agitada y profundamente, sosteniéndola con
dulzura y con rigor por sus muslos fuertes, acerados. La imaginé cuando en pleno placer se le
quebraban las fuerzas de sus brazos y se dejaba caer, perfecta su espalda, la cabeza contra el
colchón, y con ex quisita desesperación extendía las manos acariciando, arrugando las sábanas, y
se tironeaba la melena para adelante, por sobre la cara, acariciándose, retorciéndose de gusto,
como yo, gozando, compartiendo espectáculo tan precioso. La imaginé como las últi mas veces,
haciendo el amor con alegría y dedicación...
Y, encima, es la madre de Matías, el niño ajeno más hermoso, simpático y bueno del mundo.
Madrid, 30 de junio de 1992
"El amor es una goma
que estiran dos infelices:
cuando uno la suelta
le da al otro en las narices"
Teresa, por todo lo expuesto, querida mía, es que mi billete a Argentina será sólo de ida (amén de
no tener suficiente para pagar un ida y vuelta). ‘Vaya por Dios’, te escucho encantadora. Y sí,
Teresa, no soy, exactamente, tu yuppie. Quizás allí, en Argentina, en donde creo que no ponen
plazo, pueda escribir mi tesis, me sienta menos extranjero y pueda darle un beso semanal a Sole.
Quizás, hasta encuentre trabajo. Y no sigo porque ya bastante lástima doy. Pero te quiero decir:
cuando sueño despierto -muy a menudo: ya sabes detestarlo- sueño que me hubiera gustado ser
feliz contigo, haber sido otro, el que tú deseabas. Que Dios, Teresa -a través de quien
corresponda-, te haga muy feliz.
N.B.: Me iré como tenía programado, en diciemb re para, previamente, acostumbrarme a la idea.
Tenemos dos meses y pico para despedirnos. Por eso no te digo adiós ahora. Te quiero muchísimo.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 177
-Zuasnabar...
-Disculpe. Estaba muy deprimido pensando temas horribles cuando escuché por la radio que una
adolescente brasileña se quitó la vida intentando así reunirse con don Ayrton Sena, treintañero
compatriota, tricampeón, muerto a 300 kms. por hora...
-¿Se mató?
-Sí, previamente, habiéndole preguntado a su madre que, si de esa forma, se podría con él
reunir...
Zuasnabar se dijo ‘el hombre es capaz de todo’, y respiró hondo y pensó de nuevo en tantas cosas
ya tan pensadas, constató de nuevo los diferentes estados de ánimo que como aluvión vienen y se
van, tranquilamente ellos, como si nada, y, nosotros, en las vorágines de la existencia, que son
ellos -como otros que nosotros-, que nos visitan, o les visitamos, y se van, y nos vamos, sin cerrar
la puerta. Queda todo abierto, es una disparada, aunque en algunos no se note, alocada, loca, es
la vida, no hay otra: el que se mantiene sereno es un sabio.
Estoy escribiendo en un restaurante de la Casa de Campo, son las 16 hs. de este domingo y las judías pintas
que acabo de probar están buenísimas, luego viene una milanesa, todo bañado con agua mineral. Sale y se
esconde el sol. Luego iré hasta el lago. Me gustaría rematar ligando sana y lúbricamente.
Qué brutos, acaban de traerme ya el escalope... pero no me van a apurar con las judías pintas, que comeré
despacio: si me atraganto, comiendo rápido, al ritmo que me autoimponía, veo que luego vomito todo o me
da una acidez y malestar estomacal asquerosa.
Me sacaron el plato de judías antes de terminar. El camarero me miró como para ponérmelo de nuevo pero le
dije que no, que no había terminado pero que ya no me apetec ía. Espero que me dejen comer tranquilo la
milanesa. El bar, según me han dicho ellos mismos, no cierra hasta la noche. Hay poca gente, una linda
familia: padres, hijo e hijas adolescentes pintadas que podrían estar con su panda, pero que están todos
tranquilitos, aquí, en familia, charlando.
Casi le pregunto al mozo: ¿por qué me lleva las judías si al final, le aseguro, le voy a pagar? Ya lo he hecho
antes, en esto o en otras cosas, serenamente. A veces comprenden mi frecuencia, otras no, como nos pasa a
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 178
todos. Y ahora me voy a concentrar de nuevo en la comida porque los dos primeros bocados de escalope los
tragué casi sin masticar, como hacía muchas veces antes, ahora menos. Hasta ahora. Qué curioso, es
domingo, son las 16:30 hs. y no entra ni sale casi nadie de la boca de metro de Lago. Yo pensaba que,
aunque estuviera tan frío y nublado, habría muchísima gente yendo y viniendo. ¿Dónde estarán?
