CASTIDAD a prueba de balas
Bee Borjas - TRANSPORT: GENERAL INTEREST - 640 words
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Summary
La castidad y el viaje de egresadas
Todo comenzó con una simple pregunta.
-¿Quieren ir a la provincia de Mendoza o a la de Córdoba?
Las 43 alumnas que cursábamos el 5 año del bachillerato con
orientación pedagógica promoción 1983, nos miramos con una
inocultable mezcla de sorpresa y desazón.
Como podrán imaginar, todas dábamos por descontado que
nuestro viaje de Egresadas tenía como seguro destino la ciudad
de Bariloche, sede por excelencia, de todos los que culminan
la escuela secundaria.
La directora de nuestro benemérito colegio, una monja fiera y
de carácter nefasto, nos explicó con esa “dudosa lógica cristiana”
que Bariloche no constituía un lugar adecuado para señoritas como
nosotras, porque era considerado por nuestra católica institución
como “un centro de perversión para la moral."
Indecencias tales como cigarrillo, alcohol, droga y sexo salvaje,
eran razones más que suficientes como para prohibir el viaje
al promiscuo lugar.
Mi carcajada fue tan estridente, que sin mediar una sola palabra,
fui a parar sin escalas previas, a la dirección. Después de que me
quemaron la cabeza con una sarta de amonestaciones verbales,
regresé al curso con el firme propósito de complotar junto con
mis compañeras de infortunio.
Nada más lejano. En lugar de la directora, encontré a la profesora
de Catecismo esforzándose por hacernos comprender el carácter
divino de aquella unilateral decisión.
María Angélica, era un espécimen difícil de considerar como
“un referente humano.”
Parecía como si en el reparto de dones, esta pobre mujer hubiera
llegado irremediablemente tarde. Andaría por los 40 años, era alta
y delgada. El cabello lo usaba recogido en un tirante rodete y su
vestimenta era la viva imagen de la represión física. Llevaba una
blusa abrochada hasta el último botón, una falda amplia y deforme y
un descolorido sweater azul que escondía las casi inexistentes formas.
Hablaba de un modo tan suave, que lograba provocar el efecto contrario
al deseado. En vez de calmar nuestros alborotados ánimos, aquel tono
monótono y casto nos sacaba de quicio. El momento de mayor tensión
fue cuando a esta enviada celestial se le ocurrió preguntar:
-Me gustaría saber cual es la respuesta de ustedes ante el pedido de
la famosa “prueba de amor.”
¿La prueba de qué?????????
Definitivamente esta mujer estaba más trastornada de lo que imaginábamos.
Mudas por la sorpresa y tratando de contener una catarata de carcajadas,
todas las chicas permanecimos en un silencio incómodo y tenso.
María Angélica, incapaz de captar el cúmulo de reacciones que se estaban
gestando en nuestras adolescentes cabecitas, arremetió sin piedad.
-Visto y considerando que ninguna se anima a responder, yo misma
voy a instruirlas con respecto a este espinoso tema.
¿Espinoso tema??????? ¡Oh Dios!
La mujer, poseída por un espíritu histriónico, se ubicó en medio del salón
y con gesto magnánimo dijo:
-En caso de que algún muchacho se atreva a pedirles la indecorosa
“pruebita”, ustedes le colocan una mano sobre el pecho y a viva voz
ordenan…
Alucinadas ante semejante demostración de desatino mental,
escuchamos con asombro el final de tan disparatada disertación.
-¡Detente! Soy Templo del espíritu Santo.
Se imaginarán la reacción en cadena que provocó semejante declaración.
-Templo ¿de qué??? –volví a exclamar anonadada.
Algunas llorábamos de la risa, otras se quedaron paralizadas y
la mayoría intentaba mantener la cordura para no salir huyendo
de aquella trepanadota de sesos.
Sin duda, algunas instituciones educacionales tienen un concepto
bastante curioso con respecto a la manera de encarar la instrucción
sexual del alumnado…
Luchamos como fieras hasta el final, sin embargo no logramos
viajar a Bariloche.
El destino fue Mendoza, que no estará considerado un centro de
perversión para la moral, pero si una le pone buena onda, es tan
divertido y bello como el que más.
Y como Dios manda, hubo dancing, affaire de ocasión y mejor no les
cuento lo mal que nos pegó la sidra bien fría durante la excursión
a una bodega mendocina.
Ni las profesoras que vinieron a vigilarnos se salvaron de la borrachera…

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