CADA 28 DÍAS

Escarcha  - THRILLER / SUSPENSE - 410 words

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Summary

Una mujer que durante su período de menstruación busca calmar su ira!!

Una mujer que durante su período de menstruación busca calmar su ira!!

Caminé por la ruta unos cuantos metros y decidí entrar por un camino angosto rodeado de maleza, hincándome con los cardos, raspándome los brazos en la tupida vegetación que por ratos quería devorar el caminos.
Tras cuarenta y cinco minutos de andar me crucé con dos largartijas, tres borrachos que a duras penas se mantenían en pie (de los cuales, uno, intentó manosearme) y un perro mediano que ni bien me cruzó comenzó a ladrarme y me corrió por aproximadamente trescientos metros. ¡Suerte que se cansó primero él!
¿Qué tenía después de tanto caminar?
Ampollas y sustos.
Ninguna catarsis.
Ningún alivio.
Ninguna muestra de que el dolor sucumbiera.
La furia arremetía por ratos y me quemaba la nunca. Golpee un tronco un par de veces dejándome los nudillos ensangrentados.
¿Dónde estaba la calma?
¿Cuando me había olvidado la paz?
¿Desde cuando la razón me esquivaba?
¿Por qué ya no encontraba el punto de fuga?
Tenía fuego en los ovarios y me quemaba el bajo vientre. Me tomé del abdomen doblándome en dos.
Detrás del calambre logré recuperar un poco la compostura.
Lejos de estar extenuada me sentía revitalizada en una nueva horda de furia.
Volví sobre mis pasos, haciendo crujir los dientes, empujando las ramas y haciendo caso omiso a las espinas que me hacían sangrar los brazos y quedaban clavados a ellos como extraños apéndices rectos.
Me encontré con el perro que mostraba los dientes y en mi demencia menstrual me vino a la mente Caperucita Roja, entonces me tiré sobre él, abriendole las mandíbulas para ver si encontraba a la dulce caperuza que a estas alturas sería ya una adolescente y estaría con su regla, como yo.
La furia aun me enceguecía, seguramente reventaría en rabiosas llamas y encontrarían sólo cenizas entre las hojas de mi libro a medio calcinar.
Seguí la maratónica lucha por atenuar los síntomas menstruales.
Antes de llegar a la ruta descubrí a los tres borrachos, dormidos...

He llegado de noche a mi casa, con calma, sin dolores ni tensiones, y traje la pata derecha de un perro-lobo que tal vez ya había digerido a la pobre caperucita, y el hígado flagelado de un ebrio. Todo atado a un mantel raído que también hallé y al que partí en dos.
La otra mitad me la puse como capa para ingresar a mis dominios convertida en la "Super Calma".
Las partes sanguinolentas ya están en sendos frascos con éter, en una repisa, como muestra triunfal de una mujer que busca la calma a la dura perversión de su ira menstrual.
¡Qué nadie tema hasta dentro de veintiocho días!

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Comments

Buenísimo, definitivamente las mujeres que lean este relato nos veremos identificadas en el mismo..."Que nadie tema hasta dentro de veintiocho días!
2011-04-10 16:50:58
Me encató, muy cierto. Que violenta que nos ponemos en esos días, más de una vez le pegue a la pobre pared de mi piesa jaja Saludos, un gusto de leer.
2011-06-03 13:58:30