Vino el dueño, me preguntó si quería postre, en mitad de la milanesa. Me voy deprimido. Escribo luego. No
quiero postre, ni nada. No pido el libro de reclamaciones. En el futuro, si lo hay y no me lo gano a este buen
señor, explicándole cómo como, elegiré otro bar: quizás haya alguno con vista al lago, las barcas, los niños y
las chicas, mucho mejor que ver la boca del Metro, que la veo todos los días.
He parado en otro bar, estoy en la barra, de pie, me tratan bárbaro, son re -simpáticos. He pedido una
manzanilla, aquí hay más marcha vital, al aire de cada uno, como el de esta piba de al lado pidiendo las llaves
para hacer pís -o caca, o no sé, qué se yo. La pena es una chica de unos 35 años, rubia, que está con un
macho comiendo y llorando. No quiero ver, por suerte los tapa la columna. Me tomaré el té entre el bullicio de
la barra y de los niños, y me iré a caminar . Qué lindo que es vivir.
¿Se habrá espantando el anterior camarero por mis botitas de gamuza? Estoy vestido normal y casi no hablo,
no entiendo. Qué linda piba pasó mirándome por al lado, sinuosamente, guau. Teresa decía que, por mi bien,
no usara estas botitas, tan argentinas. Decía que en España se las calzaban los drogadictos. Linda, mi amor.
Hoy me llamó, después de levantarse de la cama de su nuevo amigo me llamó. Le dije que la quería un
montón y es verdad. Es re-buena. Me alegró muchísimo que me ll amara. Punto. ¡A caminar y bajar la comida!
Me vuelvo a mi nueva casa, en Goya 107, casi esquina Alcalá, pleno barrio Salamanca, a poco trecho del
Retiro. Tan elegante todo, incluso yo que escondo mi pobreza. Tan digno, digo yo, ¿o todos se darán cuenta
de que soy un pobre gato? Al Llegar a mi portal conocí a María y a otra chica cuyo nombre era polaco, como
ella, y difícil de recordar, ella no: estaba buena, tanto o más como la otra. Ambas buscaban donde dejar la
basura, les solucioné lo de la bolsa poniéndola yo contra un árbol, como en definitiva hubieran hecho ellas
mismas, y les di una tarjeta de mi recién inaugurada Escuela de Literatura Horacio de Zuasnabar, en el 5 B.
Quedaron en tocarme timbre un día de éstos y yo no sé si más esperanzado de compañ ía que de literatura
me tomé el ascensor y entré en el hermoso departamento que me ha alquilado don Francisco García
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 179
Marquina, gran amigo y poeta.
-Escuche, Penélope, Nietzsche dijo de mí: ‘los artistas, cuando tienen algún valor, tienen también
en el cuerpo un temperamento fuerte, exuberante, son animales vigorosos, sensuales; sin un cierto
exceso de enardecimiento del sistema sexual no se puede pensar un Rafael (...) Los artistas, no
deben ver ninguna cosa como es, sino más plena, más simple, más fuerte , para esto deben tener
una especie de juventud y de primavera, una especie de embriaguez habitual en la vida...’
-Es un punto de vista...
-León Roca, en ‘Los amores de Blasco Ibáñez’ escribió: “existe la prevención excepcional de
considerar a los artistas y muy especialmente a los literatos, provistos de dones muy particulares y
mágicos para el amor, se les considera apasionados, enamoradizos e inconstantes; se les tiene
poco menos, como bohemios del amor que gustan del entretenimiento y rara vez se atan a un
compromiso formal. Es muy posible que esta sea una verdad no del todo confirmada o que tal vez
sea también una verdad común a todos los seres humanos. La única diferencia notable que existe
entre un hombre sencillo y un artista es que aquel puede ejerc er su condición de Don Juan sin que
nadie fije en él su atención, mientras que los mismos excesos e idénticas aventuras interpretadas
por un artista, son voceados y elevados a la condición de hechos asombrosos, por sus mismos
lectores y admiradores...”
-Lo que harán sus lectores...
-Exacto, con estas memorias. Ahora bien, agrega aquí León Roca, “existen dos versiones del
comportamiento formal del artista, la del que considera la aventura amorosa como experiencia
indispensable para enriquecer su obra, y la d e quien ejerce una forma de egoísmo total y que por
encima de todo ama su obra de creación...”
-Siga...
-“Los primeros, son los que ejercitan ese activismo de Don Juan atribuido a los espíritus inestables
y que acaban disolviéndose en la ineficiencia...
-Ajá...!
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 180
-“Los segundos por contra son los que entregados a su obra ejercen sobre las mujeres ese extraño
y sugestivo poder de atracción que los hacen irresistibles...”
-No es lo mismo...
