como agujeros.
exstaciie - PLAYS, PLAYSCRIPTS - 471 words
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Summary
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Permaneció en silencio mientras recordaba su humanidad. Aquella perdida y jamás encontrada.
Había sido humano. Había odiado y había amado. Había tenido, deseado, obtenido, perdido. Había sido ambicioso, generoso, humilde, orgulloso, cruel. Había variado según situaciones, había sido víctima de circunstancias.
Recordaba sus alegrías y tristezas, quizás con algo de añoranza. Extrañaba el hecho de ser, el sentimiento de sentir.
Había creído. Pero, al final, esas creencias no habían sido más que una vana plegaria por inconcebible clemencia. Su llanto ahogó sus palabras, y toda súplica fue inútil.
Ahora caían.
Uno a uno, paulatina y progresivamente, caían.
El silencio no era interrumpido sino por los gritos, el llanto, y los eventuales suspiros del infortunado observador. Cada uno de ellos se rendía ante sus propios defectos. Se daba a sus debilidades. Se entregaba a su miedo. Aceptaba y reconocía su pecado.
Caían de rodillas, observaban el cielo cubierto. Los ojos escarlata, la mirada perdida. El llanto. El pedido. La réplica. La muerte.
Desde su posición de ventaja y contemplación, se preguntaba si todo aquello era realmente válido. Si podían ser negados todos los pensamientos, acalladas las sugerencias. Si debían confiar en oportunidades, si era justo el castigo. Si no había nada que se pudiera hacer para evitar la cíclica repetición de los hechos. Si debía creer, una vez más, y detenerlo. Se fijaba en uno al azar, sentía su sufrimiento, y recordaba, nuevamente, el propio. Veía sus nombres, sus vidas, sus historias, desfilar ante él buscando piedad. Cerró los ojos.
Lo veía todo.
Podía saberlo todo.
Y podía salvarlos.
Se levantó, acaso sintiendo algo de compasión. Se acerco, despacio, a uno de los más próximos, y constató que aún respiraba. Se encontraba, igual que el resto, arrodillado. Entregado a la apreciación de algo mucho mayor de lo que jamás imaginaría.
El ángel sujetó la barbilla del mimetizado demonio y lo hizo ponerse en pie. El breve contacto visual le extrajo la poca energía restante. Comenzó a sangrar. Su piel, lentamente, se abría.
El sujeto dominante esbozó una media sonrisa. Se habría considerado afortunado, pero aquello superior al destino no puede ser víctima del azar.
Quiso que la sangre se de tuviera, y se detuvo. Quiso que el hombre volviera a ser hombre, y éste se quedó quieto. Tieso. Segundos después su rostro, reconstruído, había vuelto a la relativa normalidad.
Esperó a que sus ojos volvieran a su color original. El intenso rojo fue, cansinamente, sustituído por un claro y brillante verde.
-Esperanza- interpretó, burlón. Y añadió:-. Claro.
Su odio fue mayor. Contradijo su naturaleza. Lo arrojó con violencia, y deseó la destrucción.
Se rió, una vez más, del limitado entendimiento humano. Se rió de su despreciable inteligencia. De sus estúpidas ideas de moral. Correcto e Incorrecto. Se rió de sus creencias; se rió de sí mismo.
El humano, inerte, cayó sobre el suelo. Y los esperanzados ojos verdes no vieron más que muerte y el Fin.

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