El erótico batallar
Zuasnabar - ROMANCE - 3968 words
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Summary
EL ERÓTICO BATALLAR. Editorial Corregidor. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. 2004 (91 Págs.) ISBN: 950-05-1560-1
Poesía. “Un libro de Horacio de Zuasnabar a tener en cuenta, un libro caliente y vivo de quien entiende el erotismo como una
El erótico batallar
PRoesías
Horacio de Zuasnabar
'Dime, sacrificio, cuántas veces tantas;
dime, amor, cuántas veces menos;
dime, análoga, cuántas veces nada'.
Mauro Uría
3
El erótico batallar
Indice
El batallar personal y literario de Horacio de
Zuasnabar, por Francisco García Marquina
La proposición
El libertador
El amor es un sentimiento de ausencia
Altura de vuelo
El primer poema de Bardo
“...y conoció varón”
Cuando eres ausencia
La secreta mujer de Almafuerte
Esencial
Musa compañera
Del fuego a la indiferencia
Sentí tu alegría al pasar
Ciclo vital
A la compañera, una arenga final
La meretriz inexistente
Intelectuales
Día a día
Del odio al amor
Polvo somos
Entre idas y vueltas
Recurso de aproximación
La diaria satisfacción
El después
El caminante
Retroalimentación de la vida
Costa atlántica
Desde aquella ansia
El pirata y la aborigen
La fascinación
Delicado conocimiento terrenal
. Palas Athenea (versión libre de 'La Cenicienta')
La pancita que te haría (canción previa de cuna)
El orgasmo
Arennes (ejercicio de composición de lugar)
A ver si me entiendes, pretendiente
A mis mujeres
Para no hacer pesado al pasado
Himno de los desaforados
Cierta desolación
Descripción de la mujer ideal
La raíz del conflicto
Certeza
El batallar personal y literario de Horacio de Zuasnabar
Poético y erótico sin discernimiento es el pelear de Horacio de
Zuasnabar, y lo digo desde el doble punto de vista de escritor y de amigo.
Porque este libro no es un simple juego verbal sino un diario vital, una
narración de sus estados de ánimo que trata de objetivar por medio de un
lenguaje poético. Esta autoconfesión y su discurso psicológico son su
gloria y también su riesgo. Porque la mano que escribe debe hacerlo desde
el reposo y la contemplación y no desde el apasionamiento que es un
estado de gloria que todo lo justifica y lo tapa, incluso los errores de
expresión literaria.
Horacio sale airoso del desafío, después de batallar en ese terreno
tan accidentado y lleno de contradicciones. Porque el amor es un ansia de
más vida (“No me separaría de ti / ..../ hasta agotar el tiempo / hasta
vivirlo integro”), un riesgo (“La sencilla imprudencia de entregarte”), una
desolación producida por la ausencia (“Vuelvo a la ignorancia”) o por el
desánimo (“Arrolló la vida el sueño entero”) o por esa radical incapacidad
de comunicación que hace imposible la mutua integración total (“En nubes
paralelas / tu y yo nos vemos”) (“hospitalaria admíteme / dentro de tu
espacio”)
Si acompaño cada reflexión con un ejemplo sacado del libro, es para
que pueda comprobarse la justeza y creatividad del lenguaje, necesaria
para que la objetivación artística se cumpla.
Otros sentimientos dan lugar a imágenes y metáforas muy
inspiradas. La sensación de intemporalidad (“Todavía es demasiado tarde”)
y el recurso a proposiciones y mecanismos fantásticos para estimular el
amor (“Y te quedas a mi lado / como si no estuvieses mientras estás / y te
miro y te busco”). En definitiva, esa sensación contradictoria que propone
el amor y le hace exclamar como colofón: “No es posible... / entender más
que lo incomprensible”.
Horacio crea ambientes emocionales con una imaginería excelente,
como cuando relata su encuentro con un amor mercenario: “La boda
mortuoria de cada noche / el entierro de cada mañana / el funeral
reiterado...”. Se mueve con soltura en el lenguaje de las metáforas y de las
analogías, como se desprende de estas muestras: “En el vacío que dejas /
entra un ala del frío” o “Mis ojos enferman de belleza” o “Tus carnes
disparadas, me buscan”.
Un libro de Horacio de Zuasnabar a tener en cuenta, un libro
caliente y vivo de quien entiende el erotismo como una totalidad y confiesa
que también sus hijos literarios son fruto de un acto amoroso, de una
pluma apasionada: “Un lapicero / que fue sexo en mis dedos”. Un libro
5
que, como el tema que canta y como quien lo canta, es imaginativo,
extremado, lujoso, turbado, y turbador. Y siempre bello.