-“En los Don Juanes conquistadores, es la astucia, el malabarismo del lenguaje y las artes más o
menos malas los que seducen, mientras que en los verdaderos artistas ni la presencia física ni las
dotes especiales de hombría o belleza ejercen poder para el amor. Hemos visto poetas enanos,
maltrechos, feos y sucios, ser amados apasionadamente por bellas y primorosas mujeres...’.
-No es su caso...
-Escuche: “Una cosa es el amor en literatura, contado por los propios escritores y utilizado como
tema para su creación, y otra el amor real del literato. Hay una confusión de términos y cierta
amalgama de sentimientos porque el poeta, al hacer uso de su apasionamiento amoroso, no sabe
en concreto si está creando una obra de ficción o he aquí que, llegados a este punto estamos
confundiendo amor con arte..”.
-No concibo una obra de arte hecha sin amor...
-“Si la obra es la perfección ansiada, el vehículo más apropiado es el amor, el artista se mueve
precisamente por impulsos de afectividad, se estimula por medio de su potencia creadora...
-Lo está describiendo a usted...
-¿Vio?, gracias. Y sigue León Roca diciendo del congénere Blasco Ibáñez: “La búsqueda de la
belleza va unida a la práctica de la verdad: cuando más verídico y sincero sea el artista, tanto más
cerca estará de la belleza absoluta”.
-¿Qué más dice?
-Penélope, estamos escribiendo mis memorias...
-¿No hay lugar para otro?
-Desgraciadamente, no.
-Ni para Borges, ni para León Roca...
-Ni para Cristo: cada uno tiene su memoria.
-¿Y yo?
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 181
-¿Usted qué, Penélope?
-Déjelo, siga un poco más, ¿quiere?
-“Balzac precisaba de las expansiones amorosas después de sus alucinantes jornadas novelescas;
no era, ciertamente, el conquistador, sino, el conquistado. Su extraña figura, acrecentada por la
obesidad, no invitaba al amor, pero poseía la sugestión del genio. En igual medida, o quizás mayor,
se desenvolvió la vida amorosa de Goethe. Bajo este prisma (...) llegamos a considerar los amoríos
de los escritores como una necesidad orgánica para estimular las fuerzas espirituales creadoras (...)
‘Todos cuantos gozan de la popularidad ya sean artistas o políticos suelen ser acosados por sus
admiradores o abrumados por sus detractores. Hay una posición colectiva que trata de crear el
mito atribuyendo a su héroe condiciones extraordinarias y cualidades que pasan los límites de lo
normal, hay por otra parte un goce perverso en la maledicencia, un dar por hecho lo que sólo
existe en la mente de estos adoradores un tanto fanáticos...”
-¿No le da miedo, por usted?
-Al contrario. Le sigo resumiendo: “La verdadera vida novelesca de Blasco Ibañez no está en la
enumeración de sus novelas ni en el estudio de los elementos que utilizó para escribirlas. Tampoco
está en su vida política... Tampoco está en su vida de conferenciante primero, colonizador después
en tierras argentinas, ni siquiera en su condición de viaje ro y de trotamundos al que no lo
amedrentó el tren, el barco o el avión. La verdadera vida novelesca de Blasco Ibañez está en la
vida íntima y secreta de sus amores, porque no hay mayor aventura para un político que la de
escaparse de sus obligaciones y ma rchar a la conquista de una mujer, no hay aventura mas
alucinante que la de saberse director de un periódico, pasar toda la noche en vela vigilante por la
marcha del diario y saber que hay una mujer que lo espera a hurtadillas, burlando todas las
normas establecidas por la sociedad...
Nuestro novelista no rehuyó jamas el riesgo de la aventura ni pensó razonablemente en las
consecuencias que ella podía provocar, había sin duda una actitud de superioridad frente a las
adversidades y una confianza inconcebibl e para quien no fuese Blasco Ibañez en el desenlace feliz
de sus cuestiones..”.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 182
-Mutatis mutandis: Zuasnabar
-“Con esta seguridad y fortaleza -sigue- se enfrentó a los mayores peligros, tanto en el mundo de la
política como en el del amor. Su propia actit ud, que no el resultado de las empresas, contribuyó a
crear el espejismo de que todo en cuanto había intervenido tuvo un final feliz (...) Estaba cerca de
los cuarenta años y se consideraba viejo, la agitada vida que había llevado le hacía sentir el
cansancio y la amenaza de la prematura vejez. Los hombres de vitalidad extraordinaria o los que
han gozado de una vida feliz o alcanzado el triunfo son susceptibles de estos derrumbamientos
interiores, se aferran a la vida y a los goces.(...) Blasco es un pagano , un adorador del dios Pan, un
hombre que adora la vida con el apetito insaciable de quien busca la felicidad, él mismo lo dice con
claridad meridiana: “Yo soy un macho, un gozador, no un sentimental. Yo pienso que la mujer es
una de las pocas cosas legítimamente codiciables y dignas de conquistar que hay bajo el sol” (...)
