El billete de su vida

Angus Biela  - THRILLER / SUSPENSE - 900 words

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Summary

Ernesto Torres era policía, y tanguero de alma. Siempre pensó que hagamos lo que hagamos el destino es un legado, una marca, una vara imposible de torcer. Aún así, jamás confió más en la suerte que en su capacidad para ganarse el pan con el sudor

Ernesto Torres era policía, y tanguero de alma. Siempre pensó que hagamos lo que hagamos el destino es un legado, una marca, una vara imposible de torcer. Aún así, jamás confió más en la suerte que en su capacidad para ganarse el pan con el sudor

EL BILLETE DE SU VIDA

Esta fuerte historia real, es una impactante paradoja de la vida, que merece ser contada con toda simpleza.

Ernesto Torres era policía, y tanguero de alma. Siempre pensó que hagamos lo que hagamos el destino es un legado, una marca, una vara imposible de torcer. Aún así, jamás confió más en la suerte que en su capacidad para ganarse el pan con el sudor de su frente. Pero, aquella extraña mañana, sintió la llamada de la suerte como si un raro presentimiento de triunfo se hubiese apoderado de él.

Ese jueves no trabajaba; estaba de licencia hasta el próximo lunes. Quizá motivado por esa extraña corazonada, ese día se levantó más temprano; encendió la vieja radio, con el dial fijo en su emisora de siempre, en la que sonaba sólo Tango; desayunó junto a su esposa e hijos; y leyó los policiales en el periódico. Su vida era así, simple, rutinaria. Pero ese día, era diferente, sentía algo diferente.

Cerca de las diez de la mañana, emprendió la paciente caminata hacia la tómbola, situada a un par de cuadras. Era muy querido en el barrio; saludaba siempre a todos los vecinos, y se detenía a dialogar con cuanta anciana encontraba en la puerta de sus casas. Al llegar al local, estaba vacío, sólo Juan, su dueño, se encontraba en él. Entró con la tranquilidad que lo caracterizaba, seguro de lo que tendría que hacer.

- Buen día -dijo.
- ¡Ernesto! ¡Tanto tiempo! ¿Qué te trae por acá? ¿Estás de licencia hoy?
- Sí, estoy de licencia esta semana... ¿Todo en orden?
- Sí, por suerte, todo bien por acá, tirando para que no se afloje
- Y aflojando para que no se corte!
- Jaja sí, así es... ¿Qué te trae por aca? ¿no sos muy asiduo de la casa?
- Y no... Mirá, tengo un presentimiento y te voy a comprar un billetito de lotería.
- Epa! te veo seguro!

Sin saber exactamente porqué, Ernesto asimiló con dificultad el comentario, pensando que quizá todo había sido una mala idea. Se encogió de hombros como diciendo “y bueno, es lo que hay”.

En ese momento, alguien irrumpió bruscamente en el negocio. Ernesto, que había bajado la mirada para contar el dinero, fiel a su ya moldeado proceder policial, lo percibió sin moverse, con el rabillo del ojo. Notó que se movía nerviosamente, olfateando cierta tensión en el ambiente. Sin levantar la cabeza, subió la mirada para observar a Juan, quien, en la misma posición, lo observaba cómplice. Entonces, confirmando lo que era de esperar, el intruso habló.

- Nadie se mueva, esto es un asalto.

Un pibe de unos veinticinco años, delgado y alto, con el rostro desencajado de miedo y adrenalina, portaba nerviosamente un revolver en su mano; parecía drogado. De repente, levantó el arma y apuntó a Juan.

- Dame toda la guita, y no te hagas el boludo… Dale, dale, dale… ¡Rápido!

Juan se levantó como un resorte, del susto, de la butaca de cajero que comúnmente ocupaba, viendo en ello, el ladrón, un acto reflejo de contra ataque, y nerviosamente adelantó el revolver como si fuera a disparar.

- ¿Qué te pasa? - reaccionó.

En ese instante, Ernesto, aprovechando la distracción del atacante, manoteó muy hábilmente el brazo que sostenía su arma, bajándola y abrazando al delincuente para inmovilizarlo.

- Calmate pibe, te vamos a dar el dinero, ¡tranquilo!

En eso, Juan aprovechó a marcar en el teléfono el número de la comisaría. El bandido, enfurecido, se descontroló. Con los brazos inmovilizados por el policía, logro asestarle un fuerte cabezazo en el pómulo izquierdo. El policía quedó casi inconsciente. Pero forcejearon y con gran dificultad logró mantenerlo inmóvil.

- ¡Hijo te puta! Vamos a fuera... Te voy a meter en cana.

Ernesto, por un momento y tras el mareo, perdió el control de la situación, pero logró arrastrarlo. Tropezaron en el escalón de entrada, cayeron de fauces en la vereda, se trenzaron en el suelo... Ernesto luchaba desesperado por encontrar la pistola, pero el ladrón, mucho más ágil y joven, se levantó más rápido: con el revolver aún en la mano, efectuó un sólo disparó, al pecho, y huyó.

Juan siguió la escena a través de la vidriera. Al notar el disparo, y ver que el malhechor salió corriendo, fue rápidamente en auxilio de Ernesto, que ahora yacía inmóvil, en medio de la vereda, boca arriba, los brazos abiertos, y una pierna encogida, como si sobre ella se hubiese derrumbado completamente; la sangre brotaba en torno a su cuerpo, rápidamente. La gente comenzó a aglomerarse. Un auto frenó, y de él bajó un hombre vestido de médico.

- Justo pasaba y vi esto, soy médico...
- Fue un tiro en el pecho… fijate... Por Dios... No lo puedo creer... No es posible... -Juan, aun perplejo, trataba infructuosamente de mantener la calma; temblaba entero.

El médico, con una mano en la muñeca, y la otra en el cuello, trataba por todos los medios de encontrar pulso en el policía; pero finalmente movió la cabeza indicando que ya no había nada que hacer, que estaba muerto.

Esa tarde la tómbola estuvo cerrada, y luego todo el fin de semana, tapada completamente con papel de diarios y una faja de seguridad de la justicia. Bajo la faja, un pequeño cartel rezaba:

“Si vas a jugar a la Lotería, podés tener o no tener suerte... Tener mala suerte es otra cosa. Que en paz descanses, Ernesto. El lunes reabrimos.”



FIN

Angus!

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Comments

Uyyy Angus... Me quedè muda. Què denso... Pintura feroz de la realidad. Abrazo! Bee.-
2010-09-08 20:05:31