Francisco García Marquina
La proposición
No existe mucho
más allá del refresco
de la noche sexual.
¡Oh, espíritu no divino que justificas
lo divino de esta eterna inexistencia!
Amén de los amenes,
tuyo este cuerpo
y el tuyo, mío:
todo el más allá,
perdido.
Aparéate descontrolada
hasta parir retoños
que tanto amarás... que ya duele.
Es así, ¿comprendes?
¡Claro que entiendes lo que aún ignoras!
porque no es posible...
entender más que lo incomprensible.
Goza
goza tu ignorancia
y yo la experiencia,
entremos de lleno al intento,
yo estoy para salvarte:
ven, háztelo conmigo.
7
El libertador
Hubo una vez un lapicero
que fue sexo en mis dedos,
con el que acaricié las texturas
hasta penetrarlas con mi tinta,
tinta negra de esclavos
encadenados a mis sueños
que volcaron en el mundo
a mis hijos literarios.
Y no aborté.
No aborté ningún engendro:
los estáis mirando
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crecer a vuestro lado.
En cada oído retumban
las cadenas a la existencia
que les han otorgado
mis engendros
a vuestras apagadas vidas
que ahora marchan
potentes a la independencia
impulsadas por cerebros
bañados en mi tinta.
El amor es un sentimiento de ausencia
El silencio de mi soledad
es un inmenso
crujir del mundo en su rotar
sobre mí mismo,
y tu voz ya se hizo piedras
donde rompen otras olas.
Estoy a la vera de todo
y la nada irrumpe.
Si hay ojos que te ven ahora
sigue siendo ese sol que ciega
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y tu cuerpo encendida nieve,
que ya no te espero
de tan larga mi pena.
Recorta de otro un abrazo mío
sin pensar en ello
que yo dibujo en mi boca la tuya,
tan libre como un cielo.
Así de solo es mi universo,
el que me llevé
al cerrar la puerta.
13
Altura de vuelo
Cuando me hayas desnudado
y cuando te haya desnudado
y estén nuestros cuerpos
nuestros dos cuerpos candentes,
tan unidos entre sí
que la música desentone
con nuestras convulsiones,
recórreme despacio
-bríndate todahospitalaria
admíteme
dentro de tu espacio.
Seamos el universo
en expansión libre,
recorramos las galaxias
de las sensaciones
y no regresemos
hasta que todo esté cumplido.
El primer poema de Bardo
Muchacha transparente
no eres vida, no eres nada,
contigo nadie tropieza
si contigo no ha soñado.
Ilusión anterior a un mañana
al que nadie quiere despertar,
eres la mujer de un sueño corto
que se quiere aún más
que a la dulce compañera
de las horas de vigilia.
Muchacha transparente
que no eras nada y luego fuiste ilusión,
de no haberte imaginado
hoy tendría paz.
15
"...y conoció varón”
Nunca creí que mis sensaciones
fueran más rápido que mis reflejos
y que él tanto aprovechara
para darme gustos
como los de esta mañana
de colegio que no fue colegio
cuando él empezó
con sus palabras
a llevarme adonde queríamos
y con sus caricias
todo mi cuerpo en sus manos.
Le recorrí segura
cada músculo
cada hueso querido
al febril compañero,
como sin darme cuenta.
Toda yo agitada
me hizo
conocer el Infierno
en implacables besos;
mi susto no alcanzó
para impedir
nuestra mutua embestida.
Temblaron nuestros cuerpos
entre el calor y la risa
hasta que resumimos
todo lo amado
en dos besos
y morimos al lado
sin saber dónde dejamos
los pies y la cabeza.
17
Cuando eres ausencia
Cuando eres ausencia
me vuelco dentro mío
y en el vacío que dejas
entra un ala del frío
que me levanta el espanto
de mi sola compañía.
Cuando eres ausencia
lejos tu dulce duende
el monólogo de mi alma
genera eterna la espera
y el horror
abre la puerta.
Cuando eres ausencia
no quepo en tu recuerdo,
vuelvo a la ignorancia
anterior al encuentro
y a la intemperie voy
buscando un cauce.
Cuando eres ausencia
se me quita la sangre,
el frío reemplaza
tu cálido seno
y de la cuna me caigo
corriendo a la calle.
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La secreta mujer de Almafuerte
Ah, ya sé!
Bogar en contra, desgarbado,
hasta la gracia de la disociación...
Sumiso,
permanece sumiso hasta el desengaño.
Luego,
apabulla los aforismos:
que se retarde la brillante admonición.
Llora,
llora vulnerable a la circunstancia
benévola, libertaria,
hasta la nimia poquedad.
Rescata,
prioriza la sacra abundancia.
Para la gloria,
con indiscernible docilidad,
disuade al futuro.
Habita, corazón, habita
la vergüenza descortés,
la forma cerrada.
Resiste,
resiste la fetidez y forja el aroma.
Faena la vagancia
como nosotras
faenamos la entereza.
Imítame,
imítame en el fecundo abatimiento
y exulta
la sencilla imprudencia de entregarte.
Olvida ser efímero.
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Recoge y distribuye
-recuerda la diatribaconcurre
y disipa
la locura de este mundo.
No hagas caso, no te entregues
a la avería, a la fábula,
a la quimera o la apariencia:
ajeno, desprécialo todo.
Y contesta,
dime si son sutiles
estas femeninas advertencias.
Esencial
Te quiero porque eres tú
al pensar y al sentir
al amar y al hacer.
Te quiero
porque siempre construyes
tu propia conciencia
siendo honesta contigo
siendo honesta conmigo.
Te quiero
porque eres yo
y yo soy tú
al vivir para mí
al vivir para ti.
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Musa compañera
Ha dado tantas vueltas
el hombre éste
antes de esa madrugada,
mujer entera
hallada en su jungla
por este verano.
Desde entonces fue aurora
en las manos de un largo día.
El hombre olvidó sus fríos
y el camino se le hizo diario
de ti comiendo
cada noche miel
y guardando la cosecha,
la misma que se siembra
la mañana siguiente.
Del fuego a la indiferencia
En los recodos de aquel ayer
cuando éramos muy sensuales
tanta fue la felicidad nuestra
que nos creímos inmortales.
De repente, de pronto,
arrolló la vida
el ensueño entero.
Y el olor se hizo perfume
en los brazos del desamparo.
Qué violento frío
retumbando
la tormenta del pasado:
tanto ardor disipado.
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Mis ojos no clarean
cuando los miras helada...
¿recuerdas el calor?
Te pregunto sin reproches
y te acompaño en la tarea
de recibir a nuestros deudos
secándole las lágrimas
con nuestros mustios corazones.
Fueron, dirán futuros,
fueron un fuego mutuo
ya apagado.
Sentí tu alegría al pasar
Susurraste a mi paso:
'Oiga, perdone... ¡ámeme!'
Pero yo iba muy veloz:
seguí, seguí, seguí.
Y no llegué,
jamás llegué.
Más bien giré.
Y en los giros te vi.
Y giré y te vi.
Y giré y te vi.
Y giré... pero no te vi más.
Y giré, giré mucho más.
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Ciclo vital
a vida que se corta
a cada instante,
que devora los tiempos
arrasando sueños
y otras distracciones,
que desaparece
que renace
¡ay, amor!
tan lejos de nosotros,
aguardando guadaña
y albores del Cielo
tan perfecto.
En nubes paralelas
tú y yo nos vemos,
nos saludamos
nos tocamos
florecemos,
y ya morimos.
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A la compañera, una arenga final
¡Vamos hacia el horizonte
de los muertos casi vivos!
como ése
que a tu lado ríe cadavérico.
¡Qué horror! mi Dios
¡qué horror tu compañero!
No tienes más que girarte
verlo y horrorizarte.
¡Hasta siempre entonces,
querida mía,
que la eternidad es, sin falta,
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un mar sereno, amigo de la tierra!
La meretriz inexistente
Cómo has venido
cómo has llegado;
siendo tan tarde
has amanecido.
El frío y la noche
me tenían preparada
la ceremonia que
por costumbre
yo me daba:
la boda mortuoria de cada noche
el entierro de cada mañana
el funeral reiterado.
Pero en mi piel te acostaste
y en mi piel amaneciste.
Entraste ardiente esta noche;
frío y granizo te acompañaron
sólo hasta la puerta.
Entraste con el corazón por delante,
con intenciones y desparpajo.
Entraste suave
para armar un nido casual
hasta el amanecer
cuando te pagué
cerrando mi particular
eclipse total.
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Intelectuales
Atribuir el oscuro ahorro
al desdén insatisfecho
de la acusación: "¡libertino! ¡deshonesto!"
enmudece
de miedo impertinente
el provecho del amor
para ganancia del susto
el espanto y el recelo.
Pláceme castigar tu confusión,
esa inadecuada separación
tan debatida
para denegar el silencio nuestro.
Por ocultar
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de la forma su confianza
la lejanía de diferir incongruencias
nos conmueve hasta el escarnio
y nos excita hasta la pérdida
en la causa del sentimiento.
Inhábil lazo
es el alimento
de la rudeza sexual
a tu regreso anochecido.
Magra proporción pusilánime
es la macilenta correlación
que nos atañe en la discordia.
Y en la osadía límite
la extravagancia es el pretexto
que motiva la disculpa
que perdona la flaqueza
que exime al abandono
de la tradición en uso.
Allí está
incólume tu figura
en el lecho contra la mía,
inasequible
a la dulce crueldad de los besos.
Hasta que
en los abismos del cerebro
impetuoso, inexorable,
sudado tu cuerpo
inclemente en palabras
transpiran mis órganos
envueltos
en epilépticas convulsiones.
Entonces
nos deshacen
maniobras elementales
en circuitos comunes
de normales desencuentros
entre personas que
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por bendición
sólo se creen malditas.
Enojo perpetuo ante la idea
de la ignorancia consumada
momentos antes
en el acto aquél.
Así, diligente,
surge la apológica invención
del oprobio,
de la camorra zafia.
Y tu épica insubstancia
cobija en un suspiro
(anterior al suspiro mismo de la nada)
todas tus utopías
destiladas
junto a las mías,
mientras heroicamente
comprendemos que
todavía es demasiado tarde.
Día a día
Cómo hacerte llorar
una vez de alegría
si día por medio
con penas te abrigo.
Cómo hacerte reír
una vez de tristeza
si el otro por medio
de euforia te viste
el calor de mis dedos.
Entre tú y yo
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es fácil
de la piel al alma.
Fuera de casa
cuánto exaspera,
dentro transcurre
sosegada pasión.
La ventana deja
el contraste al sol.
Tostamos pan,
aderezamos mediodías,
azucaramos tardecitas,
y nos damos el mismo postre
uno al otro
todas las noches.
Cómo, dime, cómo
cómo te como
de a poquito
tan de a poco
tú entera.
La sombra de tus luces
imbricada con la mía,
entre bambalinas
nuestra sinfonía.
Inmensos en el privado
de la nada a la poesía
hasta cuando dormimos.
41
Del odio al amor
A poco privilegio
de exponer difuso
el tajante talento
de tus mañas,
la dimensión de mi torpeza
es el motivo que forjas
bajo el techo que compartes
con este tunante entre tus piernas,
con este bellaco en tu cuello.
No soy más
que a pedido
mesón donde eres
tabernera sutil
que da respiro
y respira
a consecuencia de ponzoña
que perturba y palmotea
que pendencia y penetra
la paz
a instancia de quejidos.
Todo entero
amplio en la alcoba
taller de tu sexo
es mi cuerpo,
fragmento necesario
del telar de tus ansias:
cenáculo de tu orgía.
Con irrefutable demencia
inconciente me calcinas,
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con ímpetu impío
que, ¡imbécil!, yo acepto
en aparente regreso.
Me escamoteas las fugas
y así me impides
envejecer sin entidad.
No hay, entonces,
enojo que ennegrezca mi fin;
no hay engaño que empareje tu empeño
que encubra tu entusiasmo...
no hay excusa
que al fin evite
sumergirme tan en ti.
Polvo somos
Desde la cintura
pequeña
que se abre sinuosa
en las caderas
y cierra perfecta
en piernas de bailarina,
me levanto hasta arriba
donde el pelo descubre
unos ojos de tigresa
que miran intermitentes
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sus propios y erectos senos,
y mis ojos
enferman de belleza
cuando por sus brazos
me llegan sus manos
que me vuelven a acostar
dando las vueltas que puedo
con ella entre los dedos,
y vuelven sus senos,
y sus labios vuelven
a comerme los deseos
mientras el sudor atraviesa
la columna hasta el cerebro.
Y la calma no llega
hasta que somos
del cielo
los dueños de la siembra.
Y los mares golpean;
aun después de todo
la tierra se hace barro,
estalla en nosotros,
y crea
crea hijos de la nada.
Entre idas y vueltas
Te has ido.
Dejaste abierta la heladera,
la leche sobre la mesada,
dejaste abierto el placard,
tu corpiño y tu bombacha
en la cuerda.
Te has ido.
Dejaste la cama deshecha,
la ropa transpirada,
el rimmel en la sala,
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tu perfume en todo el aire
por la puerta y la ventana.
Un soplo del verano
congela nuestra casa:
partiste.
No dejaste palabras,
no dejaste suspiros.
Te fuiste
como se van
la alegría y los sonidos.
Te fuiste.
Con toda intención
me dejaste
solo con tus cosas.
Y no volverás
porque no vuelve lo ido.
Sólo regresan forasteros.
Después de despertarnos
mañana por ejemplo
llegarás de nuevo:
serás una extraña
presta a conocerme.
Te has ido y regresado,
tampoco yo soy
el que tú habías dejado.
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Recurso de aproximación
Tienes muy lindo el pelo
precioso
Mohín
eres un mohín
Te miro haciendo un mohín
me río contenida
y te digo
hacía mucho que no escuchaba esa palabra...
mohín
¡Quién lo entiende! ... mohín
y te quedas a mi lado
como si no estuvieras mientras estás
y te miro y te busco
y no me miras y te vuelvo a mirar
vuelvo a buscar
Ahora te estoy mirando
desafiante te estoy mirando
y mientras tecleo pienso
si seguirás así
Mirándote
y decido entonces mirarte
pero demoro esta acción
suponiendo qué harás
y me decido
y levanto los ojos:
Encuentras mi sonrisa,
encuentras...
cierta benevolencia
y entonces ya no sé
si seguir con este menester
o cambiar a uno que te incluya.
Consulto desesperado en tus ojos mi acción
oye...
¿qué hago conmigo?
¿Qué hago contigo?
en tus últimas palabras dejo
51
el resto del final
que siempre entre nosotros
es hermoso comenzar.
La diaria satisfacción
La expectativa mientras te bañas
aumenta en tus manos
deslizando por tu cuerpo
el resbaloso jabón
que trastorna tu pensamiento
sabiéndome al lado
en el dormitorio caldeado
por el hogar encendido
que tú en el agua imaginas
como brasas entre sábanas.
Al lado yo te escucho:
chapoteas, te levantas, te escurres,
entera te frotas con la toalla
hasta incendiarte la piel
de tus carnes que,
disparadas,
me buscan.
No tiene tiempo tu perfume
para otros preparados.
En la trémula estampida
hacia el dormitorio
te vuelves a humedecer,
y yo sonrío
tu zambullida al colchón.
53
El después
Me encontrarás
mirando tu recuerdo,
buscándote en el aire
que dejaste
en cada flor dormida.
Y verás que lloro
cuando se mueren
dejándome solo
entre mis deshoras.
Me encontrarás
bajo el árbol
que tanto sabe de nosotros,
en la tierra escribiendo versos
me verás pedirle al viento
que te los lleve si estás triste.
55
El caminante
Busco que se me entreguen
en cada mirada que les bajo,
en cada gesto que les hago.
Indudablemente
les hago una mirada,
les hago un gesto
que espera desesperado
otro gesto equivalente
de aceptación.
Bienvenida para concretar
enseguida
una sonrisa y otra mirada
que por fin nos reúna.
Ensayo miradas y gestos
en esta soledad
aparentemente acompañada,
buscando
que se rocen nuestras manos,
que se aproximen los cuerpos
como si no hubiera distancia
ni desconocidos,
como si no hubieran
otros compromisos.
En cada caminata,
en cada trayecto trajinado,
en cada paseo solitario,
busco el ansiado encuentro
en los sueños
del latir atolondrado,
con las palabras tranquilas
de estar haciendo lo indicado.
Un cambio de rumbo
57
pese a todo el mundo,
la explicación tan sencilla
-en sí misma evidentey
la fuga a toda marcha
de dos cuerpos acelerados,
en dos almas renacidas
hasta que todo se marchita.
Retroalimentación de la vida
Ahora que soy tierno abuelo
las amigas de mi nieta
no pueden imaginar
la imaginación que con ellas tengo
en cada una de mis siestas.
Cuando ellas charlan alrededor
de mi cama de moribundo
recupero aquel imperio
que les pertenece
de sexo terso y caliente.
Y bajo mis sábanas
vuelvo a ser aquél
que rompía corazones
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de primas así de jóvenes
como las amigas de mi nieta...
En la mirada
ellas reconocen aquella fuerza
y se acercan.
Y en la media luz de la tarde
nos hacemos
lo que falta les hace
a un anciano y a unas niñas
para que el verano
sea más llevadero.
61
Costa atlántica
Recuerdo cuando la playa
fue tus ojos horizonte
y las palabras naufragio
rompiendo al sol.
Fueron mudos quejidos
los que al infinito
como gaviotas
rodaron al cielo
rompiendo el murmullo.
Violenta arena,
el solo labio
tibio labio
al abordaje.
Pirata herido
por tus besos
murió la bestia
dormida entre los dos.
Cuando nos dieron la noche
la hicimos eterna,
no hubo tregua
bajo las estrellas:
precipicios tus piernas
a tu boca trepan
mis manos tempestad.
No quedaba espacio:
mareada la marea,
hasta tan lejos
no llegaba el faro.
Vibró la intemperie,
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una ráfaga y entonces
un momento amainó,
estaba dicho.
Neptuno y Sirena
más nos hundimos
y así nos salvamos:
el estupor ajeno
nos encontró muy lejos,
ya no había remedio.
Desde aquella ansia
Una a una
las noches
son esperas
de la que debería llegar,
cuando contigo
impropio premio
olvide el torbellino
de triste niño
solo y solar.
Cuando mi hogar
sea tu hogar
y la luna
no más
que recuerdos
de paz.
65
El pirata y la aborigen
Entré a tu búsqueda,
contra las mareas de tus armas
mis velas desplegadas.
Salí de la intemperie
y de los flujos normales
para sumergirme profundo
y turbado
en instintos de aquelarres:
amor en proa,
breve esperanza
acabada
en dos cuerpos extenuados.
Besaste cada punto
de mis comas perpetuas,
cada pausa de mi cuerpo
y de mi alma su línea.
Y así
llegaste a mis párpados,
volcán que hiciste cráter
abriste venas al cielo
que en un grito
cerró el tiempo,
y fue después
silencio.
Ojos tan apagados
conjugados en sangre rosa
nos devolvieron en mejillas
eterno
ardor descubierto.
Mi alma fue en tus pechos
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el batel que naufragaba,
sin ofrecer resistencia
a tus besos de caníbal.
Sólo nuestros mares
de horas singulares
entre los dos,
la tempestad nos azotaba
hasta que lograba
rendirme en tus brazos.
La fascinación
Cómo transcurren las horas
que no se ocupan de nosotros
cuando de escribir escapo
a retozar con tu frescura.
Había creído estar
al borde del verano
y el otoño remolino
no me asustaba,
me atraía.
Con rumbo primavera
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de tus ojos
resurgieron los míos.
Ya no somos tan solos,
nos fuimos hacia adentro
del infinito nuestro.
Y el otoño quedó en otros
desolados
que no pueden
hacer ciclón del viento.
71
Delicado conocimiento terrenal
La piel de esta mujer
que a mi lado descansa
es ondulante en su espera
y blanca contra el pelo
que le recorre la espalda
que miro,
cuando no escribo en sus ojos
con los míos
los recuerdos que tendremos mañana.
Por la ventana
el viento golpea
contra el campo suave
de la noche
y hace olas, olas gigantes
de sombras furiosas.
Y no aquietan brisas,
que, como sábanas,
desnudan la respiración...
Cae un rayo:
un relámpago me abate,
y le alcanza.
Pues la hoja cimbreante de los fuegos
le da sangre al fruto
y agua a los cántaros.
73
Palas Athenea
-versión libre de 'La Cenicienta'-
No tengo las palabras
que a la tibieza de tu cuerpo
la medianoche arrebatara.
Después de medianoche
no tengo ya las manos
que las curvas de tu cuerpo
de las mejillas a las piernas
acariciaran.
El rosado de tus pechos
el latir de tu cuello
75
no tuvieron a la madrugada
el sudor completo.
En un párpado de prisas:
la hora señalada.
Estéril frío
de límite vencido
ardió tu tibieza
sin dejar cenizas
pues acabó el día.
Y el frío del infierno
te reclamó sin carruaje,
tropezando.
No hubo príncipe ni castillo
ni nada
que te aguardara
en el fin de los sueños.
Selva cerrada
lianas y monos
salvajes aullidos
en tu pavoroso regreso.
Volviste a ti misma
tú sola y en secreto
sin zapato, pero viva.
Sabías que te buscaría:
oías pesados pasos
que acechaban en tu bosque
y aunque a ti no te encontraran
igual te hallaría.
Enfriaste tu cabeza en el lago,
que hirvió con tu cuerpo,
lo evaporaste,
y así te encontraron en un tórrido desierto.
Por supuesto
te anduvo el calzado:
el príncipe había hallado
la horma de su zapato.
Y te tocó reinar sobre un zángano
deberes ajenos
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que, como propios,
nacieron en caderas y pechos
que otros creyeron esclavos
cuando fueron, son y serán
amos de otro amo.
Por el amor que te dispenso.
Cenicienta que no creíste
ni en la historia de la historia
que a nuestros hijos les cuentas
por justificar la justicia
que imparto
según tú la decretas.
Y cuidas la vestimenta,
cueces habas
y me esperas en el lecho.
Y me indicas el camino:
salgo como si nada
entre el vulgo y los ministros
que no entienden de mi casa
dónde empieza y dónde acaba
el mando de este reino.
Que me tiene sin cuidado
el qué dirán los súbditos
-reyes de sus reinossin
arrimar su mando
a nuestro palacio encantado.
Señora del bosque,
de encarnados colores,
reina por derecho propio.
Naciste en el bosque
para hacer del llano
magnífico imperio.
Primer súbdito oculto
entre tus pechos miro
cómo la masa digiere
tu mandato divino.
Son mis vacaciones
cada vez que falla
el pulso de mi paso
hacia exteriores:
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me refugio en la nada
de mis vanos pensamientos,
y en el todo de tus fuegos
renazco, cada mañana.
Y nadie lo sabe.
Te encuentro dormida
ante diarios problemas
y te encuentro encendida
a mi deshecho regreso.
Nadie lo sabe.
Eres la reina abeja
la miel que como
cada mañana.
Eres la fuerza...
la fuerza y la espera.
Eres el tributo
que nadie me paga.
Entonces...
entonces, ¿quién soy?
¿Qué valgo a tu pies?
¿Qué valgo, qué soy?
¿Cuántas veces llevo
-desde el bosque hasta hoya
tus favores preguntando
qué precio pones
a tanto fervor?
No respondes:
tomas el camino del bosque,
y perdiendo la capa y la espada
te sigo con temor.
Y te alcanzo o me alcanzas
en un incierto claro
y me posees el cuerpo,
hasta el cuerpo del alma.
Me restituyes el reino
en idioma extraño,
que escribas transcriben en actas
sin comprender nada.
Y el pueblo aclama:
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"¡Oh, nuestro rey... !"
Por las noches me abrazas
discreta mujer
que cada mañana
me pruebas el zapato
y cuando me calza
me despides diciendo:
Anda, todo está bien.
La pancita que te haría (canción previa de cuna)
Antes soñado
muy amado
nuestro próximo bebé
hamaca mis ojos
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en neblinas mi sueño
de mañanas hechos hoy.
Tus manitas tu madre,
tu sonrisa soy
y las ausencias parecen menores
de tanta y sola
tonta imaginación.
El orgasmo
Entramos al césped llano
de las mutuas interpretaciones
cuando estaba seco
sin sol.
Y lo soleamos húmedo
de sexo marítimo,
yo tu semen
tú mi flujo
en refregado vaivén
mutuo.
Llegando a sudar el mundo
en nuestros vientres recíprocos
en nuestros ojos enfrentes
en nuestras nalgas
en los senos
en mi espalda y en la tuya...
corrió el sudor.
Al fin mojado el pelo
tirado por los dedos
abajo nuestros sexos
calientes y estrepitosos
hasta los dedos de los pies,
enredados
tensos...
y calambre ya.
Luego laxos tumbados
entre rodillas ingles y mejillas
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esperando la sábana
el frío controlado
artificialmente:
la sequía
ya sin ti
ya sin mí
a nuestro lado quedamos
acompañando soledades.
Arennes (ejercicio de composición de lugar)
Palpo
palmo a palmo
tu cuerpo oro
tus bosques y tus mareas:
olas rompiendo
en entrepiernas;
frescos efebos
ardientes.
Entre tus dientes
aire, fatigas...
aliento tus horas
-manos a minutos-.
Cada caricia confiesa:
tu alma sempiterna
tu presencia,
compasión.
A ver si me entiendes, pretendiente
Busco la mujer tan diferente
que sea espejo.
Encima abajo adentro afuera:
otra y yo.
Cerebro hembra y madre.
Busco la mujer
principio y medio
87
en un segundo para siempre
con final excluído.
Busco la mujer de mi eterno;
océana de los océanos,
particular mar.
No busco casi nada;
ya ves: no te tengo.
A mis mujeres
Mujeres varias
amantes de amador,
de requerimientos siervas
putas de necesidad
como yo.
Ahogadas de incertidumbre
gritonas de incierta sed,
compañeras de sufrimiento
y de goces
triste os rindo
homenaje mutuo
de dolor.
Igual feliz me rindo
a vuestra compañía,
todas mis amigas
como de vosotras
yo.
De senos airosos
calientes de grosor,
de ingles de amor
como falo
de servidor.
Amigas de amigo
incomprendidos
odiados y envidiados...
nosotros amores
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más allá.
Les escribo curvas vuestras
rubias y negras,
me escriben aristas mías
a la gomina y despeinado.
Mar ciénaga
profundo y suave,
duras y sensibles
frágiles mariconas
vosotras
como yo.
Vosotras mis desvelos
vuestro desvelo yo
¡ay vidas!
vamos por el mundo
en procesión
enseñando besos
hijos y desidia
gorduras, huesos
canas y estrías...
sigamos luego:
Dios nos espera
nosotros vamos.
Otros... vienen.
Suspiremos juntos
sueños y mentiras
logros y frustraciones:
hagamos el amor.
Estén tensas
apretadas o sueltas
como yo:
por goces
por dolores
no me dejen, no.
Vosotras pequeñas
91
diminuto yo,
no prestemos oídos
(sordos oídos)
a atroces foráneos
de nuestros lugares:
que nos muramos juntos
con nuestro sentido
sin esos sentidos
de brutos valores...
¡sin sentido!
Mujeres de alba y ocaso
de acabados ojos nuevos
de catres donde sudamos
placeres diarios,
vivamos lo primero
lo intermedio
lo último:
muramos empalmados
mojados en flujos
al anochecer amados
como si clareara.
Con música de sexo
y olor sentimental
arrullemos las glorias
amansemos la pena
mientras el planeta...
¡ah! ¡el planeta!: ausente nos crucifica.
Nos crucifican...
¡alabados seamos y el Señor!
93
Para no hacer pesado al pasado
Amo en ti todas las mujeres que me amaron.
Tú amas en mí todos los hombres que te amaron.
Somos tantos que no sé
95
si esto es una orgía
o si somos
sumamente virtuosos.
Me inclino
irremediablemente me inclino:
virtuosos.
Himno de los desaforados
En versos de piel
pentagrama de pelos
tocas la música de mi cuerpo compulso.
Caliente y acecho
tus horas de sed
cual fiera hambrienta
sin ley ni moral
que aspira condenada
a último placer,
que convidas satisfecha
tú también, ¡ay amor!
al borde del universo...
¡tan solos los dos!
Cierta desolación
Nos recorrimos de punta a punta,
nos unió la caricia previa
el éxtasis durante
el orgasmo final.
Mutuos dejamos
rastros indelebles
en la breve historia
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de nuestro paso celeste.
Han venido otros tiempos,
de aquéllos que fueron tiempos,
y la historia es historia
relatada por extraños
a espectadores ajenos.
Otra esencia:
el recuerdo distinto,
diferente la manera,
inolvidable la distancia.
Habrá pasado
mucho tiempo sin fin
que alimente el vacío
del implacable vientre.
Pero inútil el olvido
para que la pradera,
el verde infinito,
el tenaz viento susurrado
y el celeste cielo
sean honrados.
Me enterrarán
y te enterrarán
tan lejos como el abismo
entre el aire y la tierra,
como en aquellas sábanas
donde no pudieron
nuestros cuerpos
amainar sus ansias.
99
Descripción de la mujer ideal
Me gustan casi todas:
sólo las definitivamente desagradables
de cuerpo o de alma
no me gustan
para nada.
Pero el resto,
el inmenso resto,
enorme mayoría
de mujeres argentinas,
me gusta
no saben ustedes
cuánto.
Me gusta imaginarlas
desnudas y vestidas:
en lencería o abrigadas
me gusta mirarlas.
Me gustan
con torneadas piernas,
largas o menudas:
bien proporcionadas.
Me gustan, creo yo,
principalmente
rubias naturales,
101
pero también cuando son muy morochas
sin saber bien porqué.
Me gustan de ojos claros,
casi transparentes,
pero también cuando son oscuros
grandes o achinados:
me gustan casi todos
los ojos femeninos
de la República Argentina.
Me gustan muy inteligentes,
pero también instintivas,
me gustan instruidas
como muy ignorantes.
Me gustan limpias
y bien transpiradas,
perfumadas o recién bañadas
me gustan en la ducha
como en la cocina.
Pálidas o bronceadas
me gustan al sol
como en noche cerrada.
Me gustan casi todas
cuando son tratables
dentro de normales
comportamientos sociales:
indudablemente,
de las mujeres argentinas
me gustan casi todas.
La raíz del conflicto
El deseo reprimido es más deseo
cuando la tentadora noche
me encuentra solo
103
después de haber estado
acompañado, pero no del todo.
El deseo es una fantástica
hembra que imagino
refregándose mi frente,
cuerpo de sudor acerado
en cimbreantes curvas
enhebrarse con las mías.
El deseo es una tersa
mirada de amor
un rostro resplandeciente
de pasión,
tibio cuerpo caliente
muy junto a mí,
familiar aliento y mirada sexual:
mi deseo es un alma
que auxiliada por su cuerpo
me agasaja.
El deseo se parece a vos
cuando vos no estás.
Certeza
No me separaría de ti
hasta agotar el tiempo,
viajar fundidos cual líquidos
de confluentes ríos
hasta agotar el tiempo,
105
hasta vivirlo íntegro.
No me separaría nunca de ti,
llegarte al todo,
conocerte y abarcarte
acariciarte y traspasarte,
volcarme
hasta agotar el tiempo.
No,
no me separaría nunca de ti.
-Fin de El erótico batallar107

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