“El amor compañero del artista es grande y produce notables obras, si el autor es grande y sabe
aprovechar los impulsos creadores. Otros, en semejantes circunstancias desaprovechan el canto
poético y sublime que despierta el amor y languidecen entre morbideces de alcoba. No a todos
pues, sirve el amor o la aventura amorosa de iguales proporciones. (...) Si el artista no lleva dentro
el impulso creador del arte de nada le servirá una cor te interminable de adoradoras. Grandes
amadores ha habido en el mundo y no fueron por esto ni geniales ni dignos de recordación,
grandes concubinas de príncipes y reyes han existido y no por ello reyes o príncipes hicieron obra
alguna que mereciera ser adm irada. Los artistas que saben ser artistas y están en su lugar
correcto, ni le alteran los amores ni les deprime su austeridad...
-A ver, déjeme ver... “El amor y el erotismo le fueron dado como venturoso don de la fortaleza de
su vida...”
La visitante israelita no me saluda dentro de mi propia casa. Los amigos, Alberto, por ejemplo, de
mi compañero de piso -el alemán Michael- vienen a casa a insultarme. Pilar y Paco me dicen que
tienen mucho trabajo, por lo que no me tipean mis manuscritos, pero se van de vacaciones. Teresa
dice que no me quiere ver nunca más. Me siento como un gilipollas. Pienso, pienso mucho, medito
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 183
con los ojos achinados, entrecerrados, mirando por la ventana, recostado en la cama -cuando no
estoy trabajando con mi ordenador, que he bautizado Petra.
Sin embargo, no fumo ni bebo, me alimento bien, estoy -según dicen - ‘guapísimo’, pero me
molesta el estómago, los intestinos, la vejiga o lo que sea -sin afección alguna. Es mi somatización
hipocondríaca. Parece que Laura copió Cuentos d el alma sobre Cuentos, archivo donde están los
escritos que quiero para cuando me decida a darle forma a mis memorias. En ese caso habría que
ver qué contiene otro disquette, el que dejé sobre las 14 hs. a Guillermo, el pibe Macintosh. Me
llamará en un rato, y sabré si estoy o no a cero.
Ayer me paró, para pedirme documentos, la cana -los maderos-, por segunda vez en Europa, en 15
años. En Argentina sí que me los habían pedido alguna vez -como a todos-, pero en Europa sólo
una vez antes de ésta, en Francia , cuando hacía autostop en una autopista vallada. En aquel
entonces no me molestó -yo no debía hacer dedo allí - pero lo de ayer aquí, en plena calle Goya,
caminando tranquilamente rumbo a casa, lo sentí como el vuelo rasante de un pájaro fascista de
mal agüero. Será porque en las últimas elecciones ganó la derecha. Con Juan, el gallego de
verdad, nos reíamos ayer: ‘tú me encuentras un ‘currito’ cualquiera, de lo que sea, y me voy para
allí contigo, Horacio’. Y yo ya le doy vueltas a la idea de volver y prob ar de nuevo. Soy siempre tan
destartaladamente flotante como una caravana de zíngaros. Yo me quisiera ir a Argentina tal vez
ahora, para volver a España cuando ya en Argentina no se pueda vivir de nuevo más, y cuando en
España comience otro Tierno Galván.
Sole, hola mi amor
No creas que es extraño que seas una hija tan amada por su padre aunque éste sea casi sólo un
padre biológico (cosa que yo no siento ni mucho menos así). La gente suele decir que uno no es
quién, o el más indicado, para juzgarse a sí mi smo -que eso lo deben hacer los demás -, pero yo sí
tengo un concepto de mí mismo, como creo que también lo tienen los que no lo quieren decir:
todos en algún momento nos preguntamos sobre la bondad o no de nuestros pensamientos y
actos.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 184
Cuando alguien es b ueno -no boludo sino bueno-, aquí en España se suele decir que es bueno en
el sentido machadiano: en el buen sentido de la palabra.
A pesar de mi personalidad, carácter, defectos y errores, me considero una persona buena. Yo no
odio a nadie más allá de lo que me dura cualquier bronca. No lo siento (el no odiar) como un
mérito, sería un mérito si yo me hubiera tenido que esforzar para no odiar. Es exagerado pero
gráfico decirte que yo no poseo ese sentimiento tan humano.
Te escribo de mí porque de ti sólo te puedo comentar que te quiero por sobre todas las cosas,
como hija. Hace bastantes días que no sé nada de vos.
No me quiero poner más triste pensando en esta melancolía natural que tengo por vos y que
seguramente tenés por mí, me gustaría subsanarla, compa rtir nuestras cosas. Necesito darte
afecto, opiniones, y también, claro, que me des afecto. No sabes cuánto lo necesito.
