Un boleto perdido, una mirada mal cortada.
sofialara - TRAVEL & HOLIDAY (Note: with WT codes, assign also the most specific GEOGRAPHICAL Qualifier available) - 793 words
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Summary
Es un cuento corto sobre una joven que sube al colectivo siguiendo su rutina diaria y, ya arriba del omnibus, se encuentra con un hombre desconocido que le hace un regalo.
En el hombro derecho una gran y pesada mochila roja. En la mano izquierda un boleto mal cortado para llegar a la última parada del recorrido que la llevaba hasta algún lugar impreciso. Se aventuró en el pasillo y se paró cincuenta centímetros pasando la mitad de los asientos.
Llevaba la mirada perdida fuera de la ventana entre las idas y venidas de autos que iban a destinos que no tenían importancia en sus intereses.
Gente sentada a su alrededor centradas en sus propias cosas, sus propias mentes, su propia imaginacione. Ningún asiento vacío que pudiera dar descanso a su mano de donde colgaba una robusta mochila roja.
Su mochila cargada de libros, abrigos yetcéteras le pesaba en su pequeña mano. Un hombre de mediana edad, barbudo y con boina, a lo gallego u hombre culto, la vió incomoda al llevar tanto tiempo parada cargando con ese peso y le ofreció el asiento que hasta el momento ocupaba un enorme bolso color negro, bastante grande para llevar solo ropa.
“Gracias”, le dijo la joven con una leve sonrisa casi automática que demostraba que su mente estaba en otro lado, fuera de si, lejos de su cuerpo. Al sentarse saco de su mochila un libro prestado, pequeño de tapa negra de un reconocido autor, y de un bolsillo chico de la parte interior de la mochila quitó el celular, lo desbloqueó y se quedó mirándolo unos segundos.
Se notó su estado de ánimo en la forma de mirar al artefacto. Su mirada esperaba algo, una llamada, un mensaje.
El viejo sentado a su lado notó el libro que sostenía con su mano izquierda, le traía recuerdos, lo sentía conocido, y en seguida observó a la joven como para comentarle algo y vió la mirada perdida que se mantenía quieta en el rostro de ella, una mirada como pensante, que observaba como queriendo hacer de forma psíquica que el celular sonara.
“Muy lindo libro, lo leí hace muchos años.” Le dijo señalando el libro, como para no quedar mal al estar tanto tiempo mirándole el rostro. A lo que la joven le contesto, demasiado distraída “¿Qué?.. Ah si, me lo recomendaron. No empecé a leerlo todavía”.
El viejo se reía de la despreocupación por la vida que demostraba la joven y abrió su gran bolso negro que tenia sobre la falda. De adentro sacó un libro bastante arruinado por el tiempo, con las tapas medias salidas pegadas con cinta y las páginas bastante amarillas que mostraban los años que llevaba dejándose leer de mano en mano.
Lo hojeo rápido para verificar que era el libro correcto y que no tuviera nada importante en su interior y se lo alcanzó a la joven.
“Es del mismo autor, ya lo se casi de memoria, llévatelo. Si el colectivo nos une en algún otro viaje me lo devolverás, si no mala suerte para mi.” Se rió dejando mostrar sus bien marcadas arrugas al costado de los ojos y sus dientes entre la canosa barba.
“Pero, yo nunca me tomo este colectivo. Hoy fue una excepción. Si me lo llevo no va a volver a verlo. Mejor no, gracias.” Y después de quedarse viendo un rato el libro se lo devolvió con una pena que le florecía en la cara.
“Pero no, nena. Llévatelo, en serio, es un libro viejísimo, si no me lo llegas a devolver, seguramente lo encuentro en alguna compra-venta de libros antiguos. No te preocupes. Ya te lo regale, guárdalo.” Insistió y se levantó del asiento.
Alzó su pesado bolso negro, verifico que todos los cierres estuvieran bien cerrados y la saludó con una sonrisa y, como acordándose de repente, le dijo “Hasta la próxima, cuídalo mucho”. Y rápidamente lo perdió de vista entre la gente parada en el pasillo del colectivo.
Bajo la mirada hacia el libro que le acababan de regalar, registro rápidamente cada detalle de la vieja tapa: no tenía titulo. La tapa era una pintura bastante abstracta aunque se llegaba a notar algo parecido al perfil de una mujer. Buscó el nombre del autor pero no lo encontró, en su lugar había un borrón negro, como letras mojadas.
Aunque el viejo le había dicho que era del mismo autor decidió echarle un vistazo a la primera hoja y verificarlo. No contenía prologo ni dedicación alguna.
Le causo curiosidad de que se tratara el libro e inmediatamente guardo el libro que le habian prestado nuevamente en la mochila y comenzó a leer como en susurro para ella misma la primera línea del viejo libro que le acababan de regalar: “En el hombro derecho una gran y pesada mochila roja. En la mano izquierda un boleto mal cortado para llegar a la última parada del recorrido que la llevaba hasta algún lugar impreciso. Se adentro en el pasillo y se paró cincuenta centímetros pasando la mitad de los asient…”

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