una historia porno
juancuevas - FICTION (See also: CX "Literature: special interest" codes which may be used in conjunction with codes from Section F) - 783 words
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Summary
historia de una cita casual en un autobus
Clara estaba casada con un amigo de mis padres, el era un estudiante de medicina que cometió el error de embarazar a una novia con un padre muy anticuado, literalmente le puso un arma en la cabeza para que asumiera las nuevas funciones de padre y esposo.
Yo era un muchachito con mas espinillas que conquistas, en plena edad del despertar sexual, todo me parecían situaciones exitantes y llenaba mis tardes después del colegio con intensas lecturas de libros sobre el tema sexual. Leía desde los clásicos del Marqués de Sade hasta los informes estadísticos de los esposos Hite. Pero claro, todo mi conocimiento no era mas que pura teoría.
El destino quiso que finalmente probara las delicias del placer femenino en el baño de mi casa, con una joven mayor que yo de cuerpo espectacular. Pero esa es otra historia.
Lo cierto es que nunca ví a Clara como una de mis amantes hasta que el destino quiso que compartieramos un viaje en autobús por la costa, yo trabajaba para la sección “viajes” del diario El Comercio y debía realizar un especial para el periódico sobre “La Ruta del Sol” un viaje de costa a costa recorriendo las playas más importantes del país, como mis viáticos eran reducidos además de escribir las notas me vi obligado a ser mi propio fotógrafo, tomé una de las cámaras del periódico y salí de la ciudad con la promesa de volver en 3 días con material suficiente para un mes.
La vi en la estación de autobuses, ella tenía una enorme montaña de ropa de verano como equipaje. Desde hacía años se dedicaba al contrabando de ropa panameña, viajaba todo el tiempo por la costa entregando su mercadería y de aquel negocio obtenía suficientes ingresos para sostener a su marido y al hijo de ambos, que vivía con los abuelos.
Como no tenía un plan de viaje definido para cubrir la Ruta del Sol decidí unirme a su agenda, de esa manera tendría una experta de la zona para orientarme y podría comer acompañado. Lo único desagradable cuando se viaja solo es la hora de comer.
Luego de coordinar el viaje en el andén, le ayudé a acomodar su enorme equipaje y buscamos lugares juntos en el autobús, ella eligió los asientos en la parte de atrás “son seguros en caso de accidente”. Eran casi las nueve cuando el autobús salió lentamente del andén rumbo a la playa, como no era época vacasional solo un par de turistas extranjeros ocupaban otros dos puestos, seguramente mas adelante subirían nuevos pasajeros.
La escasa iluminación de la autopista que sale de la ciudad apenas lograba iluminar su rostro curtido por el sol, no tenía mas de seis o siete años mas que yo pero se veía mayor, se quejó de su marido durante un rato porque este no trabajaba “hoy ni me vino a dejar como ves” además no parecía querer graduarse nunca, ha repetido tantas materias que ya perdí la cuenta, decía.
Ambos reímos y luego ella se abrió el buzo dejando al descubierto un par de deliciosos pechos, apretados y anhelantes por el tipo de sujetador que las oprimía.
Fue aquel el instante en que la miré con deseo y pensé en la posibilidad de convertir aquello en un viaje de placer.
Nos pasaron las mantas y ambos nos cubrimos hasta el cuello. Los pocos pasajeros que tomaban la ruta a la costa para ir de un pueblo a otro se sentaban cerca de la puerta y el bus paraba cada veinte o treinta minutos.
- Será una noche larga, comenté sin otra intensión.
- Podemos acortarla, respondió mientras su mano subía por el costado de mi muslo para refugiarse en mi entrepierna.
El vaivén del movimiento sobre mi miembro logró que este duplicara su tamaño dentro de su mano que se aplicaba con destreza logrando acelerar mis pulsaciones, miró directo a mis ojos y tras una rápida inspección a los asientos de enfrente quitó la manta con la otra mano, un rayo de las últimas luces de las afueras de un pueblo permitió mostrar su mano abrazada a mi pene erecto.
Bajó su cabeza y pude ver su cabello revuelto sobre mi regazo. Acaricié su espalda mientras su cabeza subía y bajaba con ritmo entrenado. Su lengua jugaba con mi prepucio con la inocencia y avidez de un niño que recorre una juguetería. Yo me sentía en la gloria.
De pronto sentí una vibración en algún lugar del asiento, ella se levantó y extrajo de un bolsillo el pequeño celular, con una de sus manos aún acariciándome, atendió la llamada y se reconcilió con su esposo por la pelea de esa mañana, se despidió con un beso antes de quedarse sin señal y sus labios volvieron sobre mi.