Lo perdido, perdido está. Pero vos y yo tuvimos y tenemos mucho ganado. Ganemos también el
futuro, compartámoslo de adultos. Vas para los veinte y ya es absurdo que te sermonee. Por mi
parte, voy para los cincuenta por lo que voy necesitando ya, además de consejos, cada día más
sermones.
Tenemos que hablar, abrazarnos mucho, mucho y muy fuerte, hasta llorar y después reír de
emoción y satisfacción. Cada día yo lo hago imaginariamente. Quizás vos hagas lo mismo.
Estoy escribiendo quizás difícil para entenderme. Así escribo cuando el bolígrafo va empujado por
lo que estoy pensando, a borbotones, como si estuvieras aquí al lado, tomando una coca cola y yo
este vaso de agua bien fría que me acabo de servir. Estoy solo en casa. Preparé todo para pasar la
tarde con vos. Dejé conectado el contestador automático pero anulé el ruido de la campanilla.
Estoy ocupado. No estoy para nadie: ‘Horacio está en su habitación, charlando con Sole: hace un
tiempo no se veían’. Pongo alguna cinta en el radiocassette -volumen bajo- y, cuando se acaba, no
me doy cuenta: estoy muy animado charlando con vos.
Ahora intentar ganarme el techo y la comida lo voy a hacer escribiendo. Porque, cuando me he
propuesto una cosa, la sensación que al cabo de estos cuarenta años tengo es que he hecho lo
que he querido, dentro por supuesto de lo que era yo capaz de hacer. Y, como padre, me creo
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 185
mucho mejor padre que otros que apar entemente tienen una vida más regular o ‘normal’ con sus
hijos. Y vos, ni decir lo hija que sos comparada con otros, sin discusión.
Nadie nos quita lo bailado, juntos y por separado. Todo lo que hermosamente has vivido en tu
infancia, adolescencia y ahora, son balances que siempre tendremos en cuenta, para relativizar
cualquier problema futuro.
Estudiá lo que a vos te guste, probá hasta que sientas sin titubeos que te gusta y dale para
adelante sin parar. Vos y chau: lo demás -a los otros, al mundo-, no lo controlamos más que según
lo percibimos.
No te gastes: la vida es envejecer, no gastarse.
Te amo, Sole. Te amo sin Edipos ni nada que no sea más que este orgullo nuestro de Sole y Pá, Pá
y Sole. Forever.
De memoria, hija, no te sé relacionar a Guns and R oses con su música -que, fijo, habré escuchado
por radio- así que ahora mismo no te sé decir si me gustan o no. Lo que me gusta es como decís
eso de que uno de ellos te vea pasar y te diga: “¡que linda que sos! ¿no querés venir de gira con
nosotros?” Es muy lindo, muy realizable, sobre todo, no sé si como cantante pero todo es realizable
si te lo proponés.
¡No hago más que decirte cosas viejas! bueno, soy viejo, viejísimo: cuarentón, aunque - con todo lo
que he vivido- me han llegado a decir ‘se nota que l a vida te ha tratado bien”. Y yo contesté: “No
te creas: el calvario va por adentro”. Viejo y, encima, tanguero, tu viejo... Aprendí que bromear
estaba bien, pero que la ironía era mala, y el sarcasmo, malísimo. Creo que hay que ser muy serio
siempre, hasta en las bromas, para que éstas no sean más ni menos que eso. Todo esto vos lo
sabés. Recién lo estoy aprendiendo yo, sé indulgente.
Me voy a comer algo -me haré dos filetes de pescado y una enorme ensalada de ‘judías’ verdes.
Desfallezco pero satisfecho. Debo parar, llevo unas cuatro horas entre renglones y pensamientos.
De hambre y cansancio me duele ya un poco la cabeza. Así que tengo, quiero y deseo descansar,
comer, ver el telediario por ejemplo, charlar con Gernot, su hermana Brigitte y Gabriella, los
austríacos que están en este momento en casa. Chau, hasta ahora.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 186
Sigo. Se me ocurre que hay que llegar a hacer el amor con cada uno y todos los aspectos de la
vida. Es gráficamente obvio decir que se es feliz (lo que se entiende normalmente como feliz)
cuando se vive haciendo el amor con su vida. No hay que ser autista para esto: no es masturbarse,
o sí, pero no sólo a uno mismo sino que también al marido (o mujer), a los hijos, a los amigos, al
trabajo, al hobbie, al deporte, hasta a un juicio en los tri bunales.... El ejemplo es muy loco, no pre
pensado, así que puede ser malo, pero hasta ahora no lo veo perverso en sí mismo, aunque sí ya
veo que otros puedan verlo perverso, o algo así, pero ese es un problema subjetivo de
interpretación ajena.
Hacer el amor con la vida en el sentido, en la aspiración de sublimación de la satisfacción, entre
otros ejemplos, pero ya sabés, tengo inicialmente formación freudiana en la que todo es libido,
Eros, Tanatos, Edipo, Electra, falo, castración, útero, maternidad, fru stración, autoestima, ego,
alter ego, yo, introspección, sueños, interpretación, infancia, traumas, padre, madre, entorno y no
sé si falta algo más pero estoy agotado, chica: too much.
¿Comiste? ¿Comiste como yo? Que te aproveche y estés guapa.
Me voy a despatarrar junto a los austríacos un rato para desenchufarme, me voy con ellos a
escuchar música fuera de casa, o me vengo dentro de un momentito a dormirme todo. Ah!, qué
bien, Sole, qué bien: te he escrito este primero de enero de 1994, ha sido mi única ocupación del
día, todas las otras fueron las diarias necesarias. Empecé el año con Sole y escribiendo. Estas son
las cosas que me llevan satisfecho a la cama. A veces no lo logro, y me jode, pero es normal, nadie
es perfecto, ergo, tu viejo tampoco. Mi niña: ¡hala, a tus cosas!
Ya te has quedado dormida y dejo de rascarte la espalda. Te abrigo bien y te doy un suave beso
en la cara y el pelo. Te apago la luz y cierro la puerta de tu habitación y me meto en la mía porque
ya es tarde y tengo sueño también y o. Lo hago a diario.
Domingo, 2 de enero de 1994. 13:10 hs.
Y, entre tus cosas, estaba llamarme esta madrugada; entre ¡hala, a tus cosas! y la fecha que
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 187
acabo de poner. Me llenas de vida, hija: ¡Cómo te adoro!. Querés venir: ojalá pueda hacértelo
posible... El amor es estar lo más confortable que uno puede pensar. Hay como una sutil o gorda
diferencia entre ser una mujer o un hombre inteligente a ser un intelectual. Seguramente hay que
ser inteligente, siendo o no intelectual (da igual), pero evidentemente hay que ser inteligente, en
todo. Creo que el punto exacto es ser confiado y astuto a la vez.
Me voy con amigos al Rastro; ¡qué lindo cuando uno se despierta feliz y en paz! (cualquiera sean
las circunstancias).
Como vos me das tus hermosísimas ‘gracias’, yo te las doy también de continuo. Gracias, Sole,
Gracias.
Martes, 18 de enero de 1994.
Querida Sole
Hoy llamaré por teléfono, si no te encuentro dejaré dicho que te avisen que el fin de semana tal
vez pueda hablar contigo. Voy yo a Argentina, creo, h asta ahora, antes de hablar con vos: no me
vas a dejar de ver y haré cosas que tengo pendientes en Argentina, y veré a todos. Sólo te pierdes
el ‘turismo’ que te lo merecés más que nadie. No me gusta que me pidas perdón por nada, me
emocionas mucho: de que te sientes ‘egoísta’ por querer venir, nada, ni hablar: vos sos mi sol, el
de tus padres. Así que, niña, sigue bien. Hasta dentro de unos días,
Te lleno de besos y mimos. Pá.
-Ser hijos es ser algo ajeno. Ser padres, algo propio...
-Como en literatura me gustaría que mis escritos me condujeran al Premio Nobel de Literatura, en
mi vida, desde que supe que nacería, Sole es mi Premio Nobel de la Vida..., a mis cuarenta años,
como dice la gente, me parecen tiempos de balance...
-¿Vitales?
-Sí. Cosa que he hec ho siempre, década tras década, desde aquel “papi, cumplo diez años, llego a
los dos dígitos”, mes a mes, día a día...
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 188
-¿Y ahora qué quiere?
-Dinero. Quiero dinero, ganarme el Nobel o la lotería. ¡Ah! Penélope, cuántas cosas haría!...
-¿Cómo qué?
-Compraría todo lo que se necesite: ¡haría feliz a toda mi familia y amigos....!
-Todo con fama o dinero, ¡qué ilusión!, tendría miedo a los secuestros...
-Qué desagradable, Penélope... no se ponga así.
-Tiene miedo a morirse sin haberlo publicado todo...
-Permiso...
-Adelante, Zuasnabar, ¿cómo está usted?
-En fin, muerto, creo yo, ¿no, Borges?
-Si, Zuasnabar, usted está muerto, como yo. Somos parte de la Humanidad ya fenecida.
-Notable.
-Siéntese, por favor. Por ahí habrá una silla.
-¿Sigue ciego?
-¿Por qué no habría de seguirlo?
-No... ¡por nada!. Me horroriza haber podido hacer una pregunta desubicada, justo a usted,
Borges, justo a usted.... ¡y estando en el Cielo, digo yo!.
-Quizás, Zuasnabar, usted haya estado en el momento anterior a este mismo, que a su ve z ya
pasó, en el Cielo conmigo, y ahora esté en algún indefinido laberinto de nuevo, cíclica, recurrente,
circularmente... ante sus íntimos espejos y tigres. Sólo con su daga, no ante mí.
-Je, je, Borges... no pierde sus obsesiones.
-No, Zuasnabar; ellas n o me pierden a mí, y usted, ¿ha perdido las suyas?
-No sé, Borges, no sé. Acabo de llegar..., ¿aquí hay mujeres?
-En una cifra infinita y de belleza tan diversa como que de la íntegra creación divina se refiere.
-Bien, bien -esperaba semejante respuesta de su parte, Borges-, ¿puedo verlas?
-En el Cielo todo está bien visto, Zuasnabar. A mí sólo se me ha negado una posibilidad, la de no
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 189
ser feliz...
-Claro, Borges, tómelo así, si Dios es bueno... Oiga, ¿con cualquiera?, ¿puedo hablar -ver- a Eva,
por ejemplo?
-¿Qué Eva, Zuasnabar?, ¿la Eva de Adán y el Paraíso?, ¿o la segunda, la de la tiranía peronista?
-La primera, primero. Sí. ¿Puedo verla?
-Zuasnabar, ...¿verla nada más?
-Primero verla, luego le digo. No se ponga así, Borges, parece celoso...
-Esa Eva no es cualquier Eva...
-Yo -Zuasnabar- tampoco soy cualquier hombre. Usted disculpe, pero sobre mujeres usted y yo
pensamos muy distinto...
-Nuestras creencias son mera apariencia, quizás usted y yo pensemos por el otro...
-No se repita, Borges, no se repita...
-Gracias, Zuasnabar. Siga ese sendero que no veo y en cada bifurcación un ángel le instruirá en los
secretos de la cábala, y llegará a Eva.
-Gracias, Borges, en vida no se me hubiera ocurrido que usted me daría una mano en esto de
fatigar mujeres.
-Lo mío es fatigar libros, Zuasnabar, diccionarios enciclopédicos si es posible, como le decía a Bioy,
cada vez que me invitaba a bolichear... ¿Toma usted el té a las cinco conmigo? Estarán doña
Leonor Acevedo de Borges -mamá-, el coronel Suárez, Jesucristo, Menard, Carlyle, Joyce, De
Quincy, Chesterton, Dante, Cervantes, Goethe..., bueno, en fin, hasta Nietzsche. Dios prometió
pasar a saludar.
-¡Por supuesto, Borges, por supuesto! ¿Puedo llevar yo también a mis seres más queridos, a mi
abuelo Tato, en espec ial?
-Que vengan con usted es mi íntimo anhelo. Luego, si usted quiere, recorremos la biblioteca de
Alejandría, donde podremos velar otras disquisiciones...
-Encantado, Borges, encantado.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 190
-Mire, Zuasnabar, vienen autos...
-¿Autos, Penélope?
-Mire la polvareda.
-Sí, sí, la veo.
-¿Y quién puede ser?
-Espere que se acerquen más..., ¿qué auto es el primero?
-Un Fiat blanco...
-¡Mario!, ¡mi hermanito!. El Negro ya viene.
-Viene con gente...
-¡Es Sole!, ¡Y Diana!
-¿Quién es Diana?
-Mi pareja.
-¡Le estuve por preguntar!, ¿por qué no me habló de su pareja actual?
-Porque no me lo preguntó.
-Pero usted podría haberme contado igual...
-No necesariamente, porque Diana pertenece al presente, y quizá al futuro, no al memorable
pasado... En los otros autos vienen los demás: familia y amigos... Acá no nos alcanzará la guerra
civil.
-Entonces -ya están cerca, Zuasnabar - esta entrevista se acabó...
-Exacto, Penélope, lo siento, pero esta entrevista se acabó.
-¿Me hará desaparecer?
-Totalmente: si me ven hablando conmigo mismo... entre todos me echan de acá.
-Pero y yo..., ¿qué hago?
-No sé, Penélope, qué quiere que le diga... ¡comencemos una nueva vida!
Epílogo: El pecado original
Soy Horacio de Zuasnabar y soy un ente de ficción, que me está creando ahora mismo el escrito r
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 191
llamado también, como yo, Horacio de Zuasnabar. Desde este momento de mi creación, y en más,
iré, así como he nacido, creciendo y corporizando a cada momento más y más, hasta mi muerte
literaria, cuando la determine mi autor, si es que vive para hacerlo.
De cualquier manera, yo protagonista, yo, como digo, Horacio de Zuasnabar, protagonista de las
aventuras y desventuras que se le ocurra memorar o inventar, cerca o lejos, dentro de él o en el
inalcanzable exterior de su realidad, a mi autor -como digo el literato de mi mismo nombre-, tanta
corporalidad iré teniendo y tendré como fue teniendo y tiene el Martín Fierro de Hernández; tanta
corporalidad como el Quijote de Cervantes. Y traspasaré como ellos los límites de mi propia muerte
literaria -si es que Zuasnabar logra hacerme esa putada - y llegaré lejos. ¡Ah, sí, señoras y
señores!, llegaré lejos: así como tantos esperan el Cielo o la reencarnación para apartarse el terror
a la propia muerte, yo, Horacio de Zuasnabar, ente de ficción, venceré a la Parca porque siempre
que haya un ojo para leer, un oído para oír, mi historia, mi literario ser, perdurará. Mi autor dice
que esta pretensión mía no es más que mi propio y evidente terror a la muerte, en mi caso a mi
desaparición literaria. Y yo desde aquí, des de el papel donde me va dando vida con su pluma, lo
veo inclinado sobre mí, calzados sus anteojos, mirándome, ora embelesado, ora muy serio, es decir,
manteniendo conmigo -su engendro- una muy estrecha relación... (Alto, a ver, lo estoy viendo
pensar: deja de mirarme, mira el techo con el lapicero en la boca... ahí vuelve a la carga sobre mí,
¿qué escribirá?)... ‘de tira y afloje’ (mi creador estuvo bastante estúpido, no me gusta nada ese
lugar común, justo ahí). Estoy indefenso ante él, como lo estuvo mi c olega Augusto Pérez cuando
Unamuno decidió matarlo para terminar Niebla. Yo espero vivir mucho más que el pobre Augusto:
al coincidir mi nombre con el de mi autor quizá éste tenga aprehensión en darme muerte, por
superstición.
Sin embargo, como buen hijo literario, tengo fe en la inconmensurable capacidad creadora de mi
padre, que puede hacer parecer real lo más fantásticamente literario, como mi hija Soledad, mi
familia, mis amigos. O mis mujeres, entre ellas, Penélope: personajes tan literarios como yo mismo,
aunque mi autor también tenga una hija Soledad, familia, amigos, mujeres... y otros libros en
donde yo no soy protagonista.
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 192
Y así ven cómo he nacido y estoy a cada momento creciendo. Soy un hermoso y terrible bebe
grande, como un adulto. Incluso, mi autor ha querido hacer coincidir mi fantástico número de
documento de identidad con el suyo propio: ¡cómo son estos literatos!, ¡qué problema para los
escribanos! Si yo y mi familia, y mis idas y venidas, son pura literatura y, encima, nos llamamos
como mi autor y los suyos... ¿qué es real y qué es fantasía? ¡Eso no importa, queridos míos!: no
importa ser carne o papel, sólo importa existir.
Yo podría de aquí irles avisando: ¡lectores!, ¡que mi amo inventa!, ¡que mi amo no inventa!, pero
(además que por la sonrisa burlona con la que me está mirando, como diciéndome: vos vas a decir
sólo lo que yo quiera) a ustedes ¿para qué les serviría?, ¿para juzgarle?, ¿para qué?, si para eso ya
me tienen a mí. A él déjenlo en paz, se persigue solo. Ustedes igual lo miran , como yo, desde sus
papeles, que lleva siempre consigo como primer tesoro y último refugio. A veces mi amo me da
mucha pena: me rocía con su llanto y me borroneo todo -nada agradable desdibujarse. Otras veces
está muy contento: lo compruebo desde el capít ulo anterior porque está tan ocupado divirtiéndose
que no me escribe. Pero siempre vuelve: es muy manso, incluso cuando está desesperado. No digo
que mi autor sea como un hijo para mí porque la explicación se haría muy complicada, pero eso
también es lo más preciso. A veces también siento que, a medida que me va escribiendo, él va
siendo, que, si no me pare no es padre.... entonces, también es como una madre: ¡mi amo es
tantas cosas a través mío!. Es todo un artista y yo, su creación, lo miro orgulloso. Es un genio,
como dice mi hija Soledad... ¿su hija Soledad le dirá lo mismo a mi autor? No lo sé, no puedo estar
en todos lados, sólo en su mesa, o en el bolsillo de su saco... Y mientras no me escribe no me
entero de nada, y cuando lo hace sólo escribe sus f antasías: yo y otras ficciones suyas. Cuando
deja de escribirme está en otra realidad, y como en ella no me está creando no tengo este oído
para escucharle ni esta boca para narrarle a ustedes sus elucubraciones. En fin, el proceso es muy
complicado...
En mi chacra, Semana Santa de 2002
Fin
www.zuasnabar.com.ar La entrevista Página 193

Want to leave a comment? Sign Up