Abstracción irreal... Lo recurrente de lo trivial..

pedroparedes  - HISTORY - 546 words

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Summary

La historia de un chico ingenuo que sufre por amor.

La historia de un chico ingenuo que sufre por amor.

No puedo evitar sentirme extraño a la realidad. Puesto que nada parece más extraño que la misma realidad, me resigno. Y termino en mares olvidados de verdades ambiguas disfrutando de la simpleza con que se desarrolla la vida, se muestra tan apacible, tan seductora (que me exalta describirla), parece inalterable la sucesión con que se dan los hechos y la aleatoriedad con que se sucede las consecuencias de las mismas. Pareciera recurrente tratar de alguna manera impregnar los sentimientos para la posteridad. Un absurdo si se quisiera. ¿Es tanto el miedo que siente el hombre por el olvido? Así pareciera ser.
Recuerdo no “un” día sino “el” día en que decidí compartir a mi “amiga” algunos de mis secretos. (Nótese el uso de las comillas – para no alargar el tema me termine enamorando de ella). Mis palabras cortaban ávidamente el espacio y no saciaba mi boca de confiar tantos secretos, su rostro se mostraba inmutable ante ello. Dije: Mi mayor temor es el olvido - en tono engalanado y algo poético (pareciera ser parte de mi esencia) – Observé atentamente su reacción y continué de la siguiente manera: Ansío crecer y alcanzar grandes cosas, cosas con las que nadie soñaría, cosas tan nobles y dignas de reconocimiento que las futuras generaciones me rendirán tributo. El silencio jugó su papel a la perfección, la incomodidad de la inoportunidad y el sentimiento de saber que dije algo tan profundo como para hacerla huir o para hacerla caer rendida a mis pies me embargaban. De cualquier modo ninguna de las dos era mi intención. Continuose este acto dramático no convencional, y trate de reparar mis sentencias con palabras típicas que usaría un adolescente impulsado por deseos sexuales de modo que no se notará mi esencia eminentemente racional – poética.
Osadía me embargaba, había escapado de haber sido tildado como alguien maduro (pues su presencia infería en mí el sentimiento de hacerme más estúpido), y es que las mujeres son todo un misterio. Ella prosiguió contándome sus secretos a los cuales yo respondía asentando la cabeza y pretendía escuchar cada palabra (la verdad es que me parecían trivialidades con las que tiene que lidiar una joven como ella). No dejaba de retraerme en mi pensamiento y volver a mis palabras “Mi mayor temor es el olvido” sin aviso previo (que clase de aviso se debería pedir para ello) gotas de lágrimas circundaban mis mejillas y no lo podía entender, tampoco ella. ¿Era tan profunda aquella frase que conmovía a mi subconsciente, así parece). Le dije que no era nada, pero no podía evitar sentir en mi garganta ese peso casi temeroso con el cual las palabras escapan cuando las lágrimas son inminentes. No podía hablar. Todo operaba en mi contra el tiempo, ella, su semblante que me cautivaba. Nacía en mi algo de lo cual no tenia referencia, algo superior, algo sobre lo que no tenía poder y es causa de mi desdicha en estas noches donde me esmero en el no olvido tratando de explicarme que es lo que pasa. Poniendo canciones tristes para sentirme mejor, escucho a Gardel decir: “Dame el humo de tu boca” y me dejo encandilar por la lejanía de las palabras que tienden al infinito donde se sumergen para ser revividas por el recuerdo…

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