Retrato de una obsesión
juancuevas - FICTION (See also: CX "Literature: special interest" codes which may be used in conjunction with codes from Section F) - 687 words
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Summary
historia de un muchacho que lucha por el éxito.
La conocí de niño cuando iba a la misma escuela donde mi mamá hacía el aseo, a veces yo la tenía que ayudar a limpiar los baños y con un estropajo en cada mano me descubrió, agachado en la baldosa.
Salió corriendo del baño "hay un niño en el baño de niñas".
Le seguí el rastro durante años, escondido tras los postes, escondido tras las puertas, siempre escondido. Aparte de la guitarra que me dejó el tío Mario cuando murió de cirrosis no tenía nada que ofrecerle a esa princesa.
Me puse a tocar, de día y de noche lo único que hacía era tocar la guitarra y seguir a la niña, mi madre pensaba que terminaría como el tío Mario, borrachín de pueblo que toca por monedas.
Un día después de cumplir los 7 años me llevó a un concurso de músicos, me presenté en la radio del pueblo con mi guitarra y gané el primer lugar, el premio era una cámara de fotos que le entregué a mi madre para ayudar con los gastos.
Antes de venderla le tomé una foto y un amigo me la reveló en blanco y negro. Ya no era necesario seguirla a escondidas, podía mirar su rostro todo el día y dormir con la foto cada noche.
Luciano, el héroe del pueblo tenía que salir a competir al exterior, le organizaron una bonita despedida donde toqué un par de canciones. Ya tenía 10 años y me hacía mayor, sabía que mi destino también estaba en tierras lejanas. Pero algún día volvería cubierto de gloria a buscar a mi niña.
Me colé en la comitiva deportiva que viajaba a Venezuela, escondido con mi guitarra logré subir al avión, Luciano me ayudó por lástima pero me advirtió: "no podrás pasar las aduanas, en Venezuela hay un dictador, es peligroso".
Al llegar al aeropuerto una comitiva militar esperaba a los deportistas, yo bajé y logré colarme con la banda, al terminar el himno los músicos armaron sus equipos y salieron en fila india, yo de último.
Pasé varios días en Caracas sin comer, bajo un calor asfixiante. dormí en los edificios en construcción o en los portales de las iglesias, mi único alimento era la ostia de la eucaristía.
Fui a la cruz roja porque me dieron el dato de que te pagaban 500 bolívares si donabas tu sangre, pero la enfermera me encontró tan flaco que me invitó a desayunar y me regalo vitaminas.
Recuerdo que una señora que vendía arepas en una esquina dejó caer una bajo el auto de un cliente, estuve a punto de rescatar esa arepa cuando un perrito se me cruzó.
Juro por Dios que el perro me habló "tu tienes un talento en tus manos, deja esta arepita para mi".
Ese día caminé varias cuadras sin rumbo, hasta que se hizo de noche y llegué a una enorme mansión, protegida por camiones blindados y militares armados. Uno de los militares fumaba junto a un camión y escuché decir que allí se celebraría una fiesta.
Mi único equipaje era mi smoking que doblaba en el estuche de la guitarra, la guitarra y la foto de mi amada. Bajé a la orilla de un río y bajo las estrellas me arreglé, tocaría en esa casa o moriría en el intento.
Cerca de las diez, llegó un bus con la orquesta de la "Billos Caracas Boys" bajaron con los instrumentos frente a la mansión, yo entré con ellos, al final de la fila.
Mientras los músicos se preparaban me presenté ante el hombre más poderoso del país, el viejo dictador me miró con sus ojos pequeños, yo solo miraba el enorme plato de pavo que tenía frente a mi.
Me dieron una silla y allí me dispuse a tocar.
Una pregunta que siempre me hacen los periodistas de todo el mundo es que por qué toco con los ojos cerrados. Adquirí la costumbre esa noche, si no cerraba los ojos seguro que me lanzaba contra el plato de pavo del general.
Han pasado mas de 50 años desde aquel debut, jamás volví a mi pueblo, pero aún conservo aquel retrato que ha sido mi obsesión.








