Suplantación de identidad
Angus Biela - FANTASY - 1243 words
- 331
- 1
- 0
- 0
Summary
Justo en el momento en que ingresaría al banco, volvía a ser víctima de ese sentimiento de odio e impotencia que creyó haber olvidado hace tiempo, tras un año de pujas judiciales, conflictos familiares y arrepentimientos. Se detuvo en seco ante la pu
Justo en el momento en que ingresaría al banco, volvía a ser víctima de ese sentimiento de odio e impotencia que creyó haber olvidado hace tiempo, tras un año de pujas judiciales, conflictos familiares y arrepentimientos. Se detuvo en seco ante la puerta, como si hubiera leído la alerta “¡Cuidado! ¡Alto voltaje!; la sensación le atravesó la garganta; pero la adrenalina le hizo arremeter contra la puerta con todo su peso como si fuera a tirarse sobre ella, deseando jamás tener que volver a abrirla.
Avanzó con valentía, repasando cada párrafo, cada palabra recomendada por su abogado y que debía pronunciar al gerente. Al llegar a la mesa de entradas, increpó a la recepcionista.
- Buen día, señorita. Deseo hablar con el gerente por un asunto de urgencia. Me está esperando.
- Cómo no... ¿su nombre, por favor?
- Mercier... la diseñadora Marie Mercier -repitió, como auto induciéndose algo de seguridad.
Al escuchar su nombre, la empleada irguió la cabeza, asombrada; sabía que su caso era famoso en la entidad.
- Muy bien Señora Mercier, aguarde aquí un momento por favor.
Efectuó una breve llamada y finalmente respondió.
- El señor gerente la está esperando, sígame por favor.
La delgada recepcionista salió detrás del mostrador con la agilidad de una gacela, bajo la mirada envidiosa de Mercier, que triplicaba su peso. A una veintena de pasos, arribaron a una robusta puerta. Hizo dos discretos goles antes de entrar. Marie sintió dentro de su abultado abdomen un torbellino.
- La Señora Mercier esta en la puerta, señor.
Marie Mercier, incipiente empresaria, de estirpe jactancioso, amasó durante años una importante fortuna realizando diseños de moda de alta costura. Poseía una selecta clientela en su pequeño país centro americano, a quien le traía además modelos exclusivos desde Nueva York, donde había residido algunos años, y sus hijas, Norberta y Fleia, habían nacido. Marie vivía en una burbuja donde su ego había llenado todos los espacios, donde no quedaba lugar para nada, ni nadie; incluso su cuerpo había tomado tales dimensiones, que parecía haberlo asimilado todo; era una bola de grasa. Tenía tal nivel de control de las situaciones, de su pobre marido, de sus infelices hijas, de sus felices clientes... que nadie que estuviera en su entorno podría librarse fácilmente de ella. No daba nada, y a cambio la vida le había dado todo; o casi todo, hasta ese día.
Había pasado exactamente un año desde aquel día, en que Norberta cumplió la mayoría de edad y Marie le hizo el más superfluo de los presentes; que al menos fue algo, porque no los solía hacer. Su regalo fue una cuenta bancaria. La reacción de Norberta, jamás desagradecida, fue: “¡Mamá: no tengo dinero!”. Pero Merie se limitó a responder: “Algún día lo tendrás..." , siempre tan ocupada para entender las deducciones demasiado escrupulosas de Norberta... "Mientras tanto deberás prestármela; y encargarte de todas las trasferencias bancarias con ella para el negocio”. Ahí estaba. La actitud de su madre no era precisamente pura y desprendida, lo cual podía esperarse. Lo que Marie quería en el fondo era que todo el dinero circulara por la cuenta de su hija y no por las suyas, obiviamente con los consiguientes beneficios impositivos que ello acarrearía; y además porque de paso delegaría algo de trabajo administrativo. Así, durante un año se depositó mucho dinero en esta, que creció abultadamente. Marie no se cansaba de recordarle en tono casi amenazante: “¡El dinero no es parte del regalo!”.
Marie era desconfiada por naturaleza. En ocaciones le consumía la ansiedad tener que esperar cada mes el resumen de cuenta para ver los movimientos, y terminó, a pesar de que estaba peleada con la tecnología, habilitando el sistema de Home Banking de la cuenta –acceso mediante Internet -; y dio acceso a Norberta, obviamente para que siga encargándose de su trabajo, vía Internet; por el cual recibía una pequeña retribución. Eh aquí que en cierta ocasión, Norberta recibe un correo electrónico que pareció ser del banco, pero que en realidad no lo era, solicitando información de acceso a la cuenta, ignorando que en realidad se trataba de un fraude a manos de un Hacker –metodología de robo cibernético conocida como Suplantación de Identidad-, al cual respondió con toda la información de la misma. En pocas horas se realizaron 18 trasferencias a diferentes destinos. Todo el dinero se esfumó en pocos minutos como por arte de magia. El revuelo que al otro día se armó a manos de Marie fue comparable a un volcán en erupción; y por poco tuvieron que internarla en un psiquiátrico. Despotricó contra Norberta, contra Internet, contra el banco y contra todos los internautas y hackers habidos y por haber. Demandó al banco y por poco a su propia hija.
Por fin, un año después de extensa puja legal entre Mercier y la entidad bancaria, llegó la decisión salomónica de la justicia. Esta determinó que el banco estaba excento de toda culpabilidad y arbitrariedad en el asunto y que, si bien tampoco no era posible probar la participación de Norberta en las transferencias, se dejaba a criterio de las partes una mediación pertinente, y el acuerdo de una solución al conflicto; pero en suma se estaba dejando en el aire una negociación con cara de pocos progresos.
Entró a la gerencia con una actitud amistosa, quizá algo exagerada, nerviosa, con la sonrisa prefabricada de oreja a oreja; su lengua venonosa lo espetó como lo suele hacer con sus clientes, al pasar sus abultadas facturas; pero el gerente, hombre sereno, pulcro, y estirpe casi religioso, fue directo al grano, haciéndole que se trague toda la bocanada de humo que traía preparada. Como en una carta documento le informó lo que ella esperaba, lo peor y lo último que podría ocurrir en aquella entrevista: la decisión de la junta directiva del banco no asumiría ninguna responsabilidad por lo ocurrido, dado que las transferencias se hicieron dentro del marco de procedimientos legítimos del sistema.
Marie salió del banco como un talibán en fuga. Condujo peligrosamente con tráfico intenso y llegó cerca de las ocho de la noche a su casa; su desánimo era preocupante. La cena estaba servida. Se sentó sin decir palabra. Marie miraba el plato, y todos a ella; se imaginaban la respuesta del banco. Norberta, ya harta de toda aquella parodia, de meses de sentimientos de culpa e impotencia, se levantó, revelada, y encendió el televisor, poniendo cualquier canal con tal de que haya un poco de ruido. La voz de un pastor sonó estridente en el parlante del aparato, casi espectralmente: “Estimado feligrés. Hoy he tenido una experiencia que convoca a la reflexión...". Marie, que aún no había encontrado fuerzas siquiera para levantar la cabeza del plato, instantáneamente reconoció aquella voz. Levantó la mirada sin pestañear. "¡Increíble!, pensó" ¡Era el gerente del banco! Parece que además de gerente era pastor de una iglesia y parecía a punto de dar una bedición. Sentía que le hablaba a ella. Todos la miraron y dejaron de masticar. Marie parecia una estatua viviente, con la cabeza gacha y la mirada levantada bajo las cejas en arco, con el tenedor rebosante de comida aún suspendido en el aire...
La voz del pastor concluyó...
"¿Todo cuanto te da la vida te pertenece? ¿Podría ella sacarte de repente lo que hubieses podido dar? Señor, hoy bendice nuestra mesa, y no permitas que a ello jamás vuelva a ocurrirte. Te damos gracias. Amen”.
FIN

1





