El misterioso caso Aruss
Angus Biela - SCIENCE FICTION - 524 words
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Summary
El meticuloso psicólogo Esteban Aruss tenía desde hacía tiempo inquietantes visiones espectrales. Suponía por ello que padecía un raro tipo de trastorno que las ocasionaba, quizá por efecto de reprimir una crisis emocional acaecida en su niñez, por
El meticuloso psicólogo Esteban Aruss sufría desde hacía un año inquietantes visiones espectrales. Suponía por ello que padecía un raro tipo de trastorno, efecto de reprimir una crisis emocional de su niñez; y, para tratarla, decidió tomar sesiones psicoanalíticas con su colega y amigo Ernesto Flint, hombre de edad avanzada, pero mirada lúcida y gran capacidad analítica, altamente reconocido entre sus pares.
En una de esas largas tardes de sesiones con Flint, cuenta por fin el caso de Miss Mernuss y su hija, aunque formara parte de sus secretos profesionales, ineludible para los fines del tratamiento. Relató el trauma que le ocasionó la muerte de ambas, tras ser asesinadas hacía exactamente un año. Pero no quiso entrar en demasiados detalles, como que había ocurrido un 15 de Febrero, el día después de su cumpleaños, o que las acuchillaron brutalmente; todo ello lo sumiría en un dolor insoportable. Se limitó ha hablar de las consultas, lo que ellas sufrían, la incipiente amistad que mantuvieron y principalmente el triste hecho de tener que reconocer sus cuerpos en la morgue. El problema era ese, si; en parte, porque había otro peor que le avergonzaba admitir y, de no ser extremadamente necesario, hubiese ocultado... Con toda certeza podría afirmar que ambas mujeres aún frecuentaban su consulta en forma de espectros vivientes. Ello lo hacía sentirse enfermo, creía que se estaba volviendo loco, y al menos él no creía en fantasmas.
Las visiones se iniciaron cierta madrugada cuando a pocos días de la tragedia escuchó voces provenir del estudio. Una de esas noches lo pudo la intriga y, armado de un bate de béisbol, reunió valor para ir a ver qué pasaba. El estudio siempre permanecía en penumbras, apenas iluminado por las intermitencias de los carteles de la calle que ingresaban por el amplio ventanal, en aquel céntrico y lujoso departamento de la calle Strauss. Así fue que, al asomarse por la puerta vio a Miss Mernuss y su hija, sentadas juntas en el diván, comentando los sucesos habituales de sus consultas. Intentó dar un paso al frente, seguro de que todo ello no podía ser cierto, pero las piernas le temblaron de súbito y un miedo repentino se apoderó de él. Las conversaciones entre ellas no habían dejado de producirse hasta la actualidad, aunque no todas las madrugadas, pero siempre en la plácida tranquilidad del diván de su estudio, bajo el efecto fantasmagórico de las luces intermitentes.
Al terminar de hablar miró a Flint con extrañeza, dado que esta vez raramente no lo había interrumpido. Su colega estaba absorto, con la mirada severa y chispeante de siempre, tratando de hallar desesperadamente un punto de apoyo. Revolvió entre sus libros y buscó notas de fechas anteriores. Leía y releía. Y de pronto, aquel hombre tan resuelto, siempre tan mordaz en su análisis y sus conclusiones, lo miró fijamente, sumido en un transe frenético desesperado por encontrar respuestas.
- ¡Doctor Flint! ¿Está usted bien?
Flint no respondió la pregunta, en cambio sólo se limitó a declarar:
- Esteban: la señora Mernuss y su hija son pacientes mias, desde hace un año, y vienen cada jueves a mi consulta, desde exactamente el 15 de Febrero.
/ FIN